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Full text of "Biografía del general José Félix Ribas, primer teniente de Bolívar en 1813 y 1814 (época de la guerra á muerte)"

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BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉUX RIBAS 




BltíLICJ I tCJA ATACül^HU 

BAJO LA DIRECCIÓN DE DON RUFINO BLANCO-FOMBONA 

OBRAS PUBLICADAS, EN 4 « 

M&MORIAS DEL GENERAL O'LeARY: 

Bolívar y la emancipación de Sw' América. 
Dos lujosos volúmenes de 700 á 800 páginas. Se ven- 
den separadamente a! precio de 7,50 pesetas cada uno. 
in. — Memorias de O'Connor sobre la Independencia Americana. 

Precio: 5 pesetas. 

IV. — Memorias dfl general José Antonio Páez. — 7,50 pesetas. 
V. — Memorias de un oficial del ejército español. 

Por el Capitán Rafael Sevilla. — 5 pesetas. 

VI-VII.— Memorias del general García Camba. 

Para la historia de las armas españolas en el Perú, 
Dos volúmenes á 7,50 pesetas cada uno. 
Vin. — Memorias de un oficial de la legión británica. 

Campañas y Cruceros durante la guerra de emancipación 
hisp ano-americana. — 4 pesetas. 
IX. — Memorias del general O'Le'ary: 

Últimos años de la vida pública de Bolívar. 
Este libi'o, deFconocido hasta ahora, complementa los 
dos volúmenes sobre Bolívar y la emancipación; es una 
joya de historia americana por sus revelaciones, á las cua- 
les debió el que se le hubiera ocultado por tantos años. — 
Precio: 7,50 pesetas. 
X. — Diario de María Graham. 

San Martin. — Cochrane. — O Higgins. — 7,50 pesetas. 

XI.— Memorias del Regente Heredia. 

Montevct de. — Bolívar. — Boves. — Morillo. — 4,50 ptas. 

XII. — Memorias del general Rafael Urdaneta. 

General en jefe y Encargado del gobierno de la Gran Co- 
lombia.— 1 , SO pesetas. 
XIII. — Memorias dk Lord Cochrane. — 6 pesetas. 

XIV. — Memorias de Urquinaona. 

Comisionado de la Regencia española al Nuevo Reino de 
Granada. — 7 pesetas. 
XV.— Memorias de William Bennet Stevenson. 

Sobre las campañas de San Martín y Cochrane en el 
Perú. — 5,50 pesetas. 
XVI. — Memorias postumas del general José María Paz. — 8 pesetas. 
XVÍI. — Memorias de Fray Servando Teresa de Mier. — 8 pesetas. 
XVIII. — La Creación de Bolivia, por Sabino Pinilla. — 7,50 pesetas. 
XDC. — La Dictadura de O'Higcins, por M. L. Amunátegui y B. Vi- 
cuña Mackenna. — 7,50 pesetas. 
XX. — Cuadros de la historia militar y civil de Venezuela 

(Desde el descubrimiento y conquista de Guayana hasta 

la batalla de Carabobo), por Lino Duarte Level. — 8 pesetas. 

XXI. — Historia crítica del asesinato cometido en la persona del 

Gran Mariscal de Ayacucho, por Antonio José de Irisarri. 

7,50 pesetas. 

XXII-XXIII. — Vida de Don Francisco de Miranda. 

General de los ejércitos de la primera República francesa, 
y generalísimo de los de Venezuela, por Ricardo Becerra. 
Dos volúmenes á 8 pesetas cada uno. 
XXIV. — Biografía del general José Félix Ribas, primer teniente 
DE Bolívar en 1813 y 1814 (época de la guerra á muerte), 
por Juan Vicente González. 



BIBLIOTECA AYACUCHO 
Bajo la dirección de Don Rufino Blanco-Fombona 



JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



BIOGRAFÍA D% GENERAL 



JOSÉ FÉLIX RIBAS 

PRIMER TENIENTE DE BOLÍVAR EN 1813 Y 1814 



(ÉPOCA DE LA GUERRA Á MUERTE) 




EDÍTORIAf-AMÉRICA 

MADRID 



CONCESIONARIA EXCLUSIVA PARA LA VENTA: 

SOCIEDAD ESPAÑOLA DE LIBRERÍA 

FERRAZ, 25 



El 8 de Mayo de 1799 la ciudad de Caracas ves- 
tía de luto: las puertas de las casas estaban cerra- 
das, colgadas de negro las ventanas, y la voz lloro- 
sa de las mujeres que rezaban adentro, el tañido de 
las campanas que tocaban agonía, y el aire pavoro- 
so de los unos, grave y apresurado de los otros, 
anunciaban un acontecimiento singular y terrible. 

Poco pueblo, alguna tropa y niños presididos por 
5US maestros, ocupaban la plaza mayor, y veían sa- 
lir con ansiedad extraña, desde la cárcel pública, 
hoy reemplazada por la casa de Gobierno, un gru- 
po confuso, que se acercaba lentamente, compues- 
to de soldados y de frailes de todas las órdenes, re- 
zando éstos, prestas las armas aquéllos, y de herma- 
nos de la Caridad y de Dolores, con vino y agua en 
las manos, ó con un platillo en que recogían limos- 
na, al fúnebre son de estas palabras: "Hagan bien 
para hacer bien por un hombre que están para ajus- 
ticiar." Venía, realmente, un bulto indefinible sobre 
una manta levantada por unos hermanos y tirado de 
vil caballo, con quien hablaban alternativamente 



8 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

dos sacerdotes, y que parecía escuchar con entere- 
za, y dejarse ¡r voluntariamente hacia donde le lle- 
vaban. Era D. José María España, que era arrastra- 
do al último suplicio. Tendría como cuarenta años,. 
y sin la blanca mortaja que le envolvía, habríase ad- 
mirado un hombre de ademán resuelto, de agorada- 
ble y gentil presencia. Por entre el ruido monótono 
de las armas, la salmodia del clero, los dobles de las 
iglesias y el dolorido acento de los que pedían por 
su alma, resonaba la dura voz del pregonero, que 
iba delante pregonando la sentencia que le conde- 
naba: 

"Los señores presidente; regente y oidores de ■♦ 
esta real audiencia, en consecuencia, confirmación 
y ejecución de las providencias dadas contra José 
María España, reo de alta traición, mandamos que 
precedidas sin la menor dilación, las diligencias or- 
dinarias conducentes á su alma, sea sacado de la 
cárcel arrastrado de la cola de una bestia de albar- 
da y conducido á la horca, publicándose por voz de 
pregonero sus delitos: que muerto naturalmente en 
ella por mano del verdugo, le sea cortada la cabeza 
y descuartizado: que la cabeza se lleve en una jaula 
de hierro al puerto de La Guaira, y se ponga en el 
extremo alto de una viga de treinta pies, que se fija- 
rá en el suelo á la entrada de aquel pueblo por la 
puerta de Caracas: que se ponga en otro igual palo 
uno de sus cuartos á la entrada del pueblo de Ma- 
cuto, en donde ocultó otros gravísimos reos de Es- 
tado á quienes sacó de la cárcel de La Guaira y 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 9 

proporcionó la fuga: otro en la vigía de Chacón, en 
donde tuvo ocultos los citados reos de Estado: otro 
en el sitio llamado "Quita calzón", río arriba de La 
Guaira, en donde recibió el juramento de rebelión 
contra el rey; y otro en la Cumbre donde proyecta- 
ba reunir las gentes que se proponía mandar: que le 
confisquen todos los bienes que resultaren ser su- 
yos, y se ejecute; digno castigo de quien tramó 
contra el orden público, sin detenerse en la consi- 
deración de los males gravísimos que debía esperar 
de semejante empresa, el derramamiento de mucha 
sangre inocente, los robos, los incendios, la ruina 
de las familias, el desorden, la confusión, la anar- 
quía con todos los otros funestos males consiguien- 
tes á ella, y especialmente, el agravio y menospre- 
cio de la religión. — Señores: Presidente, don Ma- 
nuel Guevara y Vasconcelos. — Regente, don An- 
tonio López Quintana. — Oidores, don Francisco 
Ignacio Cortinas; don José Bernardo de Anteguie- 
ta. — Rafael Diego Mérida, escribano real." 

Cuando hubo llegado España al pie de la horca, 
el doctor F. José Antonio Tinedo, su antiguo ami- 
go, y que era uno de los sacerdotes que le auxilia- 
ban, le hizo detener, con los ojos bajos, atadas las 
manos, entre un círculo de oficiales, para que expia- 
se cristianamente un movimiento de orgullo que le 
había sorprendido á los aprestos de la muerte. En- 
tonces el cura de la iglesia metropolitana subió con 
él las escaleras del elevado suplicio, abrazándole y 
cubriéndole amorosamente con sus hábitos. Aún no 



10 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

había bajado y ya el reo de lesa majestad agoniza- 
ba bajo el innoble peso del verdugo. 

El pueblo, humano, sencillo, aún no acostumbra- 
do á hacer un espectáculo de la muerte, quedó por 
algún tiempo atónito, inmoble; los niños, espanta- 
dos, se apretaban unos con otros, alrededor de sus 
maestros; y muchos, entre los mismos actores, co- 
menzaban á retirarse, mudos y tristes, cuando el 
sacerdote que había sondeado hasta el fin el espan- 
toso misterio de la muerte, pálido, visiblemente 
consternado, subió á una cátedra que estaba allí y 
en que no había reparado nadie. 

Era un hombre alto y grueso, de fisonomía varo- 
nil y severa, templada por melancólica y paternal 
sonrisa. Su voz, imponente y grave, tornábase á ve- 
ces en apacible y tierna; lágrimas venían frecuente- 
mente á sus ojos» y ya al terminar su peroración ar- 
diente, dirigió estas impetuosas palabras al frío ca- 
dáver, demudado y cárdeno, pendiente de la horca: 

"Dejad, cristianos, que para desahogar mi cora- 
zón, me despida un momento del amigo de mis tier- 
nos años, del compañero de mi juventud, del que 
recogió las efusiones primeras de mi amistad. De- 
jadme llorar, como David, al nuevo Absalón, que 
ha perecido colgado de ese árbol funesto; Absalon^ 
fili mi...! Satisfecha la vindicta de la majestad terre- 
na, yo no debo acordarme sino del amigo; está ya 
en las manos clementes de la justicia divina, que le 
ha recibido en sus brazos al salir de los míos. ¿Qué 
importa la manera con que murió al que está en el 



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BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 11 

cielo? Quizás, aun á los ojos del mundo, en estos 
malos días en que la sangre de los reyes mancha las 
manos del verdugo, el patíbulo venga á ser un títu- 
lo de gloria... ¿Qué te diré yo, amigo mío, que dé 
paz sobre los caminos públicos á tus huesos áridos, 
y lleve un consuelo á tu inconsolable esposa? Que 
la mano del hombre no es la mano de Dios; que su 
balanza no es la de los poderes de la tierra, y que 
mientras éstos hieren, aquél corona... Yo debo de- 
tenerme aquí en medio de la turbación que domina 
mi espíritu. Mi fe es de mi rey; dejadme mis lágri- 
mas para mis amigos." 

La turba fué disipándose, después de estas pala- 
bras elocuentes y patéticas, que habrían sido teme- 
rarias en otros labios que en los del orador fúnebre 
de Carlos III. Sólo un joven de ademán resuelto, 
después de haber oído con profunda atención al 
doctor Vicente Echeverría (éste era el orador), asis- 
tió en la plaza con aparente estoicismo á la bárbara 
carnicería del verdugo, en cumplimiento de la sen- 
tencia. Estaba ei mozo en la flor de sus años; era 
de gallarda estatura, de figura marcial y seductora. 
A veces se amontonaba una tempestad sobre su 
frente encapotada y sus ojos lanzaban relámpagos. 
Al fin pareció turbarse, fijó la vista sobre el desnu- 
do suplicio, y, como agitado de funesto presenti- 
miento, soltó las riendas á su caballo y corrió som- 
brío por las solitarias calles de la ciudad. 

Así nos cuenta un contemporáneo la tragedia que 
puso fin á la revolución de Gual, España y Rico, y 



12 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

la impresión profunda que hizo en el espíritu impe- 
tuoso de José Félix Ribas, cuya vida rápida, pero 
heroica y llena de acontecimientos, vamos á tejer 
brevemente. 



Nació José Félix Ribas el 19 de Septiembre de 
1775, de D. Marcos Ribas y doña Petronila Herre- 
ra y Maríñez; fué el postrero de los once hijos de 
un matrimonio afortunado y fecundo. Su abuelo, don 
Roberto de Ribas, había casado con doña Francisca 
Luganda de Betancourt, hija de un brigadier, caba- 
llero de Alcántara, grobernador y capitán general de 
las provincias de Venezuela. Es tradición en esta 
familia que D. Roberto de Ribas era nieto del capi- 
tán D. Valentín de Ribas, natural de Londres, des- 
posado en la isla de Tenerife con doña Francisca 
Rodríguez Talavera y Montalvo. Era una raza fuer- 
te y amarga, activa, indómita, fruto de los antiguos 
Raibs (Ribas), en quien se cruzaban bretones y nor- 
mandos, recalentada al sol de las Andalucías y al de 
la africana Tenerife, templada al clima equinoccial 
de Venezuela. ¿Descienden los Ribas, como se 
cuenta, de los bretones que acompañaron á Gui- 
llermo á la conquista de Inglaterra? Por largo tiem- 
po no degeneraron ciertamente de los primitivos 
habitantes de las rocas rojas, de la bahía de los ase- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 13 

sinatos, de la isla de Sein, poblada de hadas y de- 
monios, donde piedras esparcidas son una boda pe- 
trifícada, y una piedra aislada, un pastor tragado 
por la luna. 

Los Ribas se esparcieron por España; hay Ribas 
en Centro-América; y el viajero Clarke habla de un 
almirante Ribas que, bajo el mando de Catalina 11, 
libertó á Odesa de los turcos y se propuso hermo- 
searla y dotarla de un magnífico puerto. 

En la primera mitad del siglo XVIII los Ribas, ve- 
nidos de las islas Canarias, se habían multiplicado 
en Caracas en su originaria fuerza, independientes 
en medio de sus posesiones agrestes, sin mayor tra- 
to con sus vecinos, indiferentes á los rumores que 
esparcía por su cuenta el vulgo supersticioso y cré- 
dulo. Y es que en aquellos tiempos pacíficos de 
obediencia voluntaria y religiosa piedad, los hom- 
bres de costumbres suaves y sangre dulce veían con 
natural desvío una fiereza y arrogancia que alimen- 
taban el poder y la riqueza; y no comprendiendo la 
fuerte savia de otras naturalezas, la atribuían á mis- 
teriosas relaciones con malos espíritus, llegando á 
suponer que en la muerte de uno de los caballeros 
de esta familia, el demonio había arrebatado su ca- 
dáver, entre la pompa de los funerales. 

Sólo á la raza de Bolívar, desdeñosa también, 
dura y abstraída, dio el pueblo sencillo y manso esa 
reputación odiosa. Insistimos en estas circunstancias, 
porque no importa poco á las futuras convicciones 
y conducta haber nacido de una raza sólida, firme y 



14 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

decidida, ó de naturalezas vagas é inciertas; por más: 
que una y otras tengan cualidades y vicios que son 
su condición indispensable. 

Ribas recibió la enseñanza que se acostumbraba 
en aquel tiempo. Tenía estudiosos ejemplos que 
imitar en su propia familia: el doctor Francisco José 
Ribas, séptimo de sus hermanos, había alcanzado 
renombre como teólogo y orador sagrado, y com- 
pitió dignamente con el doctor Vicente Echeverría, 
la primera autoridad moral de la época, en el Rec- 
torado de la Universidad y en la oposición á la Ma- 
gistral, célebre pugilato de silogismos y escándalos. 
El otro presbítero, maestro D. Marcos Ribas, neris- 
ta hasta la revolución, fué en sus mejores días un. 
sacerdote fervoroso, cuyos sermones llenaban de 
pavor á las almas cristianas, por la fuerza con que 
tronaba sobre los vicios y hacía sentir las verdades 
terribles de la religión (1). El mismo José Félix qui- 
so tomar el hábito de los hijos de San Francisco, en 
el piadoso fervor de sus primeros años. Necesitaba 
su corazón las abstinencias y luchas de la soledad y 
del claustro, ó los peligros y combates de la guerra. 

Consagróse, en fin, á los trabajos del campo, y en 
ellos le encontró la revolución. En los diez años- 
que corrieron desde la muerte de España hasta el 
19 de Abril, su alma agitada y generosa buscó an- 
siosamente un objeto á que consagrar la vida, pi- 



(1) Por largfo tiempo se leyeron oficialmente en el Semina- 
rio tridentino las pláticas que, para los ejercicios de San Ignacio,, 
habían compuesto detenidamente en el oratorio de San Felipe- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 15 

diendo á cielo y tierra una causa que servir; el amor 
y la fuerza superabundaban en su pecho: juntaba á 
un corazón juvenil, conservado en su frescura y 
plenitud, á un corazón que no había malgastado sus 
tesoros, facultades poderosas, un vuelo, un ardor, 
que mal podían satisfacer los objetos que le ro- 
deaban. 

Para entretener la juventud ociosa de Caracas, y 
dar pábulo á su imaginación inquieta, amiga de no- 
vedades y peligrosas empresas, Vasconcelos la re- 
unió en su casa, é hizo nacer el amor al juego en el 
espíritu de los principales mancebos; pero cultivan- 
do el natural arrojo de Ribas esta distracción fu- 
nesta, que se aviene, por otra parte, con ciertas cua- 
lidades del guerrero, no fué parte á borrar el re- 
cuerdo siempre vivo en su corazón del 8 de Mayo 
de 99; antes bien, exaltó el deseo de continuar 
aquella obra que había interrumpido el cadalso. 

Viósele por eso en todas las reuniones que pre- 
cedieron y prepararon la revolución: en la de 16 de 
Julio de 1808, cuando D. Juan de Casas; en la de 
D. Simón Bolívar, á orillas del Guaira; en la Casa 
de Misericordia, cuartel de los Granaderos de Ara- 
gua; en la suya propia, denunciada muchas veces 
con este motivo; en la de D. Ángel Sálamo, ó Ála- 
mo, donde se resolvió el golpe del 19 de Abril. En 
este día solemne, José F. Ribas se multiplicó por 
calles y cuarteles, animando en medio de la muche- 
dumbre incierta, venciendo resistencias tímidas^ 
pero embarazosas, esforzando á los débiles, llenan- 



16 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

do los pechos de su osadía y entusiasmo. Su único 
propósito fué siempre la independencia de la Me- 
trópoli. 



III 



"¿Escogieron los americanos para desgajarse del 
tronco paterno la ocasión más digna y honrosa? A 
medir las naciones por la escala de los tiernos y no- 
bles sentimientos de los individuos, abiertamente 
diremos que no, habiendo abandonado á la Metró- 
poli en su mayor aflicción, cuando aquélla decreta- 
ba igualdad de derechos, y cuando ss preparaba á 
realizar en sus Cortes el cumplimiento de las ante- 
riores promesas" (1). Respondamos al Saluslio es- 
pañol: — Sujeta la Península á autoridades diversas, 
á \si Junta Suprema y gubernativa de España é In 
días, á la de Sevilla, á la de Madrid, establecida 
por Fernando al partir para Bayona; declarándose 
unas por el rey cautivo, proclamando las otras al 
usurpador y solicitando todas la obediencia y sumi- 
sión de América, fácil le habría sido á ésta en los 
primeros instantes de la invasión francesa, cuando, 
rota la unidad del Gobierno y en ajenas manos sus 
fortalezas, la España perdía la fe en sí, y los reyes 
de Portugal atravesaban los mares en busca de otros 

(1) ToRENO: Historia del levantamiento, guerra y revolu- 
ción de España; lib. XIII. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 17 

reinos, realizar tranquila su completa independen- 
cia. Mal habria podido la pobre España luchar en- 
tonces para tornarla al yugo; hasta habría hallado 
conveniente su conducta, y mirando su separación 
como un puerto futuro para sus hijos; mejor dicho, 
sin los inmensos recursos que recibía de sus colo- 
nias, que en 1809 alcanzaron á doscientos ochenta y 
cuatro millones de reales, habría perecido quizás en 
la larga guerra cuya gloria fué causa de la caída de 
Napoleón y de la libertad del mundo. Pero Améri- 
ca amaba sinceramente á la madre patria: lloró las 
miserias de sus reyes en Bayona como perfidia del 
tirano de Europa; mantuvo fieles á las íutoridades 
españolas dispuestas á reconocer al usurpador (1); 
acompañó con sus votos el generoso vuelo de sus 
heroicos padres, y cuando todos desesperaban, cre- 
yó en su derecho y en el milagro de su victoria. 
¡Las promesas de las Cortesl ¿Qué importaban á 
América las orgullosas promesas de pocos hombres, 
asilados en Cádiz, desconocidos por la mayor parte 
de la nación, inciertos de su vida, víctimas futuras 
del ingrato á quien se sacrificaban? 

En la misma obra y lugar citados niega el sabio 
Toreno que hubiese llegado la América al punto de 
madurez é instrucción necesarias para constituirse 
libremente. Verdad trivial y que podrá repetirse 
sobre cuantos pueblos salgan del régimen monár- 
quico; que no incumbe al sistema colonial, ni está 
en sus intereses, formar republicanos; antes bien, por 

(1) Excepto el virrey de Méjico. 



18 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

leyes é instituciones convenientes debe crear cos- 
tumbres contrarias. Es preciso que la República 
preceda para que desee y decrete las leyes y edu- 
cación que necesita. 

El 19 de Abril fué un día santo entre los días del 
mundo. El no siguió á las victorias de Bailen y Va- 
lencia, que prometían la independencia de España 
y la libertad del monarca. Vino cuando Napoleón 
era dueño de Madrid, y la Junta central se había re- 
fugiado en Andalucía, después del asesinato de San 
Juan y la traición de Morela; tras las protestaciones 
de Sevilla y Valencia, el manifiesto del general de 
la Romana, que declaraba ilegal el Gobierno supre- 
mo, y tras la derrota de todos sus ejércitos. Vino,, 
cuando vencedores en Ocaña los franceses, perse- 
guidos por los gritos del pueblo los miembros de la 
Junta central, y escapados algunos de ellos á la isla 
de León, transmitían su ilusorio poder á una Regen- 
cia sarcástica, que apenas dominaba sobre Cádiz y 
Galicia, únicos pueblos de la Península que no re- 
conociesen al vencedor. Y vino, en auxilio de Espa- 
ña misma, como una protestación contra la Francia 
invasora, contra la anarquía y la fortuna. Vino, en: 
fin, cuando la Regencia hacía alarde de llamar á la 
libertad á los americanos: "Desde este momentos- 
españoles y americanos, os veis elevados á la digni- 
dad de hombres libres: no sois ya los mismos que 
antes, encorvados bajo un yugo tiránico, más duro 
mientras más distante estabais del centro del Poder: 
mirador con indiferencia, vejados por la codicia y 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL fOSÉ FÉLIX RIBAS 19 

destruidos por la ignorancia. Tened presente que al 
escribir y pronunciar el nombre del que ha ds venir 
á representaros en el Congreso Nacional, vuestros 
destinos ya no dependen ni de los ministros, ni de 
los virreyes, ni de los gobernadores. Están en vues- 
tras manos" (1). Tal declaratoria en una junta ilegal 
é impotente, más que promesa de libertad era una 
confesión de viejos crímenes y un estímulo á la in- 
dependencia. 

Confiada en la felicidad de su primer día, la revo- 
lución convidó á todos al amor y la paz. Fué su 
error glorioso, su sublime debilidad haber comen- 
zado por amar á sus enemigos, colocando, como 
Dante, el amor eterno á sus terribles puertas. Cuando 
esta inspiración primitiva, este carácter pacífico y 
amante de la revolución se modifique insensible- 
mente hasta traer días espantosos de sangre y de 
lágrimas, recordémosla entre sus vestiduras candi- 
das, llena de dulce amor y abandono, enamorada de 
su Fernando, confiando su defensa á sus adversarios, 
y pensemos en los esfuerzos á que se vio forzada 
para no perecer, al furor ardiente del combate, á la 
irritación que producen los obstáculos, á la ulcera- 
ción de las decepciones y enemistades. Yo no la 
excuso, la explico. 

Tierna y fuerte Venezuela, dio á luz una genera- 
ción que sacrificó al combate, reservándose otra 
para la victoria. jQué asombrosa confusión de talen- 

(1) Proclama de la Regencia á los americanos, 14 de Enero 
de 1810. 



20 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tos y virtudes! Nuestras madres fecundas por la 
libertad, dieron una generación sobrehumana, llena 
de la llama del cielo ó del calor sombrío de la tem- 
pestad. Tuvimos héroes de benevolencia; tuvimos 
varones que concentraron en su cabeza un poder in- 
menso, que vivificó y sostuvo á la fabulosa Colom- 
bia. Tímida la ciudadanía, aunque desinteresada y 
generosa; débiles necesariamente los caracteres, 
formados bajo el deplorable régimen de España, 
muchos temblaron delante de la revolución, como si 
fuera el Océano conmovido, extraviados por el pa- 
vor, llenos de espantoso vértigo; pero la primavera 
de la patria, la juventud, lejos de retroceder y de 
oponer á la revolución una inercia malévola, se pre- 
cipita en su seno con desesperado amor. 

Nosotros nos complacemos en esos días de rego- 
cijos y esperanzas, de música guerrera é intermina- 
bles fiestas, en que trasportes de alegría cubrían la 
agitación de la plaza pública y saludaban los magis- 
trados nuevos, y en que cada noche la dulce y me- 
lancólica voz de Carreño animaba los sublimes ver- 
sos de Bello (1), y el inspirado Gallardo hacía 
resonar las calles con la marsellesa venezolana (2). 
Nosotros nos asociamos al entusiasmo de la juven- 
tud, al fanatismo de las mujeres, que hicieron de la 
patria la amiga de su corazón, á las ilusiones de los 

(1) D. A. Bello fué autor de la primera canción patriótica: 

«Caraqueños, otra época empieza.» 

(2) Vicente Salias improvisó el: 

«Viva el bravo pueblo.» 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 21 

españoles, que cubrieron el altar de la regeneración 
con espontáneos dones, y le seguimos al teatro á 
celebrar á Fernando en la Batalla de Bailen^ y Espa- 
ña Restaurada. Nosotros acompañamos con gusto 
el carro triunfal de la revolución, que lleva á un rey 
vencido como si fuese vencedor, cautivo famoso, 
que la futura República, inocentemente pérfida, ex- 
pone á la vista pública, creyendo amarle. "Juramos, 
gritaba sin saber que le desconocería pronto, que 
aunque las abrasadas arenas del Af'ica lleguen á 
cubrir las fértiles campiñas de Aragua y el Túy, ó 
las sangrientas manadas de los tigres de Francia de- 
voren los cadáveres de sus habitantes, el nombre de 
Venezuela y de Fernando habrá de durar mientras 
haya sobre el Avila una flor capaz de sostener una 
abeja" (1). 

Alrededor del busto de Fernando fluyen los hé- 
roes de una epopeya inmensa. Nadie los distinguía 
entonces bajo sus airosos penachos y plumas, en el 
abandono de su primera juventud. Y allí estaban, 
desconocidos, sin saber ellos mismos que una gloría 
perpetua rodearía sus nombres... Ese niño heroico, 
que se empina para hacer de hombre, dará su vida 
en flor en la primera batalla. Ese joven que llega de 
Mérida, de frente modesta y modales aristocráticos, 
es Rivas Dávila, que encierra el corazón de un hé- 
roe. Aquel mancebo de delicadas facciones, se 
llama Ambrosio Plaza. ¡Qué de soldados gloriosos 
inmortalizados por la muerte! Es Villapol, que debía 

(1) Gaceta de Caracas, 11 de Mayo, núm. 97. 



22 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

vivir tan poco. Es la pureza misma, la espada co - 
lombiana, la gran figura, simpática y guerrera, del 
inmortal Sucre. Es el humano libertador de Carta- 
gena. Es el huracán de las batallas, el colérico Ribas, 
que con una mirada terrible llevaba un corazón im- 
petuoso y magnánimo. Vendrán detrás los ambicio- 
sos, los ávidos, los políticos, los capitanes tímidos, 
amigos de la fortuna, la espada acerada de Marino, 
la de Piar, el impávido Bermúdez, y después, una 
gloriosa multitud. 

Al pensar en vosotras, sombras queridas, fantas- 
mas trágicos, un dolor profundo lacera mi corazón... 
¡Si vuestro cruel sacrificio nos hubiera asegurado la 
libertad! ¡Si los obstáculos que destruísteis, pere- 
ciendo, nos hubiesen legado días tranquilosl ¡Vues- 
tros hijos degenerados han hecho estéril vuestra 
gloria! 



IV 



Desde el día de la revolución había llevado el 
pueblo al ilustre Ayuntamiento á D. José Félix 
Ribas. El 25 fué elegido para el gobierno provisio- 
nal, que debía existir hasta la nueva constitución. El 
espíritu vigoroso de este hombre ardiente vio los 
peligros que amenazaban por entre las promesas 
quiméricas de la insidiosa situación. Indefínido el 
movimiento revolucionario, y sin carácter propio, 
era una máscara de Jano, que ocultaba opuestas as- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 23 

piraciones y propósitos. La unión de americanos y 
españoles, detenidos ante vano ídolo ¿no era una 
asechanza, aunque inocente, á la revolución, su pa- 
rálisis, y una red tendida á su inexperiencia? Agitá- 
base Ribas, como si le estrechasen los lazos de una 
serpiente. D. José Bernabé Díaz era uno de los mi- 
nistros; eran diputados municipales, con inmediato 
influjo sobre la población, D> José Joaquín Argos, 
D. Francisco González de Linares, D. Martín de 
Baraciarto, D. Simón Ugarte, D. Hilario Espinosa; 
D. Juan Bernardo Larrain fué uno de los dos conce- 
jales que administraban justicia: hombres probos, 
sin duda alguna, pero españoles y conocidos por 
sus opiniones antirrepublicanas. 

Todavía era peor en las milicias que se organiza- 
ban. El 18 de Mayo dio jefes la Suprema Junta á la 
compañía de granaderos del batallón veterano de 
Caracas, al de milicias de blancos, al escuadrón de 
Caballería de milicias disciplinadas, al batallón de 
pardos de Nirgua, y á dos nuevos escuadrones de 
Caballería, el de Valencia y el de Aragua; y sus jefes 
principales eran españoles: D. Miguel Marmión, don 
Juan y D. Lorenzo de la Romana, D. Manuel y don 
Pedro Aldao, D. Miguel y D. Pedro de Pineda, don 
José Urrieta, D. Pedro Pons, D. José Miguilareña, 
D. Macedonio Oliva, D. Juan Puyol, D. Mariano y 
D. Ambrosio Ibarra, llamados los hijodalgos, el dis* 
tinguido D. José Antonio Sancues, D. Ramón de 
Ibarrolaburo, D. Pantaleón Colón, D. Antonio Guz- 
mán, que disciplinaban los reclutas, y otros, que 



24 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

sería fácil enumerar. (Gaceta de Caracas, id., nú- 
mero 102.) 

Todos estos nombramientos, naturales en un Go- 
bierno que reconocía los derechos de Fernando, 
exasperaban el impaciente espíritu de Ribas. Sus 
compañeros en la Junta no se habían equivocado en 
los jefes que dieron á la milicia; de todos, sólo 
Colón, Guzmán y Pons se separaron de la causa 
americana; los otros nos acompañaron en la próspe- 
ra y la mala fortuna, y fueron á morir en las colonias 
ó perecieron, como buenos, en los campos de bata- 
lla. Venezuela se gloría con los nombres de Jalón, 
Villapol, Lazo, Campo-Elias, Masa, Ruiz, Sola y mil 
otros, dignos de renombre eterno en nuestros anales. 

Pero cada hora venía á agriar su desconfíanza y 
á aumentar los tormentos gloriosos de su pecho. De 
los desiertos abrasados de Coro, de las soledades 
de Guayana, de Maracaibo, teatro de tiranías y tra- 
gedias, correa á mezclarse con los signos del entu- 
siasmo, tristes advertencias y los clamores de la 
guerra civil. 

Una conspiración en Junio: Moncloa y Negrete,^ 
sus autores, pasan por debajo de la horca y marchan 
á destierro perpetuo. 

En Octubre del mismo año otra conspiración, la 
de los Linares, Portilla y Escobar. 

Sierra, y Elizalde y Váldez conspiran también en 
los Valles de Aragua. En Barcelona se había resta- 
blecido el 19 de Junio el gobierno de la Regencia^ 

Los poderes públicos, sin la experiencia de las re- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 25 

vueltas, débiles por inciertos, tímidos por humanos^ 
si no esquivaban los cuidados, huían la respon- 
sabilidad de la vigilancia, espantándose de las con- 
diciones de que pendía la salvación común en 
aquellos días de. crisis. Su bondad heroica no se 
ocupaba sino en amnistiar la derrota, que se prepa- 
raba á mejores días; en decretar el olvido de los re- 
sentimientos, cuando se agravaban las injurias y se 
multiplicaban los peligros; en salvar á los culpables^ 
á riesgo de animar á sus cómpIices,^quitando á la 
revolución sus sospechas, que era su prudencia, y 
esperando el bien de su indulgencia, aunque cono- 
ciesen la temeridad de sus esperanzas. 

Fué en tan críticas circunstancias, que llegó á 
nuestras playas, en alas del escándalo y del dolor, la 
aterradora nueva del degüello de Quito. Un silen- 
cio pavoroso reinó esa noche por las sombrías ca- 
lles. Sintieron los hijos de España un frío de acero 
sobre su pecho. Comprendieron los hijos de Amé- 
rica, con desesperación profunda, que había un abis- 
mo de sangre entre ellos y sus padres. 

Al amanecer estaban llenas las calles de grupos 
siniestros. Vagaban algunos entre la casa del Ayun- 
tamiento y la plaza pública, hablando sin ambages 
de los peligros de la situación. La Junta se reun¿ 
precipitadamente. Se dice que el pueblo va á traer- 
le una petición respetuosa, y que lo presiden José 
Félix Ribas y sus hermanos. A poco se divisa la 
onda popular: marchaba Ribas delante, á pie, sin 
armas, respirando las tempestades del aire, excitan- 



26 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

do el asombro, imponiendo respeto, llenando de 
pavor á enemioros y tímidos. El doctor Francisco 
José Ribas tomó la palabra, y á nombre del pueblo, 
exigió de los miembros del Gobierno una política 
decisiva, la expulsión de los españoles equívocos, 
medidas enérgicas de seguridad. La Suprema Junta 
pareció oirle con atención benévola; prometió para 
en adelante más celo y vigilancia con los intereses 
públicos, y ofreció acordar honores fúnebres á las 
víctimas de Ruiz de Castilla. 

Aquella reunión tumultuosa continuó largo tiem- 
po por la ciudad, despertando el eco, largos siglos 
mudo, de sus calles tranquilas. Ribas, más inflamado 
cada vez, iba soplando por todas partes su cólera, 
dejaba por todas partes la huella abrasada de sus 
discursos, condenando la indecisión del Gobierno 
y preparando su caída, entregando á la agitación 
la candidatura de su nombre, ya popular. 

Varios miembros de la Suprema Junta se reunie- 
ron en secreto con sus presidentes, y atendiendo á 
los escándalos de ese día, y temerosos de otros 
nuevos, en medio de las pasiones revolucionarias, 
que querían precipitar sus pasos, acordaron expul- 
sar á una isla extranjera á D. José Félix Ribas, á sus 
hermanos Juan Nepomuceno y Francisco José, y á 
José Gallegos, que había tomado también parte ac- 
tiva en el alboroto. En la tarde del mismo día, el 
comisionado D. Rafael Paz Castillo le comunicó á 
José Félix Ribas la orden de la Suprema Junta, á 
tiempo que ejercitaba el batallón de Barlovento en 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 27 

la plaza de Pelare, quien, sin vacilar un momento, 
entregó el mando á su segundo, D. Jerónimo Ri- 
caurte, y corrió á presentarse á la capital. 

Los hombres patriotas de aquella época censu- 
raron amargamente la conducta de la Junta Supre- 
ma. Se supuso que, recelosos del influjo de aque- 
llos ciudadanos sobre los que llamaban pardos, ha- 
bían temido por el éxito de las elecciones, que 
querían dirigir exclusivamente. A tanta distancia de 
unos tiempos que parecen todavía más apartados, 
por los infinitos acontecimientos que los llenan, 
nosotros osaremos apenas aventurar algunas breves 
observaciones. 



V 



Las violentas pasiones de los Ribas eran realmen- 
te una justa causa de inquietud; que mal podía con- 
ducir á feliz puerto la débil nave de la revolución, 
el viento proceloso de los tumultos populares. Pero 
lüs hombres de la ley, los que creían con Montes- 
quieu que el código de las naciones civilizadas es, 
ante todo, un código de garantías; los que conside- 
raban el derecho individual como superior á la sa- 
lud pública, ¿podían, por el sofisma sangriento de 
esa salud pública, que condenaban, hollar los prin- 
cipios que consagraban su poder? ¿Estábale bien 
al Poder contemplativo, cuyas lentitudes exaspera- 



28 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

ban á ios ciudadanos, castigar tan severamente los 
excesos del patriotismo, á vista de la contrarrevolu- 
ción impune y satisfecha? Proscribiendo la Junta á 
José Félix Ribas y á su hermano, D. Francisco José, 
miembros suyos, ¿no parecía protestar contra la ac- 
ción que ellos representaban, y mutilarse para esca- 
par á su fiscalía imperiosa? Condenándolos sin oír- 
los, en nombre de la salud pública, ¿no lanzaban al 
acaso de nuevas revueltas su impopular autoridad? 
Los que celebran como energía esta medida impo- 
lítica^ ignoran que la violencia es la energía de los 
débiles. 

Por lo demás, nada convenía tanto como el des- 
tierro al papel que designaba el destino á José Fé- 
lix Ribas. Preciso era que se templase su alma al 
fuego de la desgracia, y que supiese lo que es la 
proscripción y el pan del extranjero, para que se 
completase su naturaleza entera y poderosa. La Jun- 
ta Suprema, sin saberlo, puso en la fragua el terri- 
ble acero de los años de 13 y de 14. 

La Junta Suprema ensayó entretanto distraer la 
ansiedad popular con suntuosas fiestas. Tales fueron 
los funerales por las víctimas de Quito, que logró 
disponer para el 3 de Noviembre (en diez días); 
bella ocasión para ostentar plumajes y galones, lin- 
dos madrigales, lastimosas endechas. Celebráronse 
las exequias en el magnífico templo de Altagra- 
cia (1); la ciudad de Caracas concurrió de luto; nada 
faltó allí, ni la urna cineraria, ni la pirámide fúne- 

(1) El terremoto del año de 12 lo destruyó. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 29 

bre. El g-enio de la Humanidad gemía en medio de 
figuras que representaban el dolor; también lloraba 
la América. Era una gloria para Venezuela abrazar 
en su amor á todas las naciones, sentirse herida en 
cada pueblo del Nuevo Mundo y lamentar sus tra- 
gedias en nombre de la fraternidad humana. 

Pero dondequiera la mano española se apretaba 
con la americana. D. Francisco Isnardi había pro- 
yectado el monumento; D. José Busí y Sata había 
compuesto las mejores inscripciones, y, lo que es 
más, abrasados los corazones enemigos por la llama 
de la revolución, cayeron de rodillas delante de 
aquellas figuras, llenos de respeto y admiración. Allí 
estaba también el pensamiento del proscripto Ribas; 
D. Vicente Salías lo había expresado: 

Del vándalo europeo 
la más negra venganza 
ha sembrado una eterna desconfianza 
en los americanos, 
se acabaron por siempre los tiranos 
en este otro hemisferio; 
un hecho horrendo destruyó su imperio, 
y nuestra dulce libertad amada 
con la sangre de Quito está sellada. 

Excepto esto, nada había allí que hubiera satis- 
fecho al alma exaltada de Ribas; habría querido su 
corazón, no un idilio fúnebre, sino una fiesta que 
llenase los pechos de duelo y del ansia de vengar 
un dolor inmenso; habría deseado inscripciones que 
recordasen cada gota de sangre vertida; habría bus- 



30 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cado en vano sarcófagos enormes que pareciesen 
llevar montañas de cadáveres y banderas de ven- 
ganza que pidiesen muerte por muerte; en vez de 
la América llorosa, con los poéticos arreos de ar- 
cos y flechas, habría ansiado contemplar la estatua 
sombría de la Libertad y un culto inmenso lleno de 
frenético dolor. 

Ni pudo ser tampoco la voz del dolor público, la 
voz elocuente del doctor Francisco José Ribas, la 
que animase aquellos símbolos mudos é interpretase 
el sentimiento general, en nombre del Dios de las 
misericordias. Un religioso, Hernández de apellido, 
fantasma de los tiempos pasados, apareció en el pul- 
pito hablando á la generación presente, que no co- 
nocía, de víctimas que no sabía llorar, de la libertad 
que no comprendía, del obscuro porvenir, que no 
diferenciaba de lo presente (1). 

Cuando, después de cinco meses de destierro, los 
Ribas y Gallegos fueron llamados á su patria por 
los miembros del Poder ejecutivo, que había nom- 
brado el Congreso, doctor D. Cristóbal Hurtado de 
Mendoza, D. Juan de Escalona y D. Baltasar Pa- 
drón, halláronse de pronto con importantes nove- 
dades. Se había instalado diez y nueve días antes, 
el 22 de Marzo, el primer Congreso nacional, y pre- 
sidía sus sesiones el general D. Francisco Miranda, 
tan célebre en nuestra historia y en la de Francia. 
(1) Respecto al estilo basta recordar este rasgo: 

"¡Oh Quito, en la que te viste! 
¡Oh Caracas, de la que te escapaste!" 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 31 

Habíale traído de Inglaterra D. Simón Bolívar, 
como prenda de estabilidad y victoria; y bien que 
la Junta hubiese ordenado de antemano que no se 
le admitiese en los puertos de Venezuela, teme- 
roso de contradecirse, recibiendo, ella que repre- 
sentaba á Fernando, al proscripto de Madrid, cuya 
cabeza había puesto á precio, cuyo retrato y pro- 
clamas había hecho quemar Vasconcelos por maigo 
del verduíjo, el entusiasmo público se adelantó, y 
Miranda fué recibido entre aplausos y proclamado 
por los amigos de la Independencia Padre y Liber- 
tador. (Pronto, cubierto de maldiciones, preso por 
los suyos y bajo amenazas de muerte, irá á morir á 
los calabozos de Cádizl 



VI 



La celebridad de este caraqueño exige que nos- 
detengamos ante él. Tendría sesenta años. Era una 
figura distinguida, de facciones regulares y anima- 
das, de presencia autorizada y gallarda, de voz en- 
fática y sonora. No era uno de los viejos risueños 
de Fenelón; pero resaltaba en su vejez fresca gran 
parte de la flor de su juventud. £1 coleto de núes 
tros padres, la cabellera empolvada, el sobretocc 
blanco que lo cubría, el tahalí vacío bajo la casaca 
militar y no sé qué nuevo y extraño esparcido por 
toda su persona, realzaban su nombre y le concilla— 



32 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

ban admiración y respeto. Pocos notaban el peque- 
ño arete de los revolucionarios franceses, que ha- 
bría dañado á su dignidad. 

El ojo de Ribas se detuvo con gusto delante de 
aquel hombre de tan varias fortunas, con quien se 
había correspondido sin conocerle en los años de 8 
y 9. Con la faz morena española, Miranda tenía el 
aire altanero y sombrío, el aspecto trágico de un 
hombre llamado al martirio, más bien que á la glo- 
ria; había nacido desgraciado (1). Sus padres, que 
se habían enriquecido con el trabajo y la industria, 
aspiraron á que sirviese con un grado en el bata- 
llón de blancos de Caracas; pero los nobles, presi- 
didos por el conde de San Javier, jefe de aquel 
cuerpo, rehusaron presentarle á España para su 
nombramiento. 

Resentida su familia, le envió á la Metrópoli, don- 
de compró una charretera de capitán. Cuando una 
política generosa, pero imprudente, determinó á la 
Península á auxiliar en su revolució.i á los Estados 
Unidos de América, Miranda sirvió en la guerra con 
inteligencia y celo, y tuvo ocasión de contraer es- 
trecha amistad con Broglie, Segur, Lauzun, Lafayet- 
te, preparándose en Francia nuevos destinos. El de- 
seo de instruirse y el gusto por viajes y aventuras, 
le hizo recorrer entonces los principales pueblos 
de Europa. El visitó, con el mapa en la mano, estu- 
diando y divirtiéndose, á Italia, Austria, Prusia, Cons- 
tantinopla, Inglaterra. Se dice que en Rusia tuvo 

(1) MiCHELET: Révolution Franfaise; t. V. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 33 

el honor de ser premiado con la predilección de Ca- 
talina 11, alemana cubierta de la sangre de Pedro III 
y de la de Ismail y Praga, predilección y premios 
vergonzosos, que un escritor ha celebrado con es- 
cogidas frases (1), como si fuese una fortuna el ca- 
pricho pasajero de la Parsifae del Norte, vieja de 
cabellos blancos levantados al cielo, de ojo lúbrico 
j/ duro (2). Miranda, con sus aventuras, sirvió acaso 
de modelo al Donjuán de Byron; mas al sonar el 
año de 89, dejando aventuras romancescas, ó más 
bien buscándolas más graves y peligrosas, voló á 
entregarse á la Francia. 

La desgracia parecía unida á sus pasos: si se triun- 
fa en las famosas Termopilas del Argonne, á Miran- 
da toca el destino de huir rápida y confusamente 
hacia Sainte-Menehould. A él se le atribuye el mal 
éxito del bloqueo de Maestricht. En el desastre de 
Neerwende, en que mandaba el ala izquierda, fren- 
te al príncipe Don Carlos, Dumouriez le destina á 
la derrota y al sacrificio, en honor y gloria del du- 
que de Chartres (3). Para colmo de infortunio, ]o- 
miní acepta las explicaciones de Dumouriez contra 
•el general caraqueño y las propaga en el mundo mi- 
litar (4). 

(1) Baralt y Díaz: Historia de Venezuela. 

(2) Michelet: Révolution Frangaise; t. III. 

(3) Luis Felipe. 

(4) Es carioso leer lo que escribe M. Louis Blanc en su His- 
toria de la Revolución Francesa, sobra el general Miranda: 
^Nacido en el Perú, se le había desterrado por haber aspirado 
á su libertad. Errante sobre los caminos de Europa, había des- 
deñado el favor de los reyes y buscado la amistad de los gran- 

3 



34 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Denunciado al Tribunal revolucionario como cóm- 
plice en la traición de Dumouriez, aunque del par- 
tido de la Gironda y amigo personal de los pros- 
criptos Brissot y Petion, él confundió las acusacio- 
nes de sus enemigos en once sesiones consecuti- 
vas, alcanzando con su facundia y destreza que le 
absolviesen el sacerdote sangriento de la nueva 
Táuride, Antonelle, el execrable Fouquier-Tinviller 
Jordeuil el Septembrista, los asesinos de la Francia. 
Mas á pesar de la elocuente defensa de Chaubeau- 
Lagarde, y de la opinión motivada del primer jura- 
do, Dumont, fué preso después en virtud del de- 
creto contra los sospechosos, sin lograr la libertad 
sino después de diez y ocho meses de cárceles y 
persecución. 

Miranda llega al país con la fama de capitán ilus- 
tre, y activo jefe de la revolución. Brissot había 
dicho: "Dumouriez no puede convenirnos; siem- 
pre he desconfiado de él; Miranda es el general de 
las circunstancias; él comprende el poder revolu- 
cionario; está lleno de talentos y conocimien - 
tos" (1). Michelet acaba de llamarle general entu- 
siasta y convencido, que prescindía de los medios 
materiales y creía en los milagros de la fe, un noble 
Don Quijote de la revolución (2). 

Por lo mismo que la Junta Suprema se había 

des hombres. En San Petersburg-o había rehusado noblemente 
los ofrecimientos de una emperatriz", etc. 

(1) Carta de Brissot á uno de los ministros en 1792, citada 
por Malle-Du-Pan. 

(2) Historia de la revolución, t. V. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 35 

opuesto á que Miranda volviese á la patria, Ribas le 
vio como un amigo de la libertad y le reconoció como 
el que había levantado su destierro. Bien necesitaba 
el antiguo girondino del influjo poderoso y militante 
de estos amigos de la independencia. Llamados á la 
barra del Congreso, con gusto juraron sostener la 
soberanía nacional, representada en un Cuerpo que 
presidía un general de la Revolución francesa. 

Había llegado Miranda ciego, como todos los 
que han estado largos años ausentes de su patria, 
descontentadizo y desdeñoso con cuanto veía, como 
los que han visitado Cortes y vivido palacios. Cuan- 
do la Junta nombró una Comisión que redactase un 
proyecto de Constitución que someter al Congreso, 
mientras D. Francisco Javier Uztáriz y los doctores 
Felipe Fermín Paúl y Juan Germán Roscio convinie- 
ron en un plan de confederación provisoria, Mi- 
randa envió á la Comisión el que habría presentado 
á la América española, á haber triunfado en 1806. 
Ambos proyectos eran inoportunos y fatales; pero 
el de Miranda, que difería poco del gobierno co- 
lonial de España, disgustó á todos y atrajo á su 
autor poderosas enemistades (1). Se temió tanto su 
ambición, y tal desconfianza excitó su conducta, 
que á pesar del obstinado empeño y de los esfuer- 
zos de los principales revolucionarios, no fué al 
Congreso sino por los votos del insignificante pue- 
blo del Pao de Barcelona (2). 

(1) Esquisse de la Révolution de l'Amérique espagnole, 
obra que se atribuye á D. Manuel Palacio, páginas 106-108. 

(2) ídem id. 



36 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



VII 



Interesante espectáculo presenta el primer Con- 
greso de Venezuela: hijo de la Revolución, fruto de 
elecciones libres y tranquilas, en vez de una Asam- 
blea tumultuosa, agitada de populares pasiones, 
aunque única y aunque con un Ejecutivo, que creó 
débil en tributo á las doctrinas de entonces, él se 
concilio la estimación y el respeto público, sin ex- 
citar la admiración; pero tampoco resistencias y 
ataques en el seno de los republicanos. Bien que 
entre los cuarenta y cuatro miembros que lo cons- 
tituían, no faltasen quienes, confundiendo la obstina- 
ción con la firmeza, opusiesen sus preocupaciones 
á toda reforma saludable; y bien que se precipita- 
sen otros en novedades peligrosas, tal era la situa- 
ción y benevolencia de los espíritus, tan poca la in- 
flamación (que no sobreviene sino en los cuerpos 
numerosos), que todos marchaban aparentemente á 
una, sin enconosos odios, luchas ni escándalos. 

Nada allí de centro, izquierda ni derecha; sentá- 
banse todos confundidos y amigos, con la alegre 
esperanza sobre los ojos. Uztáriz, Tovar, Roscio, 
Yanes, Ponte, Peñalver, con la frente cargada de 
cuidados, Maya, Quintana, Ramírez, Méndez, Cas- 
tro. Nada precipitó los pasos de aquellos varones 
ilustres, prudentes y circunspectos en medio de sus 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 37 

interiores recelos ó de la impaciencia de sus espe- 
ranzas, ni la facilidad de ostentar sin peligro un 
liberalismo violento, ni la ambición inmoderada de 
aplausos y popularidad, ni los estímulos de la im- 
prenta, ni el favor que acompaña á las opiniones 
exageradas. Cuando, caída toda autoridad, podían 
sin obstáculos ni sinsabores lanzarse por el fácil ca- 
mino de la demagogia, destruyendo y creando á su 
capricho, prefirieron el enojoso cuidado de mode- 
rar los excesos de la libertad, á riesgo de pasar por 
enemigos del pueblo y por retrógrados. 

¿Qué detenía á esos hombres y los embarazaba 
en su marcha? Veían el porvenir cargado de san- 
grientas nubes y retrocedían; habían querido rege- 
nerar, conservando; repugnaba á su conciencia qui- 
tar el freno á las pasiones para triunfar. En su seno 
no hubo propiamente vida parlamentaria. Si se en- 
cendía, era al viento de la plaza pública; arrastrá- 
balo la impetuosa vigilancia, las advertencias en 
forma de agitaciones de la capital. Todos anhela- 
ban por la tierra prometida, sin pasar por el Mar 
Rojo. 

Recordemos de paso algunas de esas figuras. 
Juan Germán Roscio era el pensador convencido 
del partido republicano; su frente, que parecía in- 
clinada por la meditación, hacía que se le atribuye- 
se un poder lleno de misterio; sus palabras eran re- 
cogidas como aforismos patrióticos. Si callaba, mi- 
rábase su silencio como desdén de la sabiduría, ó 
esquivez del pudor; inteligencia honrada sin auda- 



38 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cía, pluma fácil, vulg^ar y sin brillo, político de intra- 
table energía en medio de la timidez de sus opi- 
niones (1). Fuertes estudios y el amor á la medita- 
ción habían madurado la grave juventud del es- 
pañol Francisco Javier Yanes. Francisco Javier Uz- 
táriz, 

alma incontaminada, noble, pura, 
de elevados espíriius modelo, 

no hablaba nunca en la tribuna; pero todos se agol- 
paban solícitos para oir sus discretas y finas obser- 
vaciones, y se contaba con su silencio, lleno de pen- 
samientos. 

Bussí y Sata era un tribuno elegante y fácil. Ma- 
nuel Palacio, hombre de talento y elocuencia, adi- 
vinaba el porvenir y le esperaba sonreído. A don 
Martín Tovar Ponte no le dio la Naturaleza la ele- 
gancia ni las gracias de la juventud, ni menos el de- 
seo de adquirirlas y de suplir su falta; prefirió dedi- 

(1) £1 doctor Juan G. Roscio, de padres italianos, falleció 
el 9 de Marzo de 1821 (tres meses y quince días antes de la 
batalla de Carabobo), siendo vicepresidente de Colombia. El 
Sr. Zea decía de él (Correo de Orinoco, núm 102): "Desde el 
año de 1810, en que Venezuela derrocó al despotismo, hasta e.' 
día en que, después de un viaje penoso y dilatado, llegó á 
principios de este aiío á la nueva capital del Estado, mil gra- 
ves y difíciles empleos ocuparon de tal suerte su vida, que pue- 
de decirse con verdad, que ni un momento respiró sino en 
servicio de la Patria. Su constancia en la adversidad excede á 
todo encarecimiento: ni las cadenas y mazmorras, ni las mise- 
rias y trabajos llegaron á abatir jamás su impávida firmeza ó á 
desviarle un punto de la senda del honor, y aun los déspotas 
mismos que le oprimían se vieron obligados á admirar la gran- 
deza de su alma y la superioridad de su virtud." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 39 

car este tiempo á cosas serias. Aunque por la edu- 
cación perteneciese á su época, por sus compromi- 
sos y recuerdos él fué toda su vida del 19 de Abril. 
En los tiempos turbados y movibles que atravesó 
conservóse siempre fiel á las primeras ¡deas en que 
se había formado y que encantaron su espíritu, á los 
sentimientos que hicieron latir su corazón, á las con- 
vicciones que se consagró. Cuando vengan las pa- 
siones en vez de las leyes, los combates en vez de 
la justicia, y en vez de la libertad la dictadura, él se 
envolverá en su manto, silencioso y triste, animando 
contra la violencia y cubriendo con su nombre á los 
defensores del orden. Ese viejo tosco, de corazón 
patriota, supo merecer el recuerdo reconocido de 
sus contemporáneos y la estimación de la poste- 
ridad. 

El doctor Manuel Vicente Maya era un sacerdote 
célebre ya por la rectitud del alma y sus dulces vir- 
tudes. Extraño al odio, su corazón santo se difundía 
en una expresión de sonrisa angelical, que inspiraba 
amor y pensamientos buenos; y en el gobierno de la 
Diócesis, sus adversarios le preferían á sus amigos, 
porque de nadie podían esperar tanta indulgencia en 
la justicia. Horrorizado con los excesos de la Revo- 
lución francesa, y temeroso del obscuro porvenir, su 
espíritu se detenía inquieto á las puertas de la revo- 
lución, por amor á los hombres y por horror á los 
desastres que preveía. La debilidad por temor del 
mal es una virtud divina; y la energía, cuando no im- 
pone sacrifícios heroicos, con frecuencia no es otra 



40 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cosa que la ambición y el egfoísmo. Maya solo pro- 
testó contra la declaratoria de la independencia el 
5 de Julio, engrandeciendo con su noble libertad 
aquel majestuoso espectáculo. Porque no fué media- 
no valor arrostrar la indignación de una multitud an- 
siosa, y defender contra el entusiasmo general sus 
creencias desesperadas. Opuso á todos el voto de 
los habitantes de la Grita, sus comitentes. Y el Con- 
greso ordenó se escribiese su protesta al pie del acta 
de la independencia, tributando así un homenaje á 
los derechos de la conciencia, tomando una vengan- 
za digna de la libertad. 

El doctor Juan Nepomuceno Quintana era uno de 
aquellos jóvenes virtuosos é instruidos que las pri- 
meras familias daban entonces á la Iglesia. Escritor 
elocuente y fecundo orador, aquel clérigo era un filó- 
sofo á su manera, enemigo del sofisma y del instinto 
destructor y revolucionario de los demagogos de su 
tiempo. A presencia de Miranda y Roscio, y de los 
otros jefes de la revolución, con tono acentuado de 
desdenes él los acusaba de agoreros falsos y de en- 
gañarse con frivolas esperanzas. Los que no se tur- 
baban al escucharle, respetaban su buena fe. 

Al abogado Antonio Nicolás Briceño, filósofo 
sombrío, republicano cartaginés, hombre frío y vio- 
lento, genio inquieto y rudo, teníasele por capaz de 
lanzarse, en un transporte de cólera, en los abismos 
del crimen. 

El Congreso tuvo un doble carácter: se aprisionó 
en un círculo estrecho, en que parecía hacer peni^ 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 41 

tencia de su importunidad, y se elevó sobre subli- 
mes altares; hizo una Constitución federal efímera» 
y proclamó verdades inmortales; contenido y arre- 
batado alternativamente por fuerzas contrarias, el 
sentimiento que le venía de sí mismo, y el movimien- 
to que le venía de la revolución. — ¡Cincuenta y cua- 
tro años han corrido desde aquel tiempo! ¡Un Con- 
greso acaba de cerrar sus sesiones! ¿Qué hemos ade- 
lantado, oh Dios? 

Es preciso confesar, sin embargo, que sin una fuer- 
za encontrada de asociación el movimiento revolu- 
cionario habría perecido, y sus inocentes é incautos 
parciales, que confundían á amigos y enemigos en el 
ciego vuelo de su generosidad, habrían caído en la 
red inmensa que se les tendía por todas partes. Ur- 
gía la creación de un Cuerpo político organizado 
fuertemente, depositario de todas las necesidades é 
instintos de la revolución, que velase inquieto sobre 
las autoridades débiles, sobre sus agentes confiados» 
sobre los enemigos todos, por temor ó por odio. Mi- 
randa había traído la idea de París, tierra clásica de 
tumultuarias asociaciones; Bolívar la fundó, llevando 
á su seno los amigos de la independencia. Ribas la 
popularizó, le dio sus varoniles pasiones y tenden- 
cias, la hizo inflamar y hervir como el Etna. Nacida 
en medio de los peligros de una conspiración inmen- 
sa, que negaba los conspiradores, la Sociedad Pa- 
triótica constituyó una legión activa, de desconfian- 
za suma, de rencilloso espíritu, que de todo se alar- 
maba. Fué su destino ensayar al pueblo en la Repú- 



42 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

blica y también en la demagogia, ser estímulo de los 
Poderes públicos y la palanca de la revolución. 

Penetremos en su interior y sorprendámolo el 
19 de Abril de 1811, pocos días antes del célebre 
5 de Julio, en su primitiva naturaleza y audacia anár- 
quica. "Los regocijos fueron universales ese día. 
Después del Te Deum, los habitantes se esparcieron 
por las calles, con sus vestidos de fiesta, adornados 
sus sombreros con escarapelas de cintas rojas, azu- 
les y amarillas. Grupos de músicos y danzantes re- 
corrían la ciudad , cantando himnos entusiastas; la 
atravesaron en procesión los miembros de la Socie- 
dad Patriótica con banderas en la mano. Personajes 
respetables se unieron al concurso, y se vieron gru- 
pos de indios de las cercanías, tocando y danzando 
de una manera más sencilla que graciosa; pintábase 
la alegría en todos los rostros, felicitándose cada 
uno por la felicidad que creía asegurada. La noche 
trajo otro género de placeres: la ciudad de Caracas 
se iluminó toda, y los edificios públicos y muchas ca- 
sas particulares se cubrieron de inscripciones y em- 
blemas, ejecutados con tanto gusto como talento... 
Teatros pequeños levantados en diferentes partes de 
la ciudad proporcionaron nuevos placeres al pueblo, 
ebrio de entusiasmo" (1). Contemplemos esas som- 

(1) Esquiase de la Révolution de V Amérique espagnole, ou 
récit de rorigine, des progrés et de l'état actuel de la guerre 
entre I'Espagne et TAmérique espagnole, contenant les princi- 
paux faits et les divers combats, etc., pág. 111. — Léase también 
el Manifiesto á los americanos del Sur, impreso en Cádiz en 
1812, y que forma parte del número 317 del Ambigú, que re- 
dactaba en Londres M. Peltier. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 43 

bras tan risueñas y aleg^res, antes que pasen arreba- 
tadas por un torrente de sangre; mañana será tarde. 
Penetremos, como extranjeros, en esa sala, en esos 
corredores suntuosamente adornados, donde Gue- 
vara Vasconcelos dictaba sus órdenes, donde la re 
volación en delirio tiene su trípode y su oráculo (1). 

¡Qué tempestad de gritos, de aplausos y exclama- 
ciones! ¡Es la voz unísona del océano, formada del 
ruido de todas las ondas! Miranda preside; notad su 
figura dramática, imponente. Enciende aquí la llama 
que agita en el Congreso. Pero, ¿quién es ese joven 
de admirable madurez, de tan militar apostura, que 
se adivina al mirarle su osadía y valor? Ojos azules 
y color blanco, que ennegrecerán los rayos de la 
guerra, músculos de acero, mirada soberbia y terri- 
ble, las formas elegantes y varoniles del dios de las 
batallas. Le llaman Simón Bolívar; sólo José Félix 
Ribas parece más arrogante y espléndido. 

Se habla. Es Antonio Muñoz Tébar: cautivóle el 
amor de la República desde sus primeros años. A la 
nueva de la revolución del 19 de Abril se le vio 
dejar el presbiterio de los Neristas, donde asistía de 
acólito, inocente levita, y arrodillarse y decir adiós 
al altar que había perfumado con el incienso, para 
irse tras la revolución, hasta la muerte. Su figura 
endeble y delicada, su tez blanca y pura, su rostro 
franco, sombreado apenas por naciente bozo, reve- 
lan sus pocos años, como revela su talento la frente 
«spaciosa y candida, y anuncian la ternura de su 

(1) Calle de Carabobo, núm. 77. 



44 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

alma quimérica y su fín prematuro y trágico, la me- 
lancólica sonrisa y los fijos ojos, grandes y tristes. 
¿Quién enseñó el arte de conmover y persuadir á 
ese niño, que aún no ha dejado las aulas? ¿Quién 
ha dado á sus rosados labios el acento patético, la 
invectiva acerada, todos los tonos de la sátira, los 
pensamientos y los colores de Tácito? ¿Cómo ha 
caído esa abeja de Helicón en el cáliz del ajenjo de 
los partidos? 

"Señores — dijo — : hoy es el natalicio de la revo- 
lución. Termina un año perdido en sueños de amor 
por el esclavo de Bonaparte. ¡Que principie ya el 
año primero de la independencia y la libertadl Con- 
federación de Estados ó Gobierno central, una 
Asamblea ó muchas; por todo podemos comenzar, 
como comencemos por la Independencia. ¡Que la 
República siga su marcha triunfal, derramando pla- 
ceres que enloquecen, bendiciones que santifican! 
Pero desde ahora adivino que mañana habré de 
estar por una República poderosa y central, que 
represente la nacionalidad y la fuerza, y no por pe- 
queños Estados, tanto más débiles y turbulentos 
cuanto más pequeños, inútiles el día del peligro, 
enojosos al buen sentido, expresión del egoísmo y 
arena de la ambición. Si en vez de la Asamblea que 
nos representa, única é imponente, eco de mil voces, 
punto donde convergen todos los radios, faro cen- 
telleante encendido para el uso de Venezuela, hu- 
biese ocho ó más Congresos esparcidos, obscuros, 
deliberando en su rincón, sin debates entre unos y 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 45 

otros, sin cambio posible entre ellos y el movimien- 
to exterior, yo no vería sino tronos para la anarquía, 
!)n caos sangriento y el naufragio y vergüenza de 
nuestros planes. Pongámonos en el camino de la 
independencia, y yo voy á estar por el orden y la 
regularidad, sin temer que el Gobierno se cambie 
en tirano: Teseo en Procusto. El problema será en- 
tonces dar al Gobierno la energía suficiente para 
someter los individuos á la voluntad general, ganán- 
dolos por el amor y el temor y neutralizando en sus 
manos los medios de revelarse. Escapados de la 
tiranía, su vuelta nos preocupa únicamente; pero la 
anarquía es también la tiranía, complicada con el 
desorden..." 

Un hombre se levanta y usurpa la palabra; pero 
no es un hombre ese cíclope: con dos agujeros por 
ojos, afeado por la viruela, de cabeza enorme cu- 
bierta de erizadas cerdas, de ideas febriles servidas 
por una voz de trueno. El desorden preside su es- 
píritu, que se exhala en gritos de cólera y exclama- 
ciones súbitas. 

"jLa anarquía! Esa es la libertad, cuando para huir 
de la tiranía desata el cinto y desanuda la cabellera 
ondosa. ¡La anarquía! Cuando los dioses de los dé- 
biles, la desconfianza y el pavor la maldicen, yo 
caigo de rodillas á su presencia. Señores: Que la 
anarquía, con la antorcha de las furias en la mano, 
nos guíe al Congreso, para que su humo embriague 
á los facciosos del orden, y la sigan por calles y 
plazas, gritando: ¡Libertad! Para reanimar el mar 



46 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

muerto del Congreso estamos aquí, estamos aquí en 
la alta montaña de la santa demagogia. Cuando ésta 
haya destruido lo presente, y espectros sangrientos 
hayan venido por nosotros, sobre el campo que haya 
labrado la guerra se alzará la libertad..." (1). 

Sólo un momento sobrecogieron estas palabras 
siniestras á la entusiasta reunión. Aplausos y gritos 
siguieron largo tiempo á esta improvisación infernal. 

Era Coto Paúl, orador fácil, sin freno ni modera- 
ción, hermano del doctor Felipe Fermín Paúl, que 
había concurrido esa noche á la Sociedad. Mientras 
aquél se desahogaba, impetuoso y frenético, sin or- 
den, proclamando y ultrajando la justicia, éste, en- 
vuelto en su prudencia, en la visión del porvenir, 
atento á las medidas benévolas, extraño á las reso- 
luciones violentas, si bien no carecía de talentos 
oratorios, prefería emplear la actividad y flexibilidad 
de su espíritu y su carácter insinuante, en inspirar 
moderación y calma, pareciendo seguir las opinio- 
nes que sugería. 

Habló esa noche Espejo (D. Francisco), alma de 
la Sociedad, abogado audaz é instruido, ensimisma- 
do y fecundo, cuyos modales graves, voz sonora y 
estilo abundante y enfático, gustaban á la multitud. 
Lleno de Mably y Rousseau, Espejo se complacía en 
doctrinas metafísicas y generales. Y habló también 
García de Sena, amado de las Musas y de la guerra; 
y Vicente Salias, gracioso autor de la Medicoma- 
quia'y y Vicente Tejera, de boca desairada, de hela- 

(1) El Publicista Venezolano, núm. 17. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 47 

dos y salidos dientes, violento y tímido, que culti- 
vaba las letras:, y que debía perecer en el mar, insi- 
dioso y pérfido como él. La discusión se anima; al- 
guno dijo que tenían ya dos Congresos, el Nacional 
y la Sociedad Patriótica; y Bolívar se levanta, y 
grita: 

"No es que hay dos Congresos. ¿Cómo fomenta- 
rán el cisma los que conocen más la necesidad de 
la unión? Lo que queremos es que esa unión sea 
efectiva, y para animarnos á la gloriosa empresa de 
nuestra libertad; unirnos para reposar, para dormir 
en los brazos de la apatía, ayer fué una mengua, hoy 
es una traición. Se discute en el Congreso nacional 
lo que debiera estar decidido. Y ¿qué dicen? Que 
debemos comenzar por una confederación, como sí 
todos no estuviésemos confederados contra la tira- 
nía extranjera. Que debemos atender á los resulta- 
dos de la política de España. ¿Qué nos importa que 
España venda á Bonaparte sus esclavos, ó que los 
conserve, si estamos resueltos á ser libres? Esas 
dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas.. 
¡Que los grandes proyectos deben prepararse en 
calma! Trescientos años de calma, ¿no bastan? La 
Junta patriótica respeta, ccmo debe, al Congreso 
de la nación; pero el Congreso debe oir á la Junta 
patriótica, centro de luces y de todos los intereses 
revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fun- 
damental de la libertad suramericana: Vacilar es 
perdernos. 

„Que una Comisión del seno de este Cuerpo 



48 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

lleve al soberano Congreso estos sentimientos.* 

¿Quiénes forman aquella trinidad exótica? Coto 
Paúl ha ido á colocarse entre las caras apocalípticas 
de Francisco Carabaño y del vizcaíno Francisco Ja- 
vier Yanes. Los unos hablan y ríen al verlos; los 
otros parecen distraídos ó que escuchan la voz mis- 
teriosa de su corazón. Las mujeres platican tam- 
bién, saludan y sonríen, porque la'Sociedad Patrió- 
tica las recibe con distinción en su seno, como 
medios de activa propag'anda y como adorno é 
incentivo. 

Oíanse diálog'os como estos. 

— Viene hermosa y galana doña Margarita; y al 
lado trae, no sé para qué, al isleño Sopranis. 

— Sí; y están graciosas Concha y Anita; dimei 
¿no es para reir ver á la tigra con su peineta de 
perlas, su ancho encaje sobre la media y tan largo 
marchante? 

— Calla, que nos oye su hermano, que pasa á 
saludarlas. 

— ¡Mozo elegante, por cierto! Guapo está con su 
calzón de Mahón, su bota jacobina, su... 

— Sabe ponerse, como hijo que es de sastre. Don 
Matías está aquí, porque, como profesamos la tole- 
rancia, admitimos á los paganos. 

Otro decía: 

— Habrá música al salir; mira los tres condes. 

— ¡Que si habrá música! Sin duda piensa en ello 
Catalina Arrieta, que se desvive mirando al clarinete 
Blas Borges. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 49 

— jMalígnoI Contempla de rodillas al Poder y la 
Ciencia (1). 

— ¡Dignos nombres! El español educó bien á sus 
dos chicas. 

¡Gran risa en el concurso! Entraba á prisa, salu' 
dando á uno y otro lado, dando de codos y atrope- 
llando á los que hallaba por delante, el doctor Án- 
gel Sálamo. Muchos dejan sus puestos y le rodean, 
mientras don Vicente Salías, entre cortesías y hala- 
geos, le dirigía estos versos; 

Se trata de un empleo que ha de darse 
al que sepa curar con más acierto, 
y ninguno cual yo puede jactarse 
de tener en el arte un tino cierto. 

No sé el griego, el francés ni aun el romano; 
pero entiendo un autor en castellano, 
y tengo con aquesto suficiente 
para extractar recetas y aplicarlas. 

¿Quién como yo ha curado, 
aplicando saliva en el ombligo, 
á un enfermo que estaba en mal estado? 
Su virtud es muy cierta; yo... 

— Sí; tú has puesto esos desatinos en mi boca; 
pero somos amigos y te perdono todo por la tunda 
que le diste á Díaz (2). 

Cruzábanse estos diálogos violentos por entre vi- 

(1) Doña Catalina Oriola, joven hermosa y de tanta instruc- 
ción, que la llamaban la Ciencia, y D. Francisco Navas, llamado 
el Poder, por su extraordinaria fuerza. — Ocios de españoles, 
etcétera, núm. 33. (Recuerdos de Caracas.) 

(2) Palabras que D. Vicente Salias pone en boca del doctor 

4 



50 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

vas y aplausos, discursos interrumpidos, risas y j^i-- 
tos, promesas y amenazas. 

El poder de las tempestades flotaba en las manos 
de Miranda. 

D. Andrés Moreno, que con D. Rafael Jugo y don 
Vicente Tejera, fueron enviados á Coro y Maracai- 
bo para extender la revolución, acababa de abrir un 
teatro más democrático á sus violencias Llegaba de 
Puerto Rico, donde había arrastrado prisiones, y lle- 
vaba al cuello la cadena con que le había honrado 
el Congreso, hecha de eslabones, en que se leía:- 
"La sufrí por la Patria"; y aunque de carácter apa- 
cible y ce costumbres dulces, ofreció los amplios 
salones de su casa (1) á un club más demagógico 
que la Sociedad Patriótica, el Club de los Sincami- 



Sálamo en la Silva primera de su Medicomaquia, que comienza: 

así: 

''No el valor, las proezas y victorias 
canto de capitanes esforzados, 
ni tampoco las glorias í 

de varones ilustres, que animados 
de la postuma fama, produjeron 
insignes obras que á su patria dieron. 
Canto sí la contienda más famosa 
de una chusma de insignes matadores, 
que con la actividad más asombrosa 
han sabido mover los moradores 
de toda esta ciudad más distinguidos, 
á empeñarse, intrigar, formar partidos, 
y con ardor constante 
ofrecer cada cual al que es su ahijado 
dejarle colocado 
en la plaza de médico vacante." 

(1) Calle de Zea, núm. 75. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 51 

sQf donde se bailaba, extraña y grotescamente, al 
son de esta canción, compuesta por los Landaetas: 

Aunque pobre y sin camisa, 
un baile tengo que dar, 
y en lugar de la guitarra, 
cañones resonarán. 

Que bailen los Sincamisa, 
¡y viva el son del cañón! 

¡Caracas se precipitaba por los abismos de la 
Franci'J Era el Qaira de sus revolucionarios. 



VIII 



Es inexplicable la inacción á que el Gobierno 
condenó á Ribas en los tres primeros años de la re- 
volución. Verdad es que desde el principio le nom- 
bró coronel la Junta Suprema, en cuyo empleo, pre- 
viendo que las armas decidirían al fin de los dere- 
chos de América, formó un batallón, llamado de 
Barlovento, y se consagró á instruirlo y conservarlo. 
Pero si bien le cubrió la Junta de consideraciones, 
y hasta dispuso de unas compañías disciplinadas, 
que vencieron en Valencia y fueron á morir en San 
Carlos, nunca á las órdenes de su jefe, que se cui- 
daba de mantener lejos de los campos de batalla. 
En vano reclamó su parte en los pelig-ros cuando 
las desastrosas campañas de Coro y de Guayana, y 



52 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

las más afortunadas de Cumaná y Valencia. Parece 
que los Poderes públicos veían con tennor á los 
hombres de la revolución, apartado el uno en sus 
paternos campos, ocioso el otro en Puerto Cabello, 
esperando la traición. 

Para el año de 12, los hombres de 10 y 11 habían 
envejecido, sobreviniendo cambios y alteraciones 
deplorables en la opinión. Los que habían esperado 
días de paz y veían encapotarse el horizonte; los 
que sólo ayudaron al movimiento porque creyeron 
perdida á España; los egoístas, los débiles, habían 
vuelto el rostro á la revolución por desdén ó por 
cólera, y hasta sus más celosos partidarios, á su na- 
cimiento. Porque si toda revolución halla en su 
principio, inocente y débil, quienes la sirvan con 
celo, esos mismos, al fortificarse, crecer y amenazar 
con la victoria, suelen oponerle embarazos y barre- 
ras. Las ideas liberales no habían podido extender- 
se y prevalecer en un país sin imprenta ni educación 
primaria. Impacientes las poblaciones de los sufri- 
mientos á que las sujetaban las circunstancias, odia- 
ron una libertad cortejada por la miseria y la gue- 
rra. Añádase que Venezuela estaba llena de euro- 
peos, propietarios y poderosos, de empleados que 
dependían de sueldos y esperaban ascensos, de 
gentes que amaban con vehemencia los empleos, 
porque no conocían la riqueza de la Industria; de 
hombres, en fin, que habrían preferido la muerte á 
ver triunfar la independencia, y que por poco po- 
per que se les suponga, tenían el suficiente para 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 53 

sembrar la discordia y el descontento. El sacerdote, 
engranado, engañó á los que le oían, y confundió la 
obediencia con la religión; y, como sucede siem- 
pre, al romperse por primera vez los lazos de afec- 
to, el mayor número suspiró por volver á ellos, cre- 
yendo hallar las antiguas disposiciones y confianza. 
¡Como si pudieran amar las tinieblas los que habían 
columbrado la luz! |Y como si fuera posible que la 
autoridad ultrajada olvidase sus resentimientos, y 
que al reconciliarse y estrecharse de nuevo, recuer- 
dos importunos no despertasen la venganza y no na- 
cieran nuevos motivos de eterno enconol 

Para este ensayo de reconciliación efímera, un 
campeón de farsa, superficial y vanidoso. 

Hay hombres de quienes puede decirse que na- 
cieron para burla del destino. Sin vigorosas facul- 
tades, por la fatalidad de las circunstancias, apare- 
cen funcionando con brillo; incapaces de vastos de- 
signios, preséntanse como arbitros de los aconteci- 
mientos. Cuando tales hombres se creen sobre la 
superficie de la Historia y piensan conservarse en 
ella, atraídos por una fatalidad irónica, van á vivir 
en el fondo, donde hallan ruido por gloria, y donde 
van á contemplar todos, en vez de un héroe, á un 
aventurero indigno. 

Tal era D. Domingo Monteverde. Tanto hizo 
alarde de valeroso y entendido, y tan inquieto an- 
duvo, ponderando sus belicosas disposiciones, que 
aunque simple capitán de fragata, logró que el bri- 
gadier D. José Ceballos le confíase una expedición 



54 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

sobre Occidente. Doscientos treinta hombres, entre 
españoles y corianos; un cura, de nombre Torrellas; 
un cirujano, diez mil cartuchos, un obús de á cuatro 
y diez quintales de galleta, fueron los elementos mi- 
litares de este Viriato (1) de nueva especie. La fortu- 
na se encargó de tan vulgar personaje: dos días antes 
de llegar á Siquisique, guarnición y pueblo habían 
reconocido á Fernando Vil; á las primeras descargas 
huyen los soldados bisónos de Carora; en vez de 
caer aquí, sorprendido por las fuerza? de Puerto 
Cabello y Barquisimeto, esta ciudad le abre las 
puertas, espantada por el temblor del 26 de Marzo, 
que había sepultado á sus defensores. £1 presunto 
isleño cree á Dios cómplice con su ambición, y des- 
de las ruinas de la Nueva Segovía vuela de pueblo 
en pueblo acogido por el entusiasmo del amor, y 
del pavor, y del espanto. En vano Ceballos y Miya- 
res le dan consejos oportunos y órdenes expresas; 
desconoce la autoridad de uno y otro, y en la em- 
briaguez de tan fáciles victorias, se precipita por 
donde le guíe la fortuna. Entra á Caudare y Arau- 
re; el español Juan Montalvo, desertando de nues- 
tras filas, le entrega á San Carlos; volaban tropas de 
Caracas en defensa de Valencia, cuando un volcán 
revienta en la isla de San Vicente (2), y las detona- 
ciones sorprenden su marcha. Perdido en Valencia, 
frente á un ejército numeroso y sin recursos, Puer- 

(1) Nombre que dan á Monteverde, Gamboa, clérigo de 
islas Cananas, y Hernández, fraile franciscano, en la Manifes- 
taaión de las hazañas de Monteverde, impresa en Cádiz. 

(2^ En la noche del 30 de Abril. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 55 

to Cabello se subleva y se los suministra en abun- 
dancia. Un vértigo se apodera del reconquistador; 
desconoce y ultraja á sus naturales jefes; inventa las 
batallas de Uriche y Coroboré (1); envía pomposas 
descripciones de sus triunfos á las Cortes y á la Re- 
gencia, y á los virreyes, y á los capitanes generales, 
y á los gobernadores; escribe á lord Wellington, 
como á su igual; ordena que le canten; se sueña un 
Dios. 

Al insular Monteverde, en el día de su fortuna 
opuso la República el hombre de la desgracia. Des- 
de fines de Abril, al saberse los rápidos progresos 
de Monteverde, el Poder ejecutivo federal, que re- 
sidía en Valencia, dio á Miranda, con el título de 
generalísimo, una autoridad ilimitada, bajo la con- 
dición única de convocar el Congreso inmediata- 
mente. A poco le parecieron estrechas estas facul- 
tades, y quiso se las ampliaran, ó que fuesen con- 
sagradas con nuevas formas y exterioridades. Tres 

(1) D. Luis Glnetí, teniente de Infantería, en su parte del 
19 de Marzo, en que habla de todas las acciones en que se en- 
contró Monteverde, no habla una palabra de éstas. Es curioso 
lo que dice: "Emprendimos nuestra marcha desde Coro á las 
órdenes de D. Domingo Monteverde, sin más tropas que 100 
^hombres de Marina, SO de Maracaibo y 50 de San Luis. Nos re- 
cibieron en Siquisique con muchos vivas, repiques de campa- 
nas y un g°ran regocijo de todo aquel vecindario; el 19 salimos 
con 22 hombres de Marina y la Reina á ocupar el cerro Colo- 
rado. Al día siguiente se me reunieron 100 hombres adictos á 
la justa causa: después se me presentaron 60 más pidiendo ar- 
mas para ir contra los insurgentes. Entramos en Carora. Aquí &• 
le permitió á la tropa un saqueo general, de que quedaron bas- 
tante aprovechados: éste fué el día 23. Después sacamos eo 
procesión el retrato de Fernando VII, nuestro rey." 



56 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

comisionados, uko por el Gobierno general, que 
fué D. Juan Germán Roscio; otro por el Gobierno 
provincial de Caracas, D. Francisco Talavera, y don 
Juan Vicente Mercader, por la Legislatura provin- 
cial, declarando suspenso el régimen constitucional, 
pusieron en sus manos el terrible poder de la dic- 
tadura. Nada le faltó al generalísimo: el entusias- 
mo animó de nuevo los corazones espantados y la 
ciudad brotó guerreros de entre sus ruinas. Partie- 
ron al punto diez batallones de Infantería y dos es- 
cuadrones de Caballería, á los que debían seguir 
compañías sueltas de paisanos y de extranjeros. 
Marcha Miranda al frente de 7.000 hombres, ejérci- 
to suficiente para escarmentar la contrarrevolución 
y afirmar la República; pero cuando debía buscar al 
enemigo y perseguirle, redúcese á la guerra defen- 
siva, contemporizadora y tímida: vence en la Ca- 
brera y en Guaica, y abandona estos puntos fortifi- 
cados para retirarse á Maracay; pudiendo resistir 
aquí, va á encerrarse en La Victoria; se fortifica en 
esta villa, triunfa de Monteverde y desordena sus 
huestes, y se niega á completar la victoria, persi- 
guiéndolas en su desordenada fuga. 

Tantos errores en quien se imaginaba la gente el 
salvador de la República, excitaron la murmuración 
primero, y luego el desdén y el desprecio. Recordó 
la población que se le había anatematizado en los 
templos; el clero se ensañó en el impío; y cuando el 
mal genio de Miranda, coronel Juan Paz del Casti- 
llo, le presentó á los presbíteros doctor Martín 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 57 

González y N. López, á quienes hizo ejecutar des- 
pués de un aparente juicio, irreg^ular y violento, deV 
odio que abrasó al pueblo escandalizado volaron 
chispas hasta el ejército y hasta el Estado Mayor 
del generalísimo. Corría entonces el rumor de que 
tramaba contra la causa americana, por órdenes deV 
Gabinete inglés. La desgracia que inspira sospechas 
y el odio que las convierte en evidencia, acredita- 
ron los temores, y vinieron á corroborarlos la co- 
misión secreta de D. Tomás Molini, secretario ínti- 
mo de Miranda, á la Gran Bretaña, y sus relaciones 
misteriosas con las colonias inglesas. Tales susurros 
encendieron en algunos de sus jefes vivos deseos 
de deponerle. 

Cuando supo Miranda estas novedades, su or- 
gullo irritado, junto con te-mores de una traición^ 
exacerbaron su carácter duro y terco, que se des- 
ahogó en palabras amargas y aspiró á venganzas 
sangrientas. Pero impotente y ridículo enmedio de 
su tropa, sin confianza en sus edecanes, que dan 
libertad á uno de sus mayores enemigos, fatigado 
de luchas estériles, que iban á prolongarse por la 
sublevación del castillo de San Carlos en Puerto 
Cabello, y el levantamiento de los negros de Bar- 
lovento, á la primera indicación de un arreglo 
pacífico el pobre viejo se despojó con gusto de la 
impopular é insoportable dictadura. 

Antes de la última campaña, no bien fué nombra- 
do gobernador militar de Caracas José Félix Ribas, 
Miranda le relevó, nombrando en su lugar al coro» 



-58 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

nel Juan Nepomuceno Quero (1), en corresponden- 
cia con Monteverde. Ya en campaña, después del 
infructuoso ataque de los españoles al Portachuelo 
de Guaica (19 de Mayo), conoció Miranda la im- 
portancia de aquel punto, y dispuso que lo fortifi- 
case el coronel Ribas, con el batallón de Barloven- 
to. A poco ordenó se abandonase, sin conocida cau- 
sa; nada más dicen los documentos históricos sobre 



(1) No consta el día de su nombramiento. La guerra per- 
donó pocos documentos importantes de la época que describí* 
mos; y los que se refíeren á tiempos anteriores van desapare- 
ciendo igualmente, con lamentable rapidez. Más cruel la mano 
de los hombres que la del tiempo, después del espantoso tem- 
blor de 1641, D.José de Oviedo y Baños halló materia para 
escribir su historia hasta en los archivos municipales que per- 
tenecieron á la ciudad de Caraballeda, y hasta en los del Ca- 
bildo de Guaicamacuto . Ningún mal grave ocasionó á los do 
Caracas el temblor del año de 12, y, sin embargo, perecen dia- 
riamente, sin que caiga nadie en que ese polvo es nuestra his- 
toria, y que esos papeles, que arrojados de su casa, van mendi- 
gando un asilo, encierran los fastos de la Patria. Un ciudadano 
inteligente y laborioso, el doctor Francisco J. Yanes, que asis- 
tió al nacimiento de la independencia suramericana, y la si- 
guió en los combates con la espada y ia pluma, consagró los 
últimos veinticinco años de su larga vida á reunir comproban- 
tes, compulsar documentos, interrogar á los contemporáneos, á 
meditar y á escribir. Con viva solicitud le enviaba documentos 
el Libertador, animándole á la gloriosa empresa. Los diez años 
que exigió Yanes para la publicación do su historia han corri- 
do. Sucédense los gobiernos, y ninguno pregunta por la obra 
patria, preocupados todos con cosas más bellas, ó, por lo me- 
nos, más lucrativas. Persuadidos nosotros de que ninguna auto- 
ridad pensará jamás en tan frivolo objeto, estamos tentados á 
excitar á la Nueva Granada y al Ecuador á venir en auxilio de 
la historia de la República, que es la suya, á redimir y á publi- 
car la Relación documentada de los hechos de Venezuela y las 
historias particulares de Margarita, Cumaná y Cuayana. ¡Los 
grandes hechos de los mayores inspiran á sus hijos! 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 59 

la conducta y sentimientos de Ribas. Parece que 
conociendo la fatalidad de las circunstancias, se re- 
sisfDÓ orguliosamente á la situación, desdeñando en 
silencio al dictador obstinado, no cuidando de in- 
dagar si era traidor ó víctima, viendo con indiferen- 
cia el calor estéril de Bolívar y sus amigos, atento 
únicamente á buscar en el destierro su propia liber- 
tad y otro porvenir á la República. Los amistosos 
empeños de D. Francisco ¡turbe le valieron á Bolí- 
var su pasaporte; valióselo á Ribas su parentesco 
con Monteverde (4 de Agosto) (1). 

De los patriotas marcharon unos para España bajo 
una barra de grillos; fueron amontonados muchos en 
las bóvedas, donde perecieron algunos; pocos lo- 
graron el beneficio de la proscripción. El viejo dic- 
tador, honrado con la saña del isleño pérfido, y 
arrastrado de prisión en prisión, fué á morir con 
lenta agonía en los calabozos de la Carraca (2). La 
suerte, que había mezclado en su vida el ajenjo con 
la miel, continuó á su lado la misma misión, dándo- 
le una muerte dolorosa, pero que salvaba su nom- 
bre y rescataba su memoria, que sin esas horas de 
martirio, viviría manchada en la posteridad. 



(1) «Á instancias de Robertson consiguió Ribas volver á 
Caracas, donde se mantuvo hasta la entrada de su primo 
Monteverde, quien, por libertarle del castigo á que le había 
hecho acreedor su mala conducta, le dio pasaporte y recomen- 
dación muy particular para el gobernador de Cuta9ao.» — 
Urquinaona y Pardo: Relación documentada, etc., pág. 142. 

(2) £1 de las Cuatro Torres. 



60 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



IX 



Ribas habitó hasta octubre en Curafao, y pudo- 
decir con Bolívar: "Cartagena al abrigo de las ban- 
deras republicanas, fué elegida para mi asilo. Este 
pueblo virtuoso defendía por las armas sus derechos 
contra un ejército opresor que había puesto el yugo 
á casi todo el Estado. Algunos compatriotas nues- 
tros y yo llegamos en el momento del conflicto, y 
cuando ya las tropas españolas se acercaban á la 
capital y le intimaban la rendición. Los esfuerzos 
de los caraqueños contribuyeron poderosamente á 
arrojar á los enemigos de todos los puntos. La sed 
de los combates, el deseo de vindicar los ultrajes de 
mis compatriotas, roe hicieron alistar entonces en 
aquellos ejércitos, que consiguieron victorias seña- 
ladas (1)." Ribas, como Bolívar, sirvió de simple 
voluntario bajo las órdenes del coronel Labatut,. 
que había huido antes que ellos de Venezuela y 
que marchaba contra Santa Marta, menospreciando 
grados y distinciones. Está de más decir que acom- 
pañó á Bolívar en la toma del Fuerte de Tenerife, y 
contribuyó poderosamente al éxito de aquella cam- 
paña de cinco días, marcada con sucesivas victorias^ 
que terminó la guerra y dio libertad á Santa Marta ► 



(1) Vida pública del Libertador, t. I, pkg. 117. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 61 

Cuando el coronel de la Unión, D. Manuel Cas- 
tillo, solicitó el auxilio de Bolívar contra el coronel 
D. Ramón Correa, que amenazaban á la Nueva 
Granada, Ribas guió la vanguardia por el fangoso 
camino que va desde Ocaña á los valles de Cúcu- 
ta, por Salazar de las Palmas. Marchaba adelante 
cuando, espantados los enemigos, abandonaron la 
posición inexpugnable de la Aguada, la ciudad mis- 
ma de Salazar y las alturas del Yagual y San Caye- 
tano; y en la acción del 28 de Febrero, á orillas del 
Zulia, cerca de San José de Cúcuta, en que qui- 
nientos republicanos arrollaron á más de ochocien- 
tos realistas, el coronel venezolano decidió la vic- 
toria, después de cuatro horas de combate, con una 
carga impetuosa á la bayoneta. El presidente de 
Cundinamarca, D. Antonio Nariño, hizo publicar á 
su costa los versos con que la musa granadina cele 
braba el triunfo de Bolívar: el poeta canta á sus 
compatriotas Ramiro, Narváez, Guillín, Vergara; y 
de entre los venezolanos sólo halla digno de recor- 
darse el nombre de Ribas: 

Los nombres claros de Ramiro y Ribas 
repite el eco (1). 

Fué entonces que Bolívar creyó oportuno dirigir- 
se al presidente de las Provincias Unidas, solici- 
tando permiso para llevar á Venezuela las tropas de 
la Confederación, y pidiéndole los necesarios re- 

(1) Versos del ciudadano José María Ríos al valiente coro- 
nel Bolívar, oficialidad y tropa de su mando . 



di JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cursos para sostenerlas. Para elevar esta súplica pa- 
triótica, escogfió al compañero de su fortuna, partí- 
cipe de sus triunfos, proscripto como él, y como él 
ansioso de abrirse un camino á sus hojeares; autori- 
zóle además para entrar en cualquier tratado y esti- 
pular las indemnizaciones que Venezuela debería á 
la Nueva Granada por su socorro. Ribas supo inte- 
resar en su proyecto al jefe constitucional de Cun- 
dinamarca, y á los miembros más influyentes del 
Congreso de la Nueva Granada; captarse la volun- 
tad del presidente de Cartag^ena, D. Camilo Torres, 
de suyo inclinado á Bolívar, en quien reconocía el 
genio de la revolución; frustrar los esfuerzos del 
coronel Castillo, á quien celos de mando y mal 
consulta rivalidad aconsejaban fatalmente. El coro- 
nel Ribas voló hacia Bolívar, loco de alegría, al ver 
que sus espadas habían ganado auxilios á la patria 
y que de ellos dependía en adelante volverle la 
libertad. 

Cuando el Congreso granadino discutía las con- 
diciones y nombraba de su seno comisionados que 
velasen sobre la conducta del héroe venezolano, 
éste había ocupado á Mérida, y con las armas y es- 
casa tropa que le había llevado Ribas, se preparaba, 
á la gloriosa campaña del año de 13. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 63 



X 



AI llegar aquí, la pluma se detiene espantada,, 
como si oyese lamentos de otro siglo, ó la disputa- 
sen manos de fantasmas. Es el pórtico sombrío de 
la Guerra á Muerte. ¡Comienza aquí una carrera fú- 
nebrel Sentémonos un momento sobre la piedra de 
dolor que marca la horrorosa entrada: la puerta del 
infíerno. 

Entre los venezolanos que, no confíados en la ca- 
pitulación de Monteverde, huyeron á Cartagena, 
uno de los más distinguidos por su ilustración y los 
altos destinos que había desempeñado, fué el doc- 
tor Antonio Nicolás Briceño. El mismo Domingo 
Díaz, calumniador de la revolución, este hombre, 
que había nacido furioso y llevaba en el aliento y 
en la sangre la semilla de inextinguibles odios, con- 
fiesa que le juzgaban todos hombre prudente y 
moderado (1). Había ocupado una silla en el primer 
Congreso de la República, desempeñado su Secre- 
taría con expedición y aplausos, y había sido miem- 
bro de la Alta Corte de Justicia y del Poder Eje- 

(1) Antonio Nicolás Briceño era, poco tiempo había, abo- 
grado del Colegio de Caracas, cuando acontecieron los sedicio- 
sos movimientos del 19 de Abril de 1810. En los primeros me- 
ses de aquella época vergonzosa, manifestó un carácter de mo- 
deración con que generalmente se le creía revestido. (Recaer- - 
dos sobre la Rebelión, etc., pág. 132.) 



64 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cutivo. Las primeras reacciones le hallaron tranqui- 
lo y confiado; poco á poco su carácter fué exaitán- 
<iose, hasta distinguirse, en fin, por la osadía de sus 
provocaciones y las medidas violentas que sugería; 
uno de esos hombres que vivirían contentos en una 
época de paz, pero que ocultan una misteriosa pól- 
vora, á que dan fuego las revoluciones. Para la épo- 
ca de Monteverde, la opinión pública le había con- 
ferido el diploma de El Diablo (1). 

Briceíío llegó á los Estados de la Unión granadi- 
na en el acceso de una sombría cólera, respirando 
sangre y venganza. Hombre trágico y fatal, de esos 
á quienes una violencia innata consagra á las furias, 
su rostro no llevaba el signo innoble de la barbarie. 
Su cuerpo era gentil, su cabeza bella... como la de 
las Euménides. Todo contribuyó á exaltarle, los 
tiempos sobre todo, que eran malos é inspiraban 
vértigos. El mismo, D. Vicente Tejera y D. Miguel 
Carabaño decían el 2 de Noviembre: "Cerremos 
para siempre la puerta á la conciliación y á la armo- 
nía: que no se oiga otra voz que la de la indigna- 
ción. Venguemos tres siglos de ignominia que nues' 
tra criminal bondad ha perdonado; y sobre todo 
venguemos condignamente los asesinatos, robos y 
violencias que los vándalos de España están come- 
tiendo en la desastrada é ilustre Caracas... ¿Podrá 
existir un americano que merezca ese glorioso nom- 

(1) Parece que un patriota de aquella época, Isnardi, dis- 
tribuyó entre los miembros del Congreso los papeles del Auio 
llamado Nacimiento, dándole á Briceño el del Diablo, que le 
quedó. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 65 

bre, que no prorrumpa en un grito de muerte con- 
tra todo español, al contemplar el sacrificio de tan- 
tas víctimas inmoladas en toda la extensión de Ve- 
nezuela? No, no, no" (1). El Congreso de la Nueva 
Granada animaba también á una guerra de extermi- 
nio por medio de su filantrópico presidente: "Re- 
unios — decía — bajo las banderas de la Nueva Grana- 
da, que tremolan ya en vuestros campos y que deben 
llenar de terror á los enemigos del nombre ameri- 
cano. Sacrificad á cuantos se opongan á la libertad 
que ha proclamado Venezuela, y que ha jurado de- 
fender con los demás pueblos que habitan el uni- 
verso de Colón" (2). 

Briceño comenzó por publicar en Cartagena, á 
principios del año de 13 (16 de Enero), un plan so- 
bre el modo de hacer la guerra á los españoles, al 
que convidaba á extranjeros y americanos. Al leer 
el bárbaro documento, la sangre se hiela en el co- 
razón: "Como esta guerra — dice su segunda propo- 
sición — se dirige en su primer y principal fin á des- 
truir en Venezuela la raza maldita de los españoles 
europeos, en que van inclusos los isleños, quedan, 
por consiguiente, excluidos de ser admitidos en la 
expedición, por patriotas y buenos que parezcan, 
puesto qué no debe quedar uno rolo vivo..." Por 
la proposición tercera, "las propiedades de todos 
los españoles y europeos que se encuentren en el 
territorio rescatado, se dividían precisamente en 

(1) Cartagena, proclama de 2 de Noviembre de 1812. 

(2) Vida pública del Libertador, pág. 6. 

5 



CO JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cuatro partes"... La novena proposición parece es- 
crita por un caníbal: "Se considera ser un mérito 
suficiente para ser premiado y obtener grados en el 
ejército, el presentar un número de cabezas de es- 
pañoles europeos, inclusos los isleños; y así el sol- 
dado que presentare veinte cabezas de dichos es- 
pañoles, será ascendido á alférez vivo y efectivo; el 
que presentare treinta, á teniente; el que cincuenta, 
á capitán", etc. 

Ocho asesinos encontró Briceño que firmasen el 
feroz tratado, entre los que sólo figuran dos vene- 
zolanos: Juan Silvestre Chaquea y Francisco de 
Paula Navas. Los otros seis, aventureros de Europa. 
Si tal crimen produjo una generación espantosa de 
crímenes, él mismo fué engendrado por el recuerdo 
de los de otra nación; es en francés que se escribió 
el compromiso sacrilego: 

"Nous soussignés, ayant lu les dites propositions.accep- 
tons et signons le présent, pour s'y conformer en tout, 
selon cí-dessus écrit; en fo¡ de quoi nous mettons de pro- 
pre volonté, et de notre main nos signatures: Antoine Ro- 
drigo, capitaine de Carabiniers; Joseph Debraine, Louis 
Marquis, lieutenant de Cavalerie; George H. Delon, 
B. Henriquez, L. Caz, Juan Silvestre Chaquea, Francisco 
de Paula Navas." 

Se cuenta que los asesinos de la Glacier áo. Avi- 
ñón instruyeron á los septembristas de París. ¡Cómo 
quiso esa hez de asesinos extender al ejército, que 
manchaban con su presencia, la infamia que ellos so- 
los merecían! 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 67 

Con este bárbaro documento se presentó Brice- 
ño en Cúcuta cuando aún vivían en aparente amis- 
tad Bolívar y Castillo, exigiendo que lo aprobasen 
éstos y lo tomasen por regla de conducta. La epi- 
demia del asesinato era tal, que aquellos dos jefes 
lo aceptaron con dos notas de poca importancia y 
con la cláusula siguiente: "Como jefes primero y 
segundo de las fuerzas de la Unión, y también de 
las de Venezuela que se hallan unidas á aquéllas, 
aprobamos las precedentes proposiciones, excep- 
tuando únicamente el artículo 2.°, en cuanto se di- 
rige á matar á todos los españoles europeos, pues, 
por ahora, sólo se hará con aquellos que se en- 
cuentren con las armas en la mano, y los demás 
que parezcan inocentes seguirán con el ejército, 
para vigilar sus operaciones, mientras que el Con- 
greso general de la Nueva Granada, á quien se re- 
mitirán estos documentos, aprueba ó no la guerra á 
muerte á los nominados españoles, quedando, por 
consiguiente, el art. 9.° sujeto á la misma disposi- 
ción, con las notas que están en los artículos 1,° y 
11, en cuya virtud lo firmamos en el cuartel gene- 
ral de Cúcuta, á 20 de Marzo de 1813, 3.° de la in- 
dependencia colombiana." 

Creyeron, sin duda, Bolívar y Castillo que aquel 
plan era una fanfarronada de crueldad, sin otro ob- 
jeto que espantar á los españoles é inspirarles res- 
peto hacia ios americanos. De su sorpresa al saber 
que Briceño pensaba seriamente en el exterminio 
general de nuestros antiguos padres, la Historia nos 



68 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

conserva un documento precioso: "Hallábase Casti- 
llo en marcha y acampado en Laura — dice Restre- 
po — , cuando supo con asombro que el titulado co- 
mandante de la Caballería, Briceño, había publica- 
do un bando en que declaraba la guerra á muerte á 
los españoles europeos y á los isleños de Canarias, 
conforme á las bases de su plan de Cartagena, y 
añadiendo otra aún más inicua: ofrecía la libertad de 
los esclavos que matasen á sus amos españoles y 
canarios. Su objeto era, según decía, aterrarlos, á 
fin de que abandonasen el territorio de Venezue- 
la. Para cumplir sus amenazas quitó la vida á dos 
españoles pacíficos que hallara en San Cristóbal 
(Abril 9), y remitió las cabezas, una á Bolívar y otra 
á Castillo, con cartas cuya primera línea estaba es- 
crita con sangre de las víctimas." 

]Santa y querida sea la memoria de Castillo, por 
la noble cólera que inflamó su corazón, y la de los 
patriotas granadinos, que condenaron unánimemen- 
te aquella ejecución inhumana y el sangriento ban- 
do de San Cristóbal! ¡Glorioso sea el recuerdo del 
sabio Torices y del Gobierno filantrópico, que or- 
denó á Bolívar sujetase á Briceño bajo formal jura- 
mento ó le separase de las tropas de la Unión! 
jVuestro virtuoso furor, hijo de la Nueva Granada, 
hará preciosos vuestros restos é inmortalizará la in- 
famia del bárbaro que os inmoló! (1). 

Castillo devolvió la cabeza fría y ascosa del an- 
ciano español, con una carta llena de noble cólera. 

(1) Morillo fusiló á Torices y á Castillo. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 69 

El mismo 9 de Abril, á las seis y media de la no- 
che en que acababa de recibir el feroz presente, le 
dice el general granadino: "Me ha estremecido el 
acto violento que usted ha ejecutado hoy en San 
Cristóbal; pero me ha horrorizado más el que, de- 
poniendo todo sentimiento de humanidad, haya us- 
ted comenzado á escribir su carta con la misma san- 
gre que injadicialmente se ha derramado, y que me 
haya remitido la cabeza de una de las víctimas." Son 
dignos de copiarse algunos otros rasgos: "El casti- 
go de los reos y culpados se hace usando de todos 
los trámites que la ley, la justicia, la razón y la mis- 
ma religión cristiana prescriben, y no asesinando 
indistintamente á todo europeo, sin autoridad y sin 
juicio." — "Lo juro á usted por lo más sagrado que 
encierra el cielo y la tierra, que á la menor noticia 
que tenga de haberse cometido un exceso igual 
marcho en retirada, abandonando la suerte de Ve- 
nezuela, para informar á la Nueva Granada entera de 
las aflicciones y excesos con que se agobia á la Hu- 
manidad y los pueblos que se trata de libertar." — 
"Devuelvo la cabeza que se me remitía. Compláz- 
case usted en verla, y diríjala á quien tenga placer 
de contemplar las víctimas que ha sacrificado la 
desesperación." 

Bolívar, por su parte, envió inmediatamente al 
oficial Pedro Briceño Punar á reemplazar á Briceño 
en San Cristóbal, y cuando supo que desde el 4 de 
Mayo había huido furtivamente, disgustado de sí 
tal vez y en busca de la muerte, habló de él al Go- 



70 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

bierno de la Unión como de un militar intruso, sin 
armas de fuego, sin municiones, sin cartuchos y aun 
sin valor. 

El asesinato de los ancianos pacíficos, que se ha- 
bían merecido el amor de los vecinos de San Cris- 
tóbal en ochenta años de una vida laboriosa y be- 
néfíca, es uno de esos misterios llenos de horror 
por donde deja entrever el corazón humano la pro- 
fundidad de sus abismos. El fanático sombrío, ener- 
gúmeno sincero, no se contentó con darles muerte, 
sino que saboreó su sangre, escribió con ella y en- 
vió, como regalo, sus cabezas, demudadas y maci- 
lentas. Tales refinamientos de crueldad, la vengan- 
za gustada así en unos inocentes, la impaciencia de 
tener en sus manos sus cabezas, ese ardor por ver- 
las sangrientas y sucias, son delirios de tiranos, que 
manchan eternamente al qu3 los goza. La libertad 
proscribe á quien la sirve así. 



XI 



Se ha discutido con frecuencia á quién cupo la 
triste gloria de haber iniciado la guerra á muerte y 
haber ido más lejos en el horrible camino. La revo- 
lución, como hemos dicho, se había conservado lar- 
go tiempo pura de sangre, con peligro de su propia 
existencia. Ocho revoluciones se sucedieron en el 
espacio de quince meses, y si en un momento de in- 
vencible impaciencia castigó con rigor á los auto- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 71 

res principales del movimiento del 11 de Julio, ex- 
travagante y ridículo; si puso sus cadáveres en una 
horca, y entristecieron sus cabezas en afrentoso palo 
las inmediaciones de la capital, probando, según las 
palabras de D. Manuel Palacio, la escasa influencia 
de los cambiamientos políticos sobre las costum- 
bres (1), los jefes de la revolución de Valencia (10 
de Julio), aunque relacionados con la de Caracas, y 
aunque fuese ésta más peligrosa y costase á la Re- 
pública más de 800 muertos y 1.500 heridos, des- 
pués de condenados sin saber cómo, fueron objeto 
de una piedad profunda y de una misericordia ge- 
neral. "Concluidas las elecciones — dice un testigo 
presencial de los hechos — , el Colegio electoral, se- 
guido de la Comunidad religiosa y de un inmenso 
pueblo, que parecía haberse convidado al efecto, se 
dirigieron á la sala del Congreso, y estando de pie 
los electores, y los frailes todos postrados en tierra, 
hicieron unos y otros tales arengas y oraciones su- 
plicatorias en favor de los ilusos de Valencia, que 
enternecido el Congreso, por unánime aclamación 
se anunció un indulto ó perdón de la pena de muer- 
te, que por las leyes pudiera caberles, ó que efec- 
tivamente les hubiese cabido á los comprendidos en 
aquella causa, afectando no saber la sentencia pro- 
nunciada por los jueces" (2). Hay en el corazón del 
venezolano un fondo de piedad inmenso. 

(1) Esquisse de la Révolution de VAmérique espagnole; pá- 
gina 116. 

(2) Párrafo tomado de la Historia inédita del doctor Fran- 
cisco Javier YÁnez: Es preciso que volvamos algún día á este 



72 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Por lo que hace á los españoles, ni Bolívar en su 
justificación de la guerra á muerte y su carta al g^o- 
bernador de Cura9ao (1), ni el Sr. Zea en su dis- 
curso sobre la Mediación entre España y América, 
acusan á Ceballos, Cagigal, Miyáres ó Cortabarría, 
los primeros en combatir la revolución. Comienzan 
todos por Monteverde; y, lo que es admirable: son 
los escritores patriotas los que hablan mejor de este 
isleño presuntuoso y vulgar. "Monteverde — dice 
Zea en el lugar citado — no era sanguinario; pero no 
tenía bastante firmeza de carácter para mostrarse 
humano entre aquellos caribes"; y en el mismo sen- 
tido escriben Díaz y Baralt. "Monteverde — dicen — , 
menos cruel que débil, se dejó arrastrar por malos 
consejos, abusó de la fortuna, mancilló su honor vio- 
lando sus promesas, holló las leyes de su patria para 
oprimir y vejar al pueblo que le había ayudado á 
triunfar, y sembró, en fin, en los corazones america- 
nos el rencor y la implacable saña, que alimentaron 
después por muchos años una guerra de exterminio 
y de horrores." 

Con más severidad le juzgaron los españoles; 
oigamos al coronel D. Eusebio Antoñanzas, peor» 

objeto, porque nada es más bello que el discurso del doctor 
Miguel José Sans, síndico del convento de San Francisco, e» 
favor de la clemencia, y porque serán eternas por su elocuen- 
cia las palabras del reverendo padre Francisco Javier Sosa, que 
principiaban así; "El pueblo no quiere que fray Pedro Hernán- 
dez muera, y fray Pedro Hernández vivirá." Al terminar el frai- 
le trujillano, el Congreso lloraba, y el pueblo se daba la enho- 
rabuena por el triunfo de la humanidad. 

(1) Vida pública del Libertador, t. I, pág. 88. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 7^ 

sin duda, que Monteverde: "No habían pasado vein~ 
ticuatro horas del sometimiento de Caracas, cuando^, 
al paso de proclamar seguridad, se llenaban de luto 
las principales familias, conduciendo á las bóvedas 
padres, hijos y esposos, cargados de grillos. Los la- 
mentos y el temor se reputaban maquinaciones de 
tramas ocultas" (1). El general Miyares añade que na 
había seguridad ni reposo bajo la autoridad de 
Monteverde; la sombra del delito de insurgente aca- 
llaba la miseria, y el menor reclamo era un comprO'^ 
banie de infidencia (2). D. Pedro de Urquinaona y 
Pardo, en su Relación documentada del origen y 
progresos del trastorno de las provincias de Vene- 
zuela, pinta con vivos colores la infracción violenta 
de la capitulación del 25 de Julio, su menosprecio* 
por las órdenes de la Regencia, las prisiones con 
que celebraba la Constitución española que las 
prohibía, sus insidiosas proclamas, las cárceles y bó- 
vedas hirviendo en ciudadanos, el dolor y la conster- 
nación de las familias, la alegría brutal de los isle- 
ños que le rodeaban, los funestos resultados de tan- 
tos errores y crímenes, las divisiones, primero con: 
los oidores en particular, los debates con la Audien- 
cia, los choques con el intendente, las discordias com 
los gobernadores de Oriente y Occidente, las quejas^ 
de la mayor parte de los empleados de la provin- 
cia; y luego, la inquietud y desconfianza de los pue- 



(1) Informes documentados de 16 y 26 de Mayo de 1813 ¿: 
la Regencia. 

(2) Manifíesto de 30 de Septiembre de 1812. 



74 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

blos, el encono que engendran las injusticias, la ne- 
cesidad de mayor opresión para reprimirlo, las se- 
diciones y discordias, la alternativa imperiosa de 
morir ó sacudir el yugo. 

"En el país de los cafres — escribía D. José Costa 
Galli, fiscal de la Audiencia — no podían tratarse los 
hombres con más desprecio y vilipendio." 

La Audiencia misma dijo á la Regencia, en su In- 
forme del 9 de Febrero de 1813: "Por informes ver- 
bales se decidía y ejecutaba la prisión de los veci- 
nos, embargándoles sus bienes, depositándolos en 
personas sin responsabilidad y expatriándolos sin 
formalidad de proceso; hallábanse así reos sin cau- 
sa, otros cuya procedencia se ignoraba, otros que 
no se sabía quién los mandó prender, y otros que el 
que los prendió no podía dar razón del motivo de 
su prisión; nunca pudo conseguir formar un estado 
de los bienes embargados, porque unos lo fueron 
«n virtud de procedimiento anterior ó posterior, y 
otros sin procedimiento alguno, prescindiéndose ab- 
solutamente de las personas en el embargo de otros; 
de manera que ni se pudo hacer dar cuenta á los 
depositarios, ni ingresar los productos en la Teso- 
rería, ni formar una relación de los presos." 

Si se quiere, Monteverde mismo confesará su des- 
lealtad y atropellos. Léase, si no, el parte que dirige 
al Ministerio de la Guerra, fecha 20 de Enero de 
1818, en que confiesa "que los vehementes indicios 
le obligaron á prender á los que habían prestado 
-sus servicios á la anterior revolución, creyendo que 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 75 

SUS opiniones exaltadas fuesen bastante motivo para 
remitirlos á la Península, sin otra formalidad que el 
informe de los que compusieron la Junta; que estas 
consideraciones le obligaron á alterar el sistema de 
olvido, piedad y disimulo que había adoptado des- 
de el principio (entró en Caracas el 30 de Julio y el 
1.° de Agosto comenzaron las prisiones), en obser- 
vancia de la capitulación y promesas; que estos pre- 
sos eran peligrosos y revolucionarios por costum- 
bre, por ambición, por ociosidad y por la impuni- 
dad de sus anteriores delitos, monstruos sin em- 
pleos, sin propiedades, llenos de vicios, cargados de 
crímenes..." Basta. 

Hasta el atrabiliario Domingo Díaz (1), que tomó 
á empeño negar los crímenes que no podía defen- 
der, dice mañeramente: "Pocos días después de la 
entrada de Monteverde en la capital fueron presos 
muchos que gozaban ó no del pacto. Ni me toca, ni 
debo, ni quiero saber las causas que le movieron á 
este procedimiento." Y á pocas líneas, "los bienes y 
las personas del territorio reconquistado debieron 
sentir todo el peso de la ley, si no es que vosotros 
tenéis la imprudencia de querer persuadir que los su- 
cesos del 19 de Abril, del 5 de Julio y de todos los 
días de esos dos años infelices, ha sido una gracia 
digna de que se os recompensase". 

Miranda, sepultado en una obscura y estrecha 
prisión y oprimido con grillos, hace fe cuando, al 
cabo de ocho meses de sufrimientos, dirige á la 

(1) Ob. cit., páj. 67. 



76 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Audiencia de Caracas estos enérgicos conceptos: 
"He visto con espanto repetirse en Venezuela las 
mismas escenas de que mis ojos fueron testigos en 
la Francia: vi llegar á La Guaira recuas de hombres 
de los más ilustres y distinguidos, tratados como 
unos facinerosos; los vi sepultar junto conmigo en 
aquellas horribles mazmorras; vi la venerable ancia^ 
nidad, la tierna pubertad, al rico, al pobre, al menes' 
tral, en fín, al propio sacerdocio, reducidos á grillos 
y á cadenas y condenados á respirar un aire mefíti- 
co, que extinguiendo la luz artificial, inficionaba la 
sangre y preparaba á una muerte inevitable; yo vi^ 
por último, sacrificados á esta crueldad ciudadanos 
distinguidos por su probidad y talento, y perecer 
casi repentinamente en aquellas mazmorras, no sola 
privados de los auxilios que la humanidad dicta para 
el alivio corporal, sino destituidos también de los 
socorros que en semejantes casos prescribe nuestra 
santa religión. ¡Hombres que estoy seguro hubiera» 
perecido mil veces defendiéndose con las armas en 
la mano, cuando capitularon generosamente, antes 
que someterse á semejantes ultrajes y tratamientos!* 
Este no es un escrito, una protestación contra la 
perfidia de Monteverde; es un grito que lanza la 
virtud indignada y que acusará eternamente al jefe 
español. Ni la pluma de Muñoz Tébar ni la de Zea 
añadirán nada al cuadro tenebroso dibujado por Mi- 
randa. Para los venezolanos que habían huido de la 
patria y que oían á través de la distancia, alterados 
por la ira, multiplicadas ú obscurecidas por la fama^ 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 77 

las desgracias de sus compatriotas, el despotismo 
de Monteverde debió tomar formas varias, según el 
interés y las pasiones. Roscio, maestro y padre de 
la Revolución, expuestos en vil cepo á la burla y es- 
carnio, en una plaza pública; Moreno, Berniz, Ga- 
llegos, Perdomo, Méndez, expirando sofocados en 
pestilentes calabozos; las familias mendigando el pan 
que dieron en otro tiempo; los esbirros siguiendo 
por entre escombros la huella del que busca un asi- 
lo; la burla insultante del que ni fué vencedor, y la 
ignominia y miseria de un pueblo vendido y trai- 
cionado... 

¿Qué habrían sentido, á haber llegado á sus oídos 
las trag-edias de Cumaná, las violencias y escándalos 
de Cerveriz, las inútiles crueldades de Suazola? ¿A 
saber las persecueiones atroces que hizo experimen- 
tar á Margarita el antiguo sargento de Artillería don 
Pascual Martínez? Como en los días del Génesis, hay 
épocas en los pueblos de espantosas y horribles 
producciones. £1 16 de Enero del año 13 publicaba 
el Diablo su sangriento tratado, y el 3 de Febrero 
el folicular Suazola ordenaba el asesinato y mutila- 
ción de los patriotas, haciendo un comercio inhu- 
mano de sus orejas, á imitación de aquellos solda- 
dos feroces de la Vendée que volvían del combate 
llevando en triunfo rosarios de ellas. (Chapelets 
íToreilles.) Briceño no obró para vengar crímenes 
que ignoraba, y Suazola seguía sus instintos feroces, 
sin contar con las represalias ni presentir que sería 
su víctima. 



78 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XII 



Cuando el 18 de Junio del mismo año Bolívar de- 
claró en Trujillo ia guerra á muerte, contra la vo- 
luntad expresa del Gobierno de la Unión, por aque- 
llas palabras memorables que conservará la^Historia, 
"españoles y canarios, contad con la muerte, aun 
siendo indiferentes, si no obráis activamente en ob- 
sequio de la libertad de Venezuela; americanos 
contad con la vida, aun cuando seáis culpables", él 
no sabía sino vagamente los sufrimientos de la Pa- 
tria, según informes que podía creer invenciones del 
odio, sin las horribles circunstancias que pesaban 
sobre el pueblo. Menos de 400 presos eran para 
Bolívar los que había amontonado Monteverde en 
pontones y bóvedas: "cerca de 400 presos — decía, 
en una proclama — gimen en las bóvedas y pon- 
tones" (1). La Nueva Granada había condenado la 
guerra á muerte, reprobando la conducta de Miguel. 
Carabaño y de Campomanes en el Magdalena, y al- 
zando el grito contra Briceño; y respetando Bolívar 
aquella voluntad, se ofendió primero y reprimió una 
conducta que su ira iba á justificar bien pronto (2). 



(1) Los presos eran 1.200 

(2) Se sabe que al recibir la cabeza del español asesinado, 
fuera de sí, medio afeitado, salió protestando á gritos contra. 
el odioso crimen. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 79 

Al lleg-ar á Trujillo, donde terminaba la misión que 
le había confiado aquella República hermana, lan- 
zándose generosamente, sin solicitar nuevo permiso, 
á la libertad de Venezuela, comenzó por proclamar 
aquel género de guerra, que era su propia opinión. 
La mayor parte de los historiadores de América 
han dado para justificarla las razones que han acu- 
mulado diestramente Díaz y Baralt: "Las autorida- 
des españolas — dicen éstos — violaban las capitula- 
ciones y tratados, porque, según ellos, ningún pacto 
con traidores podía ser obligatorio para leales subdi- 
tos del rey. El sistema contrario adoptado y seguido 
por los patriotas en este punto y en el degüello de 
los prisioneros, hacía menos aventurado combatir 
contra ellos que por ellos. Pedía, pues, la justicia 
que el peligro fuera uao para todos y que la elec» 
ción de causa dependiera de la opinión de cada 
cual, no del menor riesgo de cierto partido en una 
lucha desigual con su contrario. Y luego, hacer la 
guerra á muerte sin declararlo, era dar á las vícti-^ 
mas de una represalia necesaria el derecho de que- 
jarse del horrible engaño que hasta entonces habían 
usado los realistas. Bolívar, en fin, ya resuelto á to- 
mar la gran medida redentora..." Los apologistas 
postumos del crimen, tejedores, en su llamada histo- 
ria, de mentiras verosímiles, sigue nelogiando hasta 
las palabras concisas, enérgicas, que expresan la 
"terrible necesidad": /?a/a6ras, dicen, de aquellas 
con que el hombre fuerte, de grande espíritu y pro- 
fundas pasiones, domina y arrebata las almas in- 



•80 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Jeriores, y á pesar suyo las conduce á ejecutar los 
vastos fines que él sólo es capaz de concebir y pre- 
tender. 

No somos fatalistas ni seguimos la doctrina de 
utilitarismo, la salud pública, ni podremos nunca ex- 
cusar el crimen, hacer su apología y mucho menos 
su apoteosis. Toca á la conciencia fallar, según las 
leyes de la moral y el buen sentido, sobre los acon- 
tecimientos y los hombres, teniendo en cuenta las 
intenciones generosas, para juzgar con menos rigor 
los excesos de una época extraordinaria, y al conde- 
nar las faltas, defender los principios juitos y las es- 
peranzas laudables. Pero el cristiano no habla nun- 
ca de imperiosa necesidad ni de irresistible fuerza: 
el mal es un hecho voluntario, no la condición fatal 
del hombre: es preciso que demos en la Historia su 
libertad á los actores, su moral á los aconteci- 
mientos. 

La salud del pueblo es un sofisma lleno de san- 
gre, proclamado por Nogaret en defensa de la 
Saint-Barthélemy, el texto de la inquisición, instrw 
mentum regni. Si el epígrafe de la Gaceta de Cara- 
■cas en 1814 era la sabida máxima Salas populi su- 
prema lex esto, lo fué también de La Mosca Negra 
del año 19. La guerra á muerte, ó llámese el Terror 
de los años 13 y 14, lejos de ser un medio de vio - 
toria, fué un obstáculo insuperable para conseguirla; 
ella creó á la República millares de enemigos en lo 
interior, le arrebató las simpatías exteriores, hizo 
bajar al sepulcro en dos años á 60.000 venezolanos, 



BIOGRAFÍA DEL GENE:>vAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 81 

formó á Boves, fué causa de los desastres de La 
Puerta y Úrica. 

Con tantos enemigos implacables, necesitaba la 
revolución ciertamente valerosas convicciones, ma- 
nos fuertes que con la espada ó la pluma no tem- 
blasen nunca. Los furores de la defensa debían co- 
rresponder á los furores del ataque; ¡a represalia no 
era un derecho, era un deber. Pero este deber man- 
daba herir á los que combatían al partido de la in- 
dependencia en los campos de batalla y en el Con- 
sejo; no á los que vivían pacíficos, extraños á las 
pasiones políticas, ignorantes de los acontecimien- 
tos, como porción de españoles y la mayor parte de 
los canarios. Adictos éstos á la República en sus 
primeros días, nosotros leemos estos conceptos sus- 
criptos por ciento treinta y cuatro, que casi todos 
perecieron en el cadalso: "Estos son los sentimien- 
tos generales de todos los naturales de las islas Ca- 
narias que en la regeneración política de Venezuela 
tuvieron la fortuna de encontrarse en esta capital; 
éstos los que les acompañarán eternamente y los 
que ponen en la alta consideración de esta Suprema 
Junta, para que apreciándolos con la justificación 
que acostumbra, se digne contar á los exponentes 
en el rango de los acendrados patriotas.** El funesto 
triunfo de Monteverde embriagó á muchos, que se 
precipitaron sin saberlo á una muerte segura; mas 
¿por qué envolver en la proscripción multitud de 
hombres laboriosos y de honestas costumbres, que 
fecundaban los campos enlazados con los venezo- 

6 



82 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

lanos, padres de compatriotas nuestros, que iban á 
Ser enemigos necesarios de los que inmolaban á los 
autores de sus ideas? Porque eran dignos de muerte 
Cerveriz, Martínez, Suazola, ¿debían perecer el go- 
bernador D. Emeterio Ureña, de grata memoria, los 
miembros de la Audiencia que arrostraron el des- 
potismo de Monteverde y resistieron á sus inhuma- 
nas órdenes, el coronel D. Ramón Correa, que me- 
reció los elogios de Bolívar? (1). 

Hijo el venezolano del español, con una madre 
esposa de aquél, ¿no era terrible alternativa colo- 
carle entre la Patria y sus padres, parricida en uno 
y otro caso? Hacer de la fe de bautismo un título á 
la muerte, proscribir padres, tíos, parientes, ¿no era 
sembrar la discordia en las familias, romper los la- 



(1) El Correo de Orinoco de 1." de Agosto de 1818 trae el 
siguiente artículo: "Brigadier Correa. Tenemos la satisfacción 
de anunciar al público que la noticia de la muerte del briga- 
dier español Correa en la batalla de Cojedes ha sido falsa. Ce- 
lebramos sobremanera haber quedado engañados por unos pri- 
sioneros que al libertarles la vida un jefe nuestro en el campo 
de batalla le señalaron bajo aquel ilustre nombre el cadáver de 
algún distinguido antropófago. ¡Qué dolor hubiera sido que su 
noble sangre, la sangre de un bravo digno de pelear por mejor 
causa, humano, sensible, justo, benéfico, generoso, se hubiese 
mezclado en aquel campo de horror con los torrentes de vene- 
no que derramaban por mil heridas los hijos de Morillo! Feli- 
cítese Venezuela, y con ella el mundo civilizado, de no haber 
perdido, si no ai único, ciertamente al primero de los pocos que 
en medio de la atmósfera pestilente del ejército de este mo- 
derno Atila respiran el aura celestial de la humanidad y se 
atreven á mostrarse dignos de un siglo que, á pesar del frené- 
tico empeño de Morillo por imprimirle el sello infernal de su 
genio y de su barbarie, se anuncia como "el siglo de la filantro- 
pía y de las grandes instituciones sociales." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 83 

Z05 más santos, destruir el respeto, preparar los días 
que atravesamos? Viéronse entonces esposas fíeles 
que disfrazadas de esclavas bajabrn á profundos só- 
tanos en la obscuridad de la noche para llevar ali- 
mento á sus maridos; viéronse esclavos virtuosos 
que dividieron con sus señores el hambre y los pe- 
ligros; pero hubo hijos, y muchos, que denunciaron 
á sus padres y recibieron del cadalso la libertad y 
la riqueza. 

Tampoco puede justificarse la guerra á muerte 
bajo el aspecto político. Realista la mayor parte del 
país, prescribíase el odio entre hermanos y el de- 
güello de unos por otros. Las huestes de Boves que 
desolaron la República estaban compuestas exclusi- 
vamente de venezolanos. 

Declarar tal guerra era excitarla furiosa, resolver- 
se á agotar los suplicios, á derramar torrentes de 
sangre. 

El hecho es que el general Miranda trajo de Fran- 
cia la chispa revolucionaria, que, inoculada en la 
Junta patriótica, prendió rápidamente en el cuerpo 
social. Bolívar la recogió en su corazón, la amó 
como á la virtud, porque nada se parece tanto á ésta 
como un gran crimen; y creyendo imposible la in- 
dependencia si no cambiaban radicalmente los hábi- 
tos, las costumbres y los hombres, y hasta el princi- 
pio de autoridad, y hasta las bases conservadoras de 
las naciones, se precipitó sobre todo con la rabia 
de una tempestad. Era el amor á la patria, agriado 
en el fondo de su alma, extraviado por la pasión. 



84 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Vendrán sus consecuencias, que querrá detener va- 
namente, y que le arrastrarán á la turaba... En las 
páginas que dictaba á su amigo el general Pedro 
Briceño Méndez, Bolívar condena valerosamente su 
delirio pasado y confiesa que sin la guerra á muerte 
habría triunfado también: Dios abre el camino á los 
acontecimientos: Fata viam invenient (Virg.) Sí, la 
guerra á muerte es una mancha de lodo y sangre en 
nuestra historia. Esos 1.000 hombres que perecie- 
ron en Caracas y La Guaira, muchos de los cuales 
habían hecho grandes males á la Patria, iban á ha- 
cerle uno eterno con su muerte. ¡Ojalá vivieran esos 
enemigos que llamaban al enemigo, que sembraban 
la discordia, que parecían un obstáculo á la inde- 
pendencia! Los que los asesinaron han hecho más 
males á la libertad, al pueblo que corrompieron, á 
la ley y á la justicia, que las legiones de los tiranos. 
Pura de sangre la revolución, por su heroico amor 
á la Humanidad, ella no nos habría legado lo pre- 
sente. 



... Servat odorem 
testa diu... 



HORAT. 



XIII 



La muerte del coronel Antonio Nicolás Briceño y 
de algunos de sus compañeros es el motivo que dan 
todos los historiadores ds la inesperada resolución 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 85 

del general Bolívar. ¿Justificó la guerra á muerte el 
haberle ejecutado con sus compañeros? Asistamos 
á aquel drama trágico, conmovido el corazón, pero 
llenos de iniparcial justicia. 

Con fecha 10 de Abril, Bolívar había escrito á 
Briceño: 

"He recibido el oficio de usted del 9, que me ha 
traído con un cajón anoche José María Guerrero, y 
reservando contestar detenidamente su contenido, 
advierto á usted que en lo adelante, de ningún 
modo podrá pasar por las armas, ni ejecutar otra 
sentencia grave contra ningún individuo, sin pasar- 
me antes el proceso que ha de formársele para su 
sentencia, con arreglo á las leyes y órdenes del 
Gobierno de la Unión, de quien depende el ejérci- 
to á que está incorporado. Quedo entendido del 
bando de que usted me habla, el que me remitirá 
igualmente antes de su publicación, por ser estos 
actos privativos de mis facultades. Y si cada coman- 
dante ha de arrogarse las prerrogativas del general, 
aseguro que dentro de poco estará el ejército en 
plena anarquía." 

En 14 del mismo mes Bolívar le escribió de 
nuevo: 

"He recibido el oficio que con un cajón me diri- 
ge ustedes, y asimismo el que me remitió con inclu- 
sión del bando publicado en esa villa; en virtud de 
ellos deseo tener con ustedes una conferencia, para 
la que se servirá V. S. venir á este cuartel general." 

Aún debe existir otra carta del mismo Abril, á 



86 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

la que el coronel Briceño contestó destemplada- 
mente; copiaremos algunos de sus párrafos: "Si le 
ha estremecido á U. el acto que se llama violento 
de haber hecho matar aquí los dos únicos españo- 
les que encontré, y si le ha horrorizado el haber 
visto escrita la fecha de mi carta con la sangre de 
aquellas víboras, yo también me he admirado al 
leer la carta de U. (1), llena de insultos é imprope- 
rios por sólo aquel naotivo, no porque yo no conoz- 
ca que debo sufrir mucho para llevar á cabo la idea 
que he concebido de destruir en Venezuela la raza 
de los españoles, sino porque jamás lo creí á U. ca- 
paz de contrariar estas ideas con las denigrativas 
expresiones que se leen en dicha carta..." — "Si se 
les va á seguir causa á los españoles para matarlos 
por las formas judiciales que U. quiere, jamás los 
condenaremos, porque ellos, como que son los más 
ricos y tienen mejores empleos, relacionados en el 
país y con la costumbre de dominarnos, co hay nun- 
ca un testigo que declare sino en su favor." — "Ten- 
go la complacencia de tener todo á las órdenes de 
U., como se cumpla la condición de llevarse por 
delante los españoles que usted llama inocentes, y 
dejando limpio el campo para la retaguardia." 

Tal era la obcecación de Briceño, que en 26 de 
Abril se dirige al presidente del Poder ejecutivo 
de la Unión, y entre otras cosas, le dice: "A V. E. 
quizás le habrán querido sorprender, haciéndole de 
mí la más negra pintura, por mi decidida opinión de 

(1) Está borrada la S que formaba el usia. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 87 

matar á todo español, sin distinguir méritos ni ser- 
vicios patrióticos, que ellos jamás pueden tener á 
favor de la América. A tanto llega nuestra ceguedad 
y el callo que en nosotros ha hecho el yugo espa- 
ñol, que todavía apartamos la mano del que nos 
quiere quitar la venda que nos ciega y desechamos 
la liíaa con que debíamos quitarnos las cadenas que 
nos oprimen." 

Aún hay otra carta, fecha 5 de Mayo, en que Bo- 
lívar le pide los recursos que había sacado del ejér- 
cito de la Unión: 

"Habiendo recibido anoche un oficio del teniente 
coronel Girardeau, comandante del 4.** batallón, 
incluyéndome un parte del capitán Andrade, en que 
le describe un hecho que ha pasado en San Cristó- 
bal, que según parece ha sido muy escandaloso, y 
contrario en todo á la buena disciplina del ejército 
y servicio del Estado; en consecuencia, para respon- 
der á los cargos que se hacen contra U., he juz- 
gado conveniente enviarle esta orden para que se 
presente aquí; trayéndose al mismo tiempo los sol- 
dados del 5.° batallón, para entregárselos al capitán 
de la compañía, Andrade, jefe inmediato de dichos 
soldados." 

Receloso Briceño de las intenciones de Bolívar, 
toma hacia Guasdualito por la montaña de San Ca- 
milo: de paso se detiene en el hato de un D. Fran- 
cisco Antonio Fortoul, y al salir á la llanura, se halla 
cercado por las tropas de Yáñez, á quien se le ha- 
bía vendido (15 de Mayo). D. Francisco Olmedilla 



88 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

y los guerreros que mandaba, acostumbrados á la 
vida del llano, se salvaron sobre sus caballos; de la 
gente de Briceño, muchos perecieron en el comba- 
te; él, con 13 compañeros, fueron presos y conduci- 
dos á Barinas, para ser juzgados. 

S¡ el coronel Manuel del Castillo y Rada seguía 
á Briceño con furiosas miradas, un?s había inquie- 
tas, solícitas, que no le abandonaban en la espanto- 
sa aventura. Habíale acompañado al destierro, de- 
tenídose con él en Curasao, permaneciendo con él 
en Cartagena, ocasión de desesperados temores y 
cuidados; una esposa joven y bella, doña Dolores 
Jerez, hermana de doña María de la Luz Jerez de 
Hurtado, y de doña Concepción de la Madriz. Ha- 
bíase detenido la valerosa joven en San Antonio de 
Cúcuta; pero desde allí dirigía á su sombrío esposo 
cartas llenas de esperanzas y de deseos, y de pavor 
también y de tristes presentimientos. He aquí la que 
recibió Briceño en el camino á Guasdualito el 14 de 
Mayo: 

"Mi amado Nicolás: Con sumo gusto he reci- 
bido la tuya. ¿Quién fuera tan dichosa que respira- 
ra el aire libre de Venezuela? Sobre lo que me di- 
ces de los desgraciados españoles, quiero que Dios 
ponga tiento en tus justicias y que sin faltar á la ra- 
zón, cumplas con la caridad, que es lo primero. Me 
dices que lo participe á los padres de Pedro, y rae 
parece mejor reservárselo, porque como que no son 
aquí muy adictos al sistema que observas. Aquí se 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 89 

ha dicho que venía Porras, el gobernador de Mara- 
caibo, con 100 hombres, por el camino de Limon- 
cito, con el ánimo de cortarles la retirada. Como es- 
tamos todavía en este mar inmenso y no sabemos 
por quién se decide la suerte, será mejor no cantar 
victoria hasta el fin; el silencio es muy bueno en 
todos casos, obrando al mismo tiempo según lo 
dicte la prudencia, máxime los que tienen familia 
regada, como estamos nosotros. Algunas letras van 
borradas, porque hoy estoy triste y te escribo llo- 
rando. Ignacita te manda tantas cosas que no caben 
en la pluma. Tú manda á tu invariable y muy cons- 
tante, Dolores Jerez." 

¡Pobres mujeresl Nos dan su corazón, su vida, nos 
siguen, ciegas, por donde las arrastra nuestro desti- 
no; nos acompañan con su amor; nos dictan los 
oráculos infalibles de su pecho, y al cabo, por pre- 
mio á sus sacrificios, un dolor eterno devorará las 
víctimas de nuestra temeridad. ¡Cómo conmueven 
los recuerdos de la hija que no verá más, esos cari- 
ños infantiles que no caben en la pluma! 

Pero si Briceño fué cruel, inflexible con sus con- 
trarios, él no fué bajo, ni pretendió desarmar su có- 
lera con súplicas, ni comprar la vida con promesas. 
Desde el principio, sin temor, sin jactancia, había 
tomado el partido de morir. El fiscal de la causa, 
D. José Martí, se trasladó á la cárcel, y llamado á 
responder, Briceño apareció con un par de grillos 
y esposas en las manos, tan tranquilo y sereno que 



90 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

llenó de admiración. Preguntado por su edad, ocu- 
pación y por el lugar de su nacimiento: "Teng-o 
treinta y un años, dijo (Nel mezzo del cammin di 
riostra vita), soy abogado, pero en el día soy coro- 
nel por el Gobierno subvertido de Cartagena; nací 
en el pueblo de Mendoza, jurisdicción de Trujillo, 
Venezuela." Sin sutiles rodeos, él confesó franca- 
mente su pacto de Cartagena; la muerte de los es- 
pañoles de San Cristóbal, su resolución de extermi- 
narlos en Venezuela. Cuando (5.* pregunta) se le 
«xaminó acerca de la expedición que capitaneaba 
Bolívar, Briceño no puede contenerse y se entrega 
al placer de intimidar: "Simón Bolívar — dijo — se 
halla de general en jefe del referido ejército; el 
bravo José Félix Ribas, declarado coronel por el 
Congreso, manda ahora 200 hombres con que auxi- 
lió Nariño á dicho ejército, así como con igual nú- 
mero de fusiles, 25 artilleros, 4 piezas de cañón, 
algunas municiones y dinero; Miguel Carabaño, con 
el grado que tenía en Caracas, disciplina un batallón 
dentro de la plaza de Cartagena, y Fernando Cara- 
baño se halla en el ejército que estaba en Sabanilla 
para atacar á Santa Marta, al mando del coronel 
Chatillo, con el número de 800 hombres poco más 
ó menos; Pedro Arévalo y Cortés son coroneles en 
Cartagena; Francisco y Marcos Ribas, oficiales to- 
dos animados con la esperanza del triunfo." 

A la décima pregunta: "¿Qué motivos tiene para 
proceder con tanta fiereza, persiguiendo con el ma- 
yor encono el gobierno monárquico español, ma- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 91 

tando á los españoles europeos, por sólo haber 
nacido de la otra parte del Océano?" Briceño con- 
testa: "Que á pesar de los sentimientos que ha teni- 
do siempre en favor de los buenos españoles, defen- 
diéndolos en el Congreso cada vez que fué necesa- 
rio, alabando las virtudes de los que lo merecían, y 
haciendo se les declarase en la Constitución iguales 
en derechos á los hijos del país; después de haber 
tenido gran parte en la salvación de los cómplices 
en la revolución de Valencia; viendo que en com- 
pensación, después de la capitulación con Monte- 
verde, y de la ruina y desolación en q.ue estaba Ca- 
racas á causa del temblor del 26 de Marzo, se habían 
violado los pactos, arrojando en terribles prisiones 
á sus principales habitantes, donde habían perecido 
algunos por el tratamiento que se les daba, y sa- 
biendo además por las gacetas inglesas que llegaron 
á Cartagena la ejecución de 1.000 americanos, or- 
denada por el Sr. Venegas en una ciudad de Méjico, 
sin otro delito que haber nacido allí, empleó la 
práctica que conforme al derecho de gentes se hacía 
en Cartagena á los europeos que se cogían de San- 
ta Marta. Mi plan fué un ardid militar, creyendo 
que con una proposición de esta naturaleza publi- 
cada en términos que llegase á noticia de los espa- 
ñoles, abandonasen el país sin grande efusión de 
sangre. Tal fué el motivo que tuve para estampar 
dichas proposiciones, menos con ánimos de cum- 
plirlas, que con el de concluir la guerra á poca 
costa, como lo pueden decir los oficiales que me 



92 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

acompañaban y la orden comunicada claramente en 
Teteo para no matar sino los que se resistiesen en 
la acción de guerra." 

Entre sus doce compañeros los hubo de todos los 
países y de todas las edades. Hubo un suizo de se- 
senta años; un niño de diez y seis. Y todos se mos- 
traron dignos en aquellos momentos; L Buenaventura 
Izarra, que se mostró tímido, enamorado de su vida, 
Briceño y Baconet le acusaron de ebrio y le echaron 
en rostro su debilidad. Todos fueron valientes aquel 
día, sin que ninguno diese á sus jueces el orgulloso 
placer de verlos suplicantes, humillados. Cuando se 
comparece delante de la victoria, el papel del hom- 
bre de valor es envolverse en su manto y morir. 

La sentencia del consejo de guerra de 12 de Ju- 
nio no sorprendió á nadie: "El Consejo — dice — ha 
condenado y condena á Antonio Nicolás Briceño á 
que sufra la pena de muerte, y le sea cortada la ca- 
beza y mano derecha, que se pondrán en los para- 
jes más públicos á extramuros de esta ciudad: á Pe- 
dro Baconet, á Nicolás Leroux, á Antonio Rodrigó, 
á Marcelo Solage, á Ramón Mena, á José Antonio 
Montesdeoca y á Toribio Rodríguez, á ser pasados 
también por las armas; á Bernardo Paner y Buena- 
ventura Izarra á que sean destinados á presidio por 
diez años; á Pedro Briceño y Gregorio Herrera que 
se les destine, en calidad de soldados, á uno de los 
cuerpos ó compañías que el señor capitán general 
tenga por conveniente, y á Eugenio Ruiz que se le 
ponga en libertad." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 93 

El 15 de Junio, á las dos de la mañana, después 
de haber recibido el viático el coronel Bricefio, su- 
plicó al comandante de la real cárcel le llamase á 
Buenaventura Izarra; y conducido éste á su presen- 
cia, le pidió perdón de rodillas, diciendo en alta 
voz á los oficiales presentes: "Señores, Izarra está 
¡nocente, soy la causa de que padezca, pues desde 
San Cristóbal á San Pedro se desertó tres veces, y 
otras tantas fué preso por mi orden, intimándole lo 
pasaría por las armas como volviese á reincidir; lo 
declaro por el terrible momento en que me hallo y 
para descargo de mi conciencia." Desde la capilla 
Briceño salvó del presidio al desgraciado Izarra. 

Ejecutóse la sentencia á las ocho de la mañana. 
Briceño iba delante de sus compañeros, al son de 
un tambor y acompañado de un sacerdote; y así 
atravesó el camino que conducía de la prisión al 
lugar del suplicio. Marchaba con paso firme, como 
si no le esperase la muerte. Cayó á la primera des- 
carga; su cabeza fué colocada fuera de la ciudad, en 
dirección á la villa de San Cristóbal; su mano de- 
recha se guardó "para exponerla á su tiempo en e! 
pueblo de La Victoria, en el paraje donde por su or- 
den fueron ajusticiados dos sacerdotes". Su cadáver 
mutilado y los cadáveres de sus compañeros fueron 
conducidos al cementerio de la iglesia parroquial, 
donde quedaron sepultados. 

¡Oh días que no se olvidarán nunca! ¡Oh revolu- 
ciónl ¡Oh República! 

Como se ha visto, Bolívar condenó severamente 



94 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

los furores de Briceño; consta por la contestación 
de éste, que le devolvió, como Castillo, la lívida ca- 
beza, que le cubrió de injurias é improperios, que 
reclamó de él armas y pertrechos, y se sabe que le 
llamó para entregarle á un consejo de guerra, en- 
cargando á Pedro Briceño Pumar sustituirle en San 
Cristóbal. Hemos leído lo que escribió con este mo- 
tivo al Gobierno de la Unión. 

¿Esperaba Bolívar que los realistas, que vencieron 
á Briceño, serían más generosos que él, que le ha- 
bría condenado á muerte? Si compañero y amigo 
suyo, después de haber firmado el pacto de Carta- 
gena, que le comprometía á indefinibles violencias» 
rodeado de partidarios y deudos del sombrío doc- 
tor, levantó tal escándalo, ¿podía prometerse que 
Tiscar, Laiglesia, Martí, cuyas cabezas amenazaba, 
fuesen más compasivos y clementes? 

La muerte de Briceño y la de los extranjeros que 
firmaron el sangriento tratado fué justa; Mena, Mon- 
tesdeoca y Rodríguez habían desertado en la acción 
de Guasdualito. Hubo un verdadero juicio, no des- 
nudo de equidad para aquellos días: Paner é Izarra 
fueron absueltos de la pena de muerte; se excusó 
por sus años al sobrino de Briceño, que llevaba su 
apellido; se destinó á Herrera á servir en el ejército. 
Ruiz fué puesto en libertad. Ni faltaron entre los 
jueces quienes se opusiesen á la mutilación del ca- 
dáver de Briceño; y es preciso que digamos sus 
nombres, para que en todo tiempo cuenten los ac- 
tores de las revueltas con el fallo imparcial y venga- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 95 

dor de la Historia: José Jiménez, primer vocal, y el 
vocal tercero, Julián Ontalba. 

Podría explicarse la política contradictoria del 
general Bolívar por el furor que excitarían en su 
alma las nuevas que venían á enfurecerle en marcha 
hacia la capital. Tal vez no influyó poco el verse 
libre de la acción moderadora del Gobierno de la 
Unión. Pero debieron influir sobre todo las opinio- 
nes exaltadas de los que lo rodeaban. En una carta 
fechada en Cúcuta se le decía á Briceño: "Aquí ha 
habido de todo; unos aprueban tu hecho, otros no; 
pero creo que en lo interior todos se han alegrado 
infinito. Girardot lo ha aprobado con aquella satis- 
facción de todo hombre orgulloso, que no quiere 
que otro le exceda. Tejera lo mismo, lo ha celebra- 
do mucho; en una palabra: eres el coco de estos lu- 
gares..." ¡Y el infeliz caminaba hacia la muerte! Tan 
crudos eran aquellos tiempos, que un gran ciudada- 
no, honor de la Magistratura, escribía estas palabras 
á su deudo y amigo el coronel Briceño: "El pasapor- 
te de los godos á todos les gusta; pero muchos no la 
aprueban, porque creen escapar de este modo, sí 
ellos los cogen," 'Cómo hervían en aquellos ulcera- 
dos pechos las vengativas pasiones! (1). 

Nada nos dicen los documentos contemporáneos 
de la conducta y sentimientos del coronel Ribas en 
la terrible cuestión. Represéntanle al frente de sus 

(1) Que al entrar á Harinas hiciese Bolívar que los realis- 
tas velaran toda una noche la ascosa cabeza, entre convulsivas- 
ansias, es una invención de aquella época, que la pinta. 



96 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

soldados, ejercitándolos sin cesar, embriagándolos 
en su pasión heroica, ansioso de encontrar á sus 
enemigos. Pero nosotros inferimos de su carácter y 
de sus posteriores resoluciones, que acompañaba á 
Bolívar en el espantoso designio (1). 

Pero distraigamos nuestro espíritu, siguiendo e! 



(1) No podemos omitir un hecho que alegan los realistas 
como prueba de la clemencia de Monteverde, Al siguiente día 
de haber entrado Bolívar á Trujillo (Junio, 16) encarga á Juan 
José Rada de llevar á D. Francisco Lanz, de Carora, las dos cé- 
lebres proclamas del 15. Rada traía además diferentes cartas: 
dos de Fernando Guillen, una sin firma para el Sr. Liendo, de 
Carora, y dos para una mujer que vivía en casa de Josefa Sa- 
muel; eran éstas de un enamorado que habían hecho guerrero 
el amor y los celos; he aqui los versos en que termina la úl- 
tima: 

"Dicen que las ausencias 
causan olvido; 
en tu pecho será, 
que no en el mío, 

porque, aun ausente, 
te tengo en la memoria 
siempre presente." 

Rada excitó las sospechas por su aire misterioso y por ha- 
berse querido deslizar en Carora á través de una pica recién 
abierta; presto quiso escaparse á la puerta de la cárcel; los do- 
cumentos que traía, las proclamas, la de la guerra á muerte so- 
bre todo; las cartas significativas de Guillen, le acusaban de 
espía. Tal le creyó D. Francisco Oberto, quien le remite, bien 
custodiado, al capitán general, D. Domingo Monteverde. El 
mismo día que llega á Caracas, 30 de Junio, pasa la causa al 
asesor, quien le declara inocente, condenándole, sin embargo, 
á cinco aííos de presidio en Puerto Rico. ¿Había cambiado de 
naturaleza el sanguinario doctor D. Manuel Oropeza? Es que 
era el 4 de Julio, que había huido de Caracas Monteverde, que 
mandaba Fierro y que á los pocos días (el 7 de Agosto) debía 
entrar Bolívar á Caracas. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 97 

impetuoso vuelo de la guerra en la fabulosa campa- 
ña de 1813. 



XIV 



Había emprendido Bolívar su marcha á Venezue- 
la con 500 hombres, los 100 que Nariño había pro- 
metido, y los cuadros de los batallones 3.**, 4° y 5." 
dados por el Congreso de la Unión. Pretendía con 
ese puñado de soldados vencer á Correa, que ocu- 
paba á Trujillo al frente de 2.000 hombres; vencer 
ó burlar á Tiscar, que con 2.600 se preparaba á in- 
vadir la Nueva Granada; destruir á Monteverde á la 
cabeza del ejército con que había sometido á Vene- 
zuela, y con los infinitos recursos que podían sumi- 
nistrarle las provincias del centro y Maracaibo y la 
realista Coro, mandada por Ceballos. Contaba con 
prodigios, y en premio de su fe se desplegó á su 
vista una brillante cadena de victorias que le traje- 
ron bajo palmas hasta las puertas de Caracas. Al 
acercarse huye Correa á Maracaibo; sin disparar un 
tiro ocupa Girardot á Trujillo; en Agua-Obispos al- 
canza á Bolívar y derrota al comandante Cañas, que 
se retira á Carache. El 23 de Junio, en Niquitao, 
cae Ribas con tal furia sobre los. 800 hombres que 
mandaba Martí, que los arroja en horrible confusión, 
haciéndole 450 prisioneros y forzándole á huir ver- 
gonzosamente por Nutrias, por Apure, introducien- 
do tal espanto, que al marchar Bolívar hacia Bari- 

7 



98 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

ñas desaparecen 2.600 soldados, reunidos allí contra 
la Nueva Granada, y Tiscar va á asilarse en Nu- 
trias, abandonando 30 cañones y vastos almacenes 
provistos de armas. Cuatrocientos hombres le ha- 
bían bastado á Ribas para tan decisivos resultados. 

El ejército libertador sigue hacia San Carlos. A 
la vanguardia el coronel Ribas, con una división de 
500 hombres, se encuentra el 22 de Julio en el si- 
tio de los Horcones, no lejos de Barquisimeto, con 
el comandante D. Francisco Oberto, que mandaba 
1.500. Las noticias que habían llegado de Caracas 
añadían el aguijón de la rabia á la irresistible impe- 
tuosidad de los republicanos. Estos parece que se 
multiplican; después de un reñido combate, las filas 
de los españoles se conmueven. Aquel puñado de 
héroes llevó la derrota á su centro, llevó la derrota 
á su izquierda, esparció la derrota por todas partes. 
Súpolo á los dos días D. Julián Izquierdo, que se 
hallaba en San Carlos con una división, y replega 
hacia Valencia, temeroso de igual destino. 

Desanimado este oficial, había pedido muchas ve- 
ces su retiro, sin obtenerlo. Ya en Tinaquillo, reci- 
bió orden de Monteverde para que recuperase á 
San Carlos; pero Bolívar había entrado ya á esta 
ciudad desde el 28. 

Mientras, dudóse. Izquierdo, vacila entre obede- 
cer á Monteverde ó continuar á Valencia; las tro- 
pas republicanas le alcanzan en el sitio de los Ta- 
guanes á inniediaciones del pueblo de Tinaquillo. 
Tenía Bolívar 2.500 héroes. Poco tiempo disputó la 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 99 

victoria el oficial Izquierdo: la Caballería republica- 
na se arrojó con ta! ímpetu sobre la Infantería, que, 
separada primero en pequeños grupos, y envuelta 
y diseminada después por aquellas llanuras, toda 
ella quedó en el campo, herida ó prisionera. A Iz- 
quierdo, gravemente herido, se le condujo á San 
Carlos, donde murió. 

Desde el 30 había dado Monteverde sus dis- 
posiciones para ponerse á la cabeza del ejército; 
pero, espantado con la derrota de los Horcones y 
la de los Taguanes, de que no había escapado sino 
el oficial que le llevó la noticia, abandona la plaza 
de Valencia en la noche del 1.° de Agosto, para ir 
á ocultarse, con 250 hombres, á los baluartes de 
Puerto Cabello (1). 

"El año de 1812 dio Monteverde principio á la 
pacificación con 230 hombres, á tiempo que las pla- 
zas, castillos, armamento, víveres, municiones y to- 
dos los recursos de la provincia, estaban en poder 
de los facciosos de Caracas; cuando los pobres ca- 
recían hasta del alimento necesario para la cárcel y 
el hospital; cuando apenas contaban con 400 hom- 
bres indisciplinados y reducidos á la miseria; cuan- 
do la madre patria, empeñada en la guerra con Na- 
poleón, no podía distraer sus fuerzas para auxiliar 
aquel Continente. Entonces fué que salió el piquete 
de Coro, y reforzado por el entusiasmo de los veci 

(1) La Gaceta de Cartagena, que describe circunstanciada- 
mente ]a. acción de los Taguanes, ha omitido las singularidades 
que nos cuenta la Historia de Baralt y Díaz, y que copia Res- 
trepo. 



100 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

nos, llegó á Caracas, conducido por la opinión ge- 
neral. (El pánico inspirado por el temblor del 26 de 
Marzo.) Desde esta capital vio en Nueva Barcelo- 
na, isla Margarita y sus departamentos, tremolado el 
pabellón español por el voto libre de los pueblos, 
sin que en la penosa marcha hecha desde Coro á 
Caracas por caminos fragosos, por terrenos insalu- 
bres, se hubiesen perdido cien hombres, ni grava- 
do la Hacienda pública" (1). — Y al año siguiente, 
porque violó, pérfido, sus promesas y se gozó en 
el escándalo de perseguir y prender á los que ha- 
bía ofrecido respeto y paz, con más vergüenza que 
Miranda, huye y se disipa como paja vana al arran- 
que aterrador de Bolívar y Ribas. 

Oigamos al mismo español que acabamos de ci- 
tar: "Cuando en el año siguiente de 1813 se hallaba 
Monteverde en posesión de la capital, de las plazas, 
castillos, armamentos, rentas y de toda la fuerza de 
la provincia; cuando ya no era el miserable piquete 
de 230 hombres el que estaba á sus órdenes, sino 
sobre 10.000 soldados que pagaba la Intendencia 
para la seguridad del territorio; cuando no solamen- 
te lo creía asegurado por la nulidad de los descon- 
tentos, sino por la falta de armamentos y recursos 
que suponía en las provincias de la Nueva Grana- 
da, pensando ir á conquistarlas, como lo ofreció al 
Ministerio de la Guerra en oficio de 23 de Noviem- 
bre de 1812; y cuando los proscriptos de Cumaná 
se hallaban en un islote de Trinidad, sin armas, sin 

(1) Urquinaona. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 101 

dinero, ni relaciones en la provincia, entonces fué 
que por las cosías de Güiria aparecieron en peloto- 
nes, se apoderaron del repuesto de Maturín, batie- 
ron allí á Monteverde y se hicieron dueños de la 
parte oriental, mientras que Simón Bolívar, con 300 
miserables de Santa Fe, arrollaba el famoso ejército 
de Occidente, dispersando á Tiscar, destruyendo á 
Izquierdo y encerrando á Monteverde en la fortale- 
za de Puerto Cabello.'* 

Patriotas y realistas están de acuerdo en la ver- 
dad de los hechos. Bolívar ha contado esta campa- 
ña con palabras que suenan como la trompa gue- 
rrera, en el ardor del combate y de la victoria. 
"Soldados, vuestro valor ha salvado la Patria, sur- 
cando los caudalosos ríos del Magdalena y el Zulia; 
transitando por páramos y montañas; atravesando 
desiertos; arrostrando la sed, el hambre, el insom- 
nio; tomando las fortalezas de Tenerife, Guamal, 
Banco y Puerto de Ocaña; combatiendo en los 
campos de Chiriguaná, Alto de la Aguada, San Ca- 
yetano y Cúcuta; reconquistando cien lugares, cin- 
co villas y seis ciudades en las provincias de Santa 
Marta y Pamplona" (1). "Arroyos de sangre han re- 
gado este suelo pacífico y para rescatarle de la 
tiranía ha corrido la de ilustres americanos, en los 
encuentros gloriosos de Cúcuta, Carache y Niqui- 
tao, donde su impetuoso valor, destruyendo al ma- 
yor número, ha inmortalizado la bizarría de nues- 
tras tropas. Las repetidas y constantes derrotas de 

(1) Proclama de 1.° de Marzo de 1813. 



102 JUy\M VICENTE GONZÁLEZ 

los españoles en estas acciones prueban cuánto los 
soldados de la libertad son superiores á los viles 
mercenarios de un tirano. Sin artillería, sin numero- 
sos batallones, la fogfosidad sola, y la violencia de 
las marchas militares, han hecho volar los estan- 
dartes tricolores desde las riberas de! Magdalena 
hasta las fronteras de Barcelona y Guayana. La 
fama de nuestras victorias, volando delante de nos- 
otros, ha disipado sola ejércitos enteros, que en su 
delirio intentaban llevar el yugo español á la Nueva 
Granada, al corazón de la América Meridional. 
Cerca de tres mil hombres á las órdenes de Tiscar, 
seguidos de una formidable artillería, estaban desti- 
nados á la ejecución del proyecto. Apenas entrevén 
nuestras operaciones, que huyendo como e! viento, 
arrastran consigo como un torbellino furioso cuanto 
su rapacidad puede arrebatar á las víctimas que in- 
molaban en Barinas y Nutrias. Desesperando de ha- 
llar salud en la fuga misma, al fin solicitan la cle- 
mencia de los vencedores y caen en nuestro poder 
su artillería, fusiles, pertrechos, oficiales y soldados. 
Un ejército fué así destruido, sin un tiro de fusil, 
y ni sus reliquias pudieron salvarse." 

"Nada importa que el comandante Oberto, con- 
fíado en sus fuerzas, intente, para sostener á Barqui- 
simeto, aventurar el éxito de una batalla con el 
ejército invencible. La memorable acción de los 
Horcones, ganada por nuestros soldados, es el es- 
fuerzo mayor de la bizarría y del valor. Sólo quince 
hombres pudieron escapar, por una veloz y vergon- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 103 

2osa fug^a. Ejército de Oberto, divisiones de Coro, 
artillería, pertrechos, bagajes, todo fué apresado ó 
destruido. Nada faltaba al ejército republicano, sino 
que aniquilase el coloso del tirano mismo. Estaba 
reservado á los Taguanes ser el teatro de esta me- 
morable decisión." 

"Monteverde había reunido allí las únicas fuer- 
zas que podían defenderle. Si fué este el último y 
el mayor esfuerzo de la tiranía, el resultado le fué 
también el más desastroso y funesto. Todos sus ba- 
tallones perecieron ó se rindieron. No se salvó un 
infante, un fusil. Sus más expertos ofíciales, muertos 
ó heridos. Este fué el momento de la redención de 
Venezuela" (1). 

Monteverde, desconfíando de Tiscar, á quien acu- 
saba de traidor el doctor Manuel Oropeza, le susti- 
tuye con Fierro. Al saber éste el día 4 de Agosto 
la fuga de Monteverde, envía comisarios á Bolívar, 
y evacúa la plaza con su tropa, para ir á acompa- 
ñarle en Puerto Cabello. Cuando entró Bolívar á 
Caracas el día 7, halló de gobernador á Francisco 
Antonio Paúl (2). 



XV 



¿Cómo referir en el estrecho espacio de una bio- 
grafía los numerosos acontecimientos que llenan los 

(1) Proclama del 13 de Agosto de 1813. 

(2) Coto. 



104 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cÍRCo meses últimos de 1813? Indiquemos á manera 
de cronistas los principales hechos. 

El 1.° de Agosto abandona Monteverde á Valen- 
cia y entra en ella Bolívar, donde manda pasar á 
cuchillo gran número de españoles (1). 

El día 2 sabe la noticia Fierro, y dispone en si- 
lencio su fuga. 

El 3 es evacuada la capital de Cumaná por Anto- 
ñanzas, quien herido en un combate contra Bianchi, 
va á morir á Curagao. 

Son nombrados el mismo día para ir á proponer 
una capitulación al general Bolívar, el marqués de 
Casa-León, D. Juan Vicente Galguera, el doctor 
Felipe Fermín Paúl, el presbítero D. Marcos Ribas 
y D. Francisco Iturbe, los cuales le encuentran en 
La Victoria. 

El 4 se embarcan Fierro y sus tropas. 

El 7 entra Bolívar en Caracas. 

El 8 publica Bolívar una proclama, recordando 
los crímenes de Monteverde y sus propias victorias. 

El 9 comisiona á D. Felipe Fermín Paúl, á don 
Francisco González Linares, á D. Gerardo Patrullo, 
al procurador Salvador García de Ortigosa y á don 
Nicolás Peña, para que exijan de Monteverde rati- 
fíque la capitulación. 

El 10 dice Bolívar al comandante de La Guaira: 
** Reservada. — A pesar de las órdenes libradas para 
los transportes de los prisioneros de guerra, preven- 
go á usted, bajo la reserva necesaria, mantenga 

(1) Gaceta de Caracas, 25 de Agosto de 1813, núm. 1.* 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 105 

arrestados en sus casas á los oficíales españoles (don 
Juan Budía y D. Francisco Mármol, etc.); y á los 
sargfentos y demás tropas en las bóvedas, con la vi- 
gilancia y precaución más exacta. Asimismo no» 
proporcionará usted buque, ni permitirá la salida 
de ninguno de los prisioneros, hasta otra orden 
mía, pues conviene así, según las circunstancias 
actuales.** 

El 12 contesta Monteverde: "No pudiendo dor* 
Manuel Fierro ni el cabildo de Caracas facultar 
para misiones de capitulación ni otras algunas que 
son privativas al capitán general de la provincia, 
han sido nulas y de ningún momento todas las ope- 
raciones en su consecuencia obradas; yo jamás 
podré convenir en unas proposiciones impropias, 
del carácter y espíritu de la nación grande y gene- 
rosa de quien tengo el honor de depender." 

El 16 nueva proclama de Bolívar excitando á los 
extranjeros á venir á establecerse en Venezuela. 

El 19 ocupa Marino á Barcelona. 

El 26 proclaman á Fernando Vil los negros de 
Santa Lucía, Santa Teresa y San Francisco de Yare. 

El mismo 26 pone Bolívar sitio formal á Puerta 
Cabello (1). 

El 30 destruye Campo-Elias las partidas subleva- 
das al Sur de Caracas. 

El 31 cae por sorpresa en poder de los patriotas 
el fuerte llamado Mirador de Solano, y preso en su 
fuga Zuazola la noche del 2 de Septiembre, Monte- 

(1) Gaceta de Caracas, 2 de Septiembre de 1813, núm. 2. 



106 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

verde le condena á muerte, rehusando canjearle 
por el coronel Jalón. "Aunque el Gobierno español 
jamás llegó á ejecutar el castigo de los caníbales 
que asolaron á Venezuela — dice el secretario de 
Cortabarría — , la Divina Providencia no ha permiti- 
do por más tiempo la existencia de estos monstruos 
que se alimentaron con la sangre humana. Zuazola 
murió ahorcado á extramuros de Puerto Cabello, á 
la vista de Monteverde y de sus parciales, que muy 
bien pudieron salvarle, aceptando el canje de pri- 
sioneros que fué propuesto por los emisarios de 
Bolívar." 

El 12 de Septiembre ordena Ribas que no se pa- 
guen las pensiones de las viudas. 

El 13 de este mes era comandante general de la 
provincia el mismo coronel José Félix Ribas. En 
«ste día llegó frente al puerto de La Guaira una ex- 
pedición, procedente de Cádiz, en auxilio de Mon- 
teverde; súpose su rumbo por un bote equipado que 
había mandado su jefe á Punta Araya, y que había 
sido aprisionado. Constaba la expedición de una 
fragata y tres buques de guerra, con trece transpor- 
tes, en que venía el regimiento de Granada, al man- 
do del coronel D. Manuel Salomón, compuesto de 
1.200 plazas, con algunos empleados civiles y mili- 
tares. El convoy había aparecido desde el 9 en Nai- 
guatá, y como el viento del Noroeste le había de- 
tenido allí cuatro días, hubo tiempo de prepararse 
á su recibimiento. Nada menos se propuso Ribas 
que capturar la expedión entera. Mandó desde lúe- 



biografía del general JOSÉ FÉLIX RIBAS 107 

go que se enarbolase en la Vigía y Castillo el pa- 
bellón español, y como la expedición, viendo que 
después de media hora de estar frente al puerto no 
se acercaba embarcación alg-una, viraba de la vuel- 
ta afuera, ordenó que el ciudadano Esteban Molo- 
n¡, isleño adicto á la República y capitán del puer- 
te en aquella ocasión, fuese en un bote de la ma- 
trícula á convidar á los jefes á ocupar la plaza, que 
estaba por el Gobierno de S. M. Tuviéronle por 
sospechoso los jefes de la fragata Venganza^ y de- 
jándole en rehenes con la tripulación de su bote, 
enviaron á tierra al alférez Begoña, para que les lle- 
vase noticias exactas de la situación de aquel puer- 
to. El coronel Ribas mandó sacar de las bóvedas al 
comandante D. Francisco Mármol, á su sargento 
mayor Morales y otros jefes, excitándolos, por el te- 
mor y la esperanza del premio, á que representasen 
bien el papel á que los destinaba; él mismo, con el 
nombre de ayudante, debía presenciar las confe- 
rencias. 

Mármol y sus pobres compañeros hicieron cuanto 
les fué dado para engañar á los realistas: vuelto Be- 
goña á su buque, Moloni pudo tornar con su bote, 
en compañía de una lancha armada, que condujo á 
tierra al segundo comandante del regimiento, don 
Vicente Marimón. Pasadas tres horas, todos los bu- 
ques se acercaron, y Ribas envió á bordo al ofícial 
Esteban Quintero, para que invitase á comer al co- 
mandante de la fragata, á Salomón y á los principa- 
les jefes. Disponíanse á venir para tierra, cuando 



108 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Begoña, que había reflexionado con calma sobre di- 
ferentes circunstancias, les indicó sus sospechas, las 
que tal impresión hicieron, que al punto emprendie- 
ron su marcha. Ribas ordenó se les hiciese fuego, y 
aunque la fragata recibió dos balazos, el convoy 
todo, favorecido por un chubasco al Sudeste, esca- 
pó sin dificultad y fué á desembarcar en Puerto Ca- 
bello. Los quince soldados que habían desembarca- 
do en La Guaira con Marimón, se esforzaron por vol- 
ver á los suyos; pero muertos diez de ellos por la 
tropa y el pueblo, que bien pudieron haberlos apri- 
sionado, los cinco restantes, con su jefe, fueron á dar 
á las bóvedas, donde perecieron más tarde. 

Ribas no era propio para figurar en aquella estra- 
tagema. Traicionábase el jefe imperioso bajo la sen- 
cilla apariencia del ayudante. Es falso que se hicie- 
se seña alguna: faltaría el entusiasmo que debía ins- 
pirar la llegada de aquel auxilio; contradiría el sem- 
blante de Mármol lo que decían sus labios. Begoña 
pudo ser sorprendido un momento, pero al hallarse 
en medio de los suyos, debió pensar. 



XVI 

Continuemos nuestra rápida crónica: 
El mismo día 13 el comandante Ramón García de 
Sena se encuentra en los Cerritos blancos con el in- 
dio Juan de los Reyes Vargas, Acevedo, Quintero 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 109 

y el procurador Torrellas; y cuando parecía haber 
vencido y se ocupaba en recoger las armas y per- 
trechos del enemigo, éste le arrebata el triunfo, 
con la muerte del capitán Leanus y las graves heri- 
das de Carreño y Carabali. Igual desgracia había su- 
cedido al comandante Miguel Váldez en las accio- 
nes de Bobare y Yaritagua. 

El 17 dice Diego Mérida, ministro de Gracia y 
Justicia: Doctor Cristóbal Mendoza, gobernador po- 
lítico: "Reservado. — El general en jefe de estos Es- 
tados ha dispuesto que inmediatamente se pasen á 
las cárceles y bóvedas de La Guaira, con la custodia 
y seguridad correspondiente, todos los españoles 
europeos, é isleños, sin excepción de persona algu- 
na, sea la que fuere, os lo comunique, como lo eje- 
cuto, para que lo cumpláis exactamente." 

El 20 expone Bolívar á las naciones del mundo los 
hechos del comandante español Monteverde, duran- 
te el año de su dominación en las provincias de Ve- 
nezuela. 

El 21 dice Bolívar á Ribas: "Mérida solamente, 
aunque desolada por el terremoto y por las tiranías 
de los gobernantes españoles, ha entregado treinta 
mil pesos y ochocientas caballerías para el sosteni- 
miento del Estado. Los habitantes de Caracas se han 
comportado de diverso modo. Ya no hay esperan- 
zas de que se modelen voluntariamente por aquella 
provincia, y aun por otras, y se necesitan medidas 
correctivas para hacerles entender su deber. Por 
consecuencia el general en jefe dispone que se exi- 



lio JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

jan desde luego en esa capital donativos forzados á 
proporción de los haberes de cada uno; entrando 
además bajo el mismo respecto todo americano cu- 
yas opiniones políticas hubiesen sido contrarias al 
sistema republicano de Venezuela. La imposibilidad 
solamente podrá eximir á unos y á otros de este de- 
ber; y el pasar por las armas á tres ó cuatro que lo 
rehusen, enseñará á los demás á obedecer." 

El mismo día y los siguientes hace fusilar Bolívar 
69 europeos y criollos sospechados de tramar con- 
tra la independencia. 

El día 30, animado Monteverde con los auxilios 
que acababa de recibir, llega hasta el sitio de Bár- 
bula: 300 venezolanos destrozaron en un momento 
á 800 españoles, forzando el resto á huir precipita- 
damente hasta las trincheras, donde Monteverde se 
había quedado en expectativa. Al fijar la bandera 
en el baluarte conquistado, una bala muerta quitó la 
vida al valeroso Girardot. 

A fines de Septiembre sabe Bolívar la derrota de! 
teniente coronel Carlos Padrón en el sitio Santa 
Catalina. 

El 2 de Octubre se reúne Campo-Elias con Ama- 
ya y Torres á inmediaciones del Sombrero y Bar- 
bacaso. 

Acción de Mosquitero el día 14, en que triunfa 
Campos Elias de Boves y Morales. 

El mismo día 14 los magistrados y Municipalidad 
de Caracas proclaman á Bolívar Libertador de Ve- 
nezuela. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 111 

El 15 pasa el general Ribas (desde?) Maiquetía al 
gobernador interino de Caracas el siguiente oficio; 
"A las ocho del día de mañana pondrá usted en 
seguras prisiones á todos los españoles y canarios 
que se hallen sueltos, hasta aquellos á quienes yo 
mismo, ó el general Bolívar, hayan dado papel de 
seguridad, los cuales no sólo serán presos, sino ase- 
gurados con grillos." 

El 17 es conducido á Caracas el corazón de Gi- 
rardot. 

El 20 Ceballos derrota á Bolívar en Barquisimeto.. 

Nueva derrota de Monteverde el 3 de Octubre; 
es gravemente herido. 

El 22 se instituye la orden militar de Liberta- 
dores. 

El 23 sale de Puerto Cabello el coronel Salomón;, 
con 1.300 hombres del regimiento de Granada, con 
ánimo de bajar á los Valles de Aragua, amenazar á 
Caracas y cortar sus comunicaciones con el interior. 
Tomando por el camino de Patanemo, Salomón 
ocupó varias alturas de los cerros de Vigirima, si- 
tios á su entender inexpugnables. 

Allí le fué á buscar el general Ribas, que acababa, 
de llegar de Caracas, con gente que nunca había 
manejado las armas, estudiantes en su mayor parte 
de la Universidad. Tres días duró el combate. Mu- 
chas veces fué preciso que Ribas se arrojase en me- 
dio de sus soldados para animarlos á la pelea. Expo- 
niendo la vida como soldado, él se conserva jefe,^ 
ayudándose del terreno, deslizándose, cubriéndose 



112 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

con cuanto encontraba. Sus oficiales le secundan vi- 
gorosamente, y el enemigo, que esperaba vencerle y 
perseguirle, se detiene espantado y desordena sus 
filas. Ribas se precipita: sus tropas se reaniman con 
las palabras y el ejemplo; en un esfuerzo inmenso, 
el osa escalar las posiciones enemigas, y manda car- 
g^ar á la bayoneta. 

Era el día 25 y los veteranos de Granada huyeron 
humillados y abatidos hacia su vieja guarida, delan- 
te de unos niños que salían de las aulas, pero á 
quienes inspiraba y presidía el impetuoso Ribas. Los . 
enemigos habían dejado muchos soldados, tres ca- 
ñones, multitud de fusiles y gran número de prisio- 
neros y heridos. También regaban aquel campo las 
flores de la patria, la esperanza de las letras vene- 
zolanas! 

Cuando el Libertador supo en San Carlos que 
Salomón había aparecido en Vigirima, voló á su en- 
cuentro con las tropas que pudieron seguirle. Pero 
á su llegada, la victoria coronaba ya la frente de 
Ribas. 

Restableció el sitio de la plaza de Puerto Cabello 
á las órdenes de D'Elhuyar, encargó la defensa de 
los llanos al coronel Pedro Aldao, que fué á situarse 
«n Calabozo, y se restituyó á San Carlos, á fin de 
crear un ejército que obrase en el Occidente. 

Bando del general Ribas en Caracas el 15 de No- 
viembre: 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 113 

"José Félix Ribas, general de división, gobernador 
militar de Caracas y comandante general de la 
provincia. 

„E1 Gobierno ha visto con el mayor asombro el 
ningún efecto producido por el alarma tocado en la 
mañana de este día, y casi no quiere creer que unos 
habitantes que han experimentado ya toda le fero- 
cidad del yug-o español, se hagan sordos al convite 
que su patria les ha hecho para salvarse y salvarlos. 
Este procedimiento me obliga á tomar medidas 
enérgicas y vigorosas y á desenvainar la espada para 
el venezolano indolente, pusilánime ó malvado, que 
en momentos críticos no contribuye con su persona 
á la defensa común. 

„Se repitirá, pues, el toque de alarma á las cuatro 
de la tarde de este día, y todo aquel que no se pre- 
sente en la plaza mayor, ó en el cantón de capuchi- 
nos, y se le encontrare en la calle ó en su casa, sea 
de la edad ó condición que fuese, será pasado por 
las armas sin más que tres horas de capilla, ni otra 
justifícación que la bastante para hacer constar su 
inasistencia." 

El 5 de Diciembre triunfa Bolívar en Araure con- 
tra Ceballos y Yañes. 

El 7 indulto de San Carlos. 

El 15 destruye Boves á Aldao en el Paso de San 
Marcos. 

El 28, voluntarios europeos se sublevan en Puerto 
Cabello y deponen á Monteverde. 

8 



114 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XVII 



Nos detenemos aquí, sobrecogidos de dolor y 
espanto. Hemos llegado al año de 1814!!! 

Bolívar viene ante la Historia con esos decretos 
en el pecho, con esa sangre en las manos; ¿quién 
osaría llamarle cruel y condenarle? ¡Cosa extraña! 
Ningún hombre en la revolución habló lenguaje 
más formidable; ninguno dictó medidas más aterra- 
doras; y, sin embargo, todo corazón que le juzga se 
desarma ante la voluntaria simpatía que inspira. Es 
que lo súbito de la pasión, sus inconsecuencias y fo- 
gosos ímpetus, su violencia misma, cuando no es 
evidentemente sino el extravío de la sensibilidad, 
tiene no sé qué de atractivo y de fascinador. Es que 
en ese hombre de fuego el amor y el odio brotan 
del fondo del corazón. Vedle ahí, tan duro como el 
destino, dictar, al galope de su caballo, listas inmen- 
sas de proscripción. Hele aquí ordenando, en el fre- 
nesí de la rabia, la muerte de ochocientos hombres, 
inocentes la mayor parte. ¿Qué le importa? El de- 
jará sus órdenes, y ni verá caer las víctimas ni escu- 
chará los sollozos de los hijos y esposas. Que si de 
paso, en la noche en que vuelve á los combates, 
una mujer afligida gime á sus ojos, desármase re- 
pentinamente, se enternece, y ordena la libertad del 
que iba á morir. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 115 

Tan emponzoñada estaba la atmósfera de aque- 
llos días, que hombres conocidos después por su 
moderación y calma se sintieron arrebatados en el 
frenético vuelo que animaban los peÜg^ros. Y ¿cómo 
permanecer silencioso, innoble, helado, cuando 
cada hora traía horribles nuevas que embriagaban 
en furor? 

A principios del año 14, la República naciente, 
llena de deseos de vivir, se sintió próxima á la 
muerte. Siete meses hacía desde que Bolívar había 
volado á Venezuela, lanzando rayos, sobre las alas 
de la victoria; y como si hubiese sido una burla del 
destino, cada día miraba levantarse tras él y á su 
alrededor negras nubes de enemigos. ¡Qué! ¿no 
había triunfado sino por sorpresa? ¿Le arrebatarían 
la victoria? ¿Le privarían del triunfo los contrarios 
que creía haber hollado bajo los cascos de su ala- 
zán? El canario D. Pedro González había invadido 
á Trujillo con una columna de corianos; el feroz 
Yañes aparece en Barinas; y Vanes y el catalán 
Puig entran á hierro y sangre en su desgraciada capi- 
tal: de pronto todo el territorio de Venezuela es 
cruzado por guerrillas realistas, que impiden las co- 
municaciones y esparcen por todas partes el horror 
y el exterminio; Carlos Blanco hostiga los llanos de 
San Carlos; Pedro Ramos manda entre Araure y Sa- 
rare; el catalán Miyet amenaza á San Felipe; Reyes 
Vargas, Oberto, Inchauspe y Torrellas recorren á 
Quíbor, Tocuyo y Barquisimeto; Ceballos se afirma 
en Coro; Calzada asoma por Guanare y Ospino, 



116 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

una nube preñada de tempestades se levanta en los 
Llanos del Guárico! 

El partido de la independencia no se intimidó al 
aspecto de tan numerosos enemigos; los provocó 
más bien, y para probarles que la guerra era mortal, 
les arrojó las cabezas de sus parciales. Rodeados 
de miradas serias que sabían ser enemigas, sin con- 
fíanza en nadie, bajo la amenaza de mil puñales, 
Bolívar y los suyos se turbaron interiormente, y 
para que esa turbación se convirtiese en desespera- 
da rabia, la sospecha, las tramas, los votos por su 
caída, corrían á alarmarlos diariamente. ¡Ahí No 
habían saboreado la victoria sino para sucumbir: su 
arrojo, sus hazañas no iban á ser sino trofeos de 
sus contrarios: Cúcuta, Niquitao, ios Taguanes, la 
gloriosa expedición del año de 13, sólo será una 
aventura insensata, motivo de escarnio y risa, abor- 
to miserable en la noche de la Historia. Debieron 
pensar con desesperación profunda en la alegría 
irónica de sus adversarios, en las venganzas san- 
grientas, en la suerte que cabría á sus familias, en 
sus cabezas puestas á precio, en sus propiedades 
confiscadas, en su vida, si lograban salvarla, pasada 
en el destierro, entre el desprecio y el hambre. La 
sola declaración de la guerra á muerte era un pac- 
to con el cadalso, si sucumbían. Habían lanzado el 
guante y se había recogido; patíbulos respondían á 
patíbulos; se arrojaban cadáveres como insultos; las 
burlas se escribían con sangre. 

Bolívar se sintió solo en la desesperada lucha. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 117 

Porque Caracas se agotó al fín en los esfuerzos, y 
después de dar los jóvenes, ios viejos, los niños, 
quedó desangrada y abatida, le pareció egoísta y 
culpable. Harto había hecho su gloriosa madre, que 
sin preparación alguna filosófica, espantada por el 
temblor del año de 12, vejada por el pérfido Mon- 
teverde, arrastrada á violencias que condenaba, lan- 
zada á la guerra á muerte contra su voluntad, diez- 
mada en cien combates, sombría en las tinieblas de 
la muerte, se preparaba á seguirle después y á caer 
por el hierro de los enemigos. 

Habría sido hermoso que la revolución del 19 de 
Abril no hubiese enlodado las galas de sus prime- 
ros días, que no se hubiese suprimido ninguna liber- 
tad, que no se hubiese violado ley alguna, ni renun- 
ciado á las garantías, ni implorado como un bien la 
Dictadura. Pero si los pueblos de Europa, desmo- 
ralizados á la vista de cualquier peligro civil, no se 
creen seguros sino bajo leyes excepcionales y esa 
Dictadura; si la Francia, el cerebro del mundo, á la 
aprensión de algunos males, á la incertidumbre si- 
quiera de su destino, hace renuncia de sus ideas, de 
sus instituciones, de los principios que ha procla- 
mado, de las garantías que reclamó con amenazas, 
¿qué podía esperarse de la incipiente República, 
nacida ayer á la libertad, que no comprendía sus 
condiciones, envenenada con los hálitos de la escla- 
vitud, acabada de salir de la funesta escuela de la 
atrasada España? Lejos de encontrar los jefes de la 
revolución costumbres é ideas que contrariasen sus 



118 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

instintos, la Revolución francesa, con sus crímenes, 
fué el modelo que se propusieron. Y si se había co- 
piado el año de 11 la "Declaración de los Derechos 
del Hombre" fie la Asamblea Constituyente, copiá- 
ronse el año de 14 los decretos y resoluciones de 
la Junta de Salud Pública. Les faltaba la opinión que 
modera y dirige; les faltaba el influjo de los minis- 
tros públicos, tan provechoso y conveniente. Hacían 
temblar los unos, temblaban los otros, en la espe- 
ranza cada bando de hacer temblar á su turno. 

Ningún decreto conocemos que autorizase las vi- 
sitas domiciliarias. Una tarde, sin embargo (9 de 
Febrero de 1814), ya al ponerse el sol, Caracas 
aparece circuida de soledad y espanto: nadie en las 
calles; puertas y ventanaa cerradas; en todas las 
alcabalas el quién vive y la vigilancia; á las puertas 
de muchas casas grupos de muchachos y centinelas... 
se encontraron nuevos desgraciados; estuvieron los 
esbirros á la entrada de la bóveda donde yacía mo- 
ribundo aquel D. José de las Llamozas, que había 
presidido la Junta del 19 de Abril. 

No era posible que hombres reducidos á tal ex- 
tremidad, no suspirasen por otra situación ni cons- 
pirasen para lograrla. Conspiraron, en efecto, y mu- 
chas veces, y cuando no conspiraban, se creía que 
ocultaban sus tramas, y en el frenesí de la rabia, se 
ocurrió la muerte como el medio mejor de escar- 
mentarlos. Pues que perecemos tal vez, gritaron los 
jefes de la independencia; pues que no esperamos 
ni queremos cuartel; pues la guerra nos ha de con- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 119 

sumir en sus abismos, perezcan antes los que insul- 
tarían á nuestras familias y triunfarían con nuestro 
desastre. Sí, la Historia debe confesarlo, vestida de 
duelo; hubo también una premeditación fría, siste- 
mática, que centuplica el horror de los aconteci- 
mientos, harto horribles en sí: hubo un plan seguido 
invariablemente, sin alternativas de piedad, exacer- 
vado por subalternos crueles, y que no escapó de 
los abismos profundos de almas ulceradas... 



XVIII 

Nosotros preferimos aquí que los decretos y re- 
soluciones de la época la pinten. Desde la entrada 
de Bolívar á Caracas, el año de 13, impuso un do- 
nativo voluntario, á que siguió otro forzoso. Díó 
una ley después que obligaba á todos los que tu- 
viesen una tienda, una labranza, una propiedad 
cualquiera, á contribuir á la pre y paga del soldado, 
conminando con quinientos pesos de multa al in- 
fractor, y facultando á las autoridades militares para 
embargar y rematar los bienes de los morosos. Otra 
ley, en Noviembre del mismo año, para que, sin per- 
juicio de la anterior, los hacendados destinasen la 
tercera parte de sus esclavitudes á sembrar maíz, 
arroz y otros frutos menores, para que no faltasen 
víveres para la guerra. En Enero del año 14 un de- 
creto prohibiendo á todo ciudadano el uso de los 



120 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

pesos fuertes y ordenando presentarlos en la Casa 
de Moneda, para ser allí cambiados por macuquina 
ó papel. El 25 de este mes y año Bolívar declara 
que toda propiedad pertenece al Estado. 

En 18 de Diciembre de 1813 Bolívar había dicho 
á Ribas: "Ha tenido á bien disponer el g^eneral Li- 
bertador que impongfa U. S. al español procurador 
Gaspar Ascanio la cantidad de diez mil pesos de 
multa, y de no verificarlo, lo haga U. S. pasar por 
las armas. También ha acordado el mismo general 
que exija U. S. igual multa de diez mil pesos á don 
Francisco Antonio Carrasco, bajo la misma pena; y, 
por último, deberá exhibir la propia cantidad la 
viuda de D. Manuel Rodríguez (alias Puerto Escon- 
dido), entendiéndose con su padre D. Lorenzo Sosa 
para que inmediatamente los entregue, y de lo con- 
trario apremiará á éste rigurosamente." 

Hemos citado los decretos del 17 de Septiembre 
y 15 de Octubre del año de 13. Después de la de- 
rrota de Barquisimeto, Bolívar ordenó á Ribas por 
primera vez desde Caramacate que fusilara á iodos 
los europeos y canarios, y que hiciese marchar cuan- 
tos hombres hubiese en la ciudad de Caracas, con 
especialidad los jóvenes estudiantes. Ribas eludió 
las órdenes de muerte, pero llevó á cabo con for- 
midable impaciencia la que se refería á los estu- 
diantes... Ellos serían hoy el ornamento de la Repú- 
blica; y empaparon con su sangre los cerros de 
Vigirima y las calles de La Victoria y los campos de 
Ocumare. Para el 6 de Marzo de 1814, de ochenta 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 121 

y cinco seminaristas habían quedado seis; en Julio 
quedaba uno solamente. En vano levantó la voz el 
doctor José Antonio Pérez, provisor y vicario gene- 
ral (1). Ribas se envolvió en su amenazador si- 
lencio. 

Una tarde muy fría del mes de Febrero, con lan- 

(1) "Con fecha de ayer el señor gobernador ha oficiado al 
rector del Seminario Tridentino, á fin de que presente los indi- 
viduos de su comunidad, para que hagan servicio en los pun- 
tos de más confianza, ínterin se forma el batallón que debe 
guarnecer esta ciudad. El rector, que no puede resolver en nin- 
gún negocio grave de Seminario, me ha dado parte inmediata- 
mente, y con su aviso me he acercado al dicho señor goberna- 
dor militar, para exponerle los inconvenientes que hay para 
cumplir su providencia, y me ha asegurado que no la variará 
sin orden de V. E., á quien debo ocurrir. No estimo menos im- 
portante la conservación del Seminario al Estado, que lo es á 
la Iglesia; y así lo ha creído, sin duda, V. E. y los demás jefes 
que nos han gobernado en estos últimos tiempos, cuando en los 
mayores apuros de la República han puesto á los seminaristas 
fuera de todas las providencias. Por lo tanto, no es extraño 
que yo me interese en su conservación y estabilidad. No creo 
debo emitir el rumor perjudicial que los enemigos propagarían 
contra el sistema si viesen cerrar las puertas del Seminario, y 
cesar el golpe de las campanas que anuncian ios actos de co- 
munidad y estudio. Además, sus individuos no son más que 
seis, y no todos son útiles para el servicio que desea el señor 
gobernador militar, y que no podría llenarse con tan pequeño 
número. Por lo cual sería mayor el mal de la disolución del Se- 
minario que el provecho de su servicio. Por último, excelentí- 
simo señor, para hacer militar á los pocos colegiales del Semi- 
nario, es necesario resolverse á vestirlos con ropas seculares, 
de que ellos carecen, y de que no pueden proveerse, por su mu- 
cha pobreza y falta de recursos. De otra suerte sería preciso 
ponerlos en ridículo, habiendo de concurrir con las ropas inte- 
riores que usan en el Seminario y que componen su vestido 
clerical." 

El siguiente documento instruirá, más que ninguna otra cosa, 
sobre el carácter de la justicia española. 



122 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

zas en la mano, pobres niños de veinte años, el ma- 
yor, de doce no pocos, desMlaban á vista del gene- 
ral Ribas y otros oficiales. Llevaban algunos el som 
brero y la chupa clerical; al dejar otros el hábito, 
habían quedado mal traídos y en camisa. Madres 
lloraban á su alrededor, mientras los desgraciados 
niños tomaban un aire marcial y aparentaban reso- 
lución y valor. De pronto se presenta en la plaza 
una silla de mano, de donde sale un sacerdote an- 
ciano, que se dirigió á Ribas apoyado en los brazos 
<Ie los que le condujeron. Nadie oyó las breves pa- 
labras que deslizó en e! oído del formidable jefe. 
Pero de en medio de las filas sale un joven peque- 
ño, de abultada frente, de negros y radiantes ojos, 
que toma puesto al lado del anciano y es conducido 
al oratorio de San Felipe. El sacerdote santo que 
deja la casa de Dios era el prefecto de los Neris- 
tas, maestro D. Silvestre Méndez; aquel joven fué 
después el doctor José Alberto Espinoza. 

Es preciso que demos también en esta tragedia 
5u parte, no corta, á la sangre española que hervía 
en las venas. Realistas y republicanos, todos perte- 
necían á esa nación caballeresca y valiente, pero 
obstinada y cruel, endurecida en doce siglos de 
combates, ejército voluntario en todas las guerras 
de religión, que asombró á los lansquenets en el 
saco de Roma, que la Inquisición familiarizó con las 
hogueras y tormentos (1), que espantó con su fero- 



(1) "En la causa críminai que de ofício de la Real Justicia se 
ha seguido contra José Antonio Galán, natural de Charata, ju- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 123 

cidad heroica á la Francia guerrera, que dividida 

ayer no más en cristinos y carlistas, dispuso de la 

risdicción del Socorro, y demás socios presos en esta Real Cár- 
cel de la Corte, la que se halla substanciada con audiencia de 
las partes y del señor fiscal, habiendo visto los graves y atro- 
ces atentados que ha cometido este reo, dando principio á su 
escandaloso desenfreno por la invasión hecha en Puente Real 
de Vélez, desde donde pasó á Facatatibá para interceptar la 
correspondencia de oficio, y pública, que venía de la plaza de 
Cartag-ena para esta capital, acaudillando y capitaneando un 
cuerpo da gentes, con las que sublevó aquel pueblo, sacó las 
administraciones de aguardiente, tabaco y naipes, nombró ca- 
pitanes á los sediciosos y rebeldes; y faltando al sagrado res- 
peto de la justicia, se hizo fuerte con formal resistencia á dos 
partidas de honrados vecinos que salieron de esta ciudad 
para impedir sus hostilidades, hasta el extremo de desarmarlos 
y hacerlos prisioneros, y continuando su voracidad y designios 
infames se condujo á Villeta y Guaduas, en donde, repitiendo 
los excesos del saqueo, atropello también al alcalde ordinario 
de esta villa, D. José de Acosta, sacándolo con improperio y 
mano armada del refugio y asilo que la calamidad le había 
obligado á tomar, le robó de su tienda y repartió los efectos; 
dejando nombrados capitanes, continuó á Maraquita, donde 
insultó al gobernador de aquella provincia, ejerciendo actos de 
jurisdicción en desprecio de los que la tenían legítima y verda- 
dera; avanzó desde allí á la hacienda llamada de Malpaso, pro- 
pia de D. Vicente Diago, alzando á los esclavos, prometiéndo- 
les y dándoles libertad como si fuera su legítimo dueño, roban- 
do muchas alhajas de considerable valor, de oro, plata, perlas 
y piedras preciosas, bajando á Ambalena, en donde saqueó, 
destrozó y vendió cuantiosa porción de tabaco perteneciente á 
S. M., repartiendo mucha parta de su producto á los infames 
aliados que le habían auxiliado en todas sus expediciones, y 
continuando desde allí con algunos de ellos á Coello, Upito, 
Espinal y Purificación, pidiendo y tomando dinero de los ad- 
ministradores; regresó por la mesa de Chiquinquirá, atrope- 
llando en este pueblo, en compañía de sus hermanos, á D. Fé- 
lix de Arellano, por haber oído decir tenía orden de prenderlo, 
y últimamente se restituyó á Mog'otes, desde donde hecho el 
terror y escándalo de los pueblos, que le miraban como invul- 
nerable, y prestaban asenso á sus patrañas y fantásticas ilusio- 



124 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

vida del prisionero y del rendido. Peleaban los es- 
pañoles y sus hijos!!! 

nes, suscitaba y promovía por sí mismo con hechos y dichos 
sediciosos, nueva rebelión, escribiendo cartas á sus correspon- 
sales, comunicándoles sus detestables proyectos, suponiendo 
tener aliados que le protegían, abultando el número de malva- 
dos secuaces y pueblos rebeldes, esparciendo por todas partes 
noticias de conmoción, hasta que viendo frustrados sus infames 
designios, se puso en fuga con el corto número de secuaces que 
fueron aprehendidos con él, haciendo en este acto resistencia á 
la justicia, por cuya causa se ejecutó una muerte y quedaron 
heridos algunos. Teniendo presente los escandalosos hachos y 
enormes infamias que ejecutó en todos los lugares y villas de 
su tránsito, saqueando los reales intereses, ultrajando sus ad- 
ministradores, derramando y vendiendo los efectos estancados^ 
multando y exigiendo penas á los fieles vasallos de S. M., nom- 
brando capitanes y levantando tropas para, con su auxilio, co- 
meter tan asombrosos como no oídos ni esperados excesos con- 
tra el rey y contra la patria, siendo asimismo escandaloso y re- 
lajado en su trato con mujeres de todos estados, castigado re- 
petidas veces por la justicia y procesado de incestuoso con una 
hija, desertor también del regimiento fijo de Cartagena, y últi- 
mamente un monstruo de maldad y objeto de abominación, 
cuyo nombre y memoria debe ser proscripta y borrada del nú- 
mero de aquellos felices vasallos que han tenido la dicha de 
nacer en los dominios de un rey el más piadoso, el más benig- 
no, el más amante y el más digno de ser amado de todos sus 
subditos, como la Divina Providencia nos ha dispensado en la 
muy augusta y católica persona del señor Don Carlos Tercero 
(que Dios guarde), que tan liberalmente ha erogado y eroga, á 
expensas de su real erario, considerables sumas para proveer 
estos dominios de los auxilios espirituales y temporales; no obs- 
tante los graves y urgentes gastos que en el día ocupan su real 
atención, habiendo estos reos y sus pérfidos secuaces olvidado 
las piedades y gracias que tan liberalmente se les había fran- 
queado por los superiores, afianzados en su real clemencia; aten- 
dida su estupidez y falta de religión, viendo el abuso que ha- 
cían de ellas, siendo ya preciso usar del rigor para poner freno 
á los sediciosos y malcontentos, y que sirva el castigo de este 
reo y sus socios de ejemplar escarmiento; no pudiendo nadie 
en lo sucesivo alegar ignorancia del horroroso crimen que co- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 125 

Dos hombres extraordinarios, nutridos con mias- 
mas de sangre, alto esfuerzo de la divina cólera, 

mete en resistir ó entorpecer las providencias ó establecimien- 
tos que dimanan de los legítimos superiores, como que inme- 
diatamente representan en estas remotas distancias la misma 
persona de nuestro muy católico y amado monarca, para que 
todos entiendan la estrecha é indispensable obligación de de- 
fender, auxiliar y proteger cuanto sea del servicio de su rey, 
ocurriendo en caso de sentirse agraviados de los ejecutores á 
la Superioridad, por los medios del respeto y sumisión, sin po- 
der tomar por sí otro arbitrio, siendo en este asunto cualquiera 
opinión contraria, escandalosa, errónea y directamente opuesta 
al juramento de fídelidad, que ligando á todos, sin distinción 
de personas, sexos, clases ni estado, por privilegiados que sean, 
obliga también mutuamente á delatar cualesquiera transgreso- 
res, ya lo sean con hecho ó con palabras, y de su silencio serán 
responsables y tratados como verdaderos reos y cómplices en 
el abominable crimen de lesa majestad, y, por tanto, merece- 
dores de las atroces penas que las leyes les imponen. Siendo, 
pues, forzoso dar satisfacción al público y usar de severidad, 
lavando con la sangre de los culpados los negros borrones de 
infidelidad con que han manchado el amor y ternura con que 
los fieles habitantes de este reino gloriosamente se lisonjean de 
obedecer á su soberano; condenamos á José Antonio Galán á 
que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del 
suplicio, donde sea puesto en la horca, hasta que naturalmente 
muera; que bajado, se le corte la cabeza, se divida en cuatro 
partes y pasado el resto por las llamas (para lo que se encen- 
derá una hoguera delante del patíbulo); su cabeza será condu- 
cida á las Guaduas, teatro de sus escandalosos insultos; la 
mano derecha puesta en la plaza del Socorro, la izquierda en la 
Villa de San Gil; el pie derecho en Charalá, lugar de su naci- 
miento, y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes; declarada 
por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y apli- 
cados al Real Fisco; asolada su casa y sembrada de sal, para 
que de esta manera se dé a! olvido su infame nombre y acabe 
con tan vil persona tan detestable memoria, sin que quede otra 
que la del odio y espanto que inspiran la fealdad y el delito! Asi- 
mismo, atendiendo á la correspondencia, amistad y alianza que 
mantenían con este infame reo, comunicándole las noticias que 
ocurrían, fomentando sus ideas, levantando pueblos y ofrecien- 



126 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tipos de siniestro recuerdo, representan la espanto- 
sa época que dibujamos: la obra del español Pas- 

do sus personas para ios más execrables proyectos, condenamos 
á Isidro Molina, Lorenzo Alcantús y Manuel Ortiz, quienes, cie- 
gamente obstinados, insistieron hasta el fin en llevar adelante 
el fueg-o de la rebelión, á que, siendo sacados de la cárcel y 
arrastrados hasta el lugar del suplicio, sean puestos en la hor- 
ca hasta que naturalmente mueran; bajados después, se les cor- 
ten sus cabezas y conduzca la de Manuel Ortiz ai Socorro, en 
donde fué portero de aquel Cabildo; la de Lorenzo Alcantús á 
San Gil, y la de Isidro Molina colocada á la entrada de esta ca- 
pital; confiscados sus bienes, demolidas sus casas y declaradas 
por infames sus descendencias, para que tan terrible espectácu- 
lo sirva de vergüenza y confusión á los que han seguido á es- 
tos cabezas, inspirando el horror que es debido á los que han 
mirado con indiferencia estos infames vasallos del rey católico, 
bastardos hijos de su patria. Y atendida la rusticidad, ignoran- 
cia y ninguna instrucción de Hipólito Galán, Hilario Galán 
José Veiandia, Tomás Velandia, Francisco Piñuela, Agustín 
Plata, Carlos Plata, Hipólito Martín, Pedro Delgado, José Joa- 
quín Porras, Pedro José Martínez y Rugeles, Ignacio Parada, 
Ignacio Jiménez, Antonio Pabón, Antonio Díaz, Blas Antonio 
de Torres y Baltasar de los Reyes, los condenamos á que sean 
sacados por las calles públicas, y acostumbradas, sufriendo la 
pena de doscientos azotes, pasados por debajo de la horca con 
un dogal al cuello, asistan á la ejecución del último suplicio á 
que quedan condenados sus capitanes y cabezas; confiscados sus 
bienes, sean conducidos á los presidios de África, por toda su 
vida natural, proscriptos para siempre de estos reinos, remi- 
tiéndose hasta nueva providencia á uno de los castillos de Car- 
tagena, con especial encargo para su seguridad y custodia. Y 
usando de la misma equidad, considerada la involuntaria y ca- 
sual compañía en que se hallaron con José Antonio Galán, Ful- 
gencio de Vargas, Nicolás Pedraza, Francisco Mesa y Julio Lo- 
sada, les condenamos en que para siempre sean desterrados 
cuarenta leguas en contorno de esta capital del Socoiro y San 
Gil, j' declaramos que esta sentencia debe ser ejecutada sin 
embargo de súplica, ni otro recurso, como pronunciada contra 
reos convictos, confesos y notorios; de la cual, cumplida que sea 
y puesto de ello certificación, se sacarán los testimonios corres- 
pondientes para remitirlos á los jueces y justicias de S. M. en 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 127 

cual Martínez, y el fruto de la guerra á muerte: 

¡Arismendil jBoves! 

todo el distrito de este virreinato, para que, leyéndola los tres 
días primeros de mayor concurso, y fijada en el lugar más pú- 
blico, llegue á noticia de todos, sin que nadie sea osado de qui- 
tarla, rasgarla ni borraila, so pena de ser tratado como infiel y 
traidor al rey y á la patria, sirviendo este auténtico monumen- 
to de afrenta, confusión y bochorno á los que se hayan mani- 
festado díscolos ó menos obedientes; y de consuelo, satisfac- 
ción, segyridad y confianza á los fieles y leales vasallos de Su 
Majestad, reconociendo todos el superior brazo de su justicia, 
que, sin olvidar su innata clemencia, castiga á los delincuentes 
y premia á los beneméritos; no pudiendo nadie, en lo sucesivo» 
disculparse en tan horrendos crímenes de conjuración, levanta- 
miento ó resistencia al rey ó sus ministros, con el afectado pre- 
texto de ignorancia, rusticidad ó injusto miedo; y mandamos á 
todos los jueces y justicias de S. M. celen con la mayor escru- 
pulosidad y vigilancia el evitar toda concurrencia ó conversa- 
ción dirigida á criticar las providencias del Gobierno, proce- 
diendo con el más activo celo contra los agresores ó autores, 
ya de especies sediciosas, ya de pasquines ó libelos infamato- 
rios por todo rigor de derecho, dando oportuna y circunstancia- 
da noticia de cuanto ocuria á este Superior Tribunal, pues su 
más leve omisión ó disimulo en tan importante encargo será el 
más grave y culpable descuido, que sin remisión les hará expe- 
rimentar toda la indignación y desagrado de nuestro muy ama- 
do soberano, quedando manchada su conducta con la fea nota 
de infidelidad y de haber ejecutado esta sentencia en la parte 
que les toca, darán cuenta á este Tribuna!; por la cual, defini- 
tivamente juzgando, así lo mandamos, fallamos y fírmamos en 
consorcio del señor don Francisco Javier de Serna, nuestro al- 
guacil mayor de Corte y abogado de la Real Audiencia, como 
conjuez en esta causa.— JuAN Francisco Pey Ruiz, Juan Anto- 
nio MoN Y Velarde, Joaquín Vasco y Vargas, Pedro Cata- 
Ni, Francisco Javier de Serna. — Pronuncióse la sentencia de 
uso por los señores virrey, presidente, regente y oidores. Li- 
cenciado Juan Francisco Pey Ruiz, Juan Antonio Mon y Ve- 
larde, Joaquín Vasco y Vargas, Pedro Cata.m y conjuci-. 
Francisco Javier de Serna, alguacil mayor de la Real Audien- 
cia y Cancillería Real de S. M. en el Nuevo Reino de Granada, 
estando en la Sala oública de Relaciones, á treinta días del mes. 



128 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XIX 



El departamento de Margarita era antes del año 
•de 10 un lugar apartado y tranquilo, morada de in- 
dustriosos y sencillos pescadores, y tan desmedrado 
y pobre, que fué preciso agregar sus rentas á las de 
Cumaná, y asignarle un situado dedos mil quinientos 
pesos, para mantener su escasa guarnición de 80 
hombres. Era sargento de ésta, antes de la revolu- 
ción, Pascual Martínez, casado con una isleña de su 
misma condición. A principios del cambiamento po- 
lítico, que Martínez reconoció y sirvió decididamen- 
te, pasó á oficial, y á poco obtuvo el grado de te- 
niente coronel. Desagradó luego á la Junta, hacien- 
do reconocer dos subtenientes sin conocimiento 
suyo, y para descartarse de él le dio pasaporte para 
el puerto de La Guaira. Quiso la casualidad que le 
apresase en el camino un corsario de Nueva Barce- 
lona, que sostenía entonces la Regencia; y una vez 
allí, se hizo tan realista y fué tan bullicioso y provo- 
cador, que, restablecido el gobierno patriota, fué 
expulsado de la provincia. 

Corrió entonces á incorporarse á las filas de Mon- 



de Enero de mil setecientos ochenta y dos años. — Pedro Ro- 
mero Sarachaga. 

Concuerda eon el original, que queda en la Secretaria de Cá- 
mara de esta Real Audiencia, de que certifico." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 129 

teverde: figuró, desde Coro á Caracas, al frente de 
los más reaccionarios y perseguidores, predicando 
la venganza y excitando al crimen; en aquellos días 
en que se respetaba aún la sangre humana, se seña- 
ló con la muerte de un infeliz anciano, que ejecutó 
sobre un cañón, á quien supuso espía, y que iba de 
La Victoria con una nieta de ternísima edad. 

Por tales méritos Monteverde le nombró el año 
de 12 gobernador de Caracas, donde tomó á placer" 
ultrajar á sus antiguos amigos y azotar indignamen - 
te á personas obscuras y desvalidas. El hizo expo - 
ner á la vergüenza pública, en la plaza de Capuchi- 
nos, pendientes ambos pies de innoble cepo, al 
pundonoroso Luzón, oficial de pardos, por atribuir- 
le no sabemos qué gesto al pasar por la casa de 
Monteverde. Fué él quien ordenó á un moreno que 
atravesaba la calle prendiese al doctor José Germán 
Roscio y le expusiese en el mismo cepo, al lado de 
Luzón y otros, á los rayos ardientes del medio día, á 
aquel doctor Roscio, respetado en las cátedras y en 
el Foro, y acaso reeomendable por la oposición vi- 
gorosa que un año antes había hecho á la indepen- 
dencia de Venezuela, y por la parte que tuvo en ¡a 
capitulación de Miranda y Monteverde (1). 

Antojósele á Martínez ir á lucirse al frente del 
Gobierno, allí donde había sido tanto tiempo obscu- 
ro sargento de Artillería. Pidió y obtuvo el mando 
de la isla de Margarita, que debía exacerbar con sus 



(I) Origen y progreso del trastorno de las provincias de 
Venezuela, etc. 



130 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

violencias y donde debía hallar merecida muerte. 
Monteverde mismo nos dirá su conducta. 

"Uno de los primeros cuidados del gobernador 
Martínez fué el de capturar y remitir á los calabozos 
de La Guaira y Puerto Cabello á los peligrosos, 
mientras la Audiencia desaprobaba estos procedi- 
mientos, tan necesarios para restablecer el orden"(l). 
En la queja documentada de Martínez contra la Au- 
diencia, se elogia éste de "no haber sido otro su 
anhelo que el de aniquilar á cuantos conspirasen 
contra la Corona; para lo cual, desde el momento en 
que se encargó del mando de la isla, tomó las pre- 
cauciones para prender en una misma noche á todos 
los revoltosos, siendo el peor D. Manuel Maneiro, 
como lo acreditan los documentos que remite; 
y, sin embargo, la Audiencia los ha puesto en li- 
bertad, según las cartas que han escrito á sus fa- 
milias." 

Entre los que huyeron á los montes para evitar la 
persecución, fué el más notable el comandante de 
milicias blancas ó de españoles, D. Juan Bautista 
c'ii Arismendi, hombre moderado y de costumbres 
pacíficas (2). Acosado del hambre en los lugares 
donde había buscado asilo, é informado de la pri- 
sión de sus dos hijos, apenas de ocho y nueve años 
de edad, que Martínez protestaba fusilar si no decla- 
raban el retiro de su padre, salió de los bosques 



(1) Informe al Ministerio, de 20 de Marzo de 1813. 

(2) Informe de la Re?I Audiencia, de 9 de Septiembre de 
1812. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 131 

para ir á entregarse á su perseguidor, quien confiscó 
sus bienes y le aherrojó en un calabozo, de donde 
fué enviado con 49 vecinos más á las bóvedas de La 
Guaira. La esposa no había podido resistir á la vista 
de sus hijos amenazados á muerte, y los había deja- 
do sobre la tierra, huérfanos y sin fortuna. 

En vano la Audiencia avocó á sí el conocimiento 
de la causa; en vano acordó la libertad de los opri- 
midos, ordenando al capitán general expidiese los 
pasaportes. Truena enfurecido Martínez sobre su 
trono de Margarita, y anuncia altamente que pren- 
derá y pasará por las armas al que ose regresar á 
su isla. 

Viéronse entonces mendigando por las calles de 
La Guaira multitud de isleños, acomodados hacía 
poco y felices en su tierra natal. Pero tal situación 
no era para sobrellevarse largo tiempo: la esperan- 
za y el deseo les hizo creer poderosa la autoridad 
menospreciada de la Audiencia: los llamaban sus 
hijos, sus familias, y uno tras otro volvieron á la opri- 
mida isla. 

Arismendi fué preso desde luego; pero había lle- 
gado para Martínez el día del castigo. El 3 de Mayo 
de 1813, agotada la paciencia de los margaritefios, 
acaudillados por el joven José Rafael Guevara, lan- 
zan el grito de morir ó ser libres. Espantado el co- 
barde Martínez, va á ocultarse en el castillo de Pam- 
patá; pénesele allí sitio, y el que tiranizaba ayer y 
desoía las súplicas y desdeñaba las lágrimas, implo- 
ra de rodillas la clemencia de los vencedores. El co- 



132 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

ronel Juan Bautista Arismendi, que estaba preso en 
el mismo castillo, aparece de repente, puñal en 
mano, y es proclamado g'obernador de la isla: Mar- 
tínez cae bajo mil golpes: auxilios eficaces van á 
libertar la capital de Cumaná: los españoles que ha- 
bían caído prisioneros en la isla, mueren decapita- 
dos. ¡Miserable hecatombe! Esa sangre sólo ha irri" 
tado su sed: Arismendi se dirige á Caracas en busca 
de ración más grande. 

Contemplémosle en la capital á fines del año de 
13. ¿No veis esa cosa verde-amarilla, de ojos parduz- 
cos, surcado el ceñudo rostro de duras líneas que 
se chocan, su habla una jerigonza bárbara y sangui- 
naria? Observémosle bien: es pequeño de cuerpo; 
la parte posterior del cerebro está desarrollada am- 
pliamente, como la del tigre; su acento imita el acen- 
to español, como remedan algunos animales carní- 
voros los gritos de sus víctimas. ¿De qué laguna ha 
salido ese batracio? ¿Eso es hombre ó es una má- 
quina de tormento? Ninguna piedad en su alma de 
bronce; la hermosura y el dolor le hallaron siempre 
el mismo: como la guillotina del 93, jamás se sació 
de víctimas su corazón cruel. Madruga para amane- 
cer en ios lugares de las ejecuciones, y el cigarro 
en la mano, respira ale^^remente con el humo la san- 
gre de los patíbulos. Si falta su ración á uno de los 
diez y nueve banquillos de la plaza pública, ó á los 
de la Trinidad, ó á los de San Pablo, que tiemble el 
español, ó isleño, que crea cubrirse, porque un perro 
e c onduzca, ciego, implorando por él; ó por ser un 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 133 

protegido del colérico Ribas (1). Ni basta á su ra- 
bia que mueran los que odia; le es preciso asistir á 
sus últimos momentos, verlos sentarse pálidos en la 
fatal silla, oir las descargas, escuchar el último que- 
jido; y ni esto le bastaba, ya que seguía después, por 
largo rato, á^través de las calles silenciosas, los fríos 
cadáveres, desangrándose, llenando el camino con 
sus despojos, saltando y saliéndose del duro cue- 
ro en que se les arrastraba al sepulcro (2). jSér ex- 
cepcional y desgraciado, que no probó nunca la 
dulzura de una lágrima de compasión, que no supo 
nunca sentir y perdonar! Ribas encapota sus azules 
ojos y espanta con sus furores aparentes, llenos de 
generosa hipocresía; para salvar las víctimas, apa- 
renta ir á devorarlas, entre terribles rugidos: se os- 
tentaba bárbaro para ser humano. El amor conyugal 
y las sonrisas filiales turbaban á veces la mirada fija 
del inflexible Mendoza, que se fingía engañado, para 
no parecer débil, dejando ocultar en su propia casa 
á los que la espada perseguía. Porque cuando don 
Francisco Talavera desempeñaba interinamente el 
Gobierno político de Caracas, su linda esposa, hija 
de un español proscrito; arbitro del corazón huma- 
no de su marido, cubría con sus dulces é imperio- 

(1 ) Sobraba un banquillo en la plaza de la Catedral y supo 
Arismendi que un mayordomo del general Ribas, canario, se 
paseaba por los alrededores, y lo hizo fusilar sobre el banquillo 

vacío. 

(2) Los ajusticiados se conducían primero al camposanto 
en una carreta; pero quemada ésta accidentalmente por el taco 
de un tiro, que tomó pábulo de la grasa humana, se emplearon 
en adelante cueros de ganado, tirados por el piesidio. 



134 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

sas miradas á los compatriotas de su padre (1). Sólo 
quedó inaccesible, entre cadalsos y espectros, el 
corazón de hiena de Juan Bautista Arismendi. 



XX 



José Tomás Rodr'guez tenía cuanto era necesario 
para el terrible papel que estaba destinado, ágil, in- 
trépido, temerario, de decisión tal que reparaba sus 
imprevisiones; hambriento de poder, aún más de in- 
dependencia, impaciente de toda autoridad, hast 
de sus iguales, astuto, por otra parte insidioso, pér- 
fido, feroz como el pirata, sin ningún sentimiento 
humano. Nacido en Gijón, empeñóse desde tempra- 
no en buques que hacían un comercio equívoco, 
lleno además de riesgos por la Marina inglesa, que 
dominaba el Océano. Gustábale, mozo, atravesar 
sus azules llanuras, como preparándose á cruzar las 
áridas llanuras de Venezuela. La fatiga, los peligros, 
la lucha con los elementos fortificaron su cuerpo; 
endurecieron su alma lo imprevisto, la vida entre 
aventuras, el aspecto constante de la muerte. 

El héroe y el bandolero se confundieron tanto en 
él, que hubiera sido difícil arrojar una línea divi- 
soria. 

La tradición, espantada, conserva el retrato de este 

(1) Léase la Gaceta, núm. 52, redactada por D. Domingo 
Díaz. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 135 

bárbaro: de cuerpo mediano y ancha espalda, de 
cabeza enorme, de ojos azules y turbios como el 
mar, tenía la frente espaciosa y chata, la barba es- 
casa y roja, la nariz y la boca como las del ave de ra- 
piña. Su cuello, que tiraba hacia atrás, y sus mira- 
das, que concentraba á veces, y á veces paseaba 
con inquieta curiosidad, daban á sus movimientos 
aquel imperio y fiereza de que no le fué dado exi- 
mirse á sus mismos superiores. Distraído en medio 
de sus pensamientos lúgubres, que visitaban, sin 
duda, sangrientos fantasmas, volvía en sí por una 
sonrisa feroz ó por miradas de fuego, que precedían 
á sus silenciosos furores. El no tenía de esas pala- 
bras enfáticas de calculado efecto, que usan sus se- 
mejantes, ni tronaba en una tempestad de amenazas 
crueles; frío como el acero, alevoso como el halcón, 
hería inesperadamente, revelándose su rabia por 
pueblos desolados y en cenizas, por millares de ca- 
dáveres insepultos. 

El año de 8 fué envuelto en una causa de contra- 
bando entre Curasao, la aleve vecina, y su antigua 
plaza, Puerto Cabello. La causa se prolongó; en su 
curso resultaron nuevos cargos contra el contraban- 
dista y se le condenó á ocho años de presidio; fué 
preciso ocurrir á los empeños; y Roscio y los Joves 
lograron que se le confinase en castigo á la ciudad 
de Calabozo. 

Dedicóse allí al trabajo el indómito asturiano, y 
habiendo puesto primero una tienda de mercería, 
buscó luego ocupación más análoga con su carácter, 



136 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

y se entregó al tráfico de bestias con los pueblos de 
Occidente. En este ejercicio le halló la revolución 
del año de 10, á la que se sintió inclinado, y á la 
que habría servido, sin duda, sin la imprudencia de 
los patriotas de Calabozo. En Abril del año de 12, 
después de una expedición hasta San Carlos, llegó 
Boves (porque para esa fecha había cambiado de 
apellido, en homenaje á los Joves de Puerto Cabe- 
llo, sus protectores) á Calabozo y contó á cuantos 
quisieron oirle los sucesos de Coro, los cambia- 
mientos sobrevenidos en Carora y Barquisimeto y 
sus temores sobre San Carlos. Sus discretos avisos, 
que debieron aprovecharse, se convirtieron en prue- 
bas de su mala voluntad y se hicieron figurar en su 
plan de seducción. Boves fué puesto en la cárcel y 
se le siguió precipitadamente un sumario. De dos 
letrados que fueron por acaso á aquellos lugares, 
uno informó que merecía ¡a muerte; fué preciso que 
intercediera de nuevo el doctor Roscio para que no 
se le condenase injustamente. Permanecía en la 
cárcel cuando entró Antoñanzas á la que es capital 
del Guárico, y allegó cuanta gente pudo para seguir 
á Caracas. Tras él, simple teniente, iba José Tomás 
Boves, sombrío, mudo, lleno de pensamientos de 
venganza. Qué parte tuviera en los asesinatos que 
ejecuto Antoñanzas en San Juan de los Morros, la 
Historia no lo cuenta. Ella le deja olvidado hasta el 
año de 13 (Abril 5), en que ocupada Barcelona 
por el general Marino, Boves suplicó á Cajigal, 
que huía hacia Guayana, le permitiese quedar en 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 137 

las llanuras, para hacer la guerra por su cuenta. 

La vida de Boves va á escribirse con sangre er> 
las ciudades y en los campos de la desolada Vene- 
zuela. 

La patria del año de 13 va á caer al bote de 
su lanza y sus caballos correrán impetuosos sobre 
las glorias de Bolívar, sobre la naciente República, 
sobre su civilización y sus esperanzas. Seis meses 
más, y cadáveres esparcidos servirán para seguir el 
itinerario del bárbaro; seis meses más, y habrá pue- 
blos donde no respire un ser, desiertos como los 
que funda la peste en las ciudades de la India; seis 
meses, y se verán campos cuyas exhalaciones de 
sangre infecta ahuyentarán al pasajero, donde co- 
rrerán solamente animales carnívoros, donde reso- 
narán sus aullidos junto con el balido de los rebaños 
inciertos. El humo obscurecerá el cielo, anun- 
ciando el furor y la venganza; el reflejo de los in- 
cendios guiará los pasos en la soledad de la 
noche. 

Si la resistencia le irrita, aún le enfurece más la 
adulación y la bajeza. En su entrada primera á Ca- 
labozo mata con propia mano al isleño que sale á 
victorearle, celebrador de todos los triunfadores. 
Los hermanos Medinas, de San Carlos, se pasan á 
sus filas en el último sitio de Valencia, y la Caba- 
llería de Boves los rodea en círculo, se les ajustan 
cuernos á la frente, se les lancea entre salvajes gri- 
tos, y caballos furiosos los llevan á rastras, tirados 
de sus colas. 



138 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

¡Aborto infernal! En la toma de Barcelona (15 de 
Octubre), el oficial Pedro Rondón (1) persigue á 
Carmen Mercié, asilada en la capilla de su nombre, 
la arranca al sacerdote que la protege y la despe- 
daza á la vista de Boves sonreído. Por la noche, en 
en medio de espesas tinieblas, contra las que lucha 
débilmente la funeraria luz de una lámpara, comien- 
za una música triste, que se hace de pronto bulli- 
ciosa y alegre: en un momento la sala aparece ilu- 
minada, y señoras, de Caracas muchas, engalanadas 
por fuerza, aparecen, desoladas y llorosas, entre 
aquellos bandidos, empapados con la sangre de sus 
hijos y esposos. Ya en las altas horas la música iba 
debilitándose más y más: á poco un violín sonaba 
únicamente; después, todo era silencio en el ilumi- 
nado salón. ¡Treinta músicos de Caracas, uno á uno, 
dejaban su instrumento para ser degoUadosl 

Para pintar á este vándalo, los contemporáneos 
ocurrieron, en su asombro, á las regiones infernales. 
Para Bolívar, Boves es la cólera del Cielo que fulmi- 
na rayos contra la Patria (2), ó más bien, un demo- 
nio en carne humana, que sumerge á Venezuela en 
la sangre, en el luto y la servidumbre (3). Y esta 
leyenda de Boves Demonio, vivió largo tiempo des- 
pués de su muerte. Un fraile, Márquez, contó una 
vez desde el pulpito cómo fué engendrado en un 
súcubo, cómo le creó Dios en una isla apartada y 



(1) Alias, Maruto. 

(2) Proclama de 2 de Octubre de 1818. 

(3) Reglamento, etc. Correo de Orinoco, núm. 14. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 139 

cómo llegó á ser el azotico de los pueblos que ha- 
bían pecado. 

Más feliz Arismendi, logró transformarse en los 
épicos combates contra Morillo, y ayudar podero- 
samente, eí año de 35, al breve reinado dei Poder 
civil. Dios dilató su vida hasta los últimos tiempos, 
llena de recompensas y consideraciones! 

Otro fué el destino de Boves. Desprendido, él 
no tenía sino su caballo y su espada; en el testa- 
mento que había hecho, sólo pudo disponer, con 
quien había contraído esponsales (porque Boves 
amóül), de 300 pesos que le debía D. Juan Vicente 
Delgado. De resto, su gloria militar quedó como 
un reflejo sangriento, horror de realistas y patrio- 
tas. Sobre su tumba renació la República: Cajigal, 
á quien llevaba tras sí, entre el botín, vino al Poder; 
la Audiencia, que no osó contradecirle, escarnece 
su nombre; Morillo ve de reojo su memoria y afec- 
ta despreciar sus huestes; el rey la llama insubordi- 
nado y le insulta con el despacho de coronel; la 
Gaceta de Caracas ofrece dar cuenta de sus fune- 
rales, y se le impone silencio. 

El primer jefe de la democracia venezolana cu- 
bre el año de 14, y á Morillo, y á su expedición, y á 
cuanto le rodeaba, como cubre la lava de los volca- 
nes las ciudades y los campos! 



140 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XXI 

PRINCIPALES SUCESOS DEL AÑO DE 14 



El día 2 de Enero Bolívar es nombrado dictador. 

El 3 de Febrero, primera derrota de los patriotas 
en el sitio de La Puerta. 

El 4, Mac Gregor y Robira atacan en Cúcuta á 
Lisón y Casas, que huyen á Maracaibo. 

El 11 entra Rósete al pueblo de Ocumare, don- 
de deja 300 cadáveres. 

El 12 son ejecutados cerca de mil españoles en 
Caracas, La Guaira y Valencia. 

El mismo día, terrible acción de La Victoria, en- 
rre Ribas y Bobes. 

El 17, Roscio, Cortés, Ayala, etc., logran huir 
del presidio de Ceuta á Gibraltar; reclamados por 
la España, vuelven el 21 á sus prisiones, de donde 
salen al fín, por los reclamos de Inglaterra. 

El 20 derrota Ribas á Rósete en Ocumare. 

El 27, Boves, al frente de 7.000 hombres, ataca á 
Bolívar en La Victoria. 

El 28, batalla de San Mateo. 

El 6 de Marzo, Rósete vuelve á ocupar á Ocuma- 
re y avanza hasta el Guayabo. 

El 13, Arismendi, gobernador militar de Caracas, 
es derrotado por Rósete. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 141 

El 17 pone sitio Boves á San Mateo. 
El 21 vuelve Ribas á derrotar á Rósete, quien 
huye al Llano. 

El 25, heroico sacrificio de Ricaurte. 
El 28, los que perseguían á Rósete se encuen- 
tran con la vanguardia del ejército libertador de 
Oriente, que venía al socorro de Bolívar. 

El mismo día. Cajigal, Ceballos, Calzada y otros 
jefes españoles ponen sitio á Valencia, mandada 
por el coronel Juan de Escalona. 

El 30, acción de Bocachica entre el ejército de 
Oriente y una parte del de Boves; retírase éste. 

El 31 avanza Marino y rompe el sitio de San 
Mateo. 

El 1.° de Abril, acción reñida cerca de San Ma- 
teo; Boves huye hacia Valencia. 

El 2, Cajigal, Ceballos y Boves atacan á Valen- 
cia y son rechazaüos. 

El 5 entra en Valencia el ejército libertador de 
Oriente. 

El 16, derrota de Marino en el Arao. 
El 28 de Mayo, Bolívar, Ribas y Marino triunfan 
en Carabobo. 

El 15 de Junio, segunda derrota de La Puerta. 
El 16 llega Boves á La Victoria. 
El 16 toma Boves La Cabrera. 
El 18 ocupa Boves el pueblo de Guacara, donde 
organiza y refuerza su ejército con los prisioneros. 
El 19 se presenta Boves ante Valencia, al frente 
de 6.000 hombres. 



142 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

El 23 sale Ribas hacia Aragua, á contener á los 
realistas y derrota sus avanzadas. 

El 6 de Julio avanza hasta Antímano una divi- 
sión del ejército realista, y Bolívar y Ribas salen y 
los ponen en fuga. 

El 7, emigración de casi todos los habitantes de 
Caracas. 

El 8, la vanguardia de Boves ocupa la capital y 
La Guaira. 

El 9, capitulación de Valencia. 

El 16 entra Boves á Caracas. 

El 18 toma Morales la vía de Aragua, defendida 
por Bolívar y Bermúdez. 

El 19 evacúa Bolívar á Barcelona y se retira á 
Cumaná. 

El 25 evacúa Marino á Cumaná. 

El 2 de Septiembre, Ribas y Piar, nombrados 
por aclamación jefes del ejército, proscriben á Bo- 
lívar y Marino. 

El 7 se presenta Morales al frente de Ma- 
turín. 

El 12, derrota de Morales. 

El 22 ocupa Piar á Cumaná, después de vencer á 
su gobernador, D. Juan de la Puente. 

El 2 de Octubre ordena el Congreso de la Nue- 
va Granada al general Urdaneta, que estaba en Cú- 
cuta, siga á Tunja, con 800 fiTsileros, á fin de formar 
un ejército que reduzca á Santa Fe. 

El 14 entra Boves á Cumaná, á fuego y sangre. 

A fines de este mes el Gobierno general de la 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 143 

Unión da á Bolívar el mando del ejército que debía 
reducir á Santa Fe. 

El 2 de Noviembre, derrota de Berraúdez en los 
Maguelles. 

El 15, derrota de Videau en las montañas de 
Yaguaraparo. 

El 5 de Diciembre, batalla de Úrica. Muerte de 
Boves. 

El 11 toma Morales á Maturín y degüella á los 
más célebres patricios. 

El 19 aparecen los primeros buques que anun- 
cian la expedición de Morillo. 



XXII 

Quedaría nuestra historia profundamente obscu- 
ra, si contentos con revelar los actos exteriores, 
desdeñásemos el hogar de los grandes sentimientos, 
el seno de las familias, el santuario de la mujer. En 
los primeros días, las puras, las santas, hasta las 
menos dignas, amigas de la patria, apasionadas del 
Derecho, hicieron que el amor tomase su vuelo ha- 
cia más altos pensamientos. Elias, criadas como la 
árabe española, en ia prisión de estrechísimas ideas, 
bajo las rejas celosas de una ventana ó de su bas- 
quina, viéronse de pronto rodeadas de los héroes 
de Plutarco, en familiaridad con los griegos y roma- 
nos, vivas y sinceras, inspirando su confianza, He- 



144 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

nando de sus generosos sentimientos á la brillante 
juventud. Para los tiempos que describimos, la tem- 
peratura era diferente. Se habían exigido sacrificios 
demasiado crueles; el terror, como Moloch, no se 
saciaba de víctimas y sangre; en vez de la felicidad 
en que soñaban sus almas, de la libertad á que pre- 
paraban coronas de flores, el espectro horrible del 
«rimen, mal disfrazado con el gorro frigio, el desen- 
gaño y el dolor. Piénsese un momento en la situa- 
ción contradictoria de las familias: españoles y crio- 
llos habían constituido hasta allí una misma nación; 
los que seguían una bandera eran hermanos, deu- 
dos, de los que seguían la bandera contraria. De 
pronto es preciso, no separarse con prudencia y len- 
tamente, sino romper con violencia, desgarrar anti- 
cuas ligaduras, convertirse en delator ó verdugo, 
conspirar contra el que fué su compañero y alzar so- 
bre su pecho el puñal homicida. La madre, junto al 
esposo oculto, lloraba la ingratitud del hijo, que 
murmuraba canciones patrióticas, y respiraba en e! 
hogar el aire de la plaza pública; tal vez lloraba á 
un hijo muerto, ó le seguía con el corazón por los 
peligros de la campaña. En las horas tranquilas de 
la noche, alrededor de la mesa doméstica, los her- 
manos, divididos y enconados, se lanzaban miradas 
furtivas llenas de rabia, se provocaban á veces, rom- 
pían en insultos, sin respeto á las canas de sus an- 
cianos padres, que se afligían y lloraban. De cuan- 
do en cuando, frenética por el dolor, una viuda 
sombría cerraba las puertas á su hijo, y Vicente Li- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 145 

nares llamaba en vano, largo tiempo, á su inflexible 
madre. 

Contribuía á exacerbar los espíritus la pálida 
hambre, que extendía sus dedos lívidos sobre todas 
las familias: los Llanos estaban cerrados; cruzaban 
el Túy feroces facciones; Aragua era teatro de la 
g'uerra: desde muy temprano, multitud de mujeres se 
iban por los escombros, disputándoles á los anima- 
les el triste alimento de algunas hierbas. Y en me- 
dio de tantas desgracias, este diálogo, repetido á 
cada instante: "¿Qué traes?" "Se ha descubierto el 
sitio en que estaba mi señor." "¿Cómo?, dime." 
''Un amigo le vendió; amarrado con otros marcha ya 
para La Guaira," Contaba otro en tanto las escenas 
del camino, los golpes dados al que se cansaba, las 
amenazas sangrientas, las diarias ejecuciones. Con 
frecuencia, por la noche, alguna amiga piadosa lle- 
gaba en silencio, se sentaba muda, en el hogar, y 
suspiraba, mientras la madre dormía, sollozando, al 
más pequeño de sus hijos, y jugaban los otros, ig- 
norantes de la muerte de su padre. Sí; la mortalidad 
de niños causó espanto en esos meses; los envene- 
naban las madres con la leche de sus pechos. Cuén- 
tase de una, modelo de paciencia y santidad, que 
vestida de modesta gala, y colocando á su hija, 
muerta, en un cojín desnudo de flores, le dirigió es^ 
tos adioses, en un éxtasis piadoso: "Feliz tú; Jose- 
fa María, que huyes de este mundo para ir á gozar 
de tu Dios." 

Acababan de levantarse entonces, frescas y son- 
to 



146 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

reídas, dos lindas jóvenes de mediana fortuna, como 
sobre los alrededores del Vesubio nacen flores de 
graciosos pétalos y exquisito perfume. Amigas des- 
de la infancia, crecieron juntas, y las casas de am- 
bas familias era la casa de cada una. En esta época 
sangrienta, Antonia estaba en su breve mañana de 
sol, con una hermosura espléndida, triunfal; y aun- 
que retirada á la sombra y recogida, sentía el deseo 
más vivo de agradar, en una santa y angélica coque- 
tería. Tímida por naturaleza, por algún tiempo se 
abstuvo de comprometer su corazón, cambiando por 
mil filtros este sentimiento en el de la amistad, in- 
cierta de lo futuro, ansiosa de detenerse en el Abril» 
en esos días primeros de primavera, cuando el pra- 
do se cubre de flores blancas, sin hojas todavía. 

Luisa (1), su amiga, era una belleza más delicada, 
de facciones más fínas, hecha para contemplarse de 
cerca, sensible como Antonia, y como la menor de 
las Gracias, amiga de uncir leones á su carro, con 
peligro ajeno, se entiende, no suyo, imprudente 
como la inocencia, desdeñosa y cruel con sus ado- 
radores. 

La sala de ambas familias estaba abierta al talen- 
to y á la elegancia delicada: allí concurrían Bolívar 
y Montilla (Tomás), para desarrugar el uno su fren- 
te, para prolongar el otro sus horas de solaz; por- 
que doña Francisca Mendiberzúa y doña Petronila 
Roldan eran señoras de ameno y gracioso trato, lle- 
no de benevolencia y cortesanía. Otros dos jóvenes 

(1) Luisa Arrambiri. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 147 

las visitaban con más constancia: D. Silvestre Teja- 
da, español de nobles maneras y elegante figura, y 
el doctor Vicente Tejera, de arrogante cuerpo, pero 
de chocantes facciones, donde se pintaban los 
malos instintos, la crueldad, el disimulo y la per- 
fidia. 

Poco á poco, protegido por ambas familias. Te- 
jada fué cautivando el corazón de la bella Antonia. 
Para fines de 1813, ella no contaba las horas que 
pasaba cerca del enamorado joven, y con frecuen- 
cia volvía á la ventana, bajo diversos pretextos, 
cuando tardaba. 

La amistad de Montilla le había protegido algún 
tiempo; y cuando, arreciado el temporal, pidió su 
pasaporte, le había detenido generoso, prometién- 
dole respeto y seguridad. Una noche, Tejada no lle- 
ga á la hora acostumbrada: el padre de Antonia, 
que había salido temprano, no llega tampoco; se 
sabe luego que éste ha sido preso, y se calcula que 
igual habrá sido la suerte del amante. Tejera llega, 
pero finge ignorarlo todo; hasta se burla de sus zo- 
zobras y temores. Como el ave de rapiña, devora 
con los ojos á la hermosa joven, se goza en sus lá- 
grimas y se retira, lleno de satánico contento. 

Toda la noche la ocuparon ambas familias en re- 
correr proyectos: Bolívar estaba en campaña, le 
acompañaba Montilla. ¿A quién ocurrir? Antonia lo 
sospechaba todo de Tejera, y no quería le nombra- 
ran siquiera aquel hombre siniestro. Pero tal era la 
urgencia de las circunstancias, que al fin fué preci- 



148 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

SO seguir el dictamen de doña Petronila Roldan, y 
á la mañana siguiente pudo leer Tejera una esquela 
que le llamaba con instancia. 

El envidioso Tejera habló á solas con las dos se- 
ñoras, y les declaró sin rebozo que la suerte de don 
Francisco Arocha, padre de Antonia, y la de Teja- 
da dependían de su voluntad, y que morirían infali- 
blemente si Antonia no consentía en darle la mano. 

En vano se acudió á su generosidad; él hizo alar- 
de de su conducta, atribuyéndola á la pasión: en 
vano se le pidió tiempo para resolver á la niña; él 
no quería verla en sus brazos sino espantada y á su 
pesar: "El hacha está levantada — dijo — y doy de 
plazo un día." Está de más decir, que tras doloroso 
llanto, Antonia se sacrificó por su padre y su aman- 
te, contando con que el dolor pondría término á sus 
días; la noche de la boda llegó á su casa D. Fran- 
cisco Arocha; al día siguiente fué asesinado D. Sil- 
vestre Tejada. 

¡En cuántas familias se representaría el mismo 
drama! 

[Trazar los cuadros de los primeros meses del 
año 14! ¡ Ah!, el alma se estremece al pensarlo, y es- 
tamos tentados á mentir, para honor de la Patria. 
Pero no; la Historia nos exige la verdad, sin reser- 
va, sin alteraciones culpables, ni omisiones que se- 
rían una complicidad. En cuanto á la Patria, ella es 
tan rica de glorias, que no desea aumentarlas con 
mentiras que las harían sospechosas. La Patria recla- 
ma esa verdad hace tiempo, para que á la sombra 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 149 

de un silencio pérfido, el crimen no haga escuela, ni 
pululen los delitos; es condenándolos altamente, 
que se previene su vuelta, y se funda el reinado de 
la virtud y de la libertad. 



XXIII 

Desde el 20 de Septiembre de 1813, Bolívar 
había dicho á Ribas: "Se advierte dolorosamente la 
mayor escasez de dinero para pag-ar las tropas del 
ejército; los fondos públicos están exhaustos; los 
bienes confiscados no pueden realizarse, por de- 
fecto de licitadores. Ha llegado el caso de que 
algunos de nuestros batallones no han percibido en 
este mes sus correspondientes haberes. A tan tama- 
ño mal debe ocurrirse desde luego, para que po- 
damos sostener nuestra sagrada lucha, hasta acabar 
con los enemigos del nombre americano. Los jefes 
de Hacienda están en la obligación de remitir cau- 
dales á esta Comisaría, sin pérdida de instantes, y 
venciendo todas las dificultades. Sus medidas, no 
obstante, serían ineficaces sin el debido auxilio de 
las autoridades militar y política, tan interesadas en 
la conservación de nuestra libertad. El general en 
jefe espera, por tanto, que así V. S., como el gober- 
nador político del Estado, cooperen en un todo á los 
proyectos de aquellos jefes, proponiendo además 
cada cual por su parte los que estime oportunos, y 
aun remitiendo por sí mismos las cantidades que re. 



150 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

caudasen,para que no se sienta en el ejército la falta 
de caudales." — Ribas se precipitó, para satisfacer las 
necesidades del ejército, sobre los bienes confisca- 
dos, que en vano puso en venta, y sobre cuanto le 
vino á las manos. Uno de esos que viven de atisbar 
por todas partes, para vender secretos en la antecá- 
mara de los poderosos, corrió á informarle que el 
licenciado D.José Rafael Rodríguez era depositario 
de 3.000 pesos, que debía remitir á las Canarias. El 
comandante militar llama al punto á Rodríguez, y le 
ordena la pronta entrega, como bienes confiscados 
de isleños; en vano aquel abogado le hizo ver, con 
el testamento, que era una manda piadosa, y que no 
podía faltar á la confianza que había depositado en 
él D. Antonio Hernández Orta, su difunto amigo. 
"El cadalso ó el dinero", grita Ribas, y como de- 
clarase Rodríguez que prefería la muerte á faltar á 
su deber, el torvo jefe dio orden para que al punto 
se le pusiese en capilla. Por la noche. Rodríguez re- 
cibe una carta (era de Ribas), y le anunciaba en ella 
que al día siguiente, frente al banquillo, habría una 
mesa, donde le contaría los 3.000 pesos que rehusa- 
ba entregar. Comprendió el mandatario fiel que le 
había vendido la persona en cuya casa había ente- 
rrado el dinero, y dio orden para que lo sacasen y 
entregaran en Contaduría. 

Creciendo las necesidades del ejército, con fecha 
22 de Enero de 1814 se dice desde el cuartel ge- 
neral de Valencia al gobernador político de Cara- 
cas, doctor Cristóbal Mendoza: 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 151 

"El general Libertador, al llegar á Ocumare, Puer- 
to Cabello y á esta ciudad, ha hallado que las ope- 
raciones militares, aunque tan bien adelantadas y 
ios ejércitos en pie, sin embargo, amenazaba á todo 
una inevitable disolución, por la falta de numerario, 
pues no ha hallado un sólo maravedí, ni en las co- 
misarías, ni en las administraciones, y el prest de 
todas las tropas se debe con mucho atraso. Puerto 
Cabello, no hay duda, debe rendirse de un momen- 
to á otro; pero por esta desgraciada falta de dinero, 
puede salvarse, llegando nuestra pérdida al término 
de quedarnos sin tropa. En esta alternativa me man- 
da presente á U. S. nuestro estado tal cual es, le 
insinúe que solamente una medida extraordinaria, 
llevada á efecto con la fuerza y celeridad caracte- 
rística de U. S., puede sostener las importantes ope- 
raciones del sitio y libertarnos de un revés. U. S. 
puede arbitrarla con el ciudadano director general, 
para remitir por lo menos en el instante, la cantidad 
de 40.000 pesos. No puede ser menos, pues en los 
hospitales de esta ciudad hay ya más de 500 enfer- 
mos, en la línea hay 1.000 soldados, y en la escua- 
drilla 500. 

„Para que no se pierdan los esfuerzos de U. S. 
en el logro de estas medidas, debo, de orden del 
mismo jefe, prevenir á U. S. la mayor celeridad en 
estas remisiones. Si se difieren, aunque doloroso, es 
preciso manifestar á U. S. que no remediarán nues- 
tros males." 

A tal extremo había llegado la miseria de nuestras 



152 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tropas, que diez y nueve días antes, el 3 de Enero, 
había escrito el genera! Bolívar á Ribas: 

"Habiendo advertido que una multitud de indivi* 
dúos del ejército, por hallarse enfermos, pasan el 
más del tiempo en sus casas, ó en los lugares que 
mejor les parece, usurpándose la substancia pública 
sin provecho del Estado, ha resuelto el general en 
jefe, que desde hoy se licencien temporalmente to- 
dos los individuos que se enfermaren y correspon- 
pondan al ejército, ó que por cualquier título dis- 
fruten de sueldo, que se les alzará desde el día en 
que tomen la licencia, debiendo los comandantes 
militares de cada partido llevar un cuaderno en que 
se anote el destino adonde se les haya dado su 
licencia." 

El inexorable Mendoza queda mudo ante la situa- 
ción; nadie osa comprar los bienes confiscados, la 
guerra ha devorado las fortunas arrancadas á espa- 
ñoles y canarios. ¿Qué hacer? Hablase de una cria- 
da que vio ocultar gran cantidad de dinero en la 
casa de doña Zoila Sánchez, y la allana á la mitad 
del día, hace hoyar en el lugar indicado, y saca 
12.000 pesos, única fortuna de doña Manuela Ruz, 
pobre viuda, condenada desde entonces á la men- 
dicidad. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 153 



XXIV 

¿Por qué razón los contemporáneos no hicieron 
responsables de las inauditas violencias de aquella 
época á Bolívar, que las dictaba, á Ribas, coman- 
dante militar de la provincia; á Mendoza, su gober- 
nador político? Aunque el coronel Arismendí ha- 
bía llegado á Caracas desde Octubre, él no figuró 
en la comandancia militar hasta Enero, cuando los 
males de Ribas y las necesidades de !a campaña le 
alejaron de la casa de gobierno ó de la capital. En 
Abril, después de la derrota que sufrió en Ocuma- 
re, odiado y maltrecho, tomó el partido de volverse 
á Margarita. ¿Cómo conquistó tan general abomina- 
ción en el breve espacio de tres meses, hasta hacer 
olvidar á los mismos á quienes obedecía? ¡Cómo lo- 
gró simbolizar en su nombre los horrores de la gue- 
rra á muerte! Pocos hechos nos revelarán este mis- 
terio espantoso. 

Hemos visto ya que sin respeto al general Ribas, 
el coronel Arismendí hizo fusilar al mayordomo de 
aquél, para que no quedase desairado uno de ¡os 
diez y nueve banquillos de la plaza pública. Este 
hecho se repitió varias veces, y el pueblo caraque- 
ño recordó largo tiempo á aquel tío Medina (1), que 
se avanzó una mañana, sin oír avisos ni consejos, 

(1) De la esquina de su nombre. 



154 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

hasta el centro de la ciudad; lo supo el comandante 
general, y sin respeto á sus ochenta años, á las lá- 
grimas del pueblo, al salvoconducto de Bolívar, es 
asesinado infamemente. 

Pero nada dejó tan profunda memoria como el an- 
ciano de Chacao, á quien rodeaban generaciones de 
nietos, y que, fuera de sí, regañando porque le sa- 
caban de su casa, fué conducido sobre un asno á 
uno de los banquillos (1). 

Seis jóvenes componían la familia de D. Juan An- 
drés Marrero, conocido con el nombre de el manco 
de Tocoragua; propúsole Arismendi que comprase 
con dinero su vida y la de los suyos, y cuando lo hu- 
bieron dado todo, mandó se les matase. Traían en- 
tretanto presas á la esposa y suegra de D.Juan José 
Marrero; la prodigiosa cantidad arrancada á los hom- 
bres le hizo creer que la viuda reservaba otro tanto 
quizás; hizo conducir á doña Mariquita al hospital de 
Caridad, la apremió cruelmente con azotes de do- 
lor, sin que cediese al tirano la isleña intrépida, que 
llevó sobre su cuerpo el resto de sus días las insul- 
tantes huellas, 

¿Y cómo olvidarían las esposas, las madres, aque- 
llas noches en que se iban por la ciudad imploran- 
do de sus amigos algún socorro, y se despojaban de 
sus prendas, y quitaban á sus hijas la sortija, el zar- 
cillo, la cruz de su rosario, para redimir á sus mari- 
dos, á sus hijos, que eran al fin sacrificados? 

Doña Carmen Machillanda... Pero bastan los he- 



(1) Don Nicolás Ravelo. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 155 

chos citados para pintar la época; á fuerza de des- 
cribir crímenes, nos familiarizaríamos con ellos. 



XXV 

Después de la derrota de Campo-Elias en La Puer- 
ta, el 3 de Febrero, Bolívar ordenó (día 8) por ter- 
cera vez, desde su cuartel general de Valencia, que 
se pasase por las armas á cuantos españoles y ca- 
narios había en las cárceles de Caracas y La Guaira 
y á cuantos pudieran haberse á las manos. Esta or- 
den, que en 19 de Noviembre y en 17 de Octubre 
había sido abiertamente desobedecida por Ribas, 
sin descender á justificar su conducta, fué ejecutada 
por Arismendi con voluptuoso placer, excediéndola 
en el modo, espantando á Bolívar y á todos los pa- 
triotas. 

Los degüellos comenzaron el 12 y continuaron 
algunos días. En La Guaira se les sacaba en fíla, dos 
á dos, unidos por un par de grillos, y así se les con- 
ducía entre gritos é insultos, coronado cada uno 
con un haz de leña, que había de consumir sus cuer- 
pos palpitantes. Pocos lograban se les matase á ba- 
lazos; los más eran entregados á asesinos gratuitos 
que se ejercitaban al machete, al puñal, y que pro- 
baban á veces su fuerza arrojando sobre el cerebro 
del moribundo una piedra inmensa. Que sepa la 
posteridad los nombres de esos héroes del asesina- 



156 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

to: Nicolás Lamas, Francisco Javier Martínez, Zaca- 
rías Navarro. 

¡Meniorables sitios el del castillo del Cantón y 
del Cardonal! Aún una historia. Estaba preso don 
Antonio Oramas, isleño estimado por su cultura y 
bondad; su amigo D. José Ventura Santana logra de 
Bolívar una recomendación para Arismendi y Men- 
doza y un pasaporte para las colonias; Mendoza con- 
viene fácilmente; tres mil pesos ablandan á Aris- 
mendi, y Oramas es guiado por su amigo hasta La 
Guaira; el marino había columbrado entre la niebla 
del horizonte una pequeña barca; ruega al coman- 
dante de la plaza, coronel Leandro Palacio, le deje 
ir á su encuentro; y abrazando á su amigo, huye el 
proscripto de una muerte inevitable. Pero su esposa 
doña Isabel Bencoechea, incierta de su destino, in- 
quieta, loca, teme una desgracia, y^vuela á La Guai- 
ra para saber si se ha salvado su marido. En vano le 
protesta Palacio que había marchado esa misma tar- 
de; como nadie le repite ia noticia, se va en la no- 
che al Cardonal, con un farol en la mano y una cria- 
da, y recorre los cadáveres, y examina sus facciones 
lívidas, y tropieza y cae sobre uno que creyó, en 
medio de su tormento, semejante al de su esposo. 
Manos amigas la arrancan de aquella escena, pero 
con la muerte en el corazón; á los trece días aban- 
donaba, huérfanos, á sus hijos, para ir á dormir eter- 
namente en la Iglesia Metropolitana, al pie de San 
Bernardino. Dejaba á los suyos por herencia una 
vida breve y la fatalidad. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 157 

Sobre aquel anfiteatro corrían locas de placer, 
vestidas de blanco, engalanadas con cintas azules y 
amarillas, ninfas del suplicio, que sobre la sangre y 
los sucios despojos bailaban el inmundo palito (1). 

El 13 de Febrero escribía el comandante de La 
Guaira al general Arismendi: 

"Número 116. — En obedecimiento á orden expre- 
sa de S. E. el general Libertador para que sean de- 
capitados todos los presos españoles y canarios re- 
clusos en las bóvedas de este puerto, se ha comen- 
zado la ejecución, pasándose por las armas esta no- 
che ciento de ellos. — Leandro Palacio." 

Al día siguiente le dice así: 

"Número 119. -Ayer tarde fueron decapitados 
ciento cincuenta hombres de los españoles y cana- 
rios encerrados en las bóvedas de este puerto, y en- 
tre hoy y mañana lo será el resto de ellos. — Lean- 
dro Palacio." 

En 15 de Febrero le hace la siguiente participa- 
ción: 

"Número 123. — Ayer tarde fueron decapitados 
doscientos cuarenta y siete españoles y canarios, y 
sólo quedan en el hospital veintiún enfermos y en 



(1) Baile de aquel tiempo. 



158 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

las bóvedas ciento ocho criollos. — Leandro Pa- 
lacio." 

El 16 de Febrero, último parte: 

"Número 126. — Hoy se han decapitado los es- 
pañoles y canarios que estaban por enfermos en el 
hospital, último resto de los comprendidos en la 
orden de S. E. Lo que participo á U. S. para su in- 
teligencia. — Leandro Palacio." 

¡Y qué! ¿No había medio de contener esos trans- 
portes salvajes? ¿Ninguno habló, que hiciese oir 
los consejos de la razón indignada, que espantase 
con las santas cóleras del corazón, que disputase á 
los verdugos las cabezas inocentes? ¿Cómo dejaron 
beber tanta sangre á esa docena de vampiros, que 
han manchado para siempre los vistosos arreos de 
la revolución? Y ¿cómo comprenderemos tan uni- 
versal cobardía en esta tierra de valor? Sólo hay 
memoria de aquellos niños, que de guardia en el 
principal, fueron llamados á una ejecución; rehusan 
orgullosamente disparar, y la muerte de los proscrip- 
tos fué un asesinato individual: llamábanse aquellos 
mancebos Juan de la Cruz Llamozas, José I. Gar- 
cía, José Ignacio González. 

En Caracas las ejecuciones no habían cesado 
nunca; mas desde el funesto 12, mañana y tarde 
se fusilaba en la plaza pública, en las de San Pablo 
y la Trinidad y en el matadero. A todas horas 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 159 

aquellos banquillos, bañados en sangre, rodeados 
de humanos restos, embriagaban á unos, llenaban á 
otros de piedad, con sus pútridas exhalaciones. Por 
motivos de economía, se asesinaba, á veces, con 
machetes y puñales. 

La mayor desgracia en las discordias civiles es 
que envuelven en igual solidaridad á todos los 
miembros de un partido, solidaridad «"onfusa, que 
hace respondan los prudentes de los furiosos, y que 
expíen los buenos los crímenes de los malvados. 
Pero es preciso decirlo altamente: Caracas no fué 
cómplice en los delitos de Febrero; la muerte no 
fué un espectáculo agradable para sus hijos: no se 
encontró en esa hez, ese lodo sanguinario, elemen- 
to cobarde y estúpido, que acompaña las épocas de 
tiranía. Verdad es que desde que ¡legaban los con- 
denados á la esquina de las Gradillas, gritos insul- 
tantes los saludaban, y resonaba el eco soez de la 
marsellesa del asesinato: 

Bárbaros isleños, 
brutos animales, 
haced testamento 
de vuestros caudales. 

Mas todo eso era obra de uno sólo, de José Ma- 
ría Pelgrón, hombre de fácil y fecundo ingenio; 
pero ignorante, ávido y rapaz, cuyas médulas devo- 
raban cantáridas, desde el vergonzoso asunto de 
D. Domingo Lemus. ¿Qué fueron después aquellos 
muchachos que él ensayaba en el canto homicida y 
en las alegrías fúnebres? 



160 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

El nombre de Pelgrón nos recuerda por no sé 
qué analogía, el de Mérida, gran aconsejador de 
delitos, y el de Díaz Casado, su hermano uterino, 
jefe de aquellos destacamentos que se iban á las en- 
tradas de la ciudad, para sonsacarles algún dinero á 
los isleños que traían maniatados, á trueque de una 
mentida protección. 

El 25 de Febrero, Arismendi pudo dirigir al mi- 
nistro de Guerra el siguiente oficio: 

"Se servirá U. S. elevar á la consideración del 
excelentísimo general en jefe, que la orden comu- 
nicada por U. S. con fecha 8 de este mes se halla 
cumplida, habiéndose pasado por las armas, tanto 
aquí como en La Guaira, todos los españoles y ca- 
narios que se hallaban presos, en número de más 
de 800, contando los que se han podido recoger de 
ios que se hallaban ocultos. Pero habiéndose pre- 
sentado á este Gobierno y al público un número de 
ciudadanos beneméritos garantizando la conducta 
de varios de los individuos que según la citada or- 
átn de 8 de Febrero, debían ser decapitados, he 
creído deber condescender, para evitar cualquier 
entorpecimiento de la dicha orden, esperando las 
ulteriores disposiciones de S. E. 

^Incluyo á U. S. copia del oficio que he pasado 
sobre este particular al ciudadano gobernador polí- 
tico, y la lista que me ha remitido, á fin de que de- 
termine S. E. lo que tenga por conveniente. — Dios, 
etcétera. — Caracas, 25 de Febrero de 1814, 4.° 12.° 
— Ciudadano secretario de la Guerra." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 161 

¡Es el Ogro sangriento, el Barba Azul de la Amé- 
rica, aquella monja de puñal en mano de las antiguas 
leyendas! » 



XXVI 

El honor y la gloria de la República se había sal- 
vado en el ejército. Después de la primer batalla 
de La Puerta, donde Boves derrotó á Campo-Elias 
(3 de Febrero), ordenó Bolívar que corriesen á Va- 
lencia, á las órdenes de Villapol, parte de las tropas 
que cubrían el Occidente, y que Campo -Elias se 
situase en el estrecho de la Cabrera, que fortificaba 
de antemano el coronel Manuel Aldao. 

A la primera noticia de la terrible desgracia, el 
general Ribas levanta una columna en Caracas, ar- 
senal de valientes, y se lanza á La Victoria, para 
obstruir el paso á las bandas vencedoras. Y era 
tiempo. Acometida el día 12 por 7.000 hombres á 
las órdenes de Morales, la plaza de La Victoria, que 
apenas defendían 2,000 jóvenes, sufrió un ataque 
que hará época en los anales del furor. 

Según el Boletín que publicó la Gaceta de Ca- 
racas, número 42, nueve veces volvió á la carga 
Morales, rechazado nueve veces: comenzó la lucha 
á las ocho de la mañana, y se luchó á los alrededo- 
res de la población, y se luchó en las calles, adonde 
penetraron, al fin, las hordas enemigas, y se peleó 
desde la plaza, donde reconcentró el formidable 



162 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

jefe, incierto de socorros, seguro de sí y confiado 
en su fortuna. A caballo en medio de sus soldados» 
ios alienta é impele; él se halla en todos los puntos; 
detiene y fatiga las fuerzas enemigas. Hubo en su 
ojo, en su palabra, una centella que brilló en aque- 
llos momentos sombríos: su mirada esforzaba los 
corazones. Tres veces cae á sus pies el caballo que 
monta; mil rayos se cruzan al derredor del plumaje 
que sombrea su cabeza, blanco de todos los tiros, 
heroicamente apuesto, visible en medio de sus com- 
pañeros. 

Después de ocho horas de combate sin tregua, 
como á las cuatro de la tarde, allá á lo lejos, por el 
camino de San Mateo, álzase y cubre el horizonte 
una nube de polvo. "Un socorro oportuno", grita 
Ribas á sus soldados; y ordena que 50 hombres de 
Infantería y 40 de Caballería salgan á favorecer, al 
mando del coronel Mariano Montilla, la incorpora- 
ción á la columna auxiliar, rompiendo las líneas 
enemigas. Avanzábanse Campo-Elias y Aldao al 
frente de 220 hombres, llenos de orgullosa confian- 
za. Al ¿quién vive? enemigo, la escasa división res- 
ponde: "El vencedor de Mosquitero", y atraviesan 
por entre los contrarios sorprendidos, que no acier- 
tan á rodearlos sino cuando ya estaban en la plaza. 
Pero Kibas sale entonces y se precipita en el campo, 
haciendo horrible estrago en los enemigos. La co- 
lumna auxiliar y las tropas sitiadas se abrazan en 
medio del fuego, aterran con sus gritos de victoria, 
y ponen en fuga las huestes de la tiranía. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 163 

En vano corre Boves desde Cura en auxilio de 
Morales con su numerosa reserva, despreciando la 
herida que había recibido en La Puerta; en vano tra- 
tan de hacerse fuertes en las alturas del Plantanero. 
Los nobles y valerosos esfuerzos del día 12 tuvie- 
ron su recompensa; huyen maltrechos Boves y Mo- 
rales, dejando tras sí una ciudad devastada, pero ar- 
diente de gloria, 500 hombres á quienes habían 
herido ó muerto, 1.000 que habían perdido y un 
nombre execrado. 



XXVII 

Mas la gloria de la defensa no convenía al valor 
de Ribas; era la gloria del ataque quien le tentaba: 
no era un escudo aquel hombre altivo, era una es- 
pada que se iba al corazón del adversario. Corrió 
en persecución de las huestes vandálicas, y pudo 
dejar segura á La Victoria para volar á otros com- 
bates. 

Ribas dijo en su parte oficial: 

"La jornada ha sido larga y cruel, pero gloriosa» 
Ella ha costado la pérdida del coronel Rivas Dávila, 
del capitán Rudecindo Canelón y de otros valientes 
oficiales. La serenidad del teniente coronel Carlos 
Soublette y de Ayala los hacen acreedores al reco- 
nocimiento de sus compatriotas." 

El ministro de Estado, Antonio Muñoz Tébar» 
lloraba así á las víctimas de ese día: 



164 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

''El benemérito coronel Luis Rivas Dávila, co- 
mandante del escuadrón de Soberbios Dragones de 
Caracas, de la Orden de los Libertadores, murió de 
una bala de fusil en la brillante acción del 12 de 
Febrero en La Victoria. No empezó su carrera mi- 
litar por las primeras clases; nunca tuvo otro grado 
que el de coronel. Después del glorioso ejemplo de 
libertad dado en Caracas, lleno del noble celo del 
honor, veía con vergüenza la esclavitud de su patria, 
la provincia de Mérida. Guiado por aquel senti- 
miento, y estimulado de su valor, vuela desde Ca- 
racas á Mérida. Bajo la misma espada de los tiranos 
reúne, excita á sus compatriotas; y al primer impulso 
echa por tierra su trono envejecido. Tan grande ac- 
ción fué premiada con elevarle en el ejército, en 
que hasta entonces no había servido, al grado de co- 
ronel. La misma firmeza que le hizo, imperturbable, 
arrostrar la violencia de los opresores de su patria. 
Je hizo después triunfar de los que nuevamente la 
habían subyugado. La expedición venida de España 
en Septiembre del año pasado, que creía en su de- 
lirio por la ilusión sola conquistar los fuertes cora- 
zones de los republicanos, fué derrotada; apenas se 
presentó la vez primera en las cumbres de Bárbula, 
y Rivas Dávila, subiendo intrépidamente con sus 
dragones á las alturas enemigas, participó de la glo- 
ria de los vencedores de esta jornada que disipó 
los prestigios del orgullo español; y fué' distinguido 
con una herida. El inspiró al escuadrón de Sober- 
bios Dragones la marcialidad que le ha hecho formi- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 165 

dable á los enemig-os; escuadrón que pudo él solo, 
arrollando una Caballería de 1,500 hombres, decidir 
en Araure la victoria por las armas republicanas. Se 
debe en gran parte á los esfuerzos de Ribas Dá- 
vila en este famoso día y en las batallas que siguie- 
ron, nuestros felices sucesos en el Occidente. En el 
combate del 12 en La Victoria, al extraer de su cuer- 
po la bala instrumento de su muerte, prorrumpió en 
aquel rasgo sublime: "Llevadla á mi esposa, y de- 
cidla la conserve, y se acuerde que á ella debo el 
momento más glorioso de mi vida, aquel en que he 
perecido defendiendo la causa de mi suelo." Su úl- 
timo aliento fué exclamar: Muero contento: Viva 
la República. 

"El ciudadano Rudecindo Canelón, capitán del 
batallón de valerosos cazadores, muerto el 13 de 
Febrero al trepar á ¡as alturas del Pantanero de La 
Victoria, desalojando á los enemigos de sus posi- 
ciones. En honor de este intrépido oficial es preciso 
decir que son muy pocas las batallas que ha habido 
en Venezuela, felices ó desgraciadas, en que no se 
haya batido con desesperación al lado del estan- 
darte tricolor. Furioso se precipitaba sobre las líneas 
enemigas, desafiando la muerte, que le respetó 
por mucho tiempo. Nada era capaz de aterrarle; y 
cuando fué hecho prisionero por Monteverde en el 
Occidente, admiró á los mismos enemigos la firmeza 
con que sostenía la causa de la libertad ante el tira- 
no y sus satélites. En las bóvedas de Puerto Rico, 
en las prisiones de Coro, ni un instante flaqueó. 



166 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

aunque se esforzaban en atormentarle; y jamás con- 
siguieron los españoles que se humillara ó retractara. 
Canelón, en una palabra, era tan extremadamente 
audaz, que en Araure, con una descubierta de 
ochenta soldados atacó e¡ ejército combinado de 
Yañes y Ceballos, compuesto de más de tres mil 
setecientos hombres." 

El himno del triunfo resonó por los ámbitos de 
la República. Bolivar saluda á los vencedores desde 
Valencia. 

"Soldados: 

«Vosotros, en quienes el amor á la patria es su- 
perior á todos los sentimientos, habéis ganado ayer 
la palma del triunfo, elevando al último grado de 
gloria esta patria privilegiada, que ha podido inspi- 
rar el heroísmo en vuestras almas impertérritas. 
Vuestros nombres no irán nunca á perderse en el 
olvido. Contemplad la gloria que acabáis de adqui- 
rir, vosotros, cuya espada terrible ha inundado el 
campo de La Victoria con la sangre de esos feroces 
bandidos. Sois el instrumento de la Providencia 
para vengar la virtud sobre la tierra, dar la libertad 
á vuestros hermanos y anonadar con ignominia esas 
numerosas tropas, acaudilladas por el más perverso 
de los tiranos. 

„ Caraqueños: el sangriento Boves intentó llevar 
hasta vuestras puertas el crimen y la ruina; á esa 
inmortal ciudad, la primera que dio el ejemplo de 
la libertad en el hemisferio de Colón, jlnsensatol 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 167 

Los tiranos no pueden acercarse á sus muros inven- 
cibles, sin expiar con su impura sangre la audacia 
de sus delitos. El general Ribas, sobre quien la ad- 
versidad no puede nada, el héroe de Niquitao y los 
Horcones, será desde hoy titulado el Vencedor de 
los tiranos en La Victoria. Los que no pueden re- 
coger de sus compatriotas y del mundo !a gratitud 
y la admiración que les deben, el bravo coronel Ri- 
vas Dávila, Rom y Picón, serán conservados en los 
anales de la gloria. Con su sangre compraron el 
triunfo más brillante; la posteridad recogerá sus 
nobles cenizas. Son más dichosos en vivir en el co- 
razón de sus conciudadanos, que vosotros en medio 
de ellos. Volad, vencedores, sobre las huellas de los 
fugitivos; sobre esas bandas de tártaros que, em- 
briagados de sangre, intentaban aniquilar la Améri- 
ca culta, cubrir de polvo los monumentos de la 
virtud y del genio; pero en vano, porque vosotros 
habéis salvado la Patria. 

„ Cuartel general de Valencia, 13 de Febrero 
de 1814, año 4.° de la República y 2° de la guerra 
á muerte. — Simón Bolívar." 

Aún le parece poco, y nombra capitán efectivo al 
hijo del vencedor. 

"Por cuanto U. S. ha salvado la Patria el día de 
ayer, derrotando completamente al enemigo en la 
ciudad de La Victoria, por tanto ha tenido á bien el 
Libertador nombrar al hijo de U. S., ciudadano José 



168 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Félix Ribas y Palacios, capitán vivo y efectivo de 
infantería de línea, con el goce de sueldo de tal 
desde hoy y con la antigüedad del día en que em- 
pezare á hacer el servicio. 

„Con esta fecha se comunica al inspector y alse- 
ríor secretario de Hacienda; y yo tengo el honor de 
participarlo á U. S. para su satisfacción. 

„Dios guarde á U. S. muchos años. — Cuartel ge- 
neral de Valencia, 13 de Febrero de 1814, 4.° y 2.* 
— Tomás Montilla. — Benemérito ciudadano co- 
mandante general de la provincia. 

^Caracas 16 de Febrero de 1814, 4.° y 2°— 
Cúmplase lo que S. E. manda. — JosÉ Félix Ribas.** 

La Municipalidad de Caracas se reúne á la pri- 
mer noticia, y entre los Víctores del pueblo entu- 
siasmado, manda erigir una estatua que lleve á la 
posteridad la memoria del glorioso día. Ribas le 
contesta, lleno de fe religiosa y de una modestia 
antigua: 

**Las demostraciones con que U. S. me han hon- 
rado y los honores que me han señalado son, cier- 
tamente, los mayores; y que marcados en mi cora- 
zón, llevarán más allá del sepulcro mi gratitud. La 
elevación de una estatua en memoria de la jornada 
del 12, y del triunfo de las armas de la República 
en La Victoria, es, sin duda, el más alto de los ho- 
nores que llega á conseguir un mortal; mis servicios 
aún no han pasado la raya de los deberes que me 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL ¡OSÉ FÉLIX RIBAS 169 

impone la Naturaleza y mi patria, y sin engañarme 
no podría concebir otra cosa. En Venezuela no hay 
otro que merezca esta recompensa que el general 
Libertador; á él es á quien la patria le debe su res- 
cate, y el único á quien deben tributársele los altos 
honores; él es quien dirige la nave del Estado, el 
que dispone y organiza los ejércitos, y él, en fin, el 
que ha libertado á Venezuela. 

„U. S. creen que yo he contraído algún mérito, y 
si mis servicios merecen la aprobación de mis con- 
ciudadanos, yo los intereso todos y los presento á la 
consideración de U. S., sin otro objeto que para 
suplicarles se sirvan concederles estos honores ex- 
clusivamente al general Libertador, teniendo yo por 
bastante recompensa el recuerdo y demostraciones 
que se han hecho á mi persona. 

„La sangre de los caraqueños derramada en La 
Victoria y la protección visible de María Santísima 
de la Concepción, fueron los que salvaron la patria 
en aquel memorable día; yo suplico encarecidamen- 
te á U. S. que todo el premio que había de asig- 
nárseme recaiga en beneficio de tantas viudas y 
huérfanos, que justamente merecen el recurso de la 
Patria; y espero de la Municipalidad marque este 
día para bendecir á la Madre de Dios, con el título 
de la Concepción, jurándole una fiesta solemne 
anual en la S. 1. M., á que deben asistir todas las 
corporaciones, y exhortando á las demás ciudades y 
villas, para que en gratitud ejecuten lo mismo. 

„Yo protesto á U. S. que estos son mis únicos 



170 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

deseos; y que lleg^ándolos á conseguir, grabarían en 
mi pecho un eterno reconocimiento, y aseguro de 
la mejor fe, que no es la moderación que me hace 
explicar en estos términos, sino la justicia. 

;,Los mármoles y bronces no pueden jamás satis- 
facer el alma de un republicano; y sí la gratitud y 
recuerdo con que hoy me veo distinguido por los 
hijos de la ciudad más digna de ser libre. 

„La patria exige de mí aún mayores sacrificios; 
ella es atacada de sus enemigos, y yo, añadiendo á 
mi deber la gratitud para con este pueblo, ofrezco á 
este ilustre Cuerpo no envainar la espada hasta que 
no vea cerrado el templo de Jano. 

„Con el más alto respeto y consideración tengo 
al honor de ser vuestro conciudadano. — Caracas, 
18 de Febrero de 1814, 4.** y 2.°— JosÉ Félix 
Ribas." 

¡Pronto la adversidad emponzoñará esos senti- 
üiientos de Ribas hacia el Libertador! 



XXVIII 



El historiador tiene que trazar aquí dos cuadros 
paralelos, igualmente grandes y patéticos, pero tris- 
te el uno y sombrío, heroico el otro y de desespe- 
rados esfuerzos. Al lado de las batallas tiene que 
<;ontar la postración moral de todo un pueblo; al 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 171 

lado del ardor frenético que mil peligros inspiran, 
la desconfíanz?, el desaliento, el dolor que cunde y 
se dilata. Los que han hecho del crimen un medio 
de esforzar el alma, un bálsamo maravilloso que 
torna al cobarde en valiente, calumnian la naturale- 
za humana; debieran saber esos ignorantes culpables 
que nada enerva más. Si tras vulgares goces entra 
uno en su casa, triste y como lelo, ¡cuánto más el 
que ha buscado un placer execrable en la muerte y 
el dolorl El asesinato, se ha dicho, es un suicidio; 
pero un suicidio que se inspira á sí mismo el mal 
olor, el disgusto nauseabundo que se tiene por un 
cadáver. 

Después de los asesinatos del 12, 13 y 14 de Fe- 
brero, Caracas había caído en un estupor profundo, 
como si volviese de un largo y doloroso delirio. Los 
pasajeros se miraban fijamente, como idiotas, sin 
decirse una palabra: cabezas desmelenadas asoma- 
ban de cuando en cuando por entre los escombros; 
de entre las casas cerradas salían siniestros ruidos, 
como de desesperado llanto ó de amargas recon- 
venciones. La sangre había embriagado, y se dormía 
un sueño inquieto y lleno de fantasmas. Alguno tal 
vez cruzaba las calles, dándose golpes en el pecho y 
se deslizaba en la iglesias silenciosas. La imagen de 
la patria se había velado entre nubes de sangre, y 
los hombres buscaban consuelo ante el trono de la 
Divinidad. 

Historiadores insensatos han indicado que el ase- 
sinato condujo á la victoria, que después de las eje- 



172 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cuciones sangrientas, en la alternativa de vencer ó 
morir, el valor multiplicó sus prodigios, que los hé- 
roes del asesinato formaron la vanguardia de Ocu- 
mare, de San Mateo y Carabobo. Nada es más con- 
trario á la verdad. 

Los negros de Barlovento, capitaneados por Juan 
José Navarro (1), alzan el grito bárbaro: "Viva Fer- 
nando Vil." Apenas se habían reunido 150 de ellos, 
cuando corre á atacarlos al frente de 500 hombres 
el coronel Arismendi. Molinar era su segundo; man- 
daba Triano la Artillería. En el combate que se ve- 
rificó á orillas del Túy, á tres leguas de Cancagua, 
en la hacienda Moreno, el jefe republicano huyó 
vergonzosamente. En su paso por Cancagua ordena 
por bando se le presenten todos los hombres den- 
tro de media hora. Estaba ya en Guarenas cuando 
le llevan doce que no se habían presentado en el 
término prescripto: á todos los hizo matar á sablazos, 
sin escaparse otro que Santos Sojo, que aunque sin 
un brazo, logró vivir hasta ayer no más. "Colgó — 
dijo el cura de Guarenas, presbítero Miguel Peraza, 
de conocido republicanismo — á un catire alto en un 
palo en medio del río, á la entrada del pueblo; y por 
muchos días se vieron los gusanos caer de la cabeza 
al agua. A la salida, en el cerro Pan de azúcar, hizo 
colgar á un negro." 

La Gaceta de Caracas dijo en esta ocasión que 
Arismendi había castigado á los bandidos de Bar- 
lovento. 



(1) Joven bizarro, hijo de D. Siiverio Galarraga. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 173 

En la tarde del 14 descansaba Ribas de la pro- 
longada lucha, cuando, uno tras otro, le llegan par- 
tes que le llaman urgentemente á la capital. 

A su marcha contra La Victoria, Boves había orde- 
nado á Rósete que fuese á ocupar el Túy, amena- 
zando á Caracas, asediándola por hambre y distra- 
yendo las tropas de la República. Conducía aquel 
figonero soez una horda de esclavos rebeldes, espe- 
cie de fantasmas, medio desnudos, informes, segui- 
dos del incendio y del asesinato. Fueron escenas de 
inexplicable horror. La expresión profunda de Mira- 
beau: Dame un bruto y te daré un animal feroz, ue 
realizó, para desgracia de las indefensas poblaciones. 
Ninguna piedad, ninguna misericordia de parte de 
los negros, hechos crueles en el embrutecimiento 
de la esclavitud. Ruinas lamentables marcaban sus 
pasos: las riquezas que había creado su trabajo, su 
cólera las destruyó entre transportes de alegría sal- 
vaje. Por todas partes la desolación, el terror, el in- 
cendio, la muerte. 

Al odioso grito de "Viva Fernando Vil" se ade- 
lantan, llevando en las manos el puñal y la tea. La 
débil resistencia que les opone Ocumare les da 
pretexto para entrar en este pueblo á fuego y sangre, 
degollando en las casas, donde inmolan á la madre 
y al hijo; degollando en el templo, cuyas puertas 
rompen á hachazos, y de donde sacan en las puntas 
de las lanzas á los que creían haber hallado un asi- 
lo seguro. 

"Sobre 300 cadáveres — escribía el presbítero 



174 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Juan de Orta al señor provisor en 22 de Febrero 
desde Ocumare — de aquellas primeras personas de 
representación y adhesión á nuestra libertad cubren 
las calles, fosos y montes de su inmediación. El cla- 
mor de las viudas y de los huérfanos es tan gtneral 
como irremediable, pues todo el pueblo fué robado 
y saqueado hasta no dejar cosa alguna útil, necesa- 
ria al descanso, conservación y comodidad de la 
vida. El corazón menos sensible y cristiano no puede 
ver sin dolor el cuadro triste y pavoroso que dejó 
trazado la barbarie y rapacidad de unos hombres 
inauditos, y que serán el oprobio y degradación de 
la naturaleza racional. Pero no es esto sólo lo que 
asombra y horroriza: el santuario del Dios vivo fué 
violado con el mayor escándalo é impiedad. La san- 
gre de tres víctimas inocentes acogidas á su inmu- 
nidad sagrada riegan todo el pavimento; José Igna- 
cio Machillanda, en el coro; José Antonio Rolo, en 
medio de la nave principal, y Juan Díaz, en el altar 
mayor. Sus puertas, todas cerradas con cuatro sacer- 
dotes, que unidos á todo el sexo dirigían sus votos 
al Altísimo, fueron descerrajadas con hachas; y en- 
trando en él, hicieron otro tanto con las arcas que 
guardaban las vestiduras sagradas. Yo, entretanto, 
montado á caballo, con los óleos en la mano, ocurría 
á la salud espiritual; y puesto á la cabeza de las 
tropas, presidía su suerte y rogaba al Señor por la 
defensa de mi pueblo; así porque el jefe militar me 
lo ordenó, como porque siendo los defensores de la 
plaza la mayor parte de mis tiernas ovejas, no podía 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 175 

verlas con indiferencia y cobardía en peligro tan 
evidente. Fué herido el caballo con dos balas dis- 
tintas, y cayendo en tierra y viendo perdida la lid 
tomé el monte, donde me oculté once días, hasta que 
entraron otra vez nuestras tropas... Entre los bosques 
salvé todas las alhajas sagradas de oro y plata que 
con anticipación había ocultado." 

Caracas se estremeció: en medio de la miseria y 
e! hambre, la muerte venía á tocar á sus puertas^ 
traída por las feroces hordas. A Arismendi, coman- 
dante militar interino, le ocurre salir después de mil 
vacilaciones; las autoridades civiles le animan é 
instan; parte al fin en la noche del 14; pero al día si- 
guiente se sabe que permanece en el Valle, y á poco 
se desliza en la capital, para prepararla á la defensa; 
y acabar, decía, con los cómplices de Rósele... |Los 
supuestos cómplices de Rósete habían perecido! 

Pero Ribas llega con una parte de la columna de 
vencedores, y asegurados los corazones con su pre- 
sencia, corre hacia Rósete, que había llegado hasta 
San Francisco de Yare, donde se atrincheraba á prisa, 
temeroso del nuevo enemigo. Inútil le fué parape- 
tarse al pulpero ruin; cargó sobre él Ribas con im- 
petuosa cólera, y el asesino, perezoso y torpe, se es- 
capó difícilmente por en medio de los bosques, 
protegido por la noche. 

Se dice que al ver el pueblo de Ocumare cubierta 
de 300 cadáveres. Ribas escribió al Gobierno: 

''Los horrores que he presenciado en este pue- 
blo me hacen á un tiempo estremecer y jurar odia 



176 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

implacable á los españoles." El parte oficial del 22,' 
que tenemos á la vista, se limita á decir: "El sangui- 
nario Rósete no dio cuartel y 300 cadáveres cubren 
este desgraciado pueblo. El cielo justo castigará 
tantos crímenes." 

Por lo demás, el general Ribas pasa por las armas 
á cuantos prisioneros cayeron en sus manos. Dedi- 
cóse á volver á sus casas á las familias errantes y á 
consolarlas y protegerlas: '*EI señor comandante ge- 
neral, y jefe del ejército — decía el presbítero Orta 
en la nota citada — , las ha socorrido con notable 
piedad." 



XXIX 

A los catorce días, el 6 de Marzo (ya Ribas en Ca- 
racas), Rósete ocupa de nuevo á Ocumare, renovan- 
do los pasados horroresy proclamando la libertad de 
los esclavos y el saqueo y matanza de las poblacio- 
nes. Murieron á sus manos D. Diego Hurtado, doña 
Juana Aristeguieta y D. Pedro de la Vega, esposo 
de aquella insigne matrona, modelo de virtudes, am- 
paro y consuelo de nuestros juveniles años. Bien 
tarde, el 13, resolvió Arismendi salir á atacarlos al 
frente de 800 hombres. 

Poca confianza inspiraba á los patriotas, aun en la 
ansiedad de aquellos momentos; D. Vicente Sallas, 
fingiendo elogiarle, repetía á manera de fisga, im- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 177 

propia, por otra parte, en aquellas circunstancias, el 
discurso pronunciado en San Francisco por el rico 
pescador de Margarita: "Suidadanos: toiticos debe- 
mos ir á Ocumare. Ansina, ansina se ha de jacer. 
Hasta los flaires han de ir" (1). Iban jóvenes de diez 
y seis, hasta de trece años, contentos y entusiasma- 
dos bajo el fusil; Arismendi los llevaba al sacrificio; 
apenas se salvaron nueve; el fué el primero á po- 
nerse en cobre, dejando en poder de Rósete arma- 
mento, municiones y equipaje. En cinco horas re- 
corrió las diez y seis leguas que le separaban de la 
ciudad. 

Difícil le fué á Arismendi aplacar al general Ribas 
en la explosión de su cólera. Rehusa éste escuchar 
sus excusas, le aparta con desdén, y, enfermo, se- 
guido de un médico, se hace poner en un coi, y 
marcha rápidamente al encuentro de los bandidos, 
que habían avanzado hasta el Guayabo. Convenía á 
Rósete esperarle en la sabana, donde habría podido 
maniobrar su Caballería; pero el soñoliento monstruo 
se parapetó en el pueblo, é informado del hombre 
que iba á caer sobre él, pensó en la fuga mucho más 
que en el combate. Ribas comenzó por sorprender- 
los con la música que llevó de Caracas, cuyos ecos 
guerreros llevaron el terror á sus corazones. Las 
llamas que rodearon pronto á los bandidos en sus 
trincheras, los gritos de victoria que los ensordecían, 
las hábiles disposiciones del heroico jefe, el valor 
de la juventud, orgullosa bajo las órdenes del ven- 

(1) Gaceta de Caracas, núm. 50; lunes 18 de Marzo. 

12 



178 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cedor de La Victoria, pusieron en vergonzosa fuga 
á los hijos de la noche y del crimen. El coronel Ma- 
riano Montilla, persiguiendo á Rósete por el camino 
de los Pilones, se encontrará con la vanguardia del 
ejército de Oriente, que llega á tiempo al socorro de 
Bolívar. 

¿Quién era ese Rósete, vencedor de Arismendi? 
Un jefe digno de las turbas que guiaba, sin mandar- 
las. Rechoncho, de una blancura sucia, de andar 
convulsivo, coronábale una calva innoble; dos ojos 
desiguales y saltados acechaban desde sus sienes, y 
arrojaba de los abismos de su pestilente boca ame- 
nazas y blasfemias. El crimen abyecto había encon- 
trado su figura: el delirante, el bufón, el energú- 
meno, el ebrio tenía cóleras frenéticas y sanguina- 
rias; los cuervos le seguían por el olor... — [Triun- 
fante eso! No, el crimen no es el filtro que esfuerza 
y vigoriza, sino el veneno que emponzoña y mata... 



XXX 

Grato nos sería contar ahora la heroica y admira- 
ble defensa de San Mateo, en que desplegó Bolívar 
tanto talento como actividad y valor contra el infa- 
tigable Boves. Comprendió el Libertador, después 
del triunfo de La Victoria, que el feroz pirata lanza- 
ría otra vez sus huestes hacia cl camino de Caracas; 
y atento el ojo sobre el fresco valle de Aragua: "¿Veis 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 179 

— dijo — esos dos montes que dominan á San Mateo, 
las alturas que los coronan, el Ingenio en que esta- 
mos? Pues estas son las Termopilas de Venezuela." 
Con la rápida mirada propia de los grandes ca- 
pitanes, Bolívar había encontrado el punto donde se 
quebrantarían, impotentes, las huestes de Boves, re- 
gándolo vanamente con su sangre. Con la faz alum- 
brada por el fuego de los cañones, aquel hombre 
de corazón indomable, de músculos de acero, á 
quien destinaba el cielo para redimir á un mundo, 
antes de su desgracia en La Puerta, arrojó una luz 
divina que reflejará sobre los días amargos que le 
aguardan. 



XXXI 

En medio de los esfuerzos más gloriosos, ante los 
prodigios de Valencia defendida por el invencible 
Escalona, la patria se ahogaba en la sangre de la 
guerra á muerte, sin que el valor fuese parte á evi- 
tarlo. Repetidos triunfos, cantos de victoria, el sa- 
crificio de Ricaurte, igual al de Curcio y Decio, la 
muerte de mil héroes gloriosos, y la República lan- 
guidecía, expiraba!!! 

Es lo que nos enseñan documentos auténticos: 
D. Esteban Yanes escribía al gobernador político, 
doctor Cristóbal Mendoza, desde Los Teques, con 
fecha 13 de Diciembre del año 13: 



180 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

"A mi llegada á este pueblo, que fué el día de 
ayer, 12 del corriente, tuve la desgracia de obser- 
var cierta displicencia ó desagrado en sus vecinos, 
que me hizo entrar en confusión; pero apenas el ve- 
nerable cura, después del Evangelio, leyó la gaceta 
extraordinaria que anuncia el detalle de la absoluta 
y completa destrucción de nuestros enemigos en 
Acarigua, cuando vine en conocimiento del motivo 
de la tristeza de este pueblo y su dolor; mas para 
asegurar con más solidez el juicio que inmediata- 
mente formé, pasé yo mismo, después de haber sa- 
lido de la iglesia, á publicar la misma gaceta, con- 
vocando al pueblo al son de tambor batiente. De 
esta solemne publicación se siguió la confirmación 
del juicio referido, que es la ninguna adhesión, ó 
más bien la enemiga oposición á nuestro actual go- 
bierno, que como en su propio trono reina en to- 
dos los habitantes de esta mi infortunada tenencia. 
„V. E., atendiendo á que me encuentro sin auxi- 
lios para obrar en los lances que ya empiezan á pre- 
sentárseme, y á que estoy expuesto sin esperanza 
alguna de remediar el mal en la actual situación en 
que me hallo, sin hombres adictos al sistema, sin 
armas capaces de hacerme respetar y en el centro 
de tantos enemigos, se ha de servir U.S., ó auxiliar- 
me con la correspondiente fuerza para obrar, ó re- 
moverme de este encargo, pues mi decidido patrio- 
tismo, más claro aún que la luz del medio día, creo 
no es un delito que haya atraído sobre mí un anate- 
ma tal como el de condenarme á una muerte civil, 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 181 

viviendo entre estas bestias, y ai evidentísimo peli- 
gro de muerte natural, viviendo indefenso entre 
tantos enemigos. 

„Los montes que rodean este mísero pueblo son, 
sin duda, la guarida de los criminales canarios y 
europeos que se han escapado á las celosas diligen- 
cias del Gobierno. Con ellos se comunican estas 
gentes, y en su compañía viven algunos criollos de 
este pueblo, de los más enemigos de la causa. Segu- 
ramente que para aprehenderlos es indispensable 
el socorro de la gente armada que he pedido" (1). 

Y á pocos días Yanes desaparece de Los Teques; 
acompañado de más de 400 de los mismos vecinos 
que denuncia, se presenta á Boves y le acompaña 
hasta su entrada en Caracas. 

El comandante Blas Paz del Castillo dice en 6 de 
Febrero al general Ribas: 

"Cuando llegué á este pueblo á encargarme de la 



(1) Tomamos estos datos de la historia, inédita, del doc- 
tor Francisco J. Yanes. ¡Cuántos tesoros! ¡Cuántos hechos glo- 
riosos encerrados en esas páginas! Ordenó el escritor patrio 
que no se publicase su obra hasta diez años después de su 
muerte; y hace veintitrés que falleció, sin que haya visto la luz 
pública. Varios gobiernos han tratado de publicarla; pero ellos 
han tenido siempre otra cosa que hacer, si no más útil, más 
lucrativa. La Dictadura lo emprendió en su última época; pero, 
¿qué habría ganado la nación con que se hubiese desfigurado 
la campaña de Apure, tan fecunda en gloria y crímenes, á que 
asistió con la pluma y la espada el imparcial narrador? ¿Cuán- 
do vendrá un Gobierno amigo de nuestra gloria literaria, que 
reviva los pasados hechos, se ponga al frente de las nobles em- 
presas, y le dé á la América del Sur la verdadera historia de 
sus antepasados? 



182 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Comandancia, fué mi primer objeto observar sus ha- 
bitantes, para por sus operaciones formar mi modo 
de conducirme y dar parte á V. E. de la coiiducta 
que observase en ellos, como, en efecto, lo hago 
ahora, diciendo que este vecindario no tiene opi- 
nión ni sistema, y además son tan enemigos de que 
los ocupen en algún servicio, que se están meses 
enteros, según informes, sin venir al pueblo; se les 
cita para patrulla ó postas, y están enfermos, ó se 
les olvida la citación: bien que á mí no me ha suce- 
dido, pues estoy seguro que si yo los citase habían 
de venir, ó rae haría obedecer; pero aún no estoy 
en ejercicio de mis funciones, porque aunque he 
pedido á la Justicia las listas ó padrón del pueblo, 
no lo he conseguido, y últimamente le he pasado 
oficio para que me presente el sábado 1.° del pró- 
ximo Enero en la plaza todos los hombres, y creo 
firmemente no se verificará, por lo que consulto á 
V. E. qué medios tomaré, que aunque yo no los 
ignore, quiero que sea con acuerdo de V. E., como 
jefe principal. Los vecinos que se pueden contar 
patriotas no pasan de veinte, y los demás, en mi 
concepto, son indiferentes, y algunos realistas 
ocultos. 

«Ayer sucedió que para una muía que necesitaba 
el ciudadano capitán Ruperto Delgado, para seguir 
su destino, fué preciso andar todo el pueblo, hasta 
que después de mil preámbulos se consiguió una, 
porque todos los más las ocultaban. 

„Yo no cumpliría con mi deber si no hiciese á 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 183 

V. E. presente lo que llevo expuesto, para su cono- 
cimiento." 

Con fecha 9 de Abril de 1814 dice el secretario 
Muñoz Tébar, desde Valencia, al general en jefe de 
los ejércitos nacionales: 

"Excelentísimo señor: Por un parte que da al co- 
mandante de la vanguardia del ejército de Oriente, 
coronel Leandro Palacio, con fecha 7 del corriente, 
ha llegado á noticia del Libertador habérsele de- 
sertado de los batallones de su mando. Valencia y 
Barlovento, cerca de 200 hombres, y dispone haga 
V. E. solicitarlos en esa ciudad y pueblos circunve- 
cinos, y luego que sean aprehendidos, sean pasados 
por las armas." 

Poco antes, desde San Mateo, el 24 de Marzo ha- 
bía dicho al general Ribas: "Ha recibido S. E. el 
ofício de U. S. del 20 con las proclamas que inclu- 
ye y se encontraron en la correspondencia de Ró- 
sete, por las que U. S. viene en conocimiento, que 
tanto de este cuartel general como de Caracas, re- 
cibe Boves frecuentes y exactos informes de cuanto 
pasa entre nosotros." 

Habíase ejecutado ya el asesinato general de es- 
pañoles y canarios. 

Detengámonos á estudiar la época y los hechos, 
para explicarlos. 



184 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XXXII 

Desde Febrero del año de 14 aparece el Gobier- 
no como un enfermo que se arrastra con dificultad, 
pronto siempre á caer bajo el peso de sus vicios y 
faltas, consumido, en medio de su juventud, de ese 
mal que no ataca sino á los viejos gobiernos, espe- 
cie de debilidad general, de consunción senil, que 
no era realmente sino la imposibilidad de ser. Po- 
seía la soberanía absoluta, usaba á su antojo del de- 
recho de vida y muerte sin traba ni escrúpulos, 
como que había roto las barreras que las leyes y 
las costumbres oponían antes á los abusos, y á ve- 
ces hasta el uso del Poder. La imprenta era su eco 
humilde; poder ninguno velaba para contenerle ó 
dirigirle. 

Los magistrados, sin embargo, ocupaban el Go- 
bierno y no gobernaban: se agitaban con violencia 
y herían, única señal de vida, pero sin regularizar la 
administración, ni ordenar las finanzas, ni dar espe- 
ranza de bien alguno al país. Era la anarquía tem- 
plada por la violencia. A nadie se le antojó nunca 
que fuese el Gobierno establecido, y los partidos 
que luchaban á su alrededor guardaron sus proyec- 
tos, sus odios sobre todo. 

El Gobierno mismo era un partido inquieto y vio- 
lento, odiado por sus excesos, escarnecido en me- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RfBAS 185 

dio de SUS crímenes. Rodeábanlo revolucionarios de 
segundo orden, que miraban lo presente como su 
negocio y su seguridad, y que no aspiraban, en su 
mayor parte, sino á la dominación y á los goces que 
proporciona. Tronaban á cada instante, para que 
temblasen todos á su alrededor; pero los últimos 
exceses los habían agotado, debilitando por todas 
partes el prestigio de sus furores. Caracas misma, 
poderoso foco de la revolución, se había enervado, 
y como que no le quedaba ya ni ese asombro, ni 
esa reprobación viva, que había sido su veto, contra 
leyes inicuas y crueles; bien que esa misma indife- 
rencia, junto con los antiguos hábitos, que nunca 
perecen del todo, oponían á la tiranía una resisten- 
cia suave, casi invencible, por su misma molicie. 

Cuando el cadalso dejó de funcionar diariamen- 
te, el Gobierno pareció ocioso y como inútil. Era 
necesidad urgente la de soldados, y los hombres 
que no habían muerto se ocultaban con impunidad 
ó huían; la gu2rra reclamaba recursos, y el fruto de 
tantas expoliaciones se había consumido vanamente. 

Sin contar con la guerra, que lo desorganizaba 
todo, un desfallecimiento general cundió por la Ad- 
ministración: al lado del Gobierno, sin rebelarse na- 
die, ninguno obedeció; había cesado desde largo 
tiempo la seguridad de los bienes y la seguridad de 
las personas. Con las industrias, que habían pereci- 
do, el impuesto, que entraba mal, dejó de entrar en- 
teramente. Ningún arte, ningún taller abierto. jRe- 
flexión vergonzosa! "Cuatrocientas setenta y cuatro 



186 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

fábricas existían el 3 de Agosto de 1813, y en los 
once meses y siete días del Gobierno republicano, 
sólo se levantó la casa del general Ribas" (1). No 
se oía sino el estrépito de las armas: comisiones y 
espías por todas partes; en medio de las calles ha- 
ces de picas y soldados, que detenían al pasajero: 
"Ciudadano, tome usted una lanza"; y no había 
medio de evitarlo. Sin servicio, una anciana enfer- 
ma piensa no habrá peligro en enviar á un niño de 
doce años por un remedio, á corta distancia de su 
casa; se le reclutó de paso, y la madre no volvió á 
verle hasta después de diez y siete años; era el her- 
mano del secretario de Estado de Bolívar, Juan An- 
tonio Muñoz Tébar, vuelto al seno de su familia el 
año de 31. 

Añádase que los medios de que se valían los go- 
bernantes para reprimir el desorden, eran tan crueles 
como ineficaces: para toda falta, la pena de muerte. 
Contra la violación del domicilio, contra la perse- 
cución de los que no querían servir, alzáronse nu- 
merosas partidas que obraban por su cuenta, obs- 
truían los caminos y empeoraban la situación. 

Debemos observar también que nuestra revolu- 
ción había sido en su principio, y, sobre todo, el 
culto de una idea: eran sus defensores los pocos 
hombres que bajo el Gobierno español habían lo- 
grado adquirir algunas luces; el pueblo los seguía 
por amor á la novedad y por las pompas y fiestas 
de sus primeros días. Mas á la larga, esos mismos 

(1) Morning Chronicla, 6 de Noviembre de 1815. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 187 

amigos se habían retirado descontentos, desabridos, 
no tanto por las faltas y crímenes cometidos en el 
ardor de las creencias y pasiones, como por el des- 
precio en que caen esas creencias, con los desenga- 
ños, el desencanto y la fatiga. Los que amaron apa- 
sionadamente la libertad en 1810 y 1811, ya no la 
amaban así en 1814. Después de haberle prestado 
imaginarios encantos, sólo veían sus ojos desgracias 
y peligros. La República había venido á ser una 
servidumbre llena de agitaciones. Todo se había 
cambiado; se había herido el corazón y la concien- 
cia: ni costumbres ni sentimientos habían escapado 
á la tiranía. 



XXXIII 

Había, es verdad, almas generosas y magnánimas 
que seguían en su culto á la revolución, por en me- 
dio de sus errores y extravíos. Había corazones im- 
pávidos, que, cuando nadie esperaba, osaron espe- 
rar. Hubo jóvenes que dieron su vida en flor por la 
Patria, tanto más adorada cuanto más infeliz, y pa- 
dres que bendecían la sangre vertida por sus hijos 
en defensa de la libertad. Hubo almas esforzadas, 
vivísima fe, sangre ofrecida generosamente, coronas 
de alabanzas, lágrimas que bañaron los sepulcros. 
Con todos esos errores y sus crímenes, es preciso 
volver los ojos á esa época, si se quieren inspiracio- 
nes de amor patrio, de ardor guerrero y de heroi- 



188 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

eos sacrificios. En la acción de los Horcones es he- 
rido un niño de catorce años, el menor de los Pico- 
nes, que languidece después unos días y muere. 
Bolívar envía á su padre el Boletín Oficial y un ofi- 
cio lleno de demostraciones de dolor. He aquí la 
respuesta de D. Antonio Picón: 

"Mi muy venerado jefe, dueño y señor: Al leer el 
oficio de U. S., de 25 de Julio, que acompaña el 
Boletín que V. E. se sirve incluirme, han salido de 
mis ojos tiernas láorrimas, no sé si de dolor ó de ale- 
gría. La pérdida de un hijo que podía ser la espe- 
ranza y el apoyo de una familia desgraciada, y la 
libertad de la patria, en cuyas aras se ha sacrifica- 
do, han excitado en mi corazón afectos bien dife- 
rentes. Pero el amor de esta patria querida ha triun- 
fado del amor paterno, y he inmolado los sentimien- 
tos de la naturaleza al precioso rescate de Vene- 
zuela. 

„Los consuelos con que V. E. se digna atemperar 
mi dolor, han producido, sin duda, todo su efecto. 
Yo no lloraré una muerte que ha contribuido á la 
libertad de Venezuela, y ojalá que la sangre del jo- 
ven militar derramada, pero no perdida, en la cara- 
paña, aliente á sus hermanos y mis hijos á marchar 
sobre sus huellas en el campo del honor. 

«Aprecio como debo las gratulaciones que V.S. se 
sirve darme; conservaré siempre en mi memoria este 
rasgo de su noble alma, y contaré por una dicha que 
mis hijos militen á las órdenes de tan digno jefe. 
Dios guarde á V. S. muchos años. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 189 

„Mér¡da de Venezuela, 15 de Agosto de 1813. — 
Tercero y primero." 

El 28 de Febrero muere otro Picón, de diez y 
seis años de edad: "El ciudadano Jaime Picón, ca- 
pitán de! invicto batallón de Barlovento — decía Mu- 
ñoz Tcbar, para honrar su memoria — , después de 
haber acreditado su brío en la mayor parte de las 
acciones de Venezuela, en las cuales se ha hallado 
cuando era el objeto de las más lisonjeras esperan- 
zas, fué herido gravemente el 28 de Febrero en las 
alturas del Calvatio de San Mateo, y murió á los 
pocos días. No pasaba de la edad de diez y seis 
años; nació en Mérida. Era hermano político del 
denodado Elias (Campo-Elias), y hermano del otro 
Picón aún más pequeño, que recibió un balazo en 
la batalla de los Horcones." — El generoso padre con- 
testaba desde Mérida: "Doy gracias á Dios porque 
mis hijos han derramado su sangre por la Patria." 

La voz del ilustre escritor se entristecía más y 
más, lamentando las víctimas de la guerra: "El ciu- 
dadano Rafael Quintero, ayudante del batallón de 
Valencia, oficial de un celo y actividad extraordina- 
ria, y poseído de aquel fervoroso patriotismo, que 
se difunde y va á animar aun á los más indiferentes, 
fué el primer oficial que por su audacia murió en la 
acción de 28 de Febrero; era natural de Caracas. 

„E1 teniente ciudadano Rodríguez, natural de Va- 
lencia, y del batallón de esta ciudad, fué herido en 
la acción parcial del 8 de Marzo, atacando las posi- 
ciones del enemio-Q en las alturas al Mediodía de 



190 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

San Mateo. Ha muerto, y su pérdida nos ha privado 
de uno de los más valerosos ofíciales, notable sobre 
todo por el constante sufrimiento en las incomodi- 
dades y peligros de^la campaña, que es[la excelente 
cualidad de los bravos valencianos. 

„E1 ciudadano Pedro Navarrete, subteniente de 
Artillería, con un valor inalterable, que se hacía co- 
nocer más por el acierto de sus tiros, servía su ca- 
ñón el 28 de Febrero en las alturas del Calvario de 
San Mateo, causando al enemigfo el horrible estrag^o 
que le había hecho el 12 en La Victoria, y con que 
llamaba en todos los combates la atención de los 
jefes y del ejército. El 28, después de tres horas de 
fuego, recibió dos balazos, y murió á los dos días. 

„E1 ciudadano Pedro Buroz, subteniente del ba- 
tallón de Valerosos Cazadores, el cuarto de los jó- 
venes Buroces que han perecido generosamente de- 
fendiendo la libertad de su patria: Lorenzo, el 12 de 
Agosto de 1811, batiendo las tropas sublevadas de 
Valencia; Vicente, el 10 de Noviembre de 1813, en 
Barquisimeto, muerto ó hecho prisionero; Venancio, 
el 5 del mes siguiente. Diciembre, muerto en la van- 
guardia de los Valerosos Cazadores en Araure, y 
Pedro, el 27 de Febrero último, acometiendo al 
enemigo en las alturas al Mediodía de San Mateo. 
Pedro, que aún no tenía la edad de quince años, 
empezó á llevar las armas desde el mes de Mayo de 
1812, y á los pocos días fué herido y llevado prisio- 
nero á Valencia, donde á pesar de su tierna edad de 
trece años, fué tratado con el rigor que los españo- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 191 

les ejercen contra todos los americanos. Ni la suerte 
de los tres hermanos que le precedieron con una 
muerte gloriosa en el campo del honor, ni el fatal 
augurio que podía sacarse de aquí sobre el inevita- 
ble destino de los Buroces en la guerra, fueron ca- 
paces de desalentar al valeroso Pedro. La oposición 
misma que elevaron las autoridades públicas para 
impedir que marchase últimamente contra el ene- 
migo, excitó más su noble ardor marcial, y aprove- 
chó la salida de Caracas del benemérito general 
Ribas, para volar á San Mateo á buscar la gloria, y 
vengar la sangre de sus hermanos, á quienes fué in- 
mediatamente á acompañar en la tumba, para vivir 
en la posteridad, sin que el tiempo ni las vicisitudes 
puedan borrar el nombre ilustre de todos ellos^ 
Mientras el fuego de la libertad abrase los corazo- 
nes americanos, no se recordará sin un sentimiento 
de entusiasmo y veneración la corta, pero heroica,, 
historia de los Buroces. Su nombre, memorable en 
los anales de la virtud, ha conseguido la inmortali- 
dad, y la serie de triunfos célebres que han resca- 
tado á tantos pueblos de la tiranía, será preservada 
del olvido,junto con el indeleble nombre de Buroz." 
— Tres meses más, y tú también caerás, ¡oh Tébar!, 
sin que una voz amiga honre tu nombre y eternice 
tu memoria (1). 

(1) Omitimos los elogios que consagró al coronel Vicente 
Campo-Elias, porque nos repugna ese español feroz, que asesi- 
nó á su padrino después de haberse holgado á su mesa, y que 
aparece en la Historia bañado en la sangre de españoles y ame- 
ricanos. 



192 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

"Venezolanos — decía desde San Mateo el 24 de 
Marzo de 1814 — : Cuatrocientos (1) soldados de la 
Nueva Granada, en menos de dos meses rompieron 
las cadenas que el pérfido Monteverde os puso; un 
puñado de venezolanos arrolló en Maturín sus nu- 
merosos batallones. El ejército libertador de Vene- 
zuela ha destruido las tropas de Salomón en Bárbu- 
la, las Trincheras y Vigirima; con la sola batalla de 
Araure ha reconquistado el Occidente de Caracas 
y sus provincias. La suerte de los Llanos se había de- 
cidido en Mosquitero. Pero sucesos inesperados y 
funestos nos han privado de los Llanos y del Occi- 
dente, sin que los enemigos hayan triunfado más que 
de Aldao y Campo-Elias. De resto, si hemos aban- 
donado territorios, ha sido venciendo siempre, sal- 
vando el honor y las armas de la República. Nada 
ha tomado el enemigo por la fuerza. La incomunica- 
'Ción en que han puesto á nuestros ejércitos las par- 
tidas de bandidos que cubren las inmensas provin- 
cias que ocupábamos, ha reducido á nuestras tropas 
-á carecer de municiones, de alimentos y de noticias. 
Han logrado los bandidos lo que ejércitos discipli- 
nados no habían obtenido. 

„Estos infortunios no deben intimidaros, venezo- 
lanos, pues tenéis soldados impertérritos que saben 
vencer por la libertad ó morir en el campo, antes 
que entregaros al furor de los monstruos que vienen 



(1) Es admirable; de las veintisiete proclamas de Bolívar 
en los años 13 y 14, la América sólo ha leído ocho; publicamos 
la del 24 de Marzo, para conocimiento de nuestros lectores . 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 193 

á destruiros, porque sois americanos, porque sois 
libres, porque sois hombres y no esclavos. Confiad 
en nuestros defensores, y vuestra confianza no será 
burlada. Yo os lo protesto por ios manes sagrados 
de Girardot, Rivas Dávila, Villapol y Campo-Eiías, 
vencedores en Bárbula, La Victoria y San Mateo. 
Qué, ¿podréis olvidar que quedan aún á la Repúbli- 
ca los invencibles de Occidente, los destructores de 
Boves y los héroes de Oriente, tres ejércitos capa- 
ces, ellos solos, de libertar á la América entera si la 
América entera estuviese sometida al sanguinario 
imperio español? 

jyVenezolanos, no temáis á las bandas de asesinos 
que infestan vuestras comarcas, y son los únicos que 
atacan vuestra libertad y gloria; pues el Dios de los 
ejércitos concede siempre el triunfo á los que com- 
baten por la justicia, y jamás protege largo tiempo á 
los opresores de la Humanidad. Así todos los pue- 
blos del mundo que han lidiado por la libertad han 
exterminado al fin á sus tiranos." 



XXXIV 

Tornemos, empero, á nuestro triste objeto y con- 
tinuemos las dolorosas observaciones. 

Nada debilita más el espíritu ni lleva tanto á pen- 
samientos de abatimiento y transacción, como la mi- 
seria y ci hambre; y desde la entrada de Bolívar, 

i3 



194 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

ésta atormentaba cruelmente á la población. Para 
Febrero fué preciso que Caracas mendigase soco- 
rros de las provincias orientales. Prontamente, y con 
liberal mano, se los enviaron abundantes Cumaná 
y Barcelona. Margarita quiso distinguirse entre las 
otras, y despachó tres lanchas cargadas de víveres y 
de oficiales y tropa, que reforzasen el ejército. Las 
margariteñas mandaron quinientas gallinas para los 
eridos en La Victoria y San Mateo (1); ¡el cielo las 
premió, haciendo de ellas las espartanas de América! 

Creía el pueblo que estaba la justicia donde esta- 
ba la abundancia, y corrió en bandadas á aumentar 
el ejército realista. Aún tenía otras razones que de- 
bemos considerar; la revolución debió parecer en 
ocasiones una secta de audaces pensadores; la ser- 
vían las inteligencias más distinguidas, los persona- 
jes más notables. Y luego formaban su base y la di- 
rigían los que, bajo el nombre de mantuanos, repre- 
sentaban la jerarquía, la propiedad y la opinión. 
Dueños de grandes propiedades en la extensión de 
la República, su autoridad pesaba á lo lejos, la de 
los más célebres sobre todo, como la de Bolívar y 
Ribas, respetados y temidos en sus posesiones y á 
su alrededor. El mando político de los que eran sus 
señores naturales no era para el pueblo la libertad» 
sino una argolla más añadida á ía cadena. La oposi- 
ción parecía entonces la independencia, y constitu- 
yó una bandera, de libertad negativa, que se unió á 
las banderas realistas. 

(1) Gaceta de Caracas, 21 de Marzo de 1814, núm. 51. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 195 

Se le había convidado á la libertad, mas con te- 
mores y recelos; hemos visto que los Ribas fueron 
acusados y proscriptos por ello el año mismo de la 
revolución. Cuando Miranda publicó en 1812 la ley 
marcial, llamando los esclavos á las armas, los po- 
cos que entraron desertaron después hacia el campo 
enemigo. Prefirieron las mismas promesas hechas 
por los caudillos de la opresión. Y no es que no 
amasen su libertad, sino que la creían una red ofre- 
cida por los que habían sido sus señores, y la pre- 
ferían recibida de isleño popular, que se rozaba con 
ellos, y vivía entre ellos, y con ellos trabajaba la tie- 
rra; ó del español perseguido, complaciente y hu- 
milde, por temor y gratitud. — ¿O será más bien que 
existe una ley irrisoria que hace que los esfuerzos 
del bien lleven al triunfo de la iniquidad y del mal? 

Hay, por otra parte, en toda sociedad un orden 
aparente lleno de ilusión y engaño. Al verla tranqui- 
la, organizados los hombres, funcionando los ma- 
gistrados, nos preguntamos, con sonrisa, de dónde 
podría salir la violencia y la anarquía. Y nada es 
más fácil que evocarla; porque hay en el fondo de 
toda sociedad un depósito inmenso de vándalos, hu- 
nos y godos, y no es preciso sino escarbar un poco 
para traerlos á la superficie. Figuraban en la revolu- 
ción los Ibarras, y D. Pedro Juan de Ibarra, armado 
de sus ordenanzas, había sido el terror de los Lla- 
nos. Resonaban los nombres de Bolívar y Ribas, y 
se dilataba en las medrosas poblaciones la fama de 
estas razas duras y poderosas. 



196 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Ello es cierto que Bolívar no tuvo nunca en los 
años que recorremos más de lO.COO soldados, y que 
Boves y los jefes realistas disponían de todos los 
hombres del país. 

Los soldados del pirata asturiano le llamaban el 
Taita, en muestra de respeto y amor, y él vivía con 
y como ellos, dándoles ejemplos de valor y practi- 
cando la ig^ualdad. Se dice que el año de 13 osó 
proponerle á Cajigal mismo la libertad de los escla- 
vos. Sólo consta que á fines del mismo año las Cor- 
tes expidieron un decreto sobre la materia, que Bo- 
ves hizo publicar en 1814 en la Gaceta de Caracas. 
Copiamos á continuación el decreto de las Cortes 
5fenerales y extraordinarias: 

"Deseando las Cortes generales y extraordinarias 
facilitar á los subditos españoles, y que por cual- 
•quier línea traigan su origen de África, el estudio de 
las ciencias y el acceso á la carrera eclesiástica, á 
fin de que lleguen á ser cada vez más útiles al Esta- 
<io, han resuelto habilitar, como por el presente de- 
creto habilitan, á los subditos españoles que por 
cualquiera línea traen su origen del África, para que, 
estando, por otra parte, dotados de prendas reco- 
mendables, puedan ser admitidos á las matrículas y 
grados de las universidades, ser alumnos de los se- 
minarios, tomar el hábito de las comunidades reli- 
giosas y recibir las órdenes sagradas, siempre que 
concurran en ellos los demás requisitos y circuns- 
tancias que requieran los cánones, las diferentes 
corporaciones en que pretendan ser admitidos, pues 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 197 

por el presente decreto sólo se entienden deroga- 
das las leyes ó estatutos particulares que se opon- 
gan á la habilitación que ahora se concede. — Lo ten- 
drá entendido la Regencia del Reino para su cum- 
plimiento, y así lo hará imprimir, publicar y cir- 
cular. 

„Dado en Cádiz á 29 de Diciembre de 1813. — 
Antonio Payan, presidente.— José Antonio Som- 
BiELA, diputado secretario.— José M. Gutiérrez de 
Terán, diputado secretario. — A la Regencia del 
Reino." 

Sobre las trabas del decreto pasaba Boves al ga- 
lope de sus caballos. 

Por lo que hemos dicho se colegirá la oposición 
que debió haber entre la patria de esos tiempos y 
el pueblo, y se sabrá de dónde provino una parte 
del odio contra la revolución y el furor con que se 
cebaban en los prisioneros de familias distinguidas. 
Numerosos fueron los que perecieron en la guerra 
por llevar el apellido Briceño; veinticuatro Ribas 
murieron en veintidós meses. La familia Tovar fué 
una hecatombe de víctimas; el último conde derra- 
mó su sangre en Barquisimeto para borrar su título^ 
perecieron cuatro hijos de doña Catalina Tovar, y 
pereció Florencio Tovar, el hijo mayor del célebí-e 
D. Martin Tovar. ¡Cuántos Torosl ¡Cuántos de la 
ilustre familia de los Silvas! Los Herreras, los Iba- 
rras, los Escalonas, esos Ustáriz, honor y gloria de 
la revolución... Su historia es un martirologio. 



198 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XXXV 



Imputan á los curas el realismo del pueblo algu- 
nos historiadores superficiales, olvidando que si el 
alto clero permaneció adicto al rey, los curas fueron, 
en su mayor parte, amigos decididos de la Patria. 
Morillo, descontento, pedía capuchinos á España, y 
por todas partes combatió contra las autoridades 
eclesiásticas, arrebatándoles el juicio sus depen- 
dientes. 

{Contradicción que no alcanza á explicar la His- 
toria! Léase la orden siguiente de Moxó: 

'*Sr. Br. Jhp. Antonio Rolo, capellán de la casa de 
ejercicios. 

„El señor capitán general, en oficio de ayer, que 
me comunica hoy, rae ináerta el decreto siguiente: 
*Caracas,10 de Julio de 1816. — Pásese oficio al muy 
reverendo señor arzobispo de esta arquidiócesis, 
para que ponga en la casa de ejercicios, á disposi- 
ción del Consejo de Guerra permanente al reve- 
rendo presbítero fray Joscph María de Málaga, pre- 
fecto de las misiones de capuchinos, y remítase este 
oficio á aquel tribunal, para que proceda á formarle 
causa sobre su contenido. — Moxó." 

«Comunicólo á V. M. para su inteligencia y cum- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 199 

plimiento, estando en la de que hoy lo comunico 
también al dicho reverendo presbítero prefecto. 
Dios guarde á V. M. muchos años. — Caracas, 11 
de Julio de IÓI6. — Narciso, arzobispo de Cara- 
cas." 



XXXVI 

De intento hemos dejado de hablar de un nuevo 
Poder que nació entonces, tímido, incierto, tan- 
teando en los desiertos de un mundo que debía 
llenar de sus turbaciones: hablamos de la imprenta. 
Ese poder, superior al de los oradores antiguos, 
desordenado, múltiplo é incoherente, que todo lo 
toca con sus innumerables brazos, que todo lo ve 
con su millón de ojos, que va á la luz por en medio 
del caos, y á la armonía por la confusión, tuvo na- 
cimiento en los años fecundos que precedieron á la 
revolución. 

La Gaceta de Caracas principió, en efecto, en 24 
de Octubre de 1808, bajo la dirección de D. Mateo 
Gallagher y D. Jaime Lamb, siendo gobernador y 
capitán general D. Juan de Casas, é intendente don 
Juan Vicente de Arce (1). Nadie habría adivinado 
en su cuna su futuro destino de tempestades y bo- 
rrascas. En el primer número se insertan copias de 
cartas del capitán general de Cuba, de 22 de Julio; 
(1) Se estableció en una casa de la calle de Carabobo. 



200 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

del virrey de la Nueva Granada, de 7 de Septiem- 
bre, y del de Cartagena de Indias, de 10 de Agosto, 
sobre el pronunciamiento espontáneo de todos los 
habitantes de Bogotá en favor de Fernando VII, y 
contra el tirano Napoleón. Se anuncia en el nú- 
mero 27 la remisión á España, en calidad de dona- 
tivo, de los 19.050 pesos que se habían recogido 
en Caracas para premiar al que entregase la cabeza 
de Miranda. 

En el número 40, de 17 de Mayo de 1809, se avi- 
sa el arribo á La Guaira del señor capitán general 
de las provincias de Venezuela, brigadier D. Vicen- 
te Emparan, de D. Vicente Bazadre y de los coro- 
neles D. Agustín García y D. Fernando del Toro, 
en los navios de S. M. el Leandro y San Ramón. 
En el número 41 se lee la Real orden de la Junta 
Central, de 22 de Marzo, en que da gracias al Ca- 
bildo de Caracas y al marqués del Toro por sus de- 
mostraciones de lealtad en la invasión de Miranda. 
El número 78 llora sentidamente la muerte del mar- 
qués de Ustáriz, en Sevilla, acaecida en 27 de Sep- 
tiembre de 1809. La Junta Central da gracias á Ca- 
racas (número 84) por los 2.955.400 pesos duros 
recogidos en doce días y enviados al socorro de 
España. En el número 93, de 13 de Abril, .se lee 
un manifiesto del mariscal de campo D. Vicente 
Emparan, convidando á la confianza al pueblo ca- 
raqueño. La Gaceta del 20 de Abril anunció la re- 
volución. 

Los que conozcan menos aquellos tiempos, ima- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 201 

ginarán que con la revolución del 19 de Abril 
hubo una erupción infinita de periódicos mensuales 
y semanales, de diarios, de escritos de toda espe- 
cie, moderados ó violentos, serios ó sarcásticos» 
bien ó mal escritos, destilando ponzoña ó antído- 
tos, distribuyendo injurias ó vengándolas, sirviendo 
al error ó á la verdad, eco de todas las pasiones^^ 
arrojando la luz del rayo sobre todas las cuestiones, 
reuniendo en sí todos los ruidos, todas las quejas, 
lodos los rugidos del corazón humano. En aquel 
tiempo, y es lo que lo califica, nadie estaba impa- 
ciente de pensar ni de escribir, contentos todos y 
satisfechos con el agradable hallazgo de una liber- 
tad inesperada. 

Si alguno iba más allá, apartándose de la impre- 
visión común, ocultábalo con celo, acechando más 
bien que aguardando la ocasión del tiempo y de las 
circunstancias. Los que ocuparon primero la tribu- 
na de la Prensa, aunque sin experiencia en las re- 
vueltas, eran hombres moderados y prudentes y 
hasta tímidos, enemigos de papeles tumultuosos y 
de escándalo, el doctor D. Juan Germán Roscio, el 
doctor D. Miguel José Sanz, y á poco la bellísima 
figura de Antonio Muñoz Tébar y la de su ami- 
go Vicente Salías. La primera discusión animada y 
violenta nació en el único cuerpo pensador de aque- 
llos días, con ocasión de un escrito sobre tolerancia 
religiosa: el paladín de la Universidad fué el doctor 
Juan Nepomuceno Quintana. 



202 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XXXVII 



Deseosos nosotros de trazar el cuadro del pen- 
samiento impreso que acompañó el nacimiento y 
desarrollo de la revolución, tenemos que principiar 
por el periodista que la defendió desde Londres, 
que sufrió por combatir contra sus enemigos, y que 
ia abandonó después, acordándose que era español: 
hablamos del ilustrado D. José M. Blanco White. 
Nadie saludó el 19 de Abril con más noble entu- 
siasmo ni con más vivas demostraciones de afecto y 
simpatía. Nadie lo sostuvo con más calor ni alzó el 
grito con más vehemencia contra los excesos de la 
Junta Suprema y los discursos especiosos de las 
Cortes españolas. 

"No cesaré, no — gritaba el 29 de Abril de 181 6 — ; 
en todas parte me hallarán cansándolos y persi- 
guiéndolos con la repetición de esto mismo. El Go- 
bierno español es responsable á Dios y á los hom- 
bres de los horrores que están desolando las Amé- 
ricas. La guerra civil crece y se enfurece cada día 
más. Caracas había empezado con moderación, y 
el partido dominante no estaba por la absoluta in- 
dependencia. Se les acometió con guerra, y la ne- 
cesidad de defenderse los ha puesto en manos que 
por desgracia no serán tan moderadas. Si en vez de 
enviar al comisionado Cortabarria para que los in- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 203 

sultase con sus poderes abiolutos dados por la mi- 
serable Regencia, con el tono que los hubiera dic- 
tado Felipe II; si no hubiese mandado á este hom- 
bre que llamándose conciliador, ni se digna ha- 
blar á los representantes de los que va á conci- 
liar; si hubieran procedido de buena fe, y en vez 
de pedir á la Inglaterra que hiciese la guerra con 
ellos contra los verdaderos intereses de la madre 
patria, hubieran pedido á su Gobierno que inter- 
pusiese su autoridad y fuese mediador en la con- 
tienda, los caraqueños no habrían tenido que va- 
lerse de enemigos declarados del Gobierno espa- 
ñol, y no se verían expuestos á abandonar su mo- 
deración primitiva, como lo temo que lo están en 
el día." 

A tan libres y elocuentes acentos, los diputados 
de América en las Cortes de España le dirigieron, 
por medio de su presidente, expresiones cordiales 
de amistad y gratitud en la siguiente 



CARTA 

•del presidente de la diputación de América en las Cortes 
de España, al editor de El Español. 

Isla de León, 22 de Febrero de 1811. 

Muy señor mío, de mi mayor aprecio: Me sirve de es- 
pecial complacencia hablar á usted á nombre de la dipu- 
tación representante de la América en estas Cortes, que 



204 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

ha creído un deber preciso manifestar á usted su grati- 
tud por los inestimables oficios que hace á la faz del 
mundo en beneficio de aquellos países. Estos jamás podrán 
olvidar á El Español, á ese periódico que, haciendo ho- 
nor á las letras, á la crítica y al buen gusto, es también la 
apología más victoriosa de sus justos clamores. 

Esta expresión debía ser igual en arabos continentes, 
porque al mismo tiempo que usted patrocina la justicia 
de la América, dicta á la Península la política que le con- 
viene. Pero usted aquí no es creído, como tampoco lo 
son nuestras intenciones, dirigidas con la mayor-sanidad y 
fuerza. Llamados por la soberanía representada en la 
Junta Central, y en el anterior Consejo de Regencia, para 
fijar la prosperidad americana bajo los ofrecimientos más 
amplificados, y para hacer el iris de paz que sancionase 
eternamente la concordia de ambos hemisferios, pre- 
gúntese, ¿cuál ha sido nuestro suceso? Sufrir contradic- 
ciones sin término, y algo más dentro del Congreso mis- 
mo, y fuera de él á una chusma pedante de periodistas, 
vomitando contra nosotros imposturas, calumnias y chu- 
fletas á su salvo. ¡Qué grosería! ¡Qué impolítica! 

Acompaño los primeros números del Diario de Cortes^ 
instructivos de nuestros debates, que prestan una idea de 
estas verdades. Si no hay estudio en sofocar el resto, 
como se recela, remitiré los demás para que usted y el 
mundo imparcial fallen el mérito de la causa, y de sus 
litigantes ó interesados. No es el objeto de esta carta re- 
comendar á usted las consideraciones del caso, que le 
ocurrirán al momento, sino el dar un sincero testimonio 
de nuestros sentimientos hacia su persona; y sería más 
grato para mí viéndolo publicado en los papeles de us- 
ted, de quien soy atento y apasionado s. s. q. b. s. m. — 
(Firmado): Antonio Joaquín Pérez. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 205 



RESPUESTA 



Londres, 19 de Abril de 1811. 

Venerado señor mío: El testimonio de aprobación y 
agradecimiento que usted me comunica en nombre de la 
diputación americana es para mí un premio tan halagüe- 
ño y tan grande, que en medio del placer con que ines- 
peradamente me ha llenado, percibo una especie de sen- 
timiento de no haberlo merecido bastante. Nada me de- 
ben los americanos españoles, á no ser que el ver la luz 
y asegurar que es de día, se considere ya como un es- 
fuerzo de veracidad y honradez. Si alguna parcialidad 
ha habido en mí, si he doblegado mis razones, todo 
cuanto puede hacerse sin pugnar con la justicia, los es- 
pañoles europeos son los que me están en deuda por 
ello. 

Mas ¡qué placer para mí después de haber sufrido todo 
género de insultos de parte de los que he servido, des- 
pués que su Gobierno ha tratado mi nombre como el de 
un facineroso, hallarme honrado con el agradecimiento. 
de los representantes del Nuevo Mundo, y encontrar 
aquellas vastas regiones pobladas de amigos míos! ¡De 
amigos que no la parcialidad, sino la sencilla razón, me 
ha ganadol Yo me glorío tanto más en la adquisición de 
su afecto, cuanto él mismo es una prueba del candor y 
buena fe con que los americanos defienden su causa. El 
espíritu de facción cuenta por enemigos á todos los que 
procuran su bien sin participar de sus furores; los opri- 
midos que reclaman justicia miran con agradecimiento á 
cuantos no procuran obscurecerla. 

Si á mí, con tan poco mérito, me llenan de placer estas 
consideraciones, ¡cuánta satisfacción debe hallar usted y 
cada uno de sus dignos compañeros en el desempeño de 



206 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

las obligaciones sagradas que los han traído al Congreso 
de que son miembros! Ojalá las preocupaciones que han 
aparecido en las Cortes no empañen su memoria en los 
fastos de la revolución de España; mas nunca podría al- 
canzar esta desgracia á los que han reclamado en ellas 
los rectos principios de la razón y la justicia en favor 
de la España ultramarina, á los que en medio de peligros, 
y probando de cerca los sinsabores, han defendido con 
tanta energía y constancia los derechos reunidos de la 
Humanidad y de su patria. 

Atrevido parecería en mí en una carta de agradecimien- 
to mezclar mis reflexiones sobre la cuestión, como se halla 
en el día, después de haber leído los excelentes discur- 
sos con que la diputación me ha favorecido; pero todo 
es perdonable al dolor con que miro al estado miserable 
á que han venido las cosas. En vano se discute en las 
Cortes: mientras que allí se arguye, los españoles y ame- 
ricanos se degüellan. Si las Cortes quieren no profanar el 
nombre de Padres de la Patria, que con tanto ardor die- 
ron los pueblos á sus representantes, no dejen que se ase- 
sinen sus hijos mientras ellos arguyen tranquilamente 
cuál es el que tiene razón. Arrójense en medio de ellos 
con el ardor que conviene á un padre, quítenles las armas 
de la mano, y luego traten de convenirlos. Las Cortes 
multiplican sus sesiones sobre una cuestión abstracta, y 
entretanto dejan en su fuerza las providencias tiránicas 
de la anterior Regencia, como si estuviesen dando tiem- 
po á ver á qué lado se inclina la balanza en la guerra que 
está encendida en América. No será así; pero tal lo pa- 
rece. Si quieren justificar su conducta á la faz del mundo, 
y no ser responsables de la sangre que está corriendo, 
sólo les queda un recurso. Manden al momento quien 
anuncie á los americanos que las Cortes españolas están 
prontas á tratar con las personas que la América nom- 
bre, y á arreglar los términos en que se ha de perpetuar 
la unión que jamás debiera haberse rompido: añadiendo 
que no pondrán otra condición fundamental sino que las 
provincias españolas de uno y otro hemisferio, sólo han 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 207 

de tener un rey, y un Congreso soberano. Interpóngase 
la Inglaterra por garante del armisticio, y procédase de 
buena fe á la conciliación. Si las Cortes se niegan á dar 
esta paso, único que puede atajar el incendio, ¿qué es- 
peran en ellas los diputados de aquellos desgraciados 
países? 

El interés vehemente con que miro estos asuntos acasa 
me ha llevado más allá del objeto de esta carta, que es 
asegurar á usted y á sus dignos compañeros que el placer 
que me causa el testimonio público de su aprecio me hace 
olvidar las injurias que he recibido del Gobierno de mi 
patria y de sus aduladores. 

Soy con el debido aprecio de usted su atento servidor» 
q. s. m. b., J. M. Blanco White. 



XXXVIII 

El Español fué objeto de una acalorada discusión 
que ocupó muchos días á las Cortes españolas. En 
la del 24 de Mayo, D. Juan Nicasio Gallego rom- 
pe con su antiguo amigo, sin una lágrima en los 
ojos, llevando su encono hasta cubrir de injurias al 
que le colmaba de elogios. "Confieso que el autor 
de El Español ha sido amigo mío — decía, contes- 
tando al Sr. Del Monte — ; mas cualesquiera que 
sean las relaciones que me han unido con él, y por 
las cuales deba abstenerme de hablar de su persona^ 
tengo otros motivos muy poderosos para exponer 
mi juicio, ya que no sobre las miras é intenciones 
de Blanco, de que prescindo, sobre lo que en lim- 
pio aparece del periódico que publica. Consideran- 



208 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

do ¡mparcialmente cuanto arrojan de sí los números 
-que han salido hasta el día, resulta que en España 
ni se puede, ni se quiere, ni se sabe hacer nada bue- 
no; y por lo relativo á las Américas, un empeño 
constante en promover y atizar la desunión de aque- 
llos países con la madre patria; desunión que si des- 
graciadamente se verifícase, causaría tal vez la rui- 
na de España y de seg^uro la de América." El Con- 
sejo de Regencia recogió un ejemplar del núme- 
ro 13 de El Español y lo hizo pasar á la Junta terri- 
torial de censura, para la sentencia del libre es- 
critor. 

El 5 de Julio de 1811, D. Luis López Méndez y 
D. Andrés Bello, diputados del Gobierno de Cara- 
cas en Londres, pusieron en manos del redactor de 
El Español el siguiente 



OFICIO 

del secretario de Relaciones Exteriores dalGobierno 
de Caracas al editor de El Español. 

Cuando recibió S. A. por mi ministerio el oficio de 
nisted de 18 de Septiembre del año próximo pasado, ya 
las producciones literarias con que usted favorecía la jus- 
ta causa que proclamó Caracas el 19 de Abril, habían 
preparado el concepto debido á la ilustrada imparcialidad 
con que usted la juzgaba. 

En todos los números de El Español que hemos recibi- 
do sucesivamente hemos tenido el gusto de ver confirma- 
das las esperanzas que desde el primero concebimos, de 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 209 

que no todos los españoles habían de arreglar la suerte 
de la América por los axiomas de la opresión y la servi- 
dumbre. 

Estaba con razón reservada esta gloria, entre otros, al 
respetable cooperador del semanario patriótico de Espa- 
ña, cuya prohibición fué una de las muchas cosas que 
anunciaron á la América lo poco que debía esperar de un 
Gobierno que se oponía á que la razón y la justicia entra- 
sen á la parte en los cálculos del deseo mal dirigido, del 
ardor mal entendido ó del desorden simulado. 

La América regenerada ha ofrecido á usted, bajo el libe- 
ral sistema de su generosa aliada la Inglaterra, nueva ma- 
teria para ejercitar sus útiles y distinguidos talentos, y 
nuevo alimento á las esperanzas de una recompensa dig- 
na de sus sentimientos y capaz de hacerle olvidar los sin- 
sabores que ellos le produjeron en España. 

Caracas se complace en haber sido la primera que lo- 
gró captar la respetable opinión de usted á favor del Nue- 
vo Mundo, y la primera en haberle anunciado cuan dis- 
tinta es la retribución que deben esperar su honor y sus 
intereses, de la franqueza con que ha querido cooperar á 
nuestra regeneración, sin otro designio que el de procu- 
rar hacer en la España americana el bien que el egoísmo 
no le permitió hacer á la España europea. 

No se limitan estas expresiones de nuestra considera- 
ción á estériles raciocinios. Caracas le cuenta á usted en- 
tre sus más distinguidos ciudadanos, y puede sin arbitra- 
riedad ofrecerle igual carácter en toda la América libre. 
Toda ella se hará un deber de honrar á los españoles que, 
como usted, sepan distinguir la fidelidad de la esclavitud; 
y S. A., de cuya orden tengo el honor de contestar á us- 
ted, quiere que en cualquiera caso de la fortuna cuente 
usted con el distinguido asilo y hospitalidad generosa á 
que le hace acreedor su imparcialidad á favor de nuestro 
justo sistema. 

En uso de la oferta generosa que usted ha querido aña- 
dir á sus servicios, espera S. A. que usted concurrirá á 
divulgar con su interesante ¡jeriódico las providencias, ac- 

14 



210 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tos y demás papeles que con este fin y el de contrarrestar 
las insidiosas sugestiones de los enemigos de la América 
le sean dirigidos por nuestros diputados, y que. aunque 
las providencias que un conocimiento más inmediato nos 
dicta acá para asegurar nuestra suerte no están del todo 
acordes con el espíritu de usted en esa corte, no por eso 
dejará usted de acogerlas con aquel criterio desinteresa- 
do que hace tanto honor á las opiniones de usted. 

Dios guarde á usted muchos años. — Caracas, 28 de 
Enero de 1811. — Firmado: Juan G. Roscio. 

Sr. D. José Blanco White. 



CONTESTACIÓN 

Si la nota de desagradecido no fuese para mí la más 
intolerable de todas cuantas pueden caer sobre un hom- 
bre, son tantos y tan poco merecidos los elogios que 
U. S. me dispensa, escribiéndome á nombre de su Go- 
bierno, que jamás pensaría en publicar su carta, por tal de 
evitar la imputación de vano que, de darla á luz, me ame- 
naza. Pero es demasiado grande el favor que Caracas me 
hace en contarme entre sus ciudadanos, para que lo con- 
serve oculto, cual si fuese una prenda de valor dudoso, ó 
como si esperase la decisión de la fortuna reipecto á ese 
país, para usarla ú ocultarla entonces, según su felicidad 
ó desgracia. 

Caracas llamó mi atención desde que sus papeles y pro- 
clamas llegaron á mis manos. Hallábame decidido á aban- 
donar la empresa de escribir sobre materias políticas que 
había empezado en El Español, porque disgustado hasta 
el alma del Gobierno que había visto nacer en mi patria, 
de las ruinas de la Central, no veía ni disposiciones, ni es- 
peranzas de que se mejorase; sabía que estaba decidido á 
no juntar las Cortes, y ya empezaba yo á sufrir la perse- 
cución de sus satélites, sólo porque escribía en español 
y no escribía á su gusto. Pero vino la noticia de la revo- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 211 

lución de Caracas, y viendo en ella (¡cuan claro se puede 
ver á esta enorme distancia!) un movimiento de fermen- 
tación suave, una revolución sin sangre ni armas, una 
mudanza causada por el inevitable curso de las cosas y 
no forzada por una facción ó partido, dije para mí: la fe- 
licidad de los españoles se debe buscar en América, en 
caso de que se desvanezca la vislumbre de esperanza que 
les queda en Europa: sean las Américas españolas libres, 
y la España no queda dependiente de la suerte de las 
armas. 

Este glorioso objeto reanimó mi actividad con mi espe- 
ranza, y desde aquel momento me propuse coadyuvar 
con todas mis fuerzas á conciliar la felicidad de la España 
americana, de esa parte de mi nación á quien convidaba 
la buena fortuna, con la de esta porción desgraciada de 
Europa que gime oprimida bajo todo género de males. 
Querer cerrar los ojos á los españoles americanos, que- 
rerlos mantener pasivos, sin juicio ni movimiento propio, 
entregándose en manos de cualquier Gobierno con tal que 
apareciese la Península bajo el nombre de Fernando; 
querer que esta especie de abnegación religiosa durase 
por mas de dos años, cuando por los efectos visibles pal- 
paban, por decirlo así, que cada Gobierno nuevo sólo se 
distinguía del que acababa en que perdía más terreno, y 
en que reconocía que el anterior había sido malo, sería 
suponer á los americanos en estado de que no mereciesen 
entrar de otro modo en cálculos políticos que como entran 
en los de la ambición las heredades de un rico que está 
para morir abintestato — el cálculo estaría reducido á 
saber cómo se repartirían si acabase la España. — Pero 
como los españoles de América podían muy bien mirar 
por sí sin dar el último golpe al desgraciado pueblo es- 
pañol de Europa, á ese pueblo digno de la admiración y 
compasión del mundo entero (cuanto más de la de sus 
hermanos), mi entendimiento no estuvo un punto indeci- 
so — y aunque no vi de repente el pormenor del plan que 
podía combinar los intereses de unos y otros, vi claro y 
decididamente que podían conciliarse — y desde aquel 



212 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

punto consagré mis débiles fuerzas á este objeto verda- 
deramente grandioso. 

No lo han mirado bajo este aspecto los gobiernos de 
España. Olvidados de los mismos principios de que ellos 
derivaban su autoridad, sólo vieron en Caracas un partido 
de revoltosos á quienes esperaron traer á su obediencia 
por los medios que habían sosegado otras conmociones 
en tiempo de la antigua Corte, y queriendo antes ceder 
de sus intereses que de su recién exaltado orgullo, ame- 
nazaron tratar á fuego y sangre á los que, á pesar de su 
revolución, les ofrecían amistad y socorros. 

No bien hube visto este procedimiento cuando deses- 
peré de que mi plan de conciliación pudiese ganar terre- 
no. Era imposible, al ver la tenacidad y el furor de un par- 
tido, esperar la moderación y la condescendencia en el 
otro. Yo hubiera abandonado mi plan desde aquel mo- 
mento, si la esperanza de que las Cortes se juntasen, y 
juntas pusiesen remedio á los errores de la Regencia, no 
me hubiese sostenido contra los sinsabores que empeza- 
ron á llover sobre mí desde mi patria. Mas las Cortes, en 
vez de una desaprobación absoluta del proceder anterior 
en este importantísimo asunto, dejaron en su fuerza las 
providencias hostiles, y proclamando en favor suyo los 
principios más democráticos, dejaron al despotismo que 
limitase la lógica de los americanos. 

Ya lo he dicho otra vez, y lo repetiré eternamente: los 
españoles, no los americanos, debieran estarme agradeci- 
dos. Si yo hubiera sido imparcial, si el miramiento á la 
España no hubiese sido mi norte, si yo hubiese querido 
inclinar los americanos á la independencia, nadie me ha 
presentado armas más poderosas que las Cortes. Después 
que declararon que no derivan su autoridad de Fernando, 
después que se dijeron soberanos á título de la soberanía 
del pueblo — por soberanos debieran reconocer ellas mis- 
mas á cualquiera que represente á otro pueblo; y pueblo 
ó nación es toda aquella porción de hombres á quien ia 
Naturaleza da medios de vivir en su propio terreno, siem_ 
pre que puedan defenderlo de la invasión de otros, ora 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 213 

por sus circunstancias físicas, ora por el número ó valor 
de sus habitantes. 

Mas yo que emprendí mi rumbo, no por agradar á 
estos ni á aquéllos, yo que empecé á escribir por contri- 
buir cuanto pudiera al bien de España, que ha sufrido de 
sus malos gobiernos, más que yo, pobre individuo, no 
desistiré jamás de mi intento, por más que me persiga el 
insulto y la injusticia. Y si el mal trato que he sufrido y 
sufro (no el mérito de lo que he escrito, como U. S. tiene 
la atención de decirme) ha dado algún peso á mi opinión 
para con los americanos, permítame ese Gobierno, que 
tanto me honra, decir cuál es mi opinión en el día, y hacer 
ver que si «mi espíritu en esta Corte> no es el que acaso 
esperarían en América, en consecuencia de lo poco que 
anteriormente di á luz, es porque la política es una ciencia 
de observación y circunstancias; y así como un conoci- 
miento más inmediato de algunas de eüas dictará á ese 
Gobierno providencias acertadísimas, que aquí por la dis- 
tancia no nos parecerán tales, el conocimiento más inme- 
diato de otras circunstancias en Londres podrá dar tal 
rumbo á mis ideaí-, que siendo tal vez el más recto, sólo 
la distancia lo haga aparecer torcido. Mi oficio es decir 
las cosas según las veo: los que tienen en su mano el 
Gobierno podrán aprovecharse de ellas ó desecharlas. 

Jamás me ha parecido que la América española debía 
separarse enteramente de España en las circunstancias 
presentes. España está empeñada en una guerra demasia- 
do noble para que el principal apoyo, en cuya fuerza 
confió al empezarla, pueda sin crueldad dejarla perecer, 
sustrayéndole de repente su auxilio. El que los españoles 
tengan gobiernos tan inconsiderados que exijan estos 
auxiHos con las armas en la mano; el que no los quieran 
sino á título de obediencia, y el que fomenten con su pro- 
ceder la división de los ánimos de los europeos y criollos, 
enseñándolos á verter mutuamente su sangre, como si no 
fuera una misma, no es un delito; es una nueva desgra- 
cia de España. Yo me atrevo, pues, á recomendar á los 
nuevos gobiernos, como un deber de humanidad, de ge- 



214 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

nerosidad y de decoro, como una medida que recomen- 
dará y dará un hermoso colorido á sus derechos — que 
nunca olviden sus primeras propuestas, y que aun cuando 
tengan que repeler la fuerza con la fuerza, procuren recor- 
dar á los criollos que no toman las armas contra la nación 
española, á quien ellos mismos pertenecen, sino contra 
los individuos que vienen falsamente en su nombre á 
amenazarle con guerra ó despotismo. Acaso parecerá 
virtud de novela lo que voy á proponerles. Quisiera que 
Sí pueden ahorrar algo, no faltando á hacer su defensa y 
preparativos necesarios para ella, mandasen algunos so- 
corros, aunque fuesen pequeños, para la guerra de España, 
por mano de sus aliados los ingleses, para conservar de 
este modo las sensaciones de relación entre pueblo y pue- 
blo; fomentar ideas generosas y sublimes en los criollos, 
naturalmente dispuestos á ellas, para causar una impresión 
favorable en la masa del pueblo de la Península, y empe- 
zar á dar una demostración sensible de que los pueblos de 
América no dependen de virreyes y gobernadores, que 
consumen parte de lo que pudiera ir á España en su 
opulencia propia, y agotan en flor la industria, que pudie- 
ra producir otro tanto. El gran riesgo que yo concibo en 
la actual situación de la América es el que crezca y se 
confirme el odio entre europeos y criollos; el que se lle- 
guen á mirar como dos naciones distintas. Al Gobierno 
que tenga la ambición de aparecer noble y justo le toca 
hacer cuantos sacrificios sean capaces de extinguir este 
semillero de males, que, una vez arraigado, será la cizaña 
de América por largos años. — Los criollos agraviados se 
burlarán de mis consejos — mas acuérdense de que á los 
desapasionados es á quien pertenece darlos. 

Caracas ha rendido un Congreso. Nada más justo. Una 
vez puesta en revolución una provincia tan considerable, 
no quedaba otro medio racional á los gobiernos de Espa- 
ña, en las circunstancias presentes, que haber ellos mis- 
mos adquirídose la popularidad de recomendar esta me- 
dida, logrando al mismo tiempo tener con quien tratar y 
á quien preguntar las intenciones de aquellos pueblos. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 215 

Ahora, supuesto que los gobiernos españoles ni han 
querido escuchar ni escuchan razón sobre esto, yo me di- 
rijo al Congreso de esas provincias, sin otra autoridad 
que la que me den mis razones y el derecho que además 
me confiere el honroso título que me han dado de su ciu- 
dadano; yo me dirijo á los representantes americanos y les 
suplico que no tomen medidas demasiado generales, en 
el ardor que un resentimiento inevitable parece que pu- 
diera, con razón, sugerirles. Una declaración de absoluta 
ndependcrcia pudiera comprometer la felicidad nacien- 
te de la América meridional. El ejemplo de los Estados 
Unidos no es adaptable á sus circunstancias. Los Estados 
Unidos eran una masa casi sin mezcla, porque estaban 
formados de gentes que, aunque tenían muy diverso ori- 
gen, todas sentían igualmente odio á la dependencia de 
Europa, todas la habían abandonado, buscando indepen- 
dencia más allá de los mares. No así la América españo- 
la, llena de europeos propietarios y poderosos; llena de 
empleados que dependen de sueldos y que esperan as- 
censos; llena de gentes que aman vehementemente los 
empleos, porque no conocen las riquezas de la industria; 
en fin: llena de hombres que por pasión y orgullo lo lle- 
varán todo á sangre y fuego antes que oir la sola pala- 
bra independencia, y que, por poco poder que se les su- 
ponga, siempre tendrán bastante para sembrar discordia 
y descontento y para obligar á los gobiernos á procedi- 
mientos duros, aunque necesarios, pero que nunca dejan 
de tener un aspecto odioso. — Los Estados Unidos podían 
contar con el interés que Francia y España tenían en aba- 
tir el poder de Inglaterra, en caso de la guerra que se 
siguió á su determinación de hacerse independientes. La 
América española tiene ahora los intereses de Europa di- 
vididos muy de otra manera. La tiranía de Francia lo 
ocupa todo; sólo Inglaterra está en contra, y ésta auxilia 
á España en sus esfuerzos para sacudir el yugo. Si la 
América española se pone en guerra abierta con España; 
si no deja abierto el camino á la reconciliación; si da pa- 
sos que Inglaterra no pueda mirar sino como opuestos á su 



216 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tratado de alianza con España, la poadrá en un compro- 
miso en que, como sucede y sucederá siempre en las de- 
terminaciones de todo Gabinete, se decidirá, no por de- 
rechos abstractos, sino por las circunstancias políticas, 
que ni los americanos ni yo podemos prever; pero que 
pueden serles contrarias. Este sería un caso peligrosísi- 
mo, porque de chocar con Inglaterra, no queda otro lado 
á que inclinarse que á los Estados Unidos, que en el día 
son como una especie d2 resbaladero hacia Francia. — 
Los Estados Unidos tenían antes de su revolución un go- 
bierno interior en que no era menester hacer innovación 
alguna para haceise independientes. Todos tenían con- 
gresos electivos que gobernaban cuando no pertenecían 
al alto gobierno de paz y guerra; los más tenían tribuna 
les de judicatura, arreglados á las leyes inglesas; y todos, 
en fin, tenían una organización interior excelente, que es 
el cimiento de todo edificio político. — La Araérica espa- 
ñola no ha pasado aún el noviciado de la libertad, y que- 
rerlo hacer todo de repente y á la vez, paredes, techos, 
cimientos, es exponerse á no hacer más que un edificio 
de apariencia, que se vendría abajo al primer soplo. La 
América española, por necesidad, será independiente en 
algún tiempo (no sabré decir cuándo), porque esperar que 
con sus riquezas, su extensión y sus medios, ha de estar 
siempre sujeta á un pueblo que vive á dos mil leguas, 
aun cuando lo gobernara una serie no interrumpida de 
Salones y tuviera al frente de sus fuerzas á otros tantos 
Alejandros, es un verdadero sueño. Pero si los america- 
nos quieren no retardar este período, no lo apresuren; 
dejen obrar á la Naturaleza; la libertad es una planta de- 
licada, que se debilita y perece cuando se la fuerza á dar 
fruto demasiado temprano. 

El grande y único objeto de los congresos americano- 
españoles debe ser, según mi entender, echar los cimien- 
tos sólidos de su felicidad, sin aspirar á la apariencia ex- 
terior de las potencias reconocidas por tales. Tienen un 
hermosísimo campo en que cultivar su felicidad; empie- 
cen, como el labrador industrioso, en la vecindad de 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 217 

grandes señores heredados. No quieran empezar á com- 
petir con su opulencia. Cultive y adelante su heredad 
cada uno; defienda sólo su indudable derecho á que ni 
los señores, ni sus criados, ni sus bestias, le echen á per- 
der su campo, que tiempo llegará en que, rico él con su 
industria y moderación, y ar-ruinados ellos con su lujo y 
sus excesos, él ocupe el primer lugar en el campo, y ellos 
se crean honrados en comer á su mesa. 

Un paso excelente han dado los nuevos gobiernos, ó, 
por mejor decir, sobre él han fundado su sistema, que 
los congresos generales, no sólo no deber, olvidar, sino 
antes fomentar cuanto sea posible. Hablo del reconoci- 
miento de Fernando VII por su rey. No quisiera que imi- 
tasen á las Cortes de España en ias declaraciones de la 
soberanía de los representantes del pueblo, porque ade- 
más de que la soberanía no consiste en declararla, este 
principio abstracto puede llevarlos á consecuencias prác- 
ticas peligrosas. Si no me engaño, la Junta de Caracas ha 
publicado, con gran tino y acierto, que la revolución de- 
jaba en su fuerza todas las leyes fundamentales de la na- 
ción española, y que Caracas, y con ella la parte de 
América que la seguía, apetecía sólo la mejora de algu- 
nas de estas leyes. Este proceder es el que conviene á su 
estado interior y á sus relaciones políticas. No empiecen 
por prescribir leyes al rey que proclaman, por decirle que 
es inferior á ellos, por tratar de darle una Constitución 
que haya de jurar, si es que sale de su cautiverio. Digan 
que son los representantes legítimos de una parte consi- 
derable de América; que estando cautivo su rey, por un 
derecho natural é indudable deben mirar por sus intere- 
ses inmediatos, por su conservación y defensa. Que no 
sólo como hombres deben mirar por sus intereses en este 
caso, sino como buenos y fieles vasallos, por la conser- 
vación de aquella parte de la Monarquía á su legítimo 
rey. Que nadie tiene derecho á tomar el manejo de estos 
intereses en su país á título de representar al pueblo de 
otra parte de la Monarquía, y que como sería injusto que 
porque faltó Fernando los pueblos de América quisiesen 



'218 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

gobernar en su nombre, y á título de ser más en pobla- 
ción, poder y riquezas, pretendiesen ser arbitros de las 
posesiones españolas de Europa, más injusto es que és- 
tas pretendan mandarles dos ó tres hombres llamados 
virreyes, en cuyas manos esté la suerte de América. Que 
no teniendo que recurrir á principios de Derecho natural, 
y bastándoles las circunstancias actuales de la Monarquía 
para demostrar que si eran colonias bajo los reyes de Es- 
paña, no debían serlo bajo sus pueblos, y que, aun cuan- 
do esto no bastase, teniendo, como tienen, en su favor 
las declaraciones de igualdad con la que fué Metrópoli, 
no pueden ceder en admitir ninguna desventaja en mate- 
ría de gobierno, y que están decididos á no admitir virre- 
yes, ó cualquier otra clase de empleados, de cuyo juicio 
y proceder no puedan tener apelación ni respiración sino 
ocurriendo á la Península. Que como aquellos pueblos 
han tratado de mirar por sus intereses peculiares, esta- 
bleciendo lo que han creído convenir á sus circunstan- 
cías, los congresos americanos tratarán del estableci- 
miento de gobiernos municipales y todo lo que pertenez- 
ca inmediatamente á los distritos que hayan mandado á 
ellos sus representantes. Pero que hallándose muy ajenos 
de hacer nada que pueda, mediata ó inmediatamente, 
contribuir á la desmembración de la Monarquía españo- 
la, tal como se hallaba en manos del monarca cayos de- 
rechos han jurado conservar, apetecen que, sin perjuicio 
de los del pueblo que representan, se fjrme una represen- 
tación legitima del poder supremo de la Monarquía, y 
que están prontos á contribuir justa y equitativamente 
á su formación, como igualmente á no oponerse á que su 
residencia sea en la antigua España, á no estar domina- 
da por los franceses. 

En una declaración semejante concibo yo que se pue- 
den compendiar cuantas ventajas apetecen los america- 
nos, sin que la política más astuta ó interesada pueda en 
ningún caso dar colorido de justa á la opresión con que 
se quisiese hacer que los abandonasen. En estos artículos, 
los americanos seguirían sencillamente la más pura y des- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 219 

apasionada razón, apoyada en las leyes, cuanto puede ser- 
lo en trastorno igual al que ha sufrido la Monarquía espa- 
ñola. Si se permiten declaraciones de mera vanidad, ó de 
encono, si no sólo quieren rechazar la injusticia de la ma- 
dre patria, sino hacerle sentir la humillación de repugnár- 
selas; si quieren no sólo gozar de la independencia como 
la necesitan, sino hacer de ella una gala con que presen- 
tarse ufanos á insultar á sus contrarios, se exponen á sa- 
crificar su principal objeto á un placer pasajero — su só- 
lido y duradero triunfo á otro de apariencia y precario. 

En una palabra: lo que interesa á los americanos es ga- 
nar los puntos de que su feli Jdad interior depende inme- 
diatamente. Influjo en su gobierno interior, seguridad en 
la Administración de Justicia y absoluta independencia en 
la concesión, asignación y repartimiento de las contribu- 
ciones que hayan de dar como parte integrante de la Mo- 
narquía española. Si el Gobierno actual de la Península 
se acomoda mejor á que el Congreso soberano de la na- 
ción española americana se componga de diputados de 
una y otra parte, elegidos unos y otros de un mismo 
modo y en una misma proporción, el influjo de los ameri 
canos en el Congreso será el que en justicia se les debe, 
y según justicia podrán lograr estos objetos aun cuando 
se sometan, como entonces deben hacerlo, á esta especie 
de soberanía. Si las Cortes insisten en contentarse con el 
número de diputados americanos que tienen, ó en que va- 
yan de cualquier otra forma que en la perfecta igualdad 
que desde el principio se debía á aquellos países, aún hay 
medio de conciliación; pidan los americanos para sus con- 
gresos el gobierno interior y la concesión y asignación de 
las contribuciones, y dejen á las Cortes de España los al- 
tos ramos de gobierno, como declaración de paz y gue- 
rra, tratados, alianzas, etc. 

Bien sé que no están las cosas en estado de que este 
rudo bosquejo, y ni aunque fuese un plan infinitamente 
mejor arreglado, tenga la menor probabilidad de ser ad- 
mitido de acuerdo de ambas partes. Se necesita un me- 
diador poderoso, que contenga la animosidad, y lo que 



220 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

infaliblemente ha de haber de encono en ambas partes, 
después de haberse derramado sangre. La Junta de Ca - 
racas ocurrió desde el principio á la única potencia que 
puede mediar en las circunstancias presentes de Europa: 
la Inglaterra. Ahora que el tiempo que ha corrido, y los 
pueblos que han seguido su ejemplo, han dado la solidez 
á la revolución, ahora que ya están reunidos los congre- 
sos, debieran tratar de hacer un solemne aunque modera- 
do manifiesto, exponiendo las razones de su conducta, y 
sus disposiciones á no abandonar la España, á pesar de 
que estén agraviados por la guerra que les está haciendo. 
Cuanto más fuertes se hallen los nuevos gobiernos, cuan- 
to más consolidados por su número y por el valor y opi- 
nión de los pueblos que los han creado, tanto más noble 
y respetable será este proceder. Esa guerra de españo- 
les con españoles es horrible. Todo lo que se dirija á ex- 
tinguirla es nobilísimo y glorioso. Enhorabuena tengan 
los gobiernos americanos preparados los medios de de- 
fenderse; pero ocurran de nuevo á buscar al único amigo 
que puede intervenir en la querella, y evitarles la necesi- 
dad de verter sangre, aun cuando estén seguros de la vic- 
toria. 

Yo he cansado enormemente la atención de U. S.; pero 
el asunto de América no sólo es para mí el más impor- 
tante de cuantos interesan á la nación española, sino que 
es asunto propio mío, asunto que he identificado con mi 
persona, desde que por él me veo perseguido, insultado, 
y acaso ya proscripto. Nada hace amar las doctrinas como 
la persecución; permítanme los americanos predicarles las 
mías, que según esta regla me deben ser muy caras. Pero 
jamás, jamás lo serán tanto como la felicidad de la nación 
española, que les doy por objeto. Los americanos me hon- 
ran llamándome imparcial; muchos españoles me insultan 
llamándome faccioso; mas el testimonio de mi conciencia 
me dice que no soy ni uno ni otro. Deseo con vehemen- 
cia la felicidad de España, y en esto soy apasionado; mas 
los americanos españoles no son, en mi concepto, menos 
españoles, ni menos paisanos míos que los que han nací- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 221 

do en mi mismo pueblo. Facciosos son, en mi dictamen, y 
muy poco españoles, los que por la ira que esta cuestión 
les excita, y por los medios que prefieren para decidirla, 
parece que más tratan de intereses personales que de los 
generales del reino. No permita Dios que se arraigue en 
los ánimos de los vasallos de un mismo rey, en los pueblos 
de una misma Monarquía, el espíritu de división que la tal 
conducta inspira. Este es mi más ardiente deseo, el norte de 
mis opiniones y el distintivo del partido que sigo. En vir- 
tud de esta mi íntima persuasión y sistema, no puedo me- 
nos que suplicar á U. S. que al presentar á ese Gobierno 
el testimonio de mi más vivo reconocimiento por el honor 
que me ha dispensado y el asilo que me ofrece, se sirva 
hacerle presente que nada meló hace más grato que el 
verlo igualmente abierto á todos los buenos españoles. 
Nuestro Señor guarde á U. S. la vida por muchos años. 
— ^J. Blanco White. -Londres, 11 de Julio de 1811. 

El 11 de Julio dictaba esta carta benévola el se- 
ñor Blanco, seis días después de la proclamación de 
Ja independencia, el mismo en que el motín ridículo 
<le alg^unos isleños iba á precipitar la revolución en 
un abismo de sangre. Con motivo de una carta pu- 
blicada en el Morning Chronicle, papel adicto á la 
causa de los americanos (1), el ilustre periodista gri- 
ta indignado: 

(1) «La Guaira, 3 de Agosto. 

»Di á usted la descripción de la situación en que se hallaba 
esta plaza, y hay muy poca diferencia en el día de como estaba 
cuando escribí á usted la última vez. Todo es confusión en la 
América Meridional; todos los días hay prisiones de j^ente que 
se sospecha de tramas contra el Gobierno, y los forasteros te- 
men mucho reunirse; en una palabra: estamos en una entera 
suspensión, no sólo de comercio, sino aun de sociedad; la orden 
del día es: Libertad é Igualdad. 

»Ayer salí de Caracas á las cinco de la tarde y entonces aún 



222 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

"¡Suerte infeliz de los pueblos!; un pueblo de 
ambiciosos se apodera del mundo: se arrojan ciegos 
á los actos más desesperados, y porque ellos están 
determinados á perecer, ó porque, sacando fuerzas 
de la desesperación, afectan estarlo, obligan á todos 
los habitantes á que perezcan con ellos, y muchas 
veces los hacen perecer á sus manos. 

"¡Pueblos de Américal La libertad no se estable- 
ce con barbarie. Los que necesitan valerse de pros- 
cripciones y horrores tienen todas las señales de 
la más horrenda tiranía. Gobierno que se vale del 
terror no puede ser justificado en sus miras. Si los 
que se llaman representantes de la voluntad gene- 
ral fueran sus verdaderos ecos, no necesitarían de 
publicar al pueblo cuál es la suya propia, por los 
labios lívidos de sus conciudadanos." 

no se sabía del ejército que se habia mandado contra Valencia; 
acaso sus contrarios lo habrán tomado y seguido contra Coro. 
Las conjeturas son varias, y todos los días se reciben despa- 
chos del general Miranda; pero no se dan al público; también 
se equipan diariamente voluntarios por el Gobierno; se mata y 
están puestas en perchas las cabezas de los traidores, con un 
letrero debajo que dice: «Este hombre ha muerto por traidor á 
su patria.» Dos fueron ahorcados ayer, condenados por la So- 
ciedad Patriótica; pero no se dijeron sus delitos. El tiempo de 
las prisiones es la media noche: un piquete entra en la casa, 
hace salir de la cama al reo, y á la mañana siguiente pierde la 
vida. 

»Aqui tenemos por cosa peligrosa el que nos vean reunidos 
hablando en la calle, y más peligroso que todo ei criticar al Go- 
bierno. Aun cuando nos juntamos en reuniones particulares, no 
sabemos si nuestros criados son nuestros espías. Esta es exac- 
tamente la situación del país. Yo me atrevo á decir que las co- 
sas van acercándose diariamente á un término; y lo que es cier- 
to es que la América Meridional será independiente.» 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 223 



XXXIX 

La Declaración de los Derechos del Hombre de 
1.° de Julio de 1811, y el Reglamento de la libertad 
de imprenta en Venezuela, son reprobados igual- 
mente en amargo estilo: "á la declaración de dere- 
chos del hombre — dice — acompaña un reglamento 
sobre la libertad de imprenta, que de todo permite 
hablar, menos del sistema de gobierno que ha 
adoptado Venezuela, esto es, de lo que más impor- 
ta á Venezuela que se hable". He aquí el artículo 
19 del reglamento de imprenta: "Los autores, edi- 
tores ó impresores que publicaren escritos contra- 
rios al sistema de Venezuela, indicado en el artícu- 
lo 8.*, serán castigados con el último suplicio" (1)^ 

(1) Primer reglamento de imprenta. 

Satisfecha la Sección Legislativa de Caracas de que la im- 
prenta es el canal más seguro para comunicar á todos las luces,^. 
y que la facultad individual de los ciudadanos de publicar 
libremente sus pensamientos é ideas políticas es no sólo un 
freno de la arbitrariedad de los que gobiernan, sino también, 
un medio de Ilustrar á los pueblos en sus derechos, y el único 
camino para llegar al conocimiento de !a verdadera opinión pú- 
blica, ha venido en declarar el libre uso de la imprenta, bajo 
las restricciones y responsabilidades que se expresarán en los 
artículos siguientes: 

Artículo 1.° Todos los cuerpos y personas particulares, de 
cualquier condición y estado que sean, tienen libertad de escri- 
bir, imprimir y publicar sus ¡deas políticas y demás no excep- 
tuadas, sin necesidad de licencia, revisión y aprobación alguna 
anteriores á la publicación. 

Art. 2.° Por tanto, queda abolida toda censura de las obras. 



224 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Estaban en Londres los ciudadanos Luis López 
Méndez y Andrés Bello, y se les atribuyó un papel 
que circuló en aquella capital con el título de "Car- 
ta de un americano al Español sobre su núme- 

políticas precedentes á su impresión, y derogadas las leyes que 
exijan previa licencia, especialmente ley 1.', tít. 24, lib. 1.° de 
la Recopilación de Indias, que disponía no se imprimiese papel 
alguno que tratase de materias de estos dominios sin especial 
licencia del Consejo que llamaban de Indias. 

Art. 3.° Se exceptúan de esta regla todos los escritos que 
directamente trataren de materias de religión, en lo tocante al 
dogma y disciplina fundamental, pues desde luego quedan su- 
jetos á la previa censura de los ordinarios eclesiásticos, según 
lo establecido en el Concilio de Trento. 

Art. 4.° Sin embargo de que los libros de religión no pue- 
den imprimirse sin licencia del ordinario, no podrá éste negar- 
la sin previa censura y audiencia del interesado, arreglándose 
al espíritu de la constitución Solicita et provida del Santísimo 
Padre Benedicto XIV, y á lo que dicta la equidad. 

Art. 5." Pero si el ordinario insistiese en negar su licencia, 
podrá el interesado acudir con copia de la censura al Gobier- 
no, el cual deberá examinar la obra, y si la hallase digna de 
aprobación, pasará su dictamen al ordinario, para que exami- 
nando de nuevo la materia, se eviten ulteriores recursos. 

Art. 6." Cuando los autores de las obras de esta clase hu- 
biesen fallecido, ó se hallasen á tanta distancia que no puedan 
ser convocados y citados, se les nombrará un defensor que sea 
persona pública y de conocida ciencia, conforme está dispues- 
to en la ley 38, tít. 7, lib. 1, Recopilación, que deberán tener 
presente los ordinarios eclesiásticos. 

Art. 7.° Los autores ó impresores serán responsables res- 
pectivamente del abuso de la libertad de la imprenta. 

Art. 8.° Se prohiben los escritos subversivos del sistema 
adoptado y establecido en Venezuela, el cual consiste princi- 
palmente en su libertad ó independencia de cualquier otra po- 
tencia ó soberanía situada fuera de su territorio; y los autores 
ó impresores que los publicaren serán castigados con las esta- 
blecidas en derecho y en este reglamento. 

Art. 9." Los libelos infamatorios, los escritos calumniosos, 
los licenciosos y contrarios á la decencia pública y buenas eos- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 225 

ro XIX". Se acusaba á Blanco White de ingrato; se 
decía: "¿Cómo he de creer yo que la Sociedad Pa- 
triótica de Caracas esté condenando reos como si 
fuera un tribunal, ni que el Congreso ahorque por 

tumbres, serán igualmente castigados con las penas estableci- 
das por las leyes y las que aquí se señalarán. 

Art. 10. Nunca podrán atacarse las personas ó las cualida- 
des morales de los particulares, debiendo limitarse la crítica ó 
impugnación á las opiniones del individuo. 

Art. 1 1. Los autores, bajo cuyo nombre quedan comprendi- 
dos el editor, ó el que haya facilitado el manuscrito original, 
no estarán obligados á poner sus nombres en los escritos que 
publiquen, aunque no por eso dejen de quedar sujetos á la 
misma responsabilidad. Por tanto, deberá constar al impresor, 
quién sea autor ó editor de la obra, pues de lo contrario su- 
frirá la pena que se impondría al autor ó editor si fuesen co- 
nocidos. 

Art. 12. Será permitida la impresión de anónimos ó de 
pseudónimos; pero el impresor no podrá hacerla sin que le 
conste quién sea su autor, cuyo nombre no será obligado á de- 
clarar sino cuando el anónimo haya sido calificado de criminal 
por la autoridad competente. De otra suerte quedará respon- 
sable el impresor. 

Art. 13. Los impresores están obligados á poner sus nom- 
bres y apellidos, y el lugar y año de la impresión, en todo im- 
preso, cualquiera que sea su volumen, á excepción de las es- 
quelas de convite, teniendo entendido que la falsedad, ó abso- 
luta omisión de estos requisitos, se castigará con las penas co- 
rrespondientes á la intención y malicia que se probare. 

Art. 14. Se prohibe que ningún cuerpo, colegio, comunidad, 
ni persona particular pueda tener y usar de imprentas sin 
licencia expresa del Gobierno, so pena de perdimiento de ella, 
y las demás que hubiese lugar. 

Art. 15. Si los impresores no conocieren á los autores ó 
editores de la obra que se les presenta, no procederán á su im- 
presión hasta que éstos califiquen la identidad de sus personas 
con dos testigos conocidos, cuyos nombres y firmas harán po- 
ner en el mismo manuscrito, quedando advertidos de que si así 
no lo ejecutaren, serán tenidos por autores de la obra . 

Art. 16. Los autores ó editores que, abusando de la libertad 

15 



226 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

la mañana, sin audiencia ni proceso, á los que cogió 
por la noche?" La polémica se empeña. Blanco res- 
ponde duramente. Pero vuelto después á sus gene- 
rosos sentimientos para con la América, él nos 



de la imprenta, contravinieren á lo dispuesto en este regla» 
mentó, no sólo sufrirán la pena señalada por las leyes según la 
gravedad del delito, sino que éste, y el castigo que se les im- 
ponga, se publicarán, con sus nombres, en la gaceta de go- 
ierno. 

Art. 17. Los impresores de escritos sobre materias de reli- 
gión sin la previa licencia de los ordinarios, deberán sufrir las 
penas que en lazón del exceso en que incurran tengan ya esta- 
blecidas las leyes, y además la pecuniaria de cien p sos por la 
primera vez, doscientos por la segunda, y perdimiento de las le- 
tras, cajas y demás aparejos por la tercera, con extrañamiento 
de esta provincia. 

Art. 18. Los autores ó editores de obras políticas que abu- 
sando de la libertad de la imprenta sembraren ó esparcieren 
en ellas proposiciones ó máximas contrarias al dog-Tia, serán cas- 
tigados con las penas señaladas por las leyes al crimen que 
resultare haberse cometido, y doscientos pesos de multa por la 
primera vez, cuatrocientos por la segunda, agravándose por la 
tercera conforme á las leyes, según la intención y mayor mali- 
cia que se probare. 

Art. 19. Los autores, editores ó impresores que publicaren 
escritos contrarios al sistema de Venezuela, indicado en el ar- 
tículo 8.°, serán castigados con el último suplicio . 

Art. 20. Los autores, editores ó impresores de libelos infa- 
matorios y escritos calumniosos publicados contra algún cuerpo 
ó persona particular, serán castigados con la misma pena que 
debeiía imponerse á aquél ó aquellos contra quienes se dirige, 
si fuese cierto el delito imputado. 

Art. 21. Pero si la imputación, aunque cierta, fuese inju- 
riosa, entonces será castigado el autor, ó editor, conforme á las 
leyes del caso, y con arreglo á la gravedad y circunstancias de 
las injurias y ofensas. 

Art. 22. Los autores ó editores de escritos licenciosos y 
contrarios á la moral cristiana y decencia pública se castigarán 
por la primera vez con la pena de privación de sufragio activo 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 227 

acompaña en las aflicciones del año de 12, con- 
dena la conducta de las Cortes, y termina diciendo: 
"He hecho cuanto ha estado á mi corto alcance 
para persuadir á los americanos á la conciliación; 
mas ya no está en su mano ni en la mía. £1 Gobier- 
no español lo ha rehusado á la amistad, á la huma- 
nidad, á la justicia y aun á su propio interés. ¿Qué 
le resta que hacer á los americanos? ¿Se han de en- 
tregar á discreción de semejantes señores, fiados en 
la defensa de una tercera parte de representantes 
en el Congreso, á esperar justicia de él contra la que 
sumariamente le administren sus virreyes y audien- 
cias? Antes me cortara la mano con que escribo 
que recomendar tan funesto abatimiento. Una sola 
cosa sacrificaré en este punto al respeto de mi pa- 
tria... Nunca tomaré la pluma para atizar el furor de 
los americanos españoles en esta funesta guerra. 
Decídanla la espada y el Dios de la justicia, sin cas- 
tigar á mi patria de los horrores de su Gobierno." — 



y pasivo en las elecciones públicas, doscientos pesos por la se- 
gunda y destierro de la capital por dos años en la tercera. 

Art. 23. Los in:presores que omitieren poner sus nombres, 
ó algún otro de los requisitos indicados en el artículo 13, serán 
castigados, aunque las obras ó escritos se declaren inocentes, 
ó no perjudiciales, con cien pesos de multa por la primera vez, 
doble por la segunda vez, y por la tercera trescientos, y extra- 
ñamiento de las provincias. 

Art. 24. El Supremo Poder Ejecutivo y la Alta Sala de Jus- 
ticia entenderán en su caso de la averiguación, calificación y 
castigo de los delitos que se cometan por el abuso de la liber- 
tad de la imprenta, arreglándose á lo establecido en las leyes 
y dispuesto en este reglamento. — Francisco J. Yanes, presi- 
dente. — JOSÉ Paul, V. secretario. 



228 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

La Historia renueva al sabio español el título de 
^Venezolano*. 



XL 



En Venezuela habría sido difícil determinar el ca- 
rácter propio de las publicaciones periódicas, y ex- 
plicar de una manera precisa en qué se diferencia- 
ban las doctrinas. La libertad balbuceaba, y las 
doctrinas eran por lo común indecisas y de miras 
comunes y confusas. Había tendencias más bien que 
sistemas; y éstas mismas cambiaban rápidamente de 
aspecto, según el curso de la revolución, que en su 
desarrollo arrojaba nueva luz sobre los hombres y 
las cosas. 

El Semanario fué uno de los primeros periódicos 
que defendieron la revolución. Redactábalo el abo- 
bado Miguel José Sanz, espíritu vivo, penetrante, 
ürme, lleno de la necesidad de investigar y creer, 
<de afirmar y combatir. Profundamente convencido, 
él no supo nunca dudar ni vacilar. Aunque reserva- 
do y en apariencia tímido, le agitaba un entusiasmo 
íebril; y en él, y en el belicoso ardor de sus convic- 
«iones, tomó aquel estilo decidido y libre, colorido, 
abundante, desigual, enérgico, que caracterizaba sus 
escritos. Hombre de religión y fe, aunque de espí- 
ritu osado y valeroso carácter, su palabra circuns- 
pecta y hábil difirió muchas veces las tempestades 
que amenazaban á la Iglesia. El fué humano en tiem- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 229 

pos de violencia, honrado en una época de intrigas 
y venalidad, activo y fecundo en recursos en medio 
de inminentes peligros. Su espirita previsivo adi- 
vinó á Monteverde y los funestos resultados de la 
capitulación de Miranda: «Las protestas ó promesas 
de clemencia y olvido de lo pasado — decía en el nú- 
mero 21 de £"/ Semanario — servirán de emboscada 
á los suplicios, proscripciones y destierros; y seréis 
víctimas de la furiosa venganza de una tiranía irrita- 
da." Su pluma elegante y profunda había consagra- 
do una histeria á Venezuela..., que pereció en Ma- 
turín con la República en el fatal año de 14. 

Alrededor de El Publicista Venezolano se agru~ 
paron desde el principio los hombres más inteli- 
gentes y patriotas, los Uztáriz, Ramón García de 
Sena, Guillermo Pelgrón, que debía vivir tan poco; 
Pedro Gual, célebre después; Francisco Paúl, Teje- 
ra y otros muchos. Los presidía el doctor Francisco 
Espejo, nutrido con Monstesquieu y Mably, orador 
abundante y fastuoso, de la escuela asiática de los 
Paúles. Generosos, sinceros, entusiastas, llenos de 
animación y ardor, en medio de su generosidad, to- 
dos, excepto los Ustáriz, se hicieron sospechosos de 
ostentación; su sinceridad se asoció al ansia de los 
aplausos; su entusiasmo no excluyó el amor al brillo 
y al poder; su vuelo, si no se ahogó en la propia 
sangre, se exaltó en los peligros. La mayor parte de 
los hombres de esta época, militares y políticos, 
nacieron con la pasión del amor en el pecho, y casi 
todos, Espejo principalmente, se embriagaron con 



230 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

el perfume exhalado de unos cabellos negros; en 
busca de una gloria viril, apuraban de paso la copa 
del placer, sin adormecerse con el filtro emponzo- 
ñado. Les suspiros de la hermosura era el soplo que 
inflamaba su corazón, fortificándose, en vez de de- 
bilitarse, en la voluptuosa llama. 

Aunque D. Vicente Sallas fuese el redactor prin- 
cipal de la Gaceta de Caracas, D. Antonio Muñoz 
Tébar trabajaba en ella esforzadamente. Sallas era 
un griego, amigo de la belleza, lleno de chiste y sal 
ática. Tébar fué el órgano magnífico y terrible de la 
opinión, escritor de nobles y solemnes momentos, 
con la majestad del trueno en sus sonoras cláusulas, 
y á veces con el estampido del rayo. La dignidad y 
armonía de su palabra eran las de un alma que ha- 
bitó siempre puras y elevadas regiones. 

Cuando desciende de pronto sobre sus enemigos 
y mancha sus alas en el lodo de los partidos, pare- 
ce un ángel qne llora su caída y convida á lamen- 
tarla. 

"Guerra á muerte — decía el jueves 16 de Septiem- 
bre de 1813 (número 4.° de la Gaceta de Caracas) — ; 
el dulce americano, ¿será el que adopte tan funesta 
medida? jY guerra á muerte es el grito universal de 
América! Naciones cultas, contemplad nuestra situa- 
ción, y decidnos si no es lícito defendernos y des- 
truir á la fiera que nos devora. Españoles modera- 
dos del otro hemisferio: vuestros compatriotas en 
América no son hombres. Apenas creeréis en la 
descripción auténtica que insertamos." — Y el es- 



BIOGRAFÍA DEL GENE.iAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 231 

critor insertaba un artículo en que se referían algu- 
nos crímenes de Zuaola, cometidos en el pueblo de 
Aragua, de la provincia de Barcelona. 

Nosotros lo insertamos también, para hacer sentir 
el calor de aquella época, y que se sepa con qué 
lectura se nutrían el furor y la venganza. 

Suceso de Aragua, á que se refiere dicha Gaceta. 

Con motivo de auxiliar cualquier ejército de los 
españoles que obrase contra Maturín, se destacó por 
el gobernador de Cumaná un cuerpo de 300 hom- 
bres al mando de Zuazola, que debía situarse como 
cuerpo de observación en el pueblo de Aragua, 
de la provincia de Cumaná, distante diez y seis 
leguas de Maturín. 

Apenas llegaron las tropas al referido pueblo de 
Aragua cuando se tocó alarma para convocar á to- 
dos los vecinos, que andaban dispersos en sus la- 
branzas. Como éstos temiesen algún engaño en la 
llamada, aterrorizados de las tiranías de Zebery y 
sus satélites, no concurrieron á la señal. Repitió 
Zuazola la convocatoria por medio de proclamas 
que mandó fijar, no sólo en el pueblo, sino también 
en cada una de las casas y de los conucos de los 
vecinos, asegurándolos de su amistad y protección, 
y que venía de paz á estrecharlos en sus brazos, y 
á llevarles la felicidad. 

Á vista de esta promesa se animaron los vecinos 
á concurrir á la llamada, y se fueron presentando 



232 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cada cual en el tiempo que les permitía la distancia. 
A proporción que llegaban eran entregados á la 
muerte, ejecutando primero inauditas atrocidades 
que sólo pudo sugerir la barbarie más brutal y des- 
enfrenada. 

Se mandaba sentar en un banquillo á los que lle- 
gaban, y después de un rato de chuleo, befas y es- 
carnio, les cortaban las orejas, desde la parte supe- 
rior hasta el remate ó pie de la barba, y tomándolas 
y poniéndolas en manos del mismo paciente, para 
que las contemplase, era llevado después por sus 
pies á la orilla de una laguna inmediata, en donde 
se les cortaba la cabeza y se arrojaba á ella. 

A uno que resistió ó defendió con las manos tan 
terrible operación le desollaron un pedazo de pelle- 
jo del pecho y estómago, y después de haberlo cla- 
vado en una pared á su vista, fué conducido á la 
laguna, donde sufrió la suerte de los anteriores. 

Á otros los unieron por las espaldas de dos en 
dos, dándoles puntadas por los hombros y jarretes, 
y cosiéndolos con un rejo ó látigo de cuero los 
llevaron á la orilla del lago, en donde después 
de desorejados y descabezados, tenían su se- 
pulcro. 

Á otros los mutilaban puestos en el cepo de ca- 
beza ó de pies. Un jovencito de nueve años, hijo 
de uno de los que esperaban el sacrificio en el 
cepo, se presentó al impío Zuazola, ofreciendo ge- 
nerosamente su vida por la de su anciano padre, 
que era la columna de una mujer habitualmente en- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 233 

ferma, y de ocho hermanitos más pequeños que el 
suplicante. Esta acción brillante irritó la fiereza de 
Zuazola, y conduciendo al joven á la presencia de 
su padre, le cortó la cabeza á su vista y aceleró la 
muerte del pobre anciano. A otro joven con quien 
trató de divertirse el bárbaro, se le propuso perdo- 
narle la vida con tal que al sufrir el corte de las 
orejas no hiciese ademán de sensación con los 
ojos, manos, gfesto, etc. Después de mil súplicas 
que no se oyeron, se prestó la víctima á la condi- 
ción, y, en efecto, sufrió con constancia la mutila- 
ción, dejando burlada la fiereza del tirano, que, aun- 
que admirado, le nuandó tomar las orejas y que per- 
maneciese con ellas en sus manos, hasta que cesase 
una conversación que iba á emprenderle; ésta fué 
con serenidad sostenida y contestada por el pacien- 
te algún rato, hasta que se le mandó cortar la cabe- 
za, porque no merecía perdón quien había tenido 
tal sufrimiento, pues esta firmeza sería capaz de 
serles perjudicial en algún tiempo. 

A una mujer preñada que vino á rogar por la 
vida de su esposo se le cortó la cabeza, y como la. 
criatura diese saltos con la caída de la madre, se le 
abrevió la muerte á bayonetazos. 

Este ejemplar ahuyentó á las mujeres, y tuvieron 
el dolor de llorar las muertes de las víctimas, ale- 
jándose á los montes, en donde perecieron algunas 
de hambre y de desabrigo, lo que fué favorable á 
los asesinos, porque acercándose á las casas y cam- 
pos 200 de ellos, los saquearon y robaron de modo 



234 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

que quedó destruido y desolado el apreciable suelo 
de Aragfua. 

Este hecho se celebró en Cunaaná y Caracas con 
salvas y repiques, y se cantó Te Deum, etc. 



XLI 



Pero falta un periodista, falta un retrato á esa ga- 
lería: José Domingo Díaz, futuro redactor de la Ga- 
ceta de Caracas, bajo el Gobierno español, quien 
se ensayaba entonces por medio de epístolas viru- 
lentas en el espantoso papel á que estaba destinado. 

José Domingo Díaz exigía de la Historia un serio 
examen, y nosotros hemos instruido su proceso, 
leyendo con la pluma en la mano sus cartas, sus 
periódicos, sus diferentes escritos. 

El apologista furioso de la tiranía fué recogido 
una noche á las puertas de una familia pobre de 
Caracas, que recibía para educarle misteriosos re- 
cursos (1). Era alto y flaco, de rostro largo y enju- 
to, huesudo, de ojos verdosos, inquieto, de una ac- 



(1) Según el rumor público, era hijo de un médico roman- 
cista llamado por el vulgo No Juancho Castro; así lo dice tara- 
tién el pasquín que se le puso en Puerto Rico, siendo inten- 
dente de aquella isla: 

«Viva el luminoso astro, 
De Puerto Rico el valiente; 
Que viva nuestro intendente, 
El hijo de Juancho Castro.» 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 235 

tividad turbulenta y febril. Poseía también cuali- 
dades incontestables: la sobriedad, un amor al tra- 
bajo infatigable, excesivo. Después de haber hecho 
sus primeros estudios, siguió la carrera de la Medi- 
cina, donde aprovechó, sin duda; ya que se le ve 
alternando al principio del siglo con los doctores 
Salias, Limardo, Álamo, Tamariz y otros muchos, y 
obteniendo al fin el empleo de médico del hospital, 
que le disputaban- 

Ávido de conocimientos, quiso tentar también el 
estudio de las letras, para las que se necesitan dis- 
posiciones naturales, aún más que aplicación y cons- 
tancia. Hasta osó escribir y ensayarse en el drama, 
luchando en el Monólogo de Luis XVI con Gonzá- 
lez, ingenioso autor del Aníbal, y esforzándose por 
humillar á todos los de su época con su Inés, de 
ridicula memoria. Eran aquellos días de primavera 
literaria, en que aparecieron Bello, García de Sena, 
Vicente Salias, Muñoz Tébar, y tantos que debían 
ilustrar la primera época de nuestra revolución* 
jCómo debían sonreír estas inteligencias elegantes 
y finas á vista de los estériles esfuerzos del pobre 
Díaz, que confundía la cítara de Apolo con el cin- 
co (1) plebeyo y la pluma con el bisturí! En el es- 
critor vulgar, de alborotadas maneras, los contem- 
poráneos adivinaron al loco, loco singular, que ha- 
bía de dar en la tema de la tiranía y de la sangre. 
Un espíritu absurdo acompaña siempre á un mal co- 
razón. 



(1) Guitarra popular de Venezuela; tiene cinco cuerdas. 



236 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

La Envidia que miraba 
Desde el obscuro averno tal disputa 

Y veía también que allí faltaba 

El que obsequios más finos la tributa; 

Cual relámpago vuela, y al momento 

De Díaz apercibe el aposento. 

No la casa famosa 

Que habitan ciertas gentes 

En la ilustre ciudad de Zaragoza 

Da señales más ciertas y patentes 

De los dueños que ©n ella están morando 

Como la alcoba sucia, y mal compuesta 

En que Díaz se estaba paseando: 

Una mano en la boca tenía puesta 

Y aunque tijeras á la vista había. 
Con los dientes las uñas se roía: 
Avanzóse la Envidia, y con violencia, 
Poniéndole una mano sobre el pecho 
Le dijo de esta suerte: ¿Qué indolencia 

Es esta que en ti advierto; qué os he hecho 

Que así me abandonáis? ¿hay por ventura 

A quien le deba más que á mi cuidado? 

¿No debes confesar que sois mi hechura? 

¿Todo cuanto posees no te lo he dado? 

¿Te has olvidado acaso que yo era 

Quien tanto te asistió contra Cabrera, 

Cuando era tu Maestro? 

¿No te hubiera él sin duda confundido. 

Si de mis artificios tú tan diestro 

No te hubieras valido? 

Anda, parte al instante 

Pues es justo también el oponerte 

A la plaza que ya dejó vacante. 

La Envidia de esta suerte 

Hablaba, y Díaz con atento oído 

Sus voces escuchaba 

Y en el alma sin duda las gravaba 
Pues tomando el sombrero enfurecido 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 237 

Y dando muestras mil de efervescencia 
Que en su mente se había suscitado, 

A la calle salió; con redoblado 

Paso llegó por fin á la presencia 

Del general, y en tono descompuesto 

Habló de esta manera: 

Despreciable y vil turba ¿qué es aquesto? 

¿Habrá alguno que quiera 

Disputar una plaza que es debida 

Tan sólo á mi aptitud y mi talento? 

¿No he consagrado sin cesar mi vida 

A conseguir las luces necesarias 

En toda especie de conocimiento? 

¿No he dado á conocer en veces varias 

Por las obras que al público le he dado 

Lo mucho que por él he trabajado? 

¿El monarca no me ha favorecido 

Con concederme de doctor la gracia. 

Aunque para doctor no había nacido? 

¿Notoria no es á todos la eficacia 

Con que curo al que bien puede pagarme? 

¿No puedo lisonjearme 

De ser el traductor más aplaudido 

De Rum, ilustre y docto americano, 

Que trató de las fiebres peculiares 

Al suelo Pensilvano? 

¿No son particulares 

Mis talentos en la literatura? 

¿No he compuesto tragedias. 

Epigramas, sonetos y comedias? 

Mi tragedia de Inés, ¿no es de hermosura 

Sin igual en la lengua castellana? 

Y mi Luis XVI... 

El 9 de Abril de 1808 se embarcó Díaz para Es- 
paña, donde permaneció hasta Marzo de 1810, que 
tornó á La Guaira. Siete días después de Abril en- 



238 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tro á Caracas, turbado, perplejo con los cambiamen- 
tos que habían sobrevenido en su ausencia. Su va- 
nidad se irritó, viendo á los que reían de él en las 
aulas, á los que se mofaban de sus malos versos y le 
excedían en talento y en saber, ocupando la tribuna 
de la Prensa, representando á la cabeza del Gobier- 
no ó yendo á figurar en la antigua Europa. El calló 
por algún tiempo, sin embargo, y logró ocultar su 
despecho, y hasta que le ocupase el Gobierno en 
asuntos de importancia. 

Su papel comienza en Mcnteverde, en cuya épo- 
ca se le vio azuzando los hombres violentos, ani- 
mando á la persecución, llenando la Gaceta de in- 
sulsos versos y estúpidos editoriales. La llegada de 
Bolívar, el año de 13, le llenó de terror; sobre un 
asno, en la noche del 5 de Agosto, huyó despavori- 
do para La Guaira. Fué el último á embarcarse en 
la mañana del 6. 

Ya en Curafao levantó contra la Prensa de Cara- 
cas otra más violenta, en que derramó ondas de hiél, 
de ultrajes é ironía. Su violencia uniforme, la misma 
siempre, la monotonía del furor, que hace tan fati- 
gosa la lectura de sus escritos, fué uno de los gran- 
des males de aquella época. Su primer publicación 
fué una Carta del 30 de Septiembre de 1813; apa- 
reció la segunda el 15 de Octubre del mismo año, 
y continuó atizando con su pluma el fuego de los 
partidos, hasta el 14 de Octubre de 1814, en que 
llegó á Caracas, tras las armas de Boves, clamando 
venganza y pidiendo la cabeza de sus enemigos. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 239 

El mal hombre mereció la confianza de Boves, y 
á él se dirigía el comandante español para darle 
parte de sus triunfos y demandarle recursos (1). Al 
contestarle Díaz desde la Vela de Coro, el 4 de 
Agosto, no deja de ensalzarse á sí mismo, acusando 
de egoístas á los emigrados que le acompañaban. Y 
como le cegaban la rabia y el deseo de venganza,^ 
incluye este párrafo, que basta por sí solo para que 
entreveamos el infierno en el alma de aquel mé- 
dico: 

"Usted, indignamente insultado en casi todas las 



(i) Valencia, 4 de Julio de 1814. 

Sr. D. José Domingo Díaz. 

Muy señor mío: He recibido ios impresos que usted me man- 
dó, y doy á usted las más expresivas gracias por su recuerdo 
hacia mi persona. 

Los rebeldes enemigos de la Humanidad han sido derrota- 
dos completamente en La Puerta, al mando de los titulados ge- 
nerales Bolívar y Marino. 3.000 fusiles, nueve piezas de cañón, 
entre ellas un obús de nueve pulgadas, con todo lo demás de 
guerra, cayó en mi poder, como también su almacén de municio- 
nes que tenían en la Villa de Cura, inmediatamente pasé á La 
Victoria, y destiné al momento municiones y tropas á tomar po- 
sesión de los puebles de San Mateo, Cagua, Turmero, La Quin- 
ta y Maracay, que quedaron todos pacificados. Volví á reunir 
las fuerzas y me dirigí al inexpugnable punto de la Cabrera, 
donde se hallaban bien atrincherados, con fosos, estacadas y 
demás invenciones del arte, y con once piezas de artillería, la 
Infantería defendida por las lanchas de la laguna que por ins- 
tantes hacían un fuego vivísimo. En fin: después de un obstina- 
do tiroteo, les corté la retirada, y cayeron todos los cabezuelas 
en mi poder; entre ellos José María Fernández (conocido por 
Sarramenío) y todos los fusiles, cañones y pertrechos. 

Luego tomé sin resistencia los pueblos de Guacara, San Joa- 
quín y ios Guayos y me apoderé del Morro, y los tengo cerca- 
dos en Valencia, reducidos tan sólo á la plaza, que ya me ha- 



"240 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

miserables Gacetas de aquellos malvados, principal- 
mente en la del 31 de Marzo, y yo del mismo modo 
tratado con calumnias indecentes, injurias groseras 
é invenciones ridiculas en las del 22 y 25 de No- 
viembre, 13 y 17 de Enero, 16 y 20 de Mayo y 9 de 
Junio, quedamos completamente vengados con aque- 
llas victorias que restituyeron al rey el territorio 
usurpado. Dios se cansó de sufrir los insultos que 
nos hacían; los castigó por medio de usted de un 



bría apoderado de ella y sus trincheras sí no fuera por razón de 
la obstinación que tienen de dar fuego al almacén de pólvora, 
áe cuyo atentado perecerán muchos de los míos. Están muy es- 
casos de alimentos, y vivo persuadido que el hambre ios hará 
entregar. 

Soy de usted con la más alta consideración, su afectísimo y 
servidor, q. b. s. m., José Tomás Boves. 

P. D. — Esto se halla concluido, y puede usted venirse para 
Puerto Cabello. 

Valencia, 7 de Julio de 1814. 
Sr. D. José Domingo Díaz. 

Mi estimado amigo: Es muy numeroso el ejército que tengo 
que menester y vestir, y cada día se va aumentando considera- 
blemente. En consecuencia, y mediante el estado de desnudez 
•en que se hallan, sin tener muchos de ellos cobijas en las cir- 
cunstancias de aguas en que nos hallamos, me veo en la nece- 
sidad de dar á usted comisión á fín de que se sirva reunir los 
españoles pudientes que haya en esa isla; hacerles ver la nece- 
sidad de socorrer mi ejército (no de numerario), sino de fraza- 
<las y unas mudas de ropa, con algunas municiones que pueden 
ofrecérseme, luego que tome á Caracas; pues tengo, luego que 
deje el mando, que dirigirme á castigar los insurgentes de Cu- 
maná y Barcelona. 

Sírvase usted darme aviso de las resultas, y mande cuanto 
guste á su afectísimo y seguro servidor, q. b. s. m., José To- 
más Boves. 

P. D. — Sírvase usted entregar la adjunta á su título. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 241 

modo seguro y enérgico, y su justicia se extendió 
hasta poner en las manos del Gobierno español de 
Venezuela al sacrilego é insolente redactor de aque- 
lla Gaceta, D. Vicente Salias, mi condiscípulo, pró- 
fugo en el bergantín correo de Gibraltar, partido de 
La Guaira el 8 del último mes, apresado por el cor- 
sario español El valiente Boves, armado por D. Si- 
món de Iturralde, uno de los apasionados de usted, 
y conducido á este puerto. Si la justicia es tan rec- 
ta como debe ser, su vida terminará poco tiempo 
después de su Gaceta." 

¡Une su causa con la de Boves, para excitarle á 
vengar sus propios agravios, vengándclel ¡Los insul- 
tos que les hicieron fueron sacrilegios que Dios 
vengó, hasta poner á su autor en las manos de sus 
enemigos! ¡El nombre de condiscípulo, nombré dul- 
ce, que equivale al de hermano, lo invoca para re- 
comendarle á su furor y pedir su muertel Se unió á 
Boves en vida, ¡que vivan juntos en la memoria de 
la posteridad! 

A su vuelta de Curagao, D. José Domingo Díaz 
se presentó (en 1.° de Septiembre de 1814) al ca- 
pitán general, exigiéndole decretase y declarase 
que las injurias, calumnias é imposturas dirigidas 
contra su honor y persona por los escritos sedicio- 
sos, no podían ofender su buen nombre y reputa- 
ción. 

En 2 de Septiembre, el auditor Oropeza dijo en 
dictamen que: "los párrafos indecentes que contra 
Díaz se dieron, principalmente en las Gacetas de 

i6 



242 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

22 y 25 de Noviembre de 1813; 13 y 17 de Enero, 
16 y 19 de Mayo y 9 de Junio últimos, no perjudi- 
can sus procederes, buena opinión y conducta, por 
ser hijos de la maledicencia y del despecho de unos 
hombres perdidos, sin crédito ni opinión." Cajigal 
expidió un decreto en aprobación del dictamen» 
que Morillo confirmó después. 

D. José Domingo Díaz comenzó á redactcr la Ga- 
ceta de Caracas el 1.° de Febrero de 1815. Fué una 
campana fúnebre que no dejó de sonar con amena- 
zas de muerte en los oídos de los patriotas. Su plu- 
ma celebró asesinatos á sangre fría y crueldades 
inútiles, el degüello de las esposas y los hijos, las 
ejecuciones inhumanas del espíritu de partido, la 
violencia y el crimen. ¿Qué fruto logró del sacrifi- 
cio de su alma, de la venta de su conciencia, de la 
prostitución de su ilimitada inteligencia? 

Nosotros leemos en la Gaceta de Caracas de 31 
de Enero de 1821 los siguientes conceptos: 

"Yo he sido solo en esta clase de guerra; ningu- 
no, absolutamente ninguno de los que ahora apare- 
cen con un tono tan magistral, ha querido acompa- 
ñarme en mis combates; ninguno ha querido tomar 
en él la más pequeña parte, ninguno presentar su 
nombre, comprometerse ni exponerse á las seguras 
consecuencias de su comprometimiento. Yo, como 
era regular, he sido atrozmente ultrajado por el 
partido contrario; he visto mi cabeza puesta en pre- 
cio, y he renunciado hasta la memoria de mi patria 
en caso de un suceso desgraciado. He hecho con 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 243 

un placer inexplicable estos grandes sacrificios, y 
los insultos de mis enemigaos no han hecho jamás 
en mi corazón una impresión desagradable. He re- 
cibido con gusto las injurias que ellos me han pro- 
di-rado; pero estoy muy lejos de ver de igual modo 
las de aquellos hombres á quienes he servido en 
común, y de quienes esperaba otra gratitud y re- 
compensa... Los que me animaban con sus pasiones 
y me inspiraban sus rencores, hoy me acusan de 
imprudente y me atribuyen los males que deplora- 
mos todos. Pero yo he seguido y seguiré decidida- 
mente el partido de mi nación, y buscaré su go- 
bierno dondequiera que exista; pero siempre anhe- 
laré por la paz de Venezuela como uno de mis ma- 
yores placeres, y viviré contento cuando vea que 
ha huido la discordia de mi patria, aunque para ello 
se exija que yo la pierda." 

La Gaceta había pasado á otras manos. 

jLección terrible para los escritores políticos! 



XLII 

Pero la trompa guerrera nos llama; el ejército de 
Oriente ha llegado en defensa de Bolívar. 

Hemos visto ya que el 30 de Marzo, después de 
treinta y dos choques sangrientos, Boves había le- 
vantado el sitio de San Maleo. Sabía la aproxima- 
ción del ejército oriental, y se cuenta además que 



244 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

el sacrificio heroico de Ricaurte le había llenado de 
admiración y asombro: el valiente granadino había 
salvado á Bolívar. Así en las viejas batallas de 
Roma, cuando balanceaba la victoria; cuando las 
legiones flotaban indecisas, el pontífice, en hábitos 
blancos, se avanzaba al frente del ejército y pro- 
nunciaba las palabras del sagrado rito: un hombre 
se presentaba, Decio ó Curcio, que repetía la fór- 
mula, é iba á morir por el pueblo. 

En esa época terrible, los días eran años, cada 
hora estaba escrita con sangre. El 31 la acción equí- 
voca de Bocachica entre el ejército de Oriente y 
«na parte del de Boves. El 1.** de Abril, sitio de 
Valencia por Cajigal, Ceballos y Boves mismo. 
El 2, sangriento combate entre sitiados y sitiadores; 
«1 5, auxilio del ejército libertador de Oriente, que 
entra en Valencia. 

La fortuna, en esos días corría engañadora, de 
«na en otra bandera; el día 16 Marino es derrotado 
por Ceballos en el Arao. 

"Pocos días después — dice el doctor Yanes en 

su historia inédita (1) — supo Bolívar que Cajigal 

(1) La obra más instructiva sobre la Revolución es la del 
doctor Francisco J. Yanes, por desgracia inédita. En la del ge- 
mera! Austria hay algunos documentes que consultar. Las otras 
son romances que no resisten al examen, donde nombres, da- 
los, hechos, casi todo es inexacto, falso, imprudentemente car- 
dado de ficciones. Con atención hemos leído la que acaba de 
«parecer bajo el título Vida de Bolívar, del señor Felipe La- 
rrazábal; es un libro deplorable: ningún candor histórico, alte- 
ración maliciosa de los hechos, pretensiones á erudito con 
préstamos inseguros ó vulgares; todo en estilo desigual y abi- 
garrado, lleno de relumbrones y falso brillo. Por el examen de 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 245 

se había reunido con Ceballos y Calzada y que 
marchaban con una fuerza de 6.000 hombres; aun- 
que con poco más de 5.000, determinó salirles al 
encuentro. El 28 de Mayo, á las nueve de la maña- 
na se descubrió la línea del ejército realista, que se 
había situado en la sabana de Carabobo, distante 
seis leguas de Valencia, y al punto se formó en ba- 
talla el ejército libertador, cuyas divisiones de van- 
guardia, centro y retaguardia estaban mandadas 
por los coroneles José Francisco Bermúdez, Manuel 
Váldez y Leandro Palacio, mientras los flancos de 
cada una estaban cubiertos por dos piezas de arti- 
llería. A las doce y media se dio la orden de mar- 
char en batalla, y la línea republicana avanzó sobre 
la realista, sufriendo, sin disparar un tiro, el fuego 
de sus artilleros." 

Al trabarse la batalla, el Libertador habló así ai 
ejército: 

"¡Soldados! Tenéis delante los mismos jefes y los 
mismos españoles de quienes habéis triunfado en 
naás de cien combates; ¡que sea este el último!" 

El general Marino recorrió la línea y dijo: 

"¡Soldados de Oriente! Mostrad vuestro antiguo 
valor, y concluyamos hoy con el que se nos escapó 
en Barcelona, con Cajigal, que al oir vuestro nom- 
bre huirá ahora como huyó antes, despavorido, de 

algunos hechos, en relación con la Biografía que escribimos, 
nuestros lectores podrán tocar con la mano, desde la entrega 
siguiente, lo que apenas indicamos aquí. Tan rápidamente des- 
ciende la República, que tornamos á dar oro por cascabeles y 
barajitas. 



246 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

las provincias orientales; seguidme y avanzad con 
firmeza." 

DiHgíéndose el general Ribas al batallón Barlo- 
vento, le dijo, entusiasmado: "Vosotros sois de esos 
en quienes jamás influye la suerte varia de la gue- 
rra, pues habéis sido siempre vencedores; vais á 
mostrar hoy más que nunca vuestro valor y discipli- 
na, y si se nos presenta algún obstáculo para con- 
seguir la victoria, venzámoslo." 

Crudo fué el combatir, y duró desde las nueve de 
la mañana hasta las tres de la tarde, en cuyo inter- 
medio apenas hubo algunos minutos en que un fue- 
go vivísimo ó los choques de la Caballería dejaran 
de causar estragos en ambos Cuerpos. Pero entran- 
do al fin los realistas en desorden, su reserva y Ca- 
ballería se pusieron en vergonzosa fuga por el ca- 
mino del Pao y San Carlos, haciendo lo mismo 
Cajigal, Ceballos, Calzada, Correa y otros jefes y 
oficiales, dejando el campo cubierto de muertos y 
heridos, y en poder de los patriotas 4.000 caballos, 
gran número de prisioneros y artículos de guerra, y 
todos los equipajes, donde halló la tropa gran nú- 
mero de onzas de oro y algunas alhajas. 

Hallóse entre los muertos al mayor general Paz 
Méndez. El mayor general de Infantería D. Melchor 
Somarriba, y el teniente coronel D.Joaquín Puelles, 
fueron muertos por Bermúdez, acción que desapro- 
bó Bolívar altamente. Distinguiéronse en esta me- 
morable jornada Bermúdez, Váldez, que fué leve- 
mente herido, Mariano Montilla, Antonio M. Freites 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 247 

y el comandante de Caballería Francisco Carvajal, 
alias Tigre encaramado, quien salió del campo con 
un escuadrón y persiguió á los que huían hasta el 
Tinaquillo. 



XLIII 

Siniestros rumores entristecieron las alegrías de 
la victoria. Súpose que Boves había levantado un 
formidable ejército y que avanzaba precipitadamen- 
te hacia la serranía: el 14 de Junio se avistaron sus 
avanzadas en San Juan de los Morros. Marino, que 
estaba situado en la villa de Cura con 1.500 infan- 
tes, 100 artilleros y 700 jinetes, se dirigió al sitio de 
La Puerta, donde ocupó posiciones: á la mañana 
del día siguiente llega Bolívar de Caracas y toma el 
mando. El genio de la Patria le había abandonado: 
había diseminado las tropas que debían resistir y 
vencer; al principiar el combate manda desplegar in- 
tempestivamente el batallón de Aragua, que des- 
aparece con su jefe. Su pérdida es la señal de la 
más completa derrota; el resto de la Infantería mue- 
re á lanzazos. En vano quiere resistir el batallón pri- 
mero de Cumaná: la Caballería enemiga rompe su 
cuadro y lo anega en sangre; el valeroso Freites 
toma la resolución heroica de darse muerte, y con 
ambas pistolas se atraviesa el corazón. La Caballe- 
ría, mal montada, tuvo que huir ante los escuadro- 
nes impetuosos de Boves. 



248 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Nosotros hemos deseado visitar, con religioso 
respeto, el campo de Carabobo, campo de victoria; 
y el sitio de La Puerta, desnudo y desierto, donde 
no se ve ni una tumba levantada á los muertos, ni 
una piedra funeraria. Perecieron allí Antonio Muñoz 
Tébar, García de Sena y mil otros que eran la es- 
peranza de la Patria. 

A las nueve y media de esa noche espantosa llegó 
Bolívar á La Victoria, recorriendo en tres horas y 
media la distancia de diez y media leguas. Desde 
allí participa la desgracia reciente al gobernador 
Escalona y al general Urdaneta, previniéndole al 
primero mantuviese á todo trance la plaza de Va- 
lencia, pues él seguirá para Caracas á formar un po- 
deroso ejército con que volvería pronto en su soco- 
rro, y al segundo que se acercara con su división. 
He aquí el parte dirigido á Ribas; 

"2.* A las dos de este día ha huido cobarde- 
mente nuestra Caballería en la acción de La Puerta, 
donde hemos encontrado hoy á las tropas de Boves, 
cuya Infantería no pasa de 800 hombres, mitad de 
fusileros, y la otra de lanza, con 1.000 y pico de ca- 
ballos y dos piezas de artillería. Nuestro ejército 
era fuerte, de 1.200 fusileros, 700 caballos y 100 ar- 
tilleros. Las posiciones que ocupábamos eran ven- 
tajosas para nuestra Infantería. Se ha batido como 
acostumbra, divinamente, y deberá salir íntegra á 
esta villa, porque no ha sufrido la menor pérdida. 
Sin embargo, el campo y nuestra artillería han que- 
dado por el enemigo, porque la fuga de nuestra 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 249 

Caballería nos ha obligado á padecer esta pérdida. 
El enemigfo, aunque muy despreciable, debe aumen- 
tarse y animarse con esta victoria, y así es abso- 
lutamente de necesidad agotar todos los recursos 
de la República para salvarla de la presente situa- 
ción. Es necesario manifestar al público cómo esta 
pequeña desgracia ha puesto la Patria en un inmi- 
nente peligro, si no levantamos 2.000 caballos en 
esa ciudad y sus alrededores, montados por la flor 
de la juventud de Caracas, que es la única que tie- 
ne opinión; que todos los ciudadanos deben dar, no 
solamente sus caballos ó muías aperadas, sino tam- 
bién todo el dinero, armas y vestidos que tengan, y 
aun los sirvientes y esclavos, siempre que sea ne- 
cesario, ó prepararse á recibir la afrenta, la esclavi- 
tud y la muerte del más abominable de todos los 
monstruos, cuya audacia y actividad debemos te- 
mer, si con la última celeridad no levantamos otro 
ejército que pueda contenerlo. De cuantos golpes 
ha recibido la Patria ninguno es más pequeño que 
éste; pero ninguno es más fatal. Boves puede pe- 
netrar hasta Caracas sin obstáculo, por la distancia 
en que se hallan nuestras fuerzas de Occidente? 
porque con nuestra Infantería no debemos contar 
en tres días, que debe gastar en el tránsito de La 
Puerta aquí, por las serranías de Cairara y del Pao. 
El enemigo ha variado de divisa, y hace uso de la 
blanca: lo comunico á V. E. para que lo haga saber 
al público. Hará V. E. venir inmediatamente de La 
Guaira, el Túy y Patrullas todos los fusiles, para de- 



250 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

fender la ciudad en caso de ser atacada. También 
hará construir todas las municiones que se puedan 
y lanzas. Yo pasaré á esa ciudad, quizás mañana, 
á organizar la fuerza que debe salvar la República. 

„Dios, etc. La Victoria, Junio 15 de 1814, a las 
doce de la noche.— Simón Bolívar. 

„Seííor general en jefe, comandante general de la 
provincia." 



XLIV 

El 15 de Junio fué el desastre de La Puerta. El 16 
llega Boves á La Victoria. Toma el 17 la Cabrera. 
El 18 ocupa el pueblo de Gu.icara, donde se reor- 
ganiza su ejército. Boves había destacado una divi- 
sión de 1.500 hombres á las órdenes del capitán 
de vanguardia D. Ramón González; y aproximán- 
dose éste á la capital. Ribas, al frente de una co- 
lumna, cayó sobre su descubierta y la destruyó: en 
el sitio de las Cocuisas le detuvo una orden de Bo- 
lívar que le ordenaba retroceder á Caracas. El 
general Marino dejó esta ciudad en la noche del 19 
y se puso en marcha para las provincias orientales. 
El 5 de Julio llegó á La Guaira el comandante D'El- 
huyar,con 500 hombres. El 6 una columna realista se 
presentó en el pueblo de Antímano y Bolívar y Ri- 
bas salierou á su encuentro y la derrotaron. 

En esta noche se trató en una junta de guerra so- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 251 

bre el partido que debía tomarse, atendiendo á las 
circunstancias. Bolívar opinó porque se evacuase ia 
ciudad y se retirasen las tropas á Barcelona y Cu- 
maná. Ribas, á la cabeza de otros muchos jefes, 
Ribas sanguino, violento, imperioso, agradable al 
pueblo por el énfasis heroico de su figura y pala- 
bra, sacudía orgullosamente la cabellera de león, y 
se impacientaba y enfurecía á la idea de dejar la ca- 
pital. La previsión universal de su espíritu, su activi- 
dad infatigable, su fuerte decisión hicieron de él un 
centro eléctrico. "Simón, Simón — le gritó á Bolívar — ; 
deja reparar los males que has hecho." Pero Bolí- 
var tenía razón: Caracas no podía defenderse, por 
la inmensidad de su circuito, por la falta de barre- 
ras naturales; ni murallas ni fosos; y lo que es peor, 
en medio de un patriotismo aparente, el realismo 
invisible. Esparcida Caracas vagamente entre sus 
cuatro ríos, abierta por todas partes, apenas si po- 
día guardarse hacia el Norte; las huestes de Boves 
se desbordaban por todas partes. Bolívar triunfó, y 
en esa misma noche emprendió su retirada hacia 
Barcelona por la montaña de Capaya y la costa 
del mar. 

Los contemporáneos le acusaron de haber forza- 
do la ciudad entera á la emigración; ello es que en 
la mañana del 7, veinte mil caraqueños de toda 
edad y sexo dejaron sus habitaciones, sin recursos, 
sin haber pensado en las primeras necesidades, in- 
ciertos del lugar adonde iban, corriendo á embar- 
carse para las colonias, ó tomando el camino de 



252 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Barcelona. Los heridos y enfermos dejaron los hos- 
pitales y se arrastraban hasta los caminos públicos; 
sus alaridos se mezclaban al clamor de las mujeres 
y niños que dejaban á sus madres ancianas para 
irse á una cruzada desconocida y llena de peligros. 
Del ejército, querían unos que se caminase lenta- 
mente, y otros que se hiciese más rápida la marcha, 
esto es, que se abandonasen los débiles, masa con- 
fusa de mujeres y de niños. 

Cuando se supo que el ejército de Boves corría 
en su persecución, la emigración tomó alas y en la 
desmoralización absoluta en que cayó, no pensando 
cada uno ^ino en sí, mujeres y niños fueron aban- 
donados en los caminos. ¿Qué quedó? Una proce- 
sión espantosa de cadáveres vivos, de aparecidos, 
de exhumados; extrañas é indecentes vestiduras, 
mujeres traídas como hombres, con fustanes sobre 
la espalda, porción de infelices semidesnudos; era 
el carnaval de la muerte; se seguían las bandas por 
el olor. En medio de todos estos males, el hambre, 
y tras el hambre, el tifus. Los que llegaron á Barce- 
lona hallaron allí su sepulcro; pocos volvieron, tras 
largas peregrinaciones y peligros, al hogar querido. 

El día 13 Morales, con una fuerte división, mar- 
chó hacia Oriente en persecución de los patriotas, 
El resto del ejército, con Boves se dirigieron á Ca- 
racas; mientras nuestras reliquias de La Puerta, de 
Puerto Cabello, Caracas y La Guaira, tras indeci- 
bles trabajos, fueron á reunirse en la villa de Ara- 
gua de Barcelona. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 253 

El historiador honra la humanidad, recordando 
con honor á D. Mariano Ramírez, intendente en 
aquella época de la isla de Puerto Rico. Sabiendo 
que más de ochocientos caraqueños habían llegado 
á Santomas, y que mendigaban por las calles, ham- 
brientos y sin asilo, dispuso se les socorriese al 
punto, enviándoles, entre otras cosas, mil pesos fuer- 
tes. Sabido esto por la Corte, le dirigió la Real orden 
siguiente: 

„ Queda enterado el rey por la carta de U. S.de 22 
de Julio último, número 158, y documentos que in- 
cluye de la ocupación de Caracas y La Guaira por 
las tropas leales, como también en las medidas que 
ha tomado U. S. para atender al socorro de las 
ochocientas personas de mujeres y niños que han 
arribado á Santomas; y de los envíos de víveres y 
semillas á Puerto Cabello y Venezuela, todo lo que 
es muy de la aprobación de S. M., y me ha mandado 
dar á U. S. las más expresivas gracias por su celo y 
actividad. 

„Lo que de su Real orden comunico á U. S. para 
su inteligencia y satisfacción. — Dios, etc. — Ma- 
drid 30 de Noviembre de 1814. — Lardizábal. 

«Señor intendente de Puerto Rico." 



254 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



XLV 



Grandes fueron los esfuerzos de los patriotas para 
fortificar á Aragua: la isla de Margarita provee de 
fusiles y municiones y envía 300 soldados; 700 hom- 
bres armados vuelan de Cumaná. Bolívar y Ber- 
múdez se ponen al frente de esta fuerza, y se confía 
la Caballería á los comandantes Manuel Cedeño, 
José Tadeo Monagas y Pedro Zaraza; hiciéronse 
precipitadamente algunas fortificaciones, y juraron 
todos resistir en aquel punto hasta la muerte. 

*E1 17 de Agosto se presentó Morales al frente de 
Aragua con 8.000 hombres, mientras llegaba apenas 
á 3.000 el ejército republicano. El combate fué en- 
carnizado; principió en el paso del río y terminó 
dentro de la población, en donde entró Morales, por 
no haberse cubierto debidamente uno de los puestos 
más importantes. La victoria se decidió por los rea- 
listas, quedando en el campo Francisco Carvajal 
{tigre- encaramado), el hombre más valeroso y arro- 
jado de todos los conocidos hasta entonces en los 
ejércitos de Venezuela desde el principio de la re- 
volución..." (1). 

El 19 evacuó Bolívar á Barcelona, y con toda la 
emigración corrió á fortificarse en Cumaná. 

Para el 24 súpose en esta ciudad que los realistas 

(1) Doctor Yanes. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 255 

corrían hacia ella, y fueron varios los pareceres sobre 
el partido que debía tomarse. Habiéndose dado 
orden, dice Yanes, al comandante de Artillería, 
Ascue, para que permaneciese en la plaza, la des- 
obedeció sin embozo, yéndose á uno de los buques 
de la escuadrilla. 

El 25, en una junta de guerra presidida por el ge- 
neral Marino, á que asistieron Ribas y otros jefes, 
habiéndose discutido !o que debiera hacerse, opi- 
naron unos que debía evacuarse la capital, mientras 
sostienen otros que había medios suficientes de de- 
fensa, y que se daría un golpe mortal á la opinión 
evacuando á Cumaná; los que pensaban así habían 
convenido en dar el mando al general Ribas, depo- 
niendo á Marino y nombrándole por segundo á Piar, 
que se hallaba en Margarita. Después de grandes 
altercados, quedó resuelto que se evacuase la ciu- 
dad, ya que el pueblo, á la noticia de que se 
aproximaba el enemigo, se había dispersado por 
todas partes; se publicó un bando en que se orde- 
naba la retirada á lo interior, pero cada uno tomó la 
ruta más conforme á sus miras... Los que seguían de 
buena fe la libertad, se dirigieron á Carúpano y Ma- 
turín, superando dificultades inmensas y sufriendo 
trabajos indecibles. Los adictos al Poder sin restric- 
ción y al gobierno militar, siguieron á Bolívar y á 
Marino, contándose entre éstos gran número de em- 
pleados civiles. Fué entonces que se vio en Vene- 
zuela dividida la opinión entre los que seguían la 
causa de la independencia; porque fué entonces 



256 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cuando se manifestaron sin rebozo ideas contrarias 
á los principios del gobierno popular representativo, 
proclamados desde el año de 1810 en todos los Es- 
tados. 

Comienza aquí el lamentable episodio de Bianchi, 
jefe marino (italiano) que había prestado grandes ser- 
vicios á la República, y que creyéndola perdida, se 
aprovechó de su ruina y se dividió sus despojos. 
Tiempo había que meditaba Bolívar trasladarse á 
Nueva Granada en busca de auxilios para continuar 
la guerra en Venezuela; Marino contaba más con los 
recursos del país. Ahora se confían ambos jefes 
(26) á un pirata que los oprime, que les vende como 
un favor llevarlos al destierro, cuyo capricho fingirá 
protegerlos, y que escribe á Piar, gobernador de 
Margarita, estas terribles líneas: 

"Los generales de Oriente y Occidente habrán 
marchado anoche para Cartagena. La división y la 
feroz discordia despedazan los miserables restos de 
la república de Venezuela. Asomadas diferentes 
iacciones y sostenidas por los primeros jefes, suce- 
derá muy pronto la anarquía al orden y concierto 
necesarios. Se toman providencias, se adoptan ya 
medidas que tienden á la disolución más espantosa. 
¡La libertad de los esclavos! Ella sola es bastante 
para producir la esclavitud general del país. Me ha 
parecido bien, y aun de obligación elevar al conoci- 
miento de U. S. estos sucesos, por lo que pueda 
convenir al servicio de la patria. 

„Dios,etc. — PampatarlOde Septiembre del814." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 257 

Ocho días antes, el 2 de Septiembre, se había pu- 
blicado en Carúpano un edicto de los generales 
Ribas y Piar, nombrados por el pueblo jefes supre- 
mos, en el que proscribían á Bolívar y Marino, de- 
clarándolos desertores y malos ciudadanos por ha- 
berse embarcado separándose del ejército y abando- 
nando el territorio de Venezuela^ ocupado en parte 
y acometido por otra de Morales y Boves. 

"Los caudillos militares de la provincia -dice el 
señor Felipe Larrazábal — , instigados por Ribas y Piar, 
habían formado un acuerdo de proscripción contra 
el Libertador y Marino, acusándoles haber desertado 
del ejército y escapado á las Antillas; y proclamaron 
en consecuencia á Ribas y Piar, motores de tan cri- 
minales manejos, primero y segundo jefes de las 
tropas. Así los recientes servicios del Libertador y 
la solicitud patriótica con que buscaba á sus compa- 
ñeros de armas para continuar defendiendo á su 
frente la libertad de Venezuela y de la América, 
fueron correspondidos con insultos y vejaciones. 
— Ribas, que á la sazón se hallaba en Cariaco, acudió 
á Carúpano el 4; desconoció á Bolívar y redujo á 
prisión al general Marino... ¡Intolerable ingratitud! 
¡Desenfrenada ambición! — Ribas debía á Bolívar 
sus grados militares y mando que alcanzaba. Poco 
tiempo había transcurrido que, dirigiéndose al Cuer- 
po municipal y notables del pueblo de Caracas, se 
había deshecho en alabanzas fervorosas de Bolívar; 
aún leían muchos aquel importante documento que 
tributaba cumplida justicia al mérito insigne del Li ■ 

17 



258 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

bertador... y ¡ya le destituye y proscribe!... Jy le des- 
conoce!... y, ¡olvidando sus virtudes, insulta su ca- 
rácter y ofende su patriotismo!..." 

Es preciso no conocer la época que procuramos 
describir, las pasiones que agitaban los espíritus» 
las esperanzas y temores en que flotaban todos, du- 
rante aquellos días terribles, para escribir esos con- 
ceptos, llenos de inconcebible ligereza. Las revolu- 
ciones son Minotauros que devoran rápidamente los 
partidos y los hombres; y ya había años, siglos para 
los pueblos, que Bolívar y Marino regían los desti- 
nos de la Patria. La fortuna, que es la primera virtud 
del guerrero, y que los conservaba en el Poder, los 
había abandonado: se censuraban sus actos; los mis- 
mos que los habían aplaudido los acusaban de ser 
causa de la disolución de la República. La derrota 
de La Puerta, que se atribuyó á Bolívar en aquel 
tiempo, exasperó todos los ánimos; se le había acon- 
sejado que reuniera con el resto del ejército los 
2.000 soldados de Urdaneta, los 5.000 de D'Eluyar 
y los 400 del Calvario, y aventura la suerte de la 
República con tropas insuficientes. Había tomado 
pocos días antes, en la batalla de Carabobo, 4.000 
caballos, y aparece ahora con una Caballería mal 
montada, contra la brillante Caballería de su incansa- 
ble enemigo. Y luego, desde las seis de la tarde ha- 
bía abandonado las trágicas sabanas de La Puerta, 
y había escrito á Ribas que estaba íntegra la Infan- 
tería, que los contrarios habían lanceado á su vista, 
y le pide 2.000 caballos montados por la flor de la 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 259 

juventud de Caracas, cuando no había un jumento» 
y la juventud de Caracas había perecido ó luchaba 
en los combates. Y luego llama á Urdaneta, que, 
por fortuna, no llega, y va á salvar en Nueva Gra- 
nada las reliquias del ejército; y ordena á D'Eluyar 
que active el sitio de Puerto Cabello; y escribe á 
Escalona que conserve á toda costa á Valencia; y 
manda á los del Calvario que resistan esforzadamen- 
te, prometiéndoles á todos prontos y eficaces auxi- 
lios. Sabemos que le engañaba su valor; pero los 
pueblos y los hombres morían, y quejas amargas se 
murmuraban en secreto. 

La emigración y sus espantosos desastres, que se 
le imputaron no sin razón, pusieron el colmo al dis- 
gusto público, y desataron labios hasta allí silencio- 
sos. ¿Qué debió suceder con la derrota de Aragua? 
¿Qué con la nueva emigración de Cumaná? De 
pronto D'Eluyar y el secretario Paúl esparcen que 
Bolívar meditaba escaparse á Nueva Granada, y 
que ellos le habían detenido; el rumor crece y el pi- 
rata Bianchi lo confirma. ¿Es extraño que en la or- 
fandad del ejército nombrase éste, en lugar de lo 
que creía partidos, nuevos jefes que lo mandasen? 
El aparecimiento repentino de Bolívar y Marino no 
pareció á todos sino una nueva complicación. Ribas» 
con 50 carabineros, prende á Marino, y después de 
una larga conferencia con Bolívar le determina á 
embarcarse para Cartagena. 

Bolívar mismo se había declarado responsable 
de as Jesgracias de la Patria; en su proclama de 



260 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

13 de Abril de 1814 había dicho desde Caracas: 

"{Compatriotas! La guerra se hace más cruel, y es- 
tán disipadas las esperanzas de pronta victoria con 
que os había excitado. Nuestros propios hermanos, 
unidos por siglos de esclavitud á nuestros tiranos, 
dilatan, Dios sabe por cuánto tiempo, la época de la 
libertad. El Ejército ha hecho cuanto estaba de su 
parte: valiente, disciplinado, constante, dondequie- 
ra ha dado muestras de su intrepidez y pericia. No 
estaba en su mano el milagro de cambiar en un día 
hábitos inmemoriales. 

«{Soldados! Si Dios nos prueba con tantas dificul- 
tades y desgracias, no nos abandona; El quiere que 
merezcamos por nuestros esfuerzos y virtudes lo que 
sería en otros pueblos la obra de los años. 

„Un nuevo esfuerzo, venezolanos, y vamos á des- 
truir los enemigos de la Patria. 

«Terribles días estamos atravesando: la sangre co- 
rre á torrentes; han desaparecido los tres siglos de 
cultura, de ilustración y de industria; por todas par- 
tes aparecen ruinas de la Naturaleza ó de la guerra. 
Parece que todos los males se han desencadenado 
sobre nuestros desgraciados pueblos. 

„Pero su exceso mismo nos indica que van á ce- 
sar. El valor del Ejército, el patriotismo inagotable 
de los ciudadanos nos prometen nuevas victorias." 

En su manifiesto de Carúpano, de 7 de Septiem- 
bre, Bolívar dice francamente: "Yo he sido elegido 
por la suerte de las armas para quebrantar vuestras 
cadenas, como también he sido, digámoslo así, el 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 261 

instrumento de que se ha valido la Providencia para 
colmar la medida de vuestras aflicciones. Sí, yo os 
he traído la paz y la libertad; pero en pos de estos 
inestimables bienes han venido conmigo la guerra y 
la esclavitud." 



XLVI 

La opinión pública, que rugía en secreto hacía 
tiempo, tronó de golpe contra Bolívar. Sus amigos» 
sus parientes cercanos conspiraron contra él, y es 
de leerse la acusación que dirigieron al Congreso 
de Tunja desde la isla de Margarita, el 2 de Diciem- 
bre de 1814. Discretamente omitiremos los nom- 
bres: 

ACUSACIÓN 

del general Bolívar, ex dictador de Venezuela, que desde 
la isla de Margarita dirigen al soberano Congreso de 
Tunja unos verdaderos republicanos. 

Excelentísimo señor: 

Los últimos restos de los desgraciados habitantes de 
Venezuela, y los extranjeros poseídos de sus mismos sen- 
timientos, han recibido lamas fuerte impresión al saber que 
D. Simón Bolívar, según se anuncia por las islas de Cura- 
sao y Jamaica, después de haberse indemnizado ante los 
cuerpos que representan la soberanía de esos pueblos, ha 
logrado otra vez que se pongan algunas tropas de esos pa- 



262 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

cíficos pueblos bajo de su mando. Este paso no sólo pa- 
rece del todo inverosímil, sino increíble, y, más que otra 
cosa, impropio de la justificación y luces del augusto Con- 
greso de Tunja. Los hombres de bien, deseosos de evitar 
xma sorpresa, se estimulan á formarle, no todos los capí- 
tulos que presta su criminal y atolondrada conducta, sino 
aquellos más graves, y á los que Bolívar no puede respon- 
der, ni tampoco justificarse, aun cuando eligiese por jue- 
ces á sus amigos y compañeros en sus delitos. 

Capítulo 1.° Haber roto sus relaciones diplomáticas 
con esos Estados, y visto con una indiferencia escandalo- 
sa á los primeros militares que le acompañaron en la cam- 
paña. No hay excusa á este cargo, porque muy al princi- 
pio se le manifestó la indispensable necesidad de estre- 
char los vínculos de la unión, como que Venezuela no po- 
día figurar por sí sola en el mundo político; tampoco la hay 
en las circunstancias de la guerra, porque sobre no haber 
sido del todo imposible la comunicación por tierra, esta- 
ba expedita por mar, así como lo estuvo para otras comu- 
nicaciones de menos importancia. 

Cap. 2.° El desprecio de los consejos eventuales que 
se le propusieron para las deliberaciones graves ó arduas 
en todos ramos. Así se le vio tomar providencias por sí 
solo, del mayor comprometimiento y transcendencia, que 
inundaron de sangre las provincias, con infracción de sus 
promesas, y en contradicción á los principios de manse- 
dumbre y lenidad que distinguen á los americanos. Así se 
le vio oprimir la inocencia, causar y preparar el extermi- 
nio de la mayor pa^te de sus hermanos. 

Cap. 3.° No haber dado ningún Gobierno á los pue- 
blos de Venezuela en los once meses de su mando, y sí 
mantenídolos bajo un despotismo militar que disgustaba 
á todos y llegó á exasperar á muchos. A fin de cohonestar 
este degradante sistema, proyectó una asamblea, ó, por 
mejor decir, una representación teatral en el convento de 
San Francisco, de que resultó electo dictador por sus ami- 
gos y comensales, y por oradores que tenía preparados 
de antemano. Es inexplicable la murmuración á que dio 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 263 

lugar esta farsa entre los hombres que conocían al joven 
dictador perpetuo, y los verdaderos principios de la liber- 
tad política. 

Cap. 4.° Su tolerancia delicuentísima á los indecentes 
medios con que D. José Félix Ribas, su inmensa familia y 
bajos cortesanos trataban de enriquecerse, no sólo con 
perjuicio del Estado y agravio de los particulares, sino, lo 
que es más, con una vergonzosa venta de la sangre hu- 
mana. 

Cap. 5.° Su ningún tino en las elecciones de funcio- 
narios, que siempre cayeron, ó en jóvenes sin experiencia 
ni opinión, y propios solamente para acalorar sus ideas, 
sin poderles reprochar sus desaciertos, ó en hombres que 
tenían tan buena moral y probidad como el secretario del 
interesante rarao de Gracia y Justicia, D. Rafael Diego 
Mérida, instrumento el más activo del sacrificio de las pri- 
meras víctimas de la libertad americana. Ambos se cono- 
cieron, y se conocen más ahora, y este papel sería excu- 
sado si se oyesen las acusaciones que se hacen uno á otro. 
Bolívar le conservó á su lado contra el voto general de 
los habitantes, acaso porque ningún otro convenía más 
con sus ideas. 

Cap. 6.° Si con prontitud marchaba á la campaña, 
con no menos ligereza volvía á las capitales á recibir in- 
ciensos y pueriles obsequios. Entregado á placeres, des- 
acreditaba la moral y se olvidaba de la causa pública. 

Cap. 1° Diferentes veces se le oyó decir que la tác' 
tica militar era excusada, y cuanto se había escrito sobre 
el arte de la guerra, puerilidades y quimeras. Con tales y 
tan luminosos principios ha llevado al sepulcro millares 
de víctimas de sus hermanos. Se creyó un general; quiso 
llevar al cabo sus proyectos, por bárbaros y disparatados 
que fuesen. De aquí el mal éxito y peores consecuencias 
de la acción de Earquisimeto, en 10 de Noviembre de 1813; 
de aquí las primeras ventajas del comandante español Bo- 
ves sobre los jefes de la República, Montilla, Aldao, Cas- 
tillo y Campo-Elias; de aquí, finalmente, la diseminación 
de la fuerza armada después de la batalla de Carabobo, 



264 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

contra la opinión de muchos militares, que veían la exis- 
tencia de la República en la operación simultánea de todo 
el ejército sobre las tropas de Calabozo. 

Cap. 8.° Nada puede imputarse á D. Simón Bolívar 
de venalidad y mala versión en los intereses del Estado; 
pero sí tiene la grave responsabilidad de lo que hacían los 
Ribas todos y su juez exclusivo de secuestros. 

Cap. 9.° Claman contra Bolívar las víctimas sacrifica- 
das en Valencia y en el sitio de La Cabrera, quienes se 
sostuvieron después de la derrota de La Puerta, en virtud 
de sus repetidas y coercitivas órdenes para que lo prac- 
ticasen así, seguros de que volaba en su socorro con la 
más florida juventud y mejores caballos de Caracas. La 
sangre de tantos venezolanos, la orfandad de tantos ni- 
ños y las lágrimas de tantas viudas piden el castigo de 
este aturdido joven. La misma suerte habría tocado al 
virtuoso D'Eluyar y á sus esforzados compañeros de ar- 
mas si, llevado de las mismas órdenes para que perma- 
neciese en i-'uerto Cabello, no hubiese acordado levantar 
el sitio y constituirse en Ocumare. 

Cap. 10. El inaudito é impolítico medio de levantar 
en muy pocas horas la población en masa, y estrecharla 
á una emigracióu general, para la que apenas se habían 
tomado providencias que la hubieran hecho soportable á 
él sólo con su comitiva. De aquí millares de muertos á im- 
pulsos del hambre, de la sed, del cansancio y de la fiebre 
intermitente; de aquí, por omitir otros horrores, el ver á 
las madres precipitar sus tiernos hijos por riscos escarpa- 
dos. De todo debe responder un hombre que se constitu- 
yó á la cabeza de estas provincias, y que después las aban- 
dona, para que, dando el último golpe de descrédito al 
Gobierno de la República, se redoblasen las fuerzas ene- 
migas, y hayan seguido las matanzas y las desolaciones de 
los pueblos. 

Cap. 11. Bolívar, después de tantos sacrificios, ha di- 
cho que estos pueblos, ni quieren ser libres, ni son dig- 
nos de la libertad. El debe responder de esta calumnia 
atroz, y mientras que lo hace es menester que entienda 



BIOGRAFÍA DEL G'^NERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 265 

que los hechos que quedan especificados han puesto un 
muro de separación entre él y los venezolanos, y que és- 
tos, con las armas, sabrán impedir que se encargue de su 
futura suerte quien supo formar la más desgraciada de to- 
das las que habían experimentado hasta entonces. 

Estos rasgos, excelentísimo señor, son con el solo ob- 
jeto, como se ha dicho arriba, de evitar sorpresa sobre el 
ánimo recto y justificado de V. E.; no dudamos, por tan- 
to, que V. E. dé á D. Simón Bolívar el lugar que merece; 
y que si ha emprendido ó emprende indemnizarse, se di- 
fiera su juicio hasta que, reunida la población que ha dis- 
persado, tenga legítimos acusadores. Nuestra suerte es 
amarga y la más dura: toca á V. E. meditarla. Que su me- 
jora no sea momentánea, ni una estéril y vana ostenta- 
ción; que ella sea la obra de la política más adoptable á 
estos lugares, y de una fuerza física y moral capaz de 
producir el orden y la quietud general de los ánimos. 

Isla de Margarita, 2 de Diciembre de 1814. 

Antes que llegara Piar á Carúpano, Ribas, que 
sabía sus designios contra Bolívar y Marino, se apre- 
suró á hacerlos embarcar. El reclamo de Bianchi,. 
de que se habla tanto, había sido una fanfarronada 
inútil. El 8 de Septiembre, al embarcarse Bolívar, 
Ribas le entregó un oficio en que le recomendaba 
al presidente del Congreso de la Nueva Granadar 

Excelentísimo señor: 

Habiendo sufrido nuestras armas tan crueles reveses 
que nos hicieron perder la capital de Caracas y casi toda 
su provincia, obligándonos á retirarnos á esta de Cuma- 
ná, he deliberado de acuerdo con el general ciudadano 
Simón Bolívar que pase éste á ese Gobierno, no sola- 
mente para que procure é impetre de él los auxilios que 
V. E. juzgue bastantes á restaurar lo perdido, sino tam- 



266 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

bien para que continúe sus servicios en esa Confedera- 
ción, bien sea en la lucha contra Santa Marta, ó dirigién- 
dose por Ocaña, como lo verificó en el año próximo pa- 
sado, penetrando por Cúcuta hasta encontrar con la di- 
visión que tenemos por las provincias de Occidente al 
mando del general Urdaneta. Entretanto yo quedo orga- 
nizando cuerpos, ó aumentando la fuerza hasta donde sea 
posible, para sostener lo que poseemos, y reconquistar lo 
que hemos perdido, si fuere posible. 
Dios, etc. — 7 de Septiembre de 1814. — ^Josi Félix Ribas. 



XLVII 

Se ha visto que desde Cumaná, los que opinaban 
porque se defendiese aquella plaza proponían á 
Ribas por jefe del ejército, en lugar de Bolívar y 
Marino. Y no eran los caudillos militares solamen- 
te los defensores de esta medida, sino la emigra- 
ción entera, que imputaba sus desgracias, con ra- 
zón ó sin ella, á las autoridades que habían man- 
dado hasta allí. Llamar á Ribas y Piar promotores 
de aquella resolución, y llamar á ésta criminales 
manejos, son inconcebibles ligerezas, que no po- 
drían apoyarse en documentos históricos. La opi- 
nión estaba decidida contra los que acusaba alta- 
mente de autores de los desastres públicos; y es 
una prueba incontestable de que Ribas no intervino 
en aquella resolución, que el cuarto capitulo de la 
acusación dirigida al Congreso de Tunja contra Bo- 
lívar, fué su condescendencia con D. José Félix Ri- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 267 

bas y su inmensa familia, según decían. Aún hay 
más: proscripto el Libertador, todos quedaron cre- 
yendo que Ribas era su amigo y que continuaba 
sus planes y su política. Así es que cuando pidió al 
gobernador de Margarita auxilios de armas y muni- 
ciones, como jefe de los ejércitos de Venezuela, 
aquel le contestó condenando la dictadura, como 
si fuese responsable de la que los pueblos habían 
confiado al Libertador: "Mi razón y una dolorosa 
experiencia — decía — me han convencido de que la 
arbitrariedad y despotismo entre nosotros, si bien 
sirve para aterrar momentáneamente, no son los 
medios proporcionados para establecer un Gobier- 
no tal cual se puso en Venezuela en el trastorno del 
anterior que depusimos. Está bien que se use de 
una aparente violencia en la disciplina del que se 
constituye soldado: digo aparente, porque siempre 
corren los juicios militares sobre ciertas indispen- 
sables reglas; pero querer gobernar arbitrariamente, 
sin leyes ni gobierno conocido, á todo un pueblo 
racional, cristiano y educado sobre principios y cos- 
tumbres suaves, es un intento bárbaro y temerario, 
cuyas consecuencias estamos padeciendo." Y le en- 
vió por todo auxilio dos quintales de acero y cua- 
tro de hierro, imputando el desaliento general á la 
continuación del desorden que había entronizado 
Bolívar: "Así los recientes servicios del Libertador 
y la solicitud patriótica con que buscaba sus com- 
pañeros de armas para continuar defendiendo á su 
frente la libertad de Venezuela y de la América, 



268 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

fueron correspondidos con insultos y vejaciones." 
"Los pueblos, en la desesperación, no llamaron nun- 
ca servicios los desastres; ni se le destituyó porque 
continuase defendiendo la libertad de Venezuela, 
sino porque se creyó que había partido, abando- 
nándola á su destino." El Libertador no buscaba 
tampoco ponerse al frente de sus compañeros de 
armas, sino acompañarlos como un soldado. Desco- 
nocer con todo el pueblo á Bolívar, que creía 
ausente, no puede calificarse de iniolerable ingra- 
titud ni de desenfrenada ambición. Ribas, coronel 
antes que Bolívar, mal podía deberle sus grados mi- 
litares; eran dos amigos, estrechamente unidos, que 
se disputaban la gloria de servir á la Patria. Y sí 
Ribas se había deshecho en alabanzas del Liberta- 
dor, fué contestando alabanzas en que se había des- 
hecho aquél. 

La verdad es que Ribas creyó, como todos, que 
Bolívar no era ya el hombre de la revolución; que 
desconociendo su autoridad dictatorial, le trató con 
el afecto de tío y las consideraciones di compañe- 
ro y amigo; que lejos de reducirle á prisión, como 
hizo con Marino, lo mantuvo libre y le recomendó 
esforzadamente al Congreso de la Nueva Granada. 
Bolívar, por su parte, continúa tratándole con cari- 
ñoso respeto; al embarcarse en Carúpano le envió 
expresiones del más vivo aprecio, y le escribió des- 
de Cartagena. 

¡Quedóse Ribas para la muerte, y ese que inse- 
guro de su destino, con pistola en mano, sobre la 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 269 

fe de un aventurero inseguro, sin más auxilios que 
su espada y su corazón, huye proscripto á las pla- 
yas de Cartagena (8 de Septiembre), será el Liber- 
tador de la Patria, el creador de repúblicas, el ge- 
nio heroico y la gloria de la América del Sur! Cas- 
tigábale Dios de la guerra á muerte que había de- 
clarado, le anegó en la amargura y la aflicción; pero 
cuando en su Manifiesto de Carúpano le ve confesar 
francamente sus errores y oye la voz de su dolor y 
de su arrepentimiento, haciendo de su pena su ex- 
piación, le tomó de la mano, para convertirle en 
instrumento de sus bondades. En el mismo sentido 
que el manifiesto de Carúpano está la proclama de 
Cartagena de 9 de Mayo de 1815. 

"Soldados: 

„E1 Gobierno general de la Nueva Granada me 
puso á vuestra cabeza para que rompiese las cade- 
nas de nuestros hermanos esclavizados en las pro- 
vincias de Santa Marta, Maracaibo, Coro y Ca- 
racas. 

^Venezolanos: Vosotros habríais vuelto á vuestro 
país, y vosotros al vuestro, granadinos, coronados 
de laureles; pero aquella felicidad y este honor 
han sido cambiados en desgracias. Ningún tirano ha 
sido destruido por nuestras armas; pero ellas se 
han manchado con la sangre de vuestros hermanos 
en dos luchas, diferentes en sus objetos, aunque 
iguales en los disgustos que hemos sufrido. En Cun- 
dinamarca nosotros creímos que podíamos unirnos; 



270 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

aquí también pudiéramos unirnos; aqui también pu> 
diéramos ayudarnos unos á otros; en ambas plazas 
la gloria nos ha concedido sus favores. En ambas 
nosotros hemos sido generosos. Perdonamos á los 
bandidos, y los hemos puesto en un pie de guerra; 
nos hemos unido con nuestros adversarios para po- 
der libertar sus patrimonios. La fortuna de la cam- 
paña no está decidida. Vosotros vais á terminarla 
en territorios enemigos, disputando con nosotros 
nuestros triunfos sobre los tiranos. Felizmente vos- 
otros vais á terminar vuestros días por libertar vues- 
tro país. Desgraciadamente yo no puedo acompa- 
ñaros; pero voy á morir lejos de Venezuela, en re- 
motos climas, para restaurar la paz entre vosotros 
y vuestros paisanos. 

«Granadinos y venezolanos: De vosotros los que 
habéis sido mis compañeros en tantas vicisitudes y 
batallas, yo me separo para ir á vivir en inacción, y 
no morir por mi país. Juzgad de mis sentimientos, y 
decidid cuan grande es el sacrificio que hago de mi 
corazón, de mi fortuna y de mi gloria, renunciando 
al honor de guiaros á la victoria. La salvación del 
ejército lo exige de mí. Yo no he dudado. Vuestra 
existencia y la mía son incompatibles entre sí. Pre- 
fiero la vuestra: vuestra seguridad y la mía, la de 
mis hermanos, la de mis amigos, en una palabra, la 
de todos vosotros, porque de vosotros depende la 
República. Adiós. Adiós.— Simón Bolívar. 

«Cartagena 9 de Mayo de 1815." 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 271 

]Con qué placer leemos el siguiente oficio, dirigi- 
do al secretario de Guerra del Gobierno general 
un año antesl 

"Tengo el honor de contestar el oficio de U. S. 
de esta fecha, en que me participa el suceso de los 
desgraciados españoles que han sido sacrificados llé- 
gale injustamente por el oficial encargado de condu- 
cirlos á la presencia del general Urdaneta. Este 
acontecimiento es único en la historia de nuestra 
Milicia, y más extraordinario por su esencia que por 
los resultados que de él puedan derivarse. Jamás 
en Venezuela se ha cometido un acto tan chocante 
y tan reprensible..., y yo protesto á U. S. que será 
el último como es el primero. La gloria de la Repú- 
blica se ha fundado siempre en la gloria de nues- 
tras armas, y éstas nunca habrían brillado si los que 
las llevan no hubiesen sido un raro ejemplo de su- 
misión al Gobierno. Estoy poseído de la más alta 
indignación por este hecho, que á mis ojos es más 
escandaloso que cuantos han precedido en nuestra 
espantosa revolución. 

„Las órdenes que U. S. reclama serán mejor 
cumplidas que dadas. Dios, etc. — Cuartel general 
en Tunja, 28 de Noviembre de 1814. — SiMÓN Bo- 
lívar. 

«Ciudadano secretario de la Guerra del Gobier- 
no general." 



^272 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

¡Humanos y g-enerosos sentimientos, que hacen 
olvidar las proscripciones de su dictadura, y que le 
granjearon para siempre el amor del Cielo! 



XLVIII 



Volviendo á Bianchi, y para que se sepa qué par- 
te toca al general Ribas en la vergonzosa partija de 
la plata labrada de las iglesias de Caracas, copiamos 
lo que escribe un amigo de la revolución, imparcial 
y entendido: 

"En la incertidumbre de las cosas, y á insinuación 
de Marino, de acuerdo con Bolívar, convino Bian- 
chi en entregarles el Arrogante y la Culebra para 
que se fuesen á Cartagena, y las dos partes de la 
plata labrada que se había tomado de las iglesias de 
Caracas y puesto en los buques de su mando al 
evacuar La Guaira, y que quedarían en Margarita la 
goleta General Bolívar, y al general Ribas se remi- 
tiría la Carlota, pasando á Santomas la Cumanesa, 
con los emigrados. Participó Marino estas transac- 
ciones al gobernador de Margarita, quien reclamó 
además al Arrogante como perteneciente á ella, y 
se le contestó que ' sería devuelto después de su 
llegada á Cartagena; reclamó al propio tiempo 
Mr. Roberto Buchán los fusiles que habían sido re- 
mitidos á Cumaná, y Bianchi se los entregó, ven- 
diéndolos después Buchán al gobernador de la isla. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 273 

Pesóse el 30 toda la plata, y resultaron ciento cua- 
tro arrobas brutas, de las que tomó Bianchi la ter- 
cera parte, y las otras dos se adjudicaron á Bolívar 
y Marino; pero quedó un cajón que tenía una coro- 
na de oro, una custodia de lo mismo y varios mazos 
de perlas; y no pudiéndose hacer cómoda división, 
se convino en sortearlo entre los tres: la fortuna 
favoreció á Bianchi. Concluido el acto, los genera- 
les mandaron al secretario Paúl certificase la entre- 
ga de la plata en los términos que se había hecho, y 
que este acto lo firmasen todos los pasajeros, y así 
se practicó. Exigió además Bianchi que se le diese 
un documento de la propiedad de los buques el /n- 
trépido Bolívar, la Colombiana y el Centauro, y 
efectivamente se lo hicieron dar. 

«Hecha la partija de la plata labrada y de los 
buques, trasbordáronse los oficiales, y tras ellos los 
generales, al Arrogante Maturinés, que mandaba el 
teniente de fragata Felipe Esteves y Mr. Champa- 
gne, y la Culebra se confió al hermano del primero, 
Anselmo Esteves; trasladáronse también los coro- 
neles Montilla y Palacio, Soublette y el secretario 
Paúl, en el concepto que el buque haría escala en 
San Bartolomé; pero habiendo entendido que fal- 
taba aguada y que pensaba hacerla en Oruba ó en 
Carúpano, para pasar de allí á los Cayos de San 
Luis, volvieron Montilla, Palacio y Soublette á bor- 
do del Intrépido Bolívar, por haberse resuelto, des- 
pués de una larga conferencia, que los generales 
debían ir á Carúpano. Por tal ocurrencia, Bolívar 

i8 



274 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tomó prestados de Marino ochocientos pesos, de los 
que dio á Soublette doscientos, á Palacio otros dos- 
cientos, y los cuatrocientos restantes los entregó á. 
Montüla, á cuenta de mil pesos que cobraba ei ca- 
pitán Luis Brión." 

Nos toca emitir nuestro juicio acerca del marino 
José Bianchi, acusado por los jefes republicanos de 
pirata cobarde y alevoso. Entró Bianchi al servicio 
de la República en tiempos aflictivos y calamitosos» 
y la defendió con valor y fortuna. En las varias pre- 
sas que hizo bajo los gobiernos de Margarita y 
Cumaná, jamás se le satisfizo, á pesar de sus re- 
clamos, bajo figurados pretextos, ó afectada compe- 
tencia de los gobiernos: era bravo, activo, inteligen- 
te, como lo probó en numerosos combates navales; 
sin su eficaz cooperación, los españoles no habrían 
sido arrojados de Oriente el año de 13. Para des- 
ahogar su cólera publicó un papel en las Colonias» 
en que contaba las injurias que se le habían irroga- 
do, y recordaba los excesos de los empleados, según 
lo creía; quejábase que del bergatín de Guayana 
que apresó, " Váldez y demás jefes dividieron treinta 
mil pesos que se tomaron y hasta la ropa de uso del 
gobernador; que los generales y empleados de la 
República eran los primeros y más imprudentes 
rapaces y defraudadores, y que José Leonardo Al- 
calá y Francisco Alemán le habían asegurado que 
entre Piar y José Antonio Gonell se había quedado 
el importe de todos los cargamentos que los pue- 
blos de Barcelona y Cumaná habían mandado á La 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RlBAS 275 

Guaira para socorro del ejército. Que Gonell le 
había ofrecido seiscientos pesos por su pasaje, otros 
tantos Suárez de Rivera, y Josa Alcalá, con mucho 
ruegfo, cien portuguesas, con tal que le admitiese á 
bordo 40 esclavos, á cuyas proposiciones se denegó 
abiertamente. Que Marino le había vendido ocul- 
tamente un cajón de láminas de plata labrada de 
las de Caracas en 1.000 pesos en oro, y que Bolí- 
var estaba resuelto á disponer por sí solo de los 
diez y seis cajones de plata cuando llegase á Carta- 
gena, como si hubiesen sido propiedad suya. Que 
Ribas era un usurpador y tirano detestable, sin ho- 
nor ni vergüenza, que pasaba el tiempo en el juego 
y en meditar la humillación y ruina de sus compa- 
triotas. Que Marino y Váldez eran hombres niños, 
inmorales y disipadores de lo suyo, y mucho más de 
lo ajeno; Piar un grosero orgulloso, elevado á un 
puesto que era incapaz de servir con decencia y 
dignidad, y Ascue un miserable imitador de este 
modelo, mientras que Bermúdez se distinguía de 
todos por su genio y carácter bárbaro y sanguina- 
rio. Que Bolívar era un joven aturdido y malcriado, 
tan altivo é insolente en la prosperidad, como de- 
gradado en la adversidad, y su carácter la hipocre- 
sía. Que en separarse de semejantes hombres no 
hacía sino lo que hacen los que se abstienen de tra- 
tar con los apestados para no inficionarse, y que en 
tomar buques y la plata do hizo otra cosa que recu- 
perar lo que se había defraudado, y quitar de las 
manos de aquellos hombres los medios de destruir 



276 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

á Venezuela." — Era los adioses de las Euménides. 
No sin dificultad evitó Bianchi los peligros que 
le suscitaron los españoles; estuvo para ser víctima 
de una conspiración en la Blanquilla: un buque de 
guerra de Puerto Rico fué á reclamarle en San Bar- 
tolomé con las embarcaciones y plata que había lle- 
vado; para no ser víctima de los reclamos de los 
particulares tuvo que dividir con los gobernantes de 
la isla gran parte de los despojos que había acumu- 
lado; y seguro de que no podría vivir tranquilo en 
las colonias, se dirigió á la Italia, para gozar allí el 
fruto de sus trabajos y depredaciones. 



XLIX 

El 8 de Septiembre se embarcó Bolívar para 
Cartagena; el 7 por la tarde se había presentado al 
frente de Maturín el general Morales. 

Ribas llegó después de dos terribles combates, 
en que Bermúdez había desplegado el valor de un 
soldado, y en que Cedeño, Monagas y Zaraza se 
habían cubierto de gloria. Llevaba el nuevo jefe de 
los ejércitos de la República 400 hombres; y con 
los prisioneros que incorporó, y con cuantos corrie- 
ron á Maturín de Margarita y otros puntos, organi- 
zó tropas capaces de vencer á las de los realistas. 
Formó cuatro batallones de Infantería, quince es- 
cuadrones de Caballería, fuera de otras partidas, 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 277 

con lo que elevó el ejército á 4.700 hombres, 
2.500 de Caballería. 

El 16 de Octubre había entrado Boves á sangre 
y fuego la ciudad de Cumaná; y luego que hubo 
pasado á cuchillo la mayor parte de sus habitantes, 
con las garras llenas de sangre, corrió hacia Matu- 
rín, donde se habían concentrado los restos de la 
Patria. Para impedir su incorporación con Morales, 
que le esperaba en las sabanas de Úrica, Bermú- 
dez se adelantó hacia el sitio de los Magueyes, don- 
de se encontró con el enemigo y donde se trabó 
uno de los combates más disputados y sangrientos. 
Bien que las tropas de la República fueran muy in- 
feriores en número, iban ya á alzar el grito de vic- 
toria, cuando se le ocurre á un oficial pedir á gri- 
tos cartuchos para su tropa; sabido esto por Boves, 
que pensaba en la retirada, dobla su ímpetu, y por 
un esfuerzo inmenso pone en desorden el ejército 
patriota. De los 1.500 hombres que mandaba Ber- 
múdez, apenas llegó una tercera parte á Maturín. 
¡Triste presagio para el fin de esta desgraciada cam- 
paña! ¡Era el 9 de Noviembre! 

Aun con esta pérdida, pensaba Ribas que debía 
atacarse al enemigo en Úrica; Bermúdez y los ofi- 
ciales de su división eran de contrario dictamen. 
Alegaban éstos sus triunfos anteriores sobre Mo- 
rales; sostenía Ribas que con los 4.000 soldados, 
valerosos y resueltos de que constaba el ejército, 
tenía las probabilidades de victoria, y añadía que 
sus tropas no podían aumentarse, mientras las de 



278 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

los realistas, dueños de todo el territorio, podían 
duplicarse de un momento á otro. "Si quedamos en 
Maturín, concluía diciendo, pereceremos á la larga, 
sitiados por numerosas legiones; si vencemos hoy, 
como sucederá si tenemos valor y resolución, ha- 
bremos reconquistado en un día la libertad de la 
República." — Se le respondió desabridamente; hubo 
sinsabores y disputas, y aun estuvieron ambos parti- 
dos para acabar en un rompimiento. Triunfó al fin 
la opinión del general Ribas, y en consecuencia 
salió Ribas con la mayor parte del ejército, acom- 
pañado de Bermúdez. Permanecieron en Maturín, 
coléricos y descontentos, los mejores jefes y oficia- 
les de Caballería y gran parte de la división del cau- 
dillo oriental. 

El 5 de Diciembre se avistaron ambos ejércitos á 
inmediaciones de Úrica. Constaba el de los patrio- 
tas de 4.227 hombres; ascendía á 7.000 el de los 
realistas. Saludáronse desde lejos con gritos de fu- 
ror, y se lanzaron unos contra otros, formándose en 
el camino las caballerías á los costados, en el cen- 
tro las infanterías. El combate fué terrible, encarni- 
zado, digno de aquellos días y de aquellos odios. 

Al frente del ala izquierda, sobre alazán impe- 
tuoso marchaba Boves, taciturno, sombrío, excitan- 
do con su ademán siniestro, prometiendo á su rabia 
larga ración de sangre. Ribas le había opuesto el 
escuadrón del coronel Zaraza, reforzado por valero- 
sas lanzas. En el formidable choque, la Caballería 
realista desapareció con su espantoso jefe, y pare- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 279 

cía indudable la victoria; pero el ala izquierda de 
la República, que capitaneaba el coronel Monagas, 
sin vuelo por falta de los jefes en que estribaba su 
confianza, y por la caprichosa inacción del coman- 
dante Cedeño, choca débilmente contra el enemigo 
y se desbanda. Suena de pronto el pérfido grito: 
"¡Somos cortados!'*; en la confusión que sigue 
muere la Infantería patriótica, medio dispersa por 
los jinetes fugitivos. Quedaba un cuerpo de valero- 
sos infantes, á cuyo frente se pone Ribas, sable en 
mano. Cuando cayeron todos, el invulnerable gue- 
rrero, acompañado de muy pocos, tomó por los 
montes el camino de Maturín. Gloriarse podía de 
haber triunfado, porque la muerte del caudillo es- 
pañol era el porvenir de la República. 



Reducidos Ribas y Bermúdez á unos 500 hom- 
bres, fatigados y sin aliento, era de creerse que 
pensaran en retirarse, abíindonando á su destino las 
desgraciadas familias que habían buscado un asilo 
bajo sus espadas. Escasas municiones; la desespera- 
ción en los semblantes; pocos soldados y abatidos, 
ante 7.000 bárbaros victoriosos, con que no tardó 
en presentarse el sanguinario Morales frente á la 
desguarnecida Maturín (10 de Diciembre). Pero en 
nada pensaron menos aquellos caudillos de la Pa- 



280 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

tría. Prepáraose decididamente á la defensa; á todos 
comunican su entusiasmo, y anuncian que será de* 
trotado el enemigo, como lo había sido el 13 de Sep' 
tiembre y el 25 de Mayo. Tal era la fama de valor y 
pericia de aquellos guerreros, que todos dividieron 
sus esperanzas y se prepararon á secundarlos. En la 
misma noche disponen sorprender al enemigo antes 
que esperarle, y al efecto, 300 hombres de caba- 
llería, los únicos que había de Maturín, salen á me- 
dia noche á las órdenes de Cedeño, sorprenden y 
destrozan las avanzadas, y ya penetraban en el cen- 
tro del ejército, esparciendo el desorden y el terror» 
cuando al grito de Cedeño: ¡Alto, maturineses, re- 
unión!, desanimados súbitamente los ánimos, des- 
mayan en la heroica empresa y abandonan la co- 
menzada victoria. 

El 11, al amanecer, el ejército de Morales se arro- 
ja sobre las baterías y el foso de la Tejería, que con 
25 soldados defendía el comandante Francisco Car- 
mona; herido éste y reducido á 10 hombres, se re- 
tira á la línea, penetrando de este modo el enemigo 
en la población, y arrojado delante de sí 12.000 
emigrados, miserable rebaño de ancianos, mujeres 
y niños. Dos veces tuvieron que retroceder las hues- 
tes de la tiranía; con 12 hombres se precipita Ber- 
múdez sobre una columna enemiga y la hace hollar 
por sus caballos, volviéndose á la línea, roto el sa- 
ble, sin lanzas los soldados. Con frente altiva ani- 
maba Ribas á su escasa tropa y la dirigía el comba- 
te, cuando le llega la dolorosa noticia de que se 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 281 

han agotado municiones y pertrechos. Inermes,, 
flanqueados por todas partes, preciso fué abando- 
nar posiciones tan vah'entemente defendidas. Con 
200 hombres de Caballería tomó Bermúdez el cami- 
no de Tigre, atravesando el puente del Muerto; 
hubo quienes tomaron la dirección de Punceres, 
para ir á ocultarse en los montes del Buen Pastor. 
"El 12, el ejército de Morales — dijo la Gaceta de 
Caracas (1° de rebrero de 1815) — , siempre victo- 
rioso, redujo á cenizas la famosa fortaleza de Matu- 
rín con cuantos hombres tenía adentro, dando al 
mundo un tan sangriento espectáculo, cual pocas ve- 
ces se ha visto." ¡Cayeron entre las víctimas los ciu- 
dadanos Miguel José Sanz, Francisco Javier, José 
María y José Ignacio Ustáriz, Narciso Blanco, Juan 
Aristeiguieta, Vicente Blanco, Javier y Pedro Esca- 
lona, José María Emazabel, y otros y otros (1). 

(1) Aquellos soldados enfurecidos (los de Morales) ya no 
oyeron la voz de sus oficiales ni de su gencal. El fuego y el 
hierro acabaron allí para entonces la rebelión de Venezuela. 
Allí perecieron muchas de las principales familias, desde sus 
cabezas hasta sus esclavos. Allí quedaron en poder de! vence- 
dor las armas, las municiones y los restos de sus fortunas que 
aquéllas habían podido llevar consigo, y allí se cogieron trein- 
ta y seis quintales de alhajas de plata y*V)ro, robadas por el 
Sedicioso en su fuga, á las iglesias de Caracas, y las cuales, re- 
mitidas puntualmente al reverendo é ilustrísimo señor arzobis- 
po, se entregaron á las iglesias á que pertenecían. Entrega que 
yo presencié por órdenes del Gobierno. — Recuerdo sobre la 
rebelión de Caracas, por José Domingo Díaz, pág. 135. 



282 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



U 



Ribas, seguido de algunos amigos que confiaban 
■en su fortuna, tomó hacia el Sur, buscando las cos- 
tas del Guanipa; mas como se encontrase en el trán- 
sito con una partida' de enemigos que venían dei 
Orinoco, tomó diversa dirección, incorporándose 
e ntre Chamariapa y Cachipo varios jefes y oficiales 
del Alto-llano. Resolvieron todos encaminarse ha- 
cia los llanos de Caracas; pero á poco, habiendo 
sabido que de uno á otro lado de Quebradahonda 
había campos volantes que, sin duda, los persegui- 
rían, principiaron á dispersarse, tomando unos á la 
xierecha y otros á la izquierda del hato de Fajardo. 
£1 general Ribas, acompañado de su sobrino, su 
criado y un mozo que le servía de baqueano, conti- 
nuó su camino hacia el Valle de la Pascua, confián- 
dose en las noticias que corrían entonces por Orien- 
te del triunfo del general Urdaneta en las provincias 
occidentales. Como hubiese llegado al sitio deno- 
minado Jácome, dos leguas distante del Valle de la 
Pascua, el baqueano, Concepción González, le hizo 
presente que para emprender nueva marcha era 
preciso proveerse de algunos recursos, ya que esta- 
ban postrados más del hambre que de la fatiga. Se 
escogió al mismo González, como el más propio 
:^ara aquella comisión, por haber sido esclavo de 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 283 

unas señoras González, vecinas del pueblo á que se 
dirigía, y haber vivido en él largo tiempo. Con cau- 
tela se deslizó González por la noche en el escaso 
poblado y llamó á la casa de sus antiguas amas. 

Su presencia excitó recelos; con maña sonsacaron 
de él los motivos de su aparición clandestina; y tan- 
to le intimidaron y tales fueron las instancias de sus 
viejas señoras, reforzadas por su propia madre, que 
obtuvieron al fin las acompañase á presencia de la 
autoridad. Una escolta le custodió hasta el lugar 
donde estaba el general Ribas, fatigado y enfermo, 
en medio de sus compañeros dormidos. Maniatáron- 
los á todos; en la misma noche dieron muerte al so- 
brino y al criado; y como hubiese exigido el héroe 
le presentasen al general realista. Henos de involun- 
tario respeto se prepararon á obedecerle, guardán- 
dole entretanto entre ansiosos cuidados. 

Pere el teniente justicia de Tucupido, Lorenzo 
Barrajóla, le reclamó con imperio, protestando que 
estaba inseguro en el Valle de la Pascua y que se- 
duciría al pueblo con sus discursos. En Tucupido 
pereció el general Ribas, sereno en medio de los 
gritos de sus contrarios, de una manera realmente 
heroica (31 de Enero de 1815). Aquella diestra, que 
era el terror de los enemigos de la patria, fué col- 
gada en un palo, á media legua del pueblo, en el 
camino real; su cabeza, frita en aceite, entró en Bar- 
celona el día 3 de Febrero. 



284 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



LII 



En la mañana del 14 de Marzo se apea un saco 
junto á la casa de Gobierno, cerrada, silenciosa 
como una tamba. El pretendido pueblo que lo ha- 
bía seguido redoblaba sus gritos frenéticos, clamor 
de cobardes, siniestro saludo de la tiranía. Todos 
querían ver el objeto terrible que encerraba; y el 
capitán Pedro Celestino Quintana, que había traído 
aquel presente á las autoridades de Caracas, ora se- 
ñalaba la frente cárdena, ora el mechón de cabellos 
rubios que empezaban á encanecer. "A las doce del 
mismo día, formados en la plaza mayor los batallo- 
nes del Rey y La Corona, dos escuadrones de Ca- 
ballería y una brigada de Artillería, se colocó en la 
horca la cabeza del llamado general José Félix Ri- 
bas, llegada la noche antes de Barcelona, puesto en 
ella el mismo gorro encarnado con que se hizo aquí 
distinguir en el tiempo de su triunvirato" (1). 

Un mes antes se habían celebrado en la Santa 
Iglesia Metropolitana solemnes funerales por el alma 
del señor comandante general D. José Tomás Bo- 
ves (2). Mientras se llevaba su cabeza yerta desde 
la Pascua á Barcelona y á Caracas, la famosa expe- 
dición española del general Morillo, la más grande; 

(1) Gaceta de Caracas, núm. 7. 

(2) Gaceta de Caracas, núm. 3. 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 285 

«n tropas y buques de cuantas salieron de Europa á 
<:ombat¡r contra los americanos, salía del puerto de 
Cádiz (16 de Febrero.) 

El 17 del mismo mes decía Morales: *^ Después de 
la derrota que han sufrido los sediciosos en Güiria, 
no asoma siquiera una vela de ellos por toda la 
<:osta... No han quedado ni reliquias de esta inicua 
raza en toda la Costa-Firme, y con brevedad mar- 
cho para el rinconcillo de la miserable Margarita." 

Al pie de la horca se precipitaban pretendidos 
parientes de las víctimas de Ribas, aullando insul- 
tos, representando en esta pompa fúnebre el coro 
de la venganza antigua. Esta falsa tragedia al lado 
de la verdadera, este concierto de gritos calcula- 
dos, de furores premeditados, alegraron á mil, no 
contristaron á nadie. [Los esclavos no tienen co- 
razónl 

¡Insensatos! Desde el afrentoso palo donde fué á 
pudrirse esa cabeza demudada os hace siniestros 
gestos y os va á medir pocos días de mando. ¡Os 
coronáis de flores para el sepulcro! 

Ese hombre había sido la energía sublime, la 
vida de la revolución, el alma de la República: 

Dispensa á su placer la tiranía 
La muerte, no la gloría que acompaña 
Al héroe de la Patria en sus cadenas, 
Y su cadalso eo luz divina baña. 

jHorror á la guerra á muerte! 



APÉNDICES 



En la lógica del gacetero realista José Domingo Díaz,, 
los patriotas eran responsables de la sangre derramada 
por Boves y Morales. Esto supuesto, léase el siguiente 
cuadro: 



«A LOS AUTORES Y AGENTES 
DEL 19 DE ABRIL 

Pues quizás no habéis conocido todavía la inmensidad' 
de los males que habéis causado á nuestra patria, y en 
medio de algunos momentos de reflexión permanecéis 
tranquilos porque no la conocéis, voy á presentaros el re-- 
suilado de vuestros proyectos, los bienes que prometíais 
y la felicidad (jue esperabais. La sangre de 22L741 vícti- 
mas que habéis sacrificado á vuestra ambición, pesa á to-- 
dos iüstantes sobre vuestras cabezas, y pide venganza.. 
Leed y temblad: 



^88 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

« 
Estado de población en los años de 1809 á 1810: 

PUEBLOS 1809 1810 EXCESO 

Agua de Culebra 

- Antímano 

Aragüita 

Barbacoas ........... 

Calabozo 

Cañizos 

Caracas 

Caucagua . . 

Cocorete 

Cúa 

Cubiro 

Curarigua , 

Curiepe , 

Charayave 

^havasquen 

Choroní... 

Duaca ^. , 

El Calvario 

El Baú! 

El Mamón 

El Guárico 

El Pao 

El Rastro 

El Tocuyito 

El Tinaco 

■El Tinaquillo 

El Tocuyo .... 

El Valle 

'Guacara , 

'Guama t . . . . 

Guardatinajas 

Guarenas 

Gualire 

.Jujure 

-Lagunitas 

Suma y sigue 108.970 110.760 2.753 



968 


1.008 


22 


1.022 


1.067 


45 


476 


599 


23 


698 


745 • 


48 


3.690 


3.788 


98 


801 


839 


38 


31.463 


31.813 


350 


1.580 


1.636 


59 


1.922 


1.995 


43 


3.004 


3.080 


'76 


841 


877 


36 


913 


950 


37 


2.107 


2.162 


62 


1.830 


1.938 


108 


2.021 


2.083 


62 


1.524 


1.560 


36 


604 


617 


13 


1.414 


1.453 


39 


2.261 


2.343 


82 


2.698 


2.741 


43 


1.959 


2.163 


204 


6.051 


6.222 


171 


1.851 


1.396 


45 


1.723 


1.797 


74 


2.592 


2.611 


19 


1.26! 


1.306 


45 


9.507 


9.619 


112 


2.041 


2.097 


55 


4.837 


4.926 


90 


3.215 


3.293 


78 


2.144 


2.258 


114 


3.451 


2.661 


210 


2.005 


2.066 


61 


2.375 


2.465 


90 


2.621 


2.586 


65 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 289 
' PUEBLOS 1609 1810 EXCESO 

Suma anterior. .... 

La Guaira 

La Sabaneta 

La Veg-a 

La Victoria 

La Villa de Cura 

Los Angeles 

Los Guayos 

Los Teques 

Macarao 

Macuto 

Mamporal 

Maracay. 

Mariara 

Maiquetía 

Naguanagua 

Naiguatá . 

Ocumare 

Ocumare de la Costa 

Panaquire 

Paracotos 

Petare 

Quara 

Quíbor 

Ríochico 

Sanare 

San Antonio 

San Carlos 

San Diego 

San Felipe 

San José de Tiznados 

San Mateo 

San Nicolás 

San Pedro 

Santa Lucía 

Santa Rosa 

Santa Teresa 

Tapipa 

Sumaysigic 215.461 218.977 6.32 i 

19 



•.* 



108.970 


110.760 


2.753 


3.086 


3.286 


200 


3.435 


3.521 


86 


1.116 


1.154 


38 


7.870 


8100 


230 


4.314 


4.^92 


378 


905 


934 


29 


3.339 


3.602 


63 


2.816 


2.934 


45 


1.324 


1.383 


59 


1.153 


].'75 


23 


501 


522 


21 


7.126 


7.345 


219 


3.106 


3.254 


148 


1.742 


1.772 


30 


1.580 


1.625 


4S 


742 


769 


27 


4.150 


4.692 


542 


1.591 


1.663 


72 


801 


832 


31 


1.701 


1.758 


57 


4.460 


3.559 


99 


602 


617 


15 


9.840 


9.970 


130 


1.406 


1.449 


43 


3.050 


3.119 


69 


791 


'83 


92 


10.690 


! 0.885 


195 


1.211 


1.255 


44 


5.545 


5.622 


77 


2.180 


2.262 


82 


2.461 


2.509 


48 


670 


692 


2i 


1.004 


1.022 


18 


3.291 


3.382 


91 


4.646 


4.771 


125 


1.880 


1.917 


37 


467 


480 


13 



290 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

PUEBLOS 1809 I8I0 EXCESO 

Suma anterior, 

Tarmas 

Tinajas 

Turmero 

Umocaro Alto 

Umocaro Bajo 

Urachiche 

Valencia 

Yari tagua 

Totales 



215.461 


218 977 


6 324 


521 


534 


13 


984 


1.032 


18 


7.684 


7.766 


82 


2.230 


2.299 


69 


2.171 


2.186 


25 


2.190 


2.239 


49 


7.945 


8.022 


77 


5.204 


5.355 
^48^10 " 


151 


244.390 


6.80{i 



Estado de pchlación en 1816, y déficit ó aumento en los pue- 
blos que se expresan con respecto á 1810: 

PUEBLOS 1816 DÉFICIT EXCESO 

Agua de Culebra 

Antímano 

Aragüita , 

Barbacoas 

Calabozo 

Cañizos 

Caracas 

Cuacagua 

Cocorote 

Cúa 

Cubiro 

Curarigua 

Curiepe 

Charayave 

Chavasquen 

Choroní 

Duaca 

El Calvario 

El Baúl 

El Mamón 

Suma y sigue 46.265 17.622 1.716 



716 


292 


» 


896 


191 


„ 


455 


44 


» 


635 


111 


» 


1.869 


1.919 


» 


339 


500 


» 


20.408 


11.405 


» 


1.513 


123 


» 


1.709 


216 


» 


2.973 


107 


» 


876 


1 




1.291 


» 


95U 


1.619 


550 


» 


2.083 


» 


145 


1397 


688 


. 


1.337 


223 


>. 


241 


76 


» 


618 


836 


» 


1.998 


345 


» 


3.292 


» 


621 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 291 
PUEBLOS I8I6 DÉFICIT EXCESO 



Suma anterior.. 

El Guárico 

El Pao 

El Rastro 

El Tocuyito , 

El Tinaco 

El Tocuyo. 

El Valle 

Guacara 

Guama 

Guardatinajas 

Guarañas 

Guatire 

Jujure 

Lagunitas 

La Guaira 

La Sabaneta 

La Vega 

La Victoria , 

La Villa de Cura 

Los Angeles 

Los Guayos 

Los Teques 

Macarao , 

Macuto 

Mamporal 

Maracay 

Mariara 

Maiquetía 

Naguanaofua 

Naigualá 

Ocuniare 

Ocumare de la Costa. 

Panaquire 

Paracotos •. . . 

Petare 

Quara 

Quíbor 



46.265 


17.622 


1.716 


2.248 


» 


75 


6.632 


» 


410 


812 


578 


» 


2.540 


» 


443 


2.067 


544 


» 


9.840 


» 


121 


1.805 


292 


7. 


5.061 


» 


135 


2.784 


509 


> 


2.258 


» 


209 


2.007 


654 


» 


2.343 


> 


277 


753 


1.712 


» 


1.998 


588 


» 


1.976 


1.310 


» 


2.242 


1.279 


> 


846 


308 


> 


4.482 


3.618 


> 


3.531 


1.833 


» 


928 


6 


S> 


3.033 


369 


> 


2.356 


578 


» 


1.293 


90 


» 


894 


281 


I. 


275 


247 


» 


6.429 


916 


» 


3.271 


> 


17 


1.209 


563 


. 


1.761 


» 


136 


541 


228 


, 


3.300 


1.392 


» 


1.541 


122 


» 


563 


239 


. 


1.811 


> 


53 


4.508 


51 


» 


2.852 


> 


211 


8.706 


1.264 


» 



Suma ¡/sigue 147.001 37.166 2.087 



292 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

PUEBLOS I8I6 DÉFICIT EXCEII 



Suma anterior 147.001 37.166 2.087 

Ríochico 

Sanare 

San Antonio , 

San Carlos , 

San Diego 

San José de Tiznados.. . , . . 

San Mateo 

San Nicolás , 

San Pedro , 

Santa Lucía 

Santa Rosa , 

Santa Teresa. 

Tapipa 

Tarmas 

Tinajas 

Turmero 

Umocaro Alto 

Umocaro Bajo 

Urachiche 2.483 » 244 

Valencia 

Yaritagua 5.071 » 346 

Totales (1) 199.070 48.197 4.393 



La provincia de Caracas, en 1809, constaba, por sus pa- 
drones eclesiásticos, de 421.000 habitantes. 

Ved en ellos que hubo un aumento de 6.777 personas 
en el año corrido de Febrero de 1809 á 1810; que el de 

(1) En 1816 se notan algunos pueblos aumentados más ó 
menos considerablemente; pero asimismo deberán conocer las 
causas que obran en ello. Primera, la seguridad, como se ve en 
los del tránsito y en donde existen guarniciones; en ellos exis- 
ten personas de otro vecindario, sobre lo que ha tomado eJ 
Gobierno las medidas convenientes. Segunda, la misma segu- 
ridad con respecto á la probidad y carácter pacífico de algu- 
nos justicias, muy distantes de abusar de su cuidado para sa- 
tisfacer su venganza ó resentimientos, é incapaces de dar oídos 
á la avaricia. 



147.001 


37.166 


1.426 


23 


2.665 


454 


572 


311 


7.738 


3.147 


1.146 


109 


2.105 


157 


1.874 


635 


181 


612 


938 


84 


2.293 


93 


4.630 


141 


1.352 


565 


367 


118 


528 


6 


870 


132 


4.249 


3.517 


1.815 


485 


1.789 


397 


2.483 


» 


7.977 


45 


5.071 


» 


199.070 


48.197 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 293 

1815, comparado con aquél, hubo uu déficit efectivo de 
50.626, que debieran existir como aumento progresivo de 
los seis años intermedios, aun cuando á cada uno no de- 
mos sino los 6.777 de 1810, á pesar de que debiera con- 
siderarse mayor, así por el aumento sucesivo de cada año, 
como porque vuestras víctimas han sido de las personas 
que causaban este aumento. 

Sabida cosa es que El Llano de Arriba, Barcelona, Ba- 
rinas y Cumaná han sido el teatro de una guerra incom- 
parablemente más destructora que en aquellos que acabo 
de presentaros. 

Así, pues, vosotros habéis sacrificado en ellos 32.200 
personas que vivían, y 26.628 que debieron vivir en los 
seis años siguientes designados . 

Numerosas fueron las víctimas en Barcelona, Cumaná 
y Barinas. Vosotros sabéis como todos cuáles han sido los 
destrozos de esos países, en que casi no existen sino los 
lugares en donde estuvieron los pueblos. Sin embargo, 
quiero nivelarlos del propio modo dando á La Margarita 
una pérdida de 5.000 personas; de 12.000, á Barcelona; 
de 15.000, á Cumaná; de 12.000, á Barinas; de 6.000, á 
Guayana; de 6.000, á Maracaibo, y de 4.000, á Coro. Vos- 
otros sois responsables de 54.000 personas que hicisteis 
morir, y de 40.000 que impedisteis que vivieran. Más 
claro. 



En los pueblos presentados anteriormente hay un 

déficit de 48. 197 

En los mismos hay un déficit de aumento demos- 
trado de 40.626 

En los pueblos cuyos padrones no existen, y que 
en 1809 formaban las dos quintas partes de la 

población de esta provincia 32 . 200 

En ios mismos, por igual ausencia indispensable. 26.628 

En La Margarita, por individuos muertos 5.000 

En Barcelona, por ídem . 12.000 

En Cumaná, por id 15 . 000 

Suma y sigue 179. 651 



294 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Suma anterior, 1 79 . 65 1 

En Barinas, por id 12 . 000 

En Maracalbo, por id 6.000 

En Coro, por id 4.000 

En estos seis distritos, por igual aumento con res- 
pecto á su población, edad y sexo de los muer- 
tos, en los seis años 40.0CO 



241.651 



Personas muertas 134.487 

Aumento no realizado. . 107.164 



Total 241.651 



Deducidos 13.000 que perecieron con los terremotos, 
queda la suma total de 228.651. 

Tal ha sido vuestra filantropía, y de la regeneración de 
Venezuela. Todos los ramos de su prosperidad han segui- 
do la misma razón, y aquel país que por su naturaleza, por 
su situación local y por la protección y predilección de 
sus reyes caminaba velozmente á ser el primero de la 
América, por vuestra regeneración ha venido á ser el 
último. 

Cuatrocientos jóvenes estudiaban en el colegio de la 
provincia, que algún día debían ser su más precioso or- 
namento, y tener en sus manos una parte de sus destinos; 
DO hay un centenar ahora; la mayor parte consta de niños 
que aprenden las primeras letras; casi todos los demás, 
arrancados indignamente de sus útiles ocupaciones por el 
triunviro Ribas, perecieron en Noviembre de 1813 sobre 
las montañas de Vigirima. 

Desapareció la música de Caracas, la primera de las 
bellas artes, la que formaba sus delicias y la que por su 
perfección la daba el primer lugar en esta línea entre las 
provincias del Sur. Cuatro restan solamente de los que la 
componían, habiendo los demás perecido en vuestra re- 
generación. 

El colegio de abogados, establecido poco antes de 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 295 

aquel día por el soberano que deprimíais, constaba en 
1809 de 79 individuos. 

Quedan sólo 24, y de los demás, vosotros responderéis 
á nuestra patria. 

Entonces existían 38 médicos y cirujanos; ahora sólo 
existen 12. 

Entonces el Seminario constaba de 73 colegiales; ahora 
le componen sólo 20. 

Mas, ¿para qué recordar y enumerar memorias y he- 
chos, capaces únicamente de excitar los más vivos senti- 
mientos? Vosotros los que vivís responderéis algún día 
á aquel Juez, infinitamente justo, de los males que habéis 
causado con vuestra sedición y proyectos, ó más bien 
con haber movido la multitud inocente que era feliz bajo 
el gobierno de sus mayores; que amaba y veneraba sus 
reyes; que obedecía el imperio de las leyes; que no co- 
nocía el desencadenamiento de las pasiones; que era sen- 
cilla, dócil y quieta, y que sin el funesto, báibaro y crimi- 
nal impulso que la disteis, ni se habría precipitado á los 
excesos que hemos visto, ni ahora llorarían sus restos los 
males que han pesado sobre ella. 

¿Qué sería nuestra patria si vosotros no hubieseis exis- 
tido? ¿Cuál sería su prosperidad?, ¿cuál su fortuna? ¡Re- 
cuerdos mortales, que es necesario separarlos de nosotros 
para no aumentar los sentimientos comunes, aunque ellos 
inspiran hacia vosotros todo el horror de que sois dignos! 

Porque, ¿quién podrá ver y recordar el número espan- 
toso de víctimas sacrificadas á vuestros proyectos, y el 
número igualmente prodigioso de las que arrancó á la 
muerte por medio de la vacuna un Gobierno benéfico, 
que prodigó sumas enormes por poneros en posesión de 
este bien? Ingratos, confundios: 131.000 personas se han 
Hbertado del pestilente contagio de la viruela por la ge- 
nerosidad de nuestro padre común, mientras que vos- 
otros, apellidándole tirano, habéis destruido con la espa- 
da, con el hambre y con todas las armas de la rebelión 
esta obra de su paternal beneficencia. Temblad 

J. D. DíAz.> 



296 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 



GENEALOGÍA DE LOS RIBAS 



El capitán Valentín de Ribas, natural de Londres, casó 
en la isla de Tenerife con Francisca Rodríguez Talayera 
y Monta Ivo. 

Tuvieron por hijos á Roberto de Ribas y Rodríguez 
Talayera, que casó con Francisca Lutgarda de Betan- 
court, hija del brigadier Marcos de Betancourt y Castro, 
caballero de la Orden de Alcántara, gobernador y capi- 
tán general de la provincia de Venezuela, y de Luisa de. 
Llarena y Carrasco . 

Tuvieron por hijos á: 

Primero: Valentín de Ribas y Betancourt, regidor de 
Tenerife, que casó con Cecilia Home y Ponte, y tuvo por 
única hija á Francisca de Ribas, que casó con Antonio de 
Monteverda y Lugo, con sucesión. 

Segando: Francisco Valentín José de Ribas y Betan- 
court, que casó en Caracas con Jacinta Garabán y Herre- 
ra y tuvo por úiico hijo al licenciado en Derecho civil 
Roberto de Ribas y Garabán, que casó con su prima her- 
mana M iría Altagracia de Ribas y Herrera, y tuvieron por 
hijos á Fidel Ribas y Ribas, Mercedes, Socorro, Carmen 
y Rosalía de Ribas y Ribas. 

Tercero: Marcos José de Ribas y Betancourt, casó tam- 
bién en Caracas con Petronila de Herrera y Mariñez, hija 
de Pedro Miguel de Herrera y Mesones y de Mariana 
Maríñez, y tuvieron por hijos á Juan Nepomuceno, María 
de la Candelaria, Valentín, María de la Concepción, 
Francisco José, María de la Luz, Marcos, María Petroni- 
la, Antonio José, María Altagracia y José Félix de Ribas 
y Herrera, de los cuales vamos á tratar separadamente. 

1.° Juan Niponíiuceno de Ribas y Herrera casó con 
María de Jesús Palacios, hija de Feliciano Palacios y de 
Francisca Blanco y Herrera, y tuvieron por hijos á María 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 297 

Jesús Ribas y Palacios, que casó con Leonardo Delorenzí 
y tuvo por única hija á Trinidad Delorenzi y Ribas, y los 
hijos varones siguientes: Juan Nepomuceno, Rafael, Mar- 
cos y José de Ribas y Palacios, que no dejaron sucesión 
por haber perecido en la guerra de la Independencia de 
Venezuela. 

2." María de la Candelaria de Ribas y Herrera, casó 
con Martín Ascanio y Llarena, natural de la isla de Tene- 
rife, y tuvieron por hijos: primero, á Juan Nepomuceno de 
Ascanio y Ribas, que casó con María Ignacia Sanabria y 
Meleán, y tuvo por hijos á Juan y Asunción Ascanio y 
Sanabria, con sucesión. Segundo: María del Rosario Asca- 
nio y Ribas, que casó con José Francisco de Gil y Barrios, 
y tuvo por hijoG á Vicente de Gil y Ascanio, que casó con 
Josefa de Tovar con sucesión; á Francisca de Gil y Asca- 
nio, que casó con Bartolomé Manrique y Urbina, con su- 
cesión, y á Benigna de Gil y Ascanio, que casó con Nico- 
lás de Gil y Ascanio, su primo hermano, con sucesión. 
Tercero: Catalina de Ascanio y Ribas, que casó con 
Francisco de Gil é Istúriz, y tuvo por hijo á Nicolás de 
Gil y Ascanio, que casó con su prima Benigna de Gil y 
Ascanio, ya mencionada. Cuarto: Petronila Ascanio y Ri- 
bas, que no se casó. Quinto: María Antonia de Ascanio 
y Ribas, que casó con Francisco Matamoros y Ascanio. 

3." Valentín de Ribas y Herrera, regidor de Caracas, 
que casó con Manuela Galindo y Rada y tuvieron por hi- 
jos, primero, á María de las Mercedes de Ribas y Galin- 
do, que casó con Ramón Blanco y Blanco, y tuvo por hi- 
jos á Ana María Blanco y Ribas, que casó con Daniel de 
Mendoza y Briceño y tuvieron por hijos á Daniel Mendo- 
za de Blanco; á Jerónimo, doctor en Medicina, que casó 
con Carolina de la Plaza y con sucesión, y á María Luisa, 
que casó con Francisco de Mendoza y Briceño, con suce- 
sión. Segundo, Francisco José de Ribas y Galindo, que 
casó con su prima segunda Clemencia de Tovar y Galin- 
do, y tuvo por hijos á Florencio, Francisco, Rosa, que 
casó con el doctor Enrique Pérez de Velazco y López, . 
con sucesión; Manuela, que casó con Andrés de Ribas y 



298 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

Tovar, con sucesión, y Valentín de Ribas y Tovar. Terce- 
ro, Estanislao de Ribas y Galindo, coronel de la repúbli- 
ca de Venezuela, que pereció en Barcelona y no dejó su- 
cesión. Cuarto, Felipe de Ribas y Galindo, que tampoco 
dejó. Quinto, Andrés de Ribas y Galindo, que casó con 
Enriqueta L. de Baldwin, natural de Nueva York (Esta- 
dos Unidos), y tuvo por hijo á Ángel Elias Ribas y Bald- 
win, doctor en Medicina, y sexto, José de Ribas y Galin- 
do, que no dejó sucesión. 

4.° María de la Concepción de Ribas y Herrera, fué 
monja en el convento de las Concepciones, de esta ca- 
pital. 

5." Francisco José de Ribas y Herrera, doctor en Teo- 
logía y maestro en Filosofía. Presbítero. 

6.° María de la Luz de Ribas y Herrera, fué monja en 
el mismo convento que su hermana María de la Concep- 
ción. 

1° Marcos de Ribas y Herrera, maestro en Filosofía y 
licenciado en Teología. Presbítero. 

8.° María Petronila de Ribas y Herrera, casó con José 
Ignacio Palacios y Blanco, y tuvieron por hijo á Antonio 
Palacios y Ribas. 

9." Antonio José de Ribas y Herrera, casó con Igna- 
<:ia Palacios y Blanco, y tuvieron por hijos á María de la 
Concepción Ribas y Palacio, que murió sin sucesión, y á 
Francisca, que casó con Gustavo Julio Vóllmer, natural 
de Hamburgo, con sucesión. 

10. María Altagracia de Ribas y Herrera, que casó 
con su primo hermano el licenciado Roberto de Ribas y 
Garab?n, ya mencionado. 

11. José Félix de Ribas y Herrera, general de la re- 
pública de Venezuela, casó con María Josefa Palacios y 
Blanco, y tuvieron por único hijo á José Félix de Ribas y 
Palacios, capitán de la expresada república, y que casó 
en primeras nupcias con Amalia Alzóla y Tovar, con su- 
cesión, y en segundas con Carmen López Villavicencio, 
s n sucesión. 



r.^ 



BOLÍVAR EN CASACOIMA o 



Era una de las noches más bellas y apacibles. La luna 
de Mayo asomaba por el Oriente ceñida de púrpura y de 
nieve. Prolongados palmares, la fecunda javia, el coco 
marítimo se mecían dulcemente al suave impulso de los 
aires. El majestuoso Orinoco paseaba en su inmenso le- 
cho sus turbias y caudalosas aguas; ningún acento, nin- 
gún ruido, sino el sordo que arrojaban las aves nocturnas 
ó el del centinela que con el arma al hombro y fija la vis- 
ta en el bosque, hollaba las hojas secas. 

Allá distante, á la sombra de un árbol que los naturales 
llaman Castaño del Marañan, muchas personas platican 
alrededor de una hamaca colgada de fuertes ramas. Tris- 
tes los unos, el más profundo abatimiento se pinta sobre 
sus frentes; los otros parecen no pensar sino en lo que les 
habla desde la hamaca un personaje ardiente y lleno de 
confianza. 

— Buena — dijo un hombre pequeño de estatura, de ojo 
sagaz y penetrante, de carácter pronto y arrebatado — , 
buena ha sido la tarde; una oí silbar tan cerca, que si hu- 
l)iera bajado un palmo no tenían que pensar más en mí 
los margariteños. Varias anduvieron cerca de usted, ge- 
neral, y á fe que si no nos lanzamos en esta laguna, que 
tiene más olor de sepultura de cocodrilos que de ensena- 
da del Orinoco, hubiéramos sido víctimas. 

(1) La edición primitiva y las que se han hecho posterior- 
mente en París y en América traen esta página al final. — No 
-queremos suprimirla tampoco en esta edición madrileña. 



300 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

— En verdad que es un trabajo de Hércules haberla, 
atravesado — contestó uno de aquellos señores, alto, de 
nariz perfilada, de vista intelectual y segura, de aire cor- 
tés y en extremo reservado — ; mucho temieron los ene- 
migos el tal lago, que á vista del hombre que les valdría 
más que la victoria, con sólo dos al lado y desarmados, 
no se atrevieron á seguirnos. No deja de decir mi cuerpo 
que tuvieron razón. ¿Les parece á ustedes que debíamos 
ser más cautos en esto de separarnos del ejército para ir 
á comer frutas? 

— ¿Qué dice usted, general? El peligro está pasado, y 
todavía me acuerdo de las dulces pinas que hemos comi- 
do; excelentes son las pinas de la Esmeralda. Y ¿qué nos 
sucedió? Nos persiguió mayor número de hombres arma- 
dos; fuimos más valerosos, y henos aquí salvos. ¿No es 
nuestra vida una serie de asechanzas, riesgos y triunfos? 

Esto contestó, sentándose precipitadamente en la ha- 
maca, un hombre que, si bien quemado por el sol, endure- 
cido por la fatiga, manifestaba en su cabello castaño y en 
sus ágiles movimientos tener seis lustros apenas de edad. 
En su aire grandioso é imponente, en sus miradas, ya 
melancólicas como la luz de la luna que las alumbraba, ya 
ardientes como el fugo de un meteoro, bien se advertía 
ser el caudillo de la escasa tropa que le rodeaba. 

— Pero esto no es prudente, general, ni de la aproba- 
ción de sus soldados, que saben depende la existencia de 
la Patria de la de usted — exclamó un oficial calvo, de mo- 
dales apacibles, de insinuante aspecto, en quien el juicio 
aventajaba á los años; nuestra posición es lamentable — 
continúa — , estamos más escasos de tropas y de municio- 
nes que de vestuarios, y ya ustedes ven qué uniforme trae 
nuestro general en jefe, el jefe del Estado Mayor y el ge- 
neral margariteño. 

— No tan malo — gritó el de la hamaca — . Perdí mi uni- 
forme, pero me hallo mejor con esta bata que me han re- 
galado, mucho mejor que con las heridas de los pies; ma- 
ñana me estreno la hermosa camisa de corteza de marima, 
que me regaló un cacique; galanos, sí, que están los dos- 



BIOGRAFÍA DEL GENERAL JOSÉ FÉLIX RIBAS 301 

generales que me acompañaron, el de camisa de listas so- 
bre todo... — y arrojaba grandes risadas, viendo al que pri- 
mero rompió el diálogo, envuelto en una ancha camisa de 
listado. 

Ya habrán conocido los lectores que era el Libertador 
quien hablaba desde su hamaca con los generales Aris- 
mendi y Soublette, el coronel Briceño y varios oficiales 
del ejército. 

La luna estaba ya en la mitad del cielo, y Bolívar los 
animaba todavía, hablándoles de sus proyectos y espe- 
ranzas. 

— No sé loque tiene dispuesto la Providencia — decía — ; 
pero ella me inspira una confianza sin límites. Salí de los 
Cayos solo, en medio de algunos oficiales, sin más recur- 
sos que la esperanza, prometiéndome atravesar un país 
enemigo y conquistarlo. Se ha realizado la mitad de mis 
planes: nos hemos sobrepuesto á lodos los obstáculos 
hasta llegar á Guayana... Dentro de pocos días rendire- 
mos á Angostura, y entonces... iremos á libertar á Nueva 
Granada, y arrojando á los enemigos del resto de Vene- 
zuela, constituiremos á Colombia. Enarbolaremos después 
el pabellón tricolor sobre el Chimborazo, é iremos á com- 
pletar nuestra obra de libertar á la América del Sur y ase- 
gurar su independencia, llevando nuestros pendones vic- 
toriosos al Perú: el Perú será libre. 

Sorprendidos, atónitos, se miraban unos á otros los ofi- 
eiales que le cercaban: nadie osaba pronunciar una pala- 
bra. Los ojos de Bolívar arrojaban fuego, y al hablar de 
la España, de su ruina, tormentas eléctricas parecían ce- 
ñir su cabeza, como la cumbre del Duida, cuya sangrienta 
y encapotada cima alcanzaban apenas á divisar... 

Un oficial llamó aparte al coronel Briceño y le dijo llo- 
rando: 

« — Todo está perdido, amigo; lo qne era toda nuestra 
confianza, helo aquí loco; esta delirando... En la situación 
en que le vemos, sin más vestido que una bata, soñando 
•en el Perú...!!» 

Confortóle Briceño, asegurándole que el Libertador se 



302 JUAN VICENTE GONZÁLEZ 

chanceaba para hacer olvidar el mal rato que él y todos 
habían pasado aquella tarde... 

A los dos meses Bolívar había tomado á Angostura; 
dos años después la Nueva Granada le aclamaba vence- 
dor en Bogotá; cuatro años más tarde destruye en Cara- 
bobo el ejército de Morillo; á los cinco da libertad á 
Quito, y al caboMe los siete años sus victoriosas bande- 
ras ondeaban sob.'-e las altas torres del Cuzco. 

Juan Vicente González. 



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Félix Ribas, primer teniente 



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